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LIMITES 







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. CARACAS .. 

■ 1896 



LIMITES DM GUAYANÁ 

Artículos publicados en el *^ Diario de Caracas,'* 
de Mnero á Julio de 1894, y que su redactor dedica 
muy merecida y reverentemente al ciudadano General 
Joaquín Crespo, Presidente déla República, á quien 
ba cabido la alta satisfacción y gloria de ver corona- 
dos sus patrióticos esfuerzos, en cuestión de tan gram 
momento, con la inestimable intervención de los Ms-- 
íados Unidos de América^ 



r^ 



LÍMITES DE GÜAYANA 



I 



Agrávase de día en día la nialHadada cuestión de 
límites entre Venezuela y la Gran Bretaña. Según 
leemos en periódicos de los Bstados Unidos, El Liberal^ 
-de Georgetown, que es el órgano semi-oficial del Go- 
bernador de Demerara, en un artículo editorial, urge 
por el adelanto de los puestos avanzados ingleses sobre 
el territorio de Venezuela. Dicen que ello tiene por 
base la actitud de Lord Rosebery, quien, á ejemplo de 
Lord Salisbury, rehusa someter á arbitramento la cues- 
tión de la línea fronteriza entre Venezuela y la Guayana 
Británica. El Liberal asevera que, por cuanto la pose- 
sión forma las nueve }>artes del derecho Británico, ella 
quedaría así permanentemente asegurada. 

El periódico americano The Chronicle^ del cual 
tomamos el pasaje anterior, continúa diciendo que, sin 
necesidad de pasar más allá, el objeto de la codicia de 
Inglaterra es el precioso campo de oro situado en el 



LIMITES DE GUAYANA 



Oriente de Venezuela, cerca de la línea limítrofe con la 
Guayana Británica, y que la pretensión de extender los 
límites de ésta hasta el Occidente es una impudencia, 
sin sombra de justicia, como lo deriinestran del modo 
más claro los testimonios históricos. 

The Chronicle añade también que El Liberal de 
Georgetown puede creer que la posesión forma los nueve- 
décimos del derecho, pero que ha de tener presente que 
existe un cuerpo de derecho Americano llamado «Doc- 
trina de Monroe,» ó más bien de opinión pública, que 
puede oponerse á la seguridad de permanente ocupación 
de cualquier parte del territorio del pueblo Venezolano. 

Que la doctrina de Monroe no ha sido invocada en 
los últimos años por no haber habido razón para sacarla, 
al frente; pero que Europa puede estar segura de que 
ella no ha perdido nada de su prístina fuerza y vigor. 

Que, si Venezuela apelara á los Estados Unidos en 
demanda de su ayuda para resistir las injustificables 
agresiones de la Gran Bretaña, aquel pais no tendría, 
más que hacer una cosa, y sería informar á Inglaterra 
que nosotros no podríamos ver con complacencia nin- 
guna extensión de su soberanía en el hemisferio occiden- 
tal. Esta cortés y formal comunicación probablemente 
bastaría; pero, si no, sería eficaz una firme reclamación 
contra la Gran Bretaña de que alejase sus manos de 
Venezuela. 

Esto se dice ahora en el citado periódico americano, 
y antes se ha dicho en otros y otros desde el principio 
de las últimas agresiones Británicas en territorio de Ve- 
nezuela. 

iVlgunos dudan de que la doctrina de Monroe pue- 
da aplicarse al caso de que se trata, y aseguran que las 
dos partes de ella tuvieron por objeto, una oponerse á. 
los principios de la llamada Santa Alianza y al proyec- 



iít 



LIMITES DE GUAYANA 



to de que ella prestara los auxilios demandados por Es- 
paña para la reconquista de sus perdidas colonias de 
América ; y la otra, impedir que Rusia estableciera algu- 
nas nuevas en la costa del Pacífico. Hay quienes la 
consideran limitada á contrariar la pretensión de cam- 
biar en estos países la forma de gobierno por ellos 
adoptada. 

Sea de esto lo que fuere, pues importau poco los 
nombres de las cosps, lo que nadie puede poner en duda 
es que la Gran República, por una serie de hechos ca- 
racterísticos de los diversos períodos de su historia, ha 
demostrado sus simpatías' é interés á las repúblicas His- 
pan o-american as ; influyó eficazmente en el favorable 
resultado definitivo de su lucha por la independencia ; 
ha llegado á ser nn rival formidable de las más podero- 
sas naciones de Europa ; ha detenido algunas veces sus 
tendencias opresoras del derecho de los débiles, y en 
nna notabilísima ocasión, alzando la voz contraía inau- 
dita interven cióu armada, frustró completamente sus 
miras anti-republicanas. 

Por eso varias de aquellas potencias, y más que- 
todas la Gran Bretaña, aún cuando finjan amistad á los 
Estados Unidos, los aborrecen enérgicamente, y no des-^ 
aprovechan ninguna oportunidad que se les ofrezca de 
contribuir á su destrucción ó aniquilamiento. Así se 
palpó cuando la funesta rebelión de los cuatro años, en 
que se pu5o á prueba la vitalidad de la pujante Demo- 
cracia, y las vimos apresurarse á reconocer en los Con- 
federados del Sur el carácter de beligerantes, prestán- 
doles así un apoyo moral cuando menos; 3^ á estadistas 
de innegable ciencia y sagacidad política asentar que 
(cse hallaba formada una nueva nación.» Fué la Gran 
Bretaña la más interesada en ayudar á los separatistas 
esclavófilos de diversas maneras, entre otras con dejar- 



LIMITES DE GUAYAN A 



les construir y equipar en el territorio de ella los corsa- 
rios destinados á destruir en todos los mares el comercio 
de los Anglo-americanos en beneficio de la misma; y sus 
estadistas hicieron alarde de sus simpatías por los re- 
beldes. Hasta el fin prosiguieron los Ingleses sus por- 
fiados designios, pues, cuando cerca de las costas de 
Francia el vapor Kearsarge empeñó combate con el 
famoso Alabama^ hallábase próximo al último y ocupa- 
do en socorrerlo, el buque Británico Deerhound^ que 
recogió y salvó al Capitán Semmes y demás piratas que 
lo acompañaban, y eran en su mayor parte reales sub- 
ditos. 

Verdad es que la corona Británica hubo de pagar 
tan malos procederes, cuando la rebelión cayó postrada, 
firmando muy contra su voluntad el tratado de Was- 
hington de 187 1, en que se obligó á someter á arbitra- 
mento las reclamaciones del Alabama^ y la disputa de 
límites sobre el canal de Haro ; y además arregló el 
punto de navegación de ríos y lagos de modo durable, 
y otros negociados. Sabido es que cuatro de los cinco 
arbitros reunidos en Ginebra, juzgando conforme á las 
tres reglas convenidas de antemano en el pacto, conde- 
naron á la Gran Bretaña al pago de quince millones y 
medio de dollars, porque se probó haber sido ella y sus 
colonias el arsenal militar y marítimo y el tesoro de los 
Confederados. Esto y la pérdida del pleito de linderos 
en el Pacífico, pronunciada por el Emperador de A.le- 
mania, no puede menos que haber ahondado el abismo 
que divide á los Ingleses de sus hijos los Americanos. 

En la hoguera de los odios están las humillaciones 
del orgullo Británico que vienen acumulándose desde 
que los Estados Unidos sacudieron el yugo de la metró- 
poli á impulso de los agravios enumerados en la notoria 
declaración de su independencia, reconocida muy luego 



I.IMITES DE GUAYANA 



á más no poder. Agrégase á esto la guerra de 1812, 
que trae á la memoria el incendio del Capitolio de Was- 
hington y la sustracción de marineros ingleses hallados 
en buques de los Estados Unidos, y la visita aún de los 
bajeles de guerra Americanos ; la muchedumbre de casos 
en que el respeto inspirado por la ingente Federación le 
ha dado á ella la palma del triunfo, como los concernien- 
tes á la despedida de Ministros Diplomáticos que han 
hecho levas ó mezcládose en asuntos domésticos del país 
de su residencia : á materias de extradición ; á contien- 
das sobre líneas fronterizas ; ó al abandono de protecto- 
rados de indios en comarcas de la América Central, ó á 
la demanda de ciertas indemnizaciones sometidas al 
juicio del Emperador de Rusia y por él sentenciadas 
contra Inglaterra ; á derechos de los neutrales y asuntos 
de pesquerías y de naturalización, en que ella ha aban- 
donado su antiguo sistema de perpetua fidelidad ó va- 
sallaje. 

Largo espacio habríamos menester para citar todas 
las circunstancias en que los Estados Unidos han llevado 
la mejor parte en sus disensiones con la Gran Bretaña, 
cuando nos limitásemos á las numerosas incidencias 
ocurridas en la desgraciada lucha civil de 1861 á 1865, 
y la cual se puso á logro para suscitarles embarazos 
gravísimos, pero de que ellos supieron salir gallarda- 
mente. Cuando el Capitán Wilkes del vapor de guerra 
San Jacinto sacó del Trent^ paquete Inglés, á los 
señores Masón y Slidell, Comisionados délos rebeldes, 
y á sus secretarios, la Gran Bretaña reclamó su entrega, 
con la determinación de apelar á las armas, para lo cual 
andaba á caza de una oportunidad, si á esto luego no se 
accedía, olvidándose de que ella misma había acostum- 
brado detener buques americanos para extraer de ellos 
los marineros Británicos, y de que en 1780 el crucero 



LIMITES DE GUAYANA 



Inglés La Vestal abordó el biiqne correo Holaudés 
Mercurio^ y se apoderó del comisionado M. Heury Lau- 
rens, que los nuevos Estados americanos enviaban á 
Holanda en solicitud de su reconocimiento, y de sus 
despachos y secretario, y se hizo prisionero al capitán de 
la nave, y en fin se la declaró buena presa. Tampoco 
tuvo presente el Gobierno Inglés, que en 1859 había 
aprobado el proceder de los buques Biizzard y Grappler, 
de su marina, que hicieron fuego al vapor de guerra 
Paraguayo jG'/ Tacuari^ en aguas neutrales, sin embargo 
de hallarse su nación en paz con el Paraguay, llevando 
el propósito de capturar al general Francisco vSolano 
López, hijo del Presidente de esa República, y que como 
Ministro iba de Buenos A.ires á Paraná á proponer un 
arreglo amistoso alas provincias que se hacían la guerra. 

Conocemos que es locura contar con favores reales 
de nación á nación, y que ellas no se mueven sino al 
impulso de sus intereses. Por tanto nos empeñamos en 
probar que los Estados Unidos lo tienen muy grande en 
oponerse al acrecentamiento del territorio Inglés en las 
bocas del Orinoco y de sus afluentes, cuya navegación 
los haría dueños, por la red fluvial de la América del 
Sur, de todo el comercio de ella, y de medios de hostili- 
zarla á su antojo. 

El poderío Británico es inmenso; se extiende á 
todas las partes del mundo; su marina pasa, hasta ahora, 
por la mayor de las que existen. Posee en el Atlántico 
innumerables islas; al norte del continente tiene la 
dilatada región del Canadá con cerca de cinco millones 
de habitantes ; en la América Central lo que llama 
Honduras Británica, sin más título que el permiso 
alcanzado de España para cortar caoba y campeche en 
años remotos, (Belice) con 27,452 almas; á Terranova 
y Labrador con 197,835; las Bermudas, las llamadas de 



LIMITES DE) GUAYANA 



la India Occidental, de que la mayor, Jamaica, incluye 
.580,804, y Trinidad, cerca de 200.000; y la Guayana 
Británica que para 1887 contaba 277.038; y las islas de 
Falkland ó Malvinas ; sin las posesiones del noroeste de 
América, la isla de Vaucouver y su Columbia. 

La Gran Bretaña odia á los Estados Unidos, primero, 
porque ellos, en razón de su fuerza, de sus 63 millones 
de habitadores y sus inmensos recursos, forman un 
invencible obstáculo á la pretensión inglesa de dominio 
universal ; en segundo lugar, porque son república, for- 
ma de gobierno ya consolidada en Francia, que tiene no 
pocos partidarios en otras naciones de Europa, y que, 
¡según la profecía de Napoleón, llegará á prevalecer en 
toda ella, si no en el mundo, con extinción de la nobleza, 
de los títulos y empleos hereditarios, y de todos los 
restos y desigualdades del feudalismo ; en tercer lugar, 
porque teme con harto fundamento que la fuerza de 
atracción de los Estados Unidos y la situación geográfica 
del Canadá y los débiles lazos que lo ligan á la me- 
trópoli, produzcan el establecimiento de su indepen- 
dencia ó su incorporación ala república vecina, como 
parece que ya se pretendió cuando la invasión de los fe- 
iiianos ; en cuarto lugar, porque en las ocasiones citadas 
y en otras muchas, ha tenido que ceder, y humillarse, y 
convencerse de que los Estados Unidos no son Dina- 
marca, Grecia, ni las repúblicas Hispano-americanas 
por agente suyo calificadas, con avilantez inaudita, 
A^minor anihorities, como si dijéramos /'¿?/¿'óV¿z¿/(?.y mi- 
núsculas; en fin, porque casi diariamente, en todo propósito 
de monopolizar el comercio, la navegación, ó de adquirir 
para sí las ventajas de su descomunal poderío é imponer 
la ley á los demás, se ve refrenada por los Estados Unidos. 

Así no es maravilla que, según se ha comprobado 
^en otras épocas, ha\^a trabajado ya secreta, ya paladina- 



LIMITES DE GUAYANA 



mente, en disolver aquella unión que la rivaliza donde' 
quiera y pone coto á los dictados'de su prepotencia. Le 
duele no predominar en lo que fué América Española, 
y cuyos conatos de independencia favoreció á la verdad, 
mas por lo visto sólo con la formal intención de amen- 
guar los dominios de España y de ensanchar la esfera 
de su comercio, abriéndole los mercados de las nuevas 
naciones que, agradecidas á la especiosa ayuda, no va- 
cilaron en otorgarle liberales concesiones. 

En la precipitación con que procedió en esto Co- 
lombia, ó por reconocimiento excesivo, ó por con- 
fianza, no ecbó de ver que se dejaba para después un 
punto tan esencial como el de la duración del tratado 
de 1825. ^^ donde Ha resultado que dleva ya casi 
setenta años, sin que en este largo período haya logrado 
Venezuela sacudir de su cuello la cadena de perpetuo 
cautiverio que así le fué impuesta, no obstante haberse 
expresado la causa de la omisión y la promesa de reme- 
diarla con la menor demora posible. 

Siempre los Estados Unidos se han manifestado 
amigos de cualquier esfuerzo dirigido á fines de libertad, 
a5Í en el nuevo como en el viejo mundo. 



II 



Se recuerdan las simpatías y auxilios con que el 
pueblo Anglo-americano acompañó los esfuerzos de las 
colonias Españolas por su independencia ; el reconoci- 
miento, á poco de iniciada la lucha, de su carácter de 
beligerantes ; el envió de comisionados que siguieran el 
curso de los sucesos, cual el que vino á Caracas desde 



LIMITES EE GUAYAN A 



iSio; los informes dados al Congreso acerca de la pros- 
peridad de la cansa y la probabilidad de su definitivo' 
triuixfo ; la notificación liecba á las potencias Europeas 
á quienes demandaba España ayuda, de qne los Estados 
Unidos la mirarían como una hostilidad contra ellos ; la 
celebración de tratados, desde 1824, po^ l^s cuales se 
reconoció su independencia, dándose con esto un ejem- 
plo que siguieron en breve los Británicos, los Holande- 
ses, etc. 

Constantemente han servido de arbitros, de media- 
dores, ó cuando menos han. interpuesto sus buenos 
oficios á favor del amistoso término de las desavenencias 
que han dividido á' las Repúblicas Hispano-americanas 
entre sí, ó en sus cuestiones con Estados de Europa. 

Eu el año de 1881 los Estados Unidos declararon, 
no tener por conveniente unirse á Francia y la Gran:, 
Bretaña para intervenir en la cesación de las hostilida- 
des entre Chile y el Perú. 

Otra vez manifestaron que no sancionarían el ar- 
bitraje de Estados Europeos respecto de dificultades 
Americanas, ni aún con el consentimiento de las partes,, 
porque sólo á América toca decidir cuestiones Ameri- 
canas. 

Sirvieron de mediadores cuando España hizo guerra , 
á Chile, y después al Perú, y también contribuyeron al 
término de las hostilidades entre España, dichas dos- 
repúblicas y otras que se habían aliado á ellas. 

Cuando un hecho inaudito restableció el poder de- 
España en la República de Santo Domingo, la voz de 
los Estados Unidos influyó uo poco para que esotra 
expidiera la ley por la cual se deshizo la funesta obra. 

Se cree que la misma causa fué parte para que 
España desistiera de la insólita pretensión de reivindicar- 
las islas Peruanas de Chinchas. 



LIMITES DK GUAYYNA 



Por un tratado concluido con la hoy República de 
Colombia eu 1864 los Estados Unidos le garantizaron 
positiva y eficazmente la perfecta neutralidad del itsmo de 
Panamá, y del mismo modo los derechos de soberanía y 
propiedad que la Nueva Granada tenía y poseía sobre 
dicho territorio, con la mira de que en ningún tiempo 
■ fuese interrumpido ni embarazado el libre tránsito de 
lino á otro mar. 

Mediante el tratado suscrito por ios señores Clayton 
y Bulwer la Gran Bretaña se obligó, á la par de los Es- 
tados Unidos, á no ocupar ni fortificar, ni colonizar, ni 
arrogarse, ni ejercer dominio sobre Nicaragua, Costa 
Rica, la costa de Mosquito ni ninguna otra parte de la 
América Central, ni hacer uso de cualquier protección 
que una ú otra parte diese ó pudiera dar, óde cualquiera 
alianza que tuviera ó pudiera tener con ningún Estado 
6 pueblo con el fin de erigir tales fortificaciones, ó de 
ocupar, fortificar ó colonizará Nicaragua, Costa Rica, la 
costa de Mosquito ó cualquiera otra parte de la Amé- 
rica Central, ó de arrogarse ó de ejercer allí dominio. 

Es verdad que la diversa inteligencia atribuida al 
convenio por las partes ha dado margen á infinitas dis- 
cusiones entre ellas, y que no se ha conseguido el 
acuerdo respectivo á la significación de ese artículo. 
Sin embargo, los Estados Unidos piensan que se llenó 
la esperanza que se prometían de semejante estipulación, 
por medio de los pactos que separadamente celebró la 
Gran Bretaña^ con Guatemala en 1857, ^^^'^ Honduras 
en 1859 y con Nicaragua en 1860. 

Pero, después del magno servicio que coad3aivó al 
establecimiento de la independencia de las colonias 
Hispano-americanas, ha de registrarse el de haber lan- 
zado de Méjico las fuerzas que el Emperador de los 
.Franceses--envió allí en sostén del Archiduque Maximi- 



LIMITES DE GUAYANA 



liano de Austria, y cuyo objeto era no sólo consolidar 
la forina monárquica, sino también desmembrar diclia 
xepública, quitándole, en compensación del supuesto 
beneficio, los Estados de Sonora y Baja California, para 
convertirlos en colonias del imperio Napoleónico. 

Ya se deja entender que la formación de uno en 
Méjico, en la vecindad de los Estados de la Confedera- 
ción del Sur, constituía parte del plan de acabar con los 
Estados Unidos, favoreciendo á los rebeldes, y aun con- 
curriendo con éstos á restablecer la detestable institu- 
ción de la esclavitud, origen de tantos y tan grandes 
males para aquel país, y que el Presidente Lincoln 
liabía abrogado como medida de guerra, antes que lo 
hubiese hecho la décima cuarta enmienda de la consti- 
tución federal. 

No hay necesidad de recordar pormenores. Baste 
mencionar, que, vencida inevitablemente la rebelión, y 
respaldado por el poderoso ejército que ella había hecho 
necesario, los Estados Unidos, que nunca reconocieron 
*el gobierno de Maximiliano, manteniéndose en constan- 
te inteligencia con el legítimo de Juárez, intimaron al 
Emperador Napoleón el retiro de las fuerzas de Francia, 
á lo cual hubo él de suscribir á más no poder, y de una 
sola vez. No habiendo querido seguirlas el desgraciado 
Archiduque, se vio abandonado á las del partido impe- 
rialista, que no era por cierto el nacional, y á poco le 
llegó la hora de su vencimiento y del desastrado fin de 
todos sabido. La república volvió á erguirse ufana en 
Méjico, y de temer no es que se reproduzca la tentativa 
de que salieron tan mal librados los autores y cómplices. 

Los Estados Unidos han declarado no consentir 
que las islas de Cuba y Puerto Rico sean transferidas 
por España á ninguna otra potencia Europea, no porque 
aspiren á su anexión, idea que no ha sido de la repúbli- 



12 WMITES de; guayan a 



ca, sino de algunos hombres de ella, que la lian procla- 
mado al par de la extensión indefinida y del destino 
manifiesto. Los hombres de esas opiniones han pasado, 
y hoy vemos al Presidente Cleveland retirar del Senado 
el convenio que su predecesor había hecho para la ane- 
xión de las islas de Sandwich ó Haway. 

Si por algunos se ha dicho que los Estados Unidos 
se opusieron á que Méjico y Colombia hiciesen la guerra 
á una y otra isla, allá cuando la proyectó Bolívar, ellos 
niegan la verdad del cargo, y dicen que nunca tal eje- 
cutaron. 

Sin embargo de haber propuesto á España la venta 
de Cuba, desde que se cercioraron de la desagradable 
acogida hecha á la idea, no han insistido. 

Cuando ha habido en Cuba revoluciones, los Estados 
Unidos han puesto en juego los medios ofrecidos por 
leyes para prevenir infracciones de la neutralidad; y, si 
alguna vez los revolucionarios han conseguido eludir la 
vigilancia de las autoridades, no han dejado de caer 
sobre ellos las penas prescritas para hechos tales. 

Nadie ignora las simpatías de los Estados Unidos 
hacia Grecia, cuando ella luchaba duramente por su 
independencia con Turquía; ni las manifestadas á Hun- 
gría en la época de sus conatos dirigidos á igual fin, y 
que se tradujeron en el envío de un agente que obser- 
vara el curso de los sucesos, y en su oportunidad 
reconociera el nuevo Estado nacido de su buen éxito. 
Fué entonces cuando por la protesta de Austria contra 
ese proceder, el insigne estadista Daniel Webster escri- 
bió al señor Hulseman, Encargado de Negocios de aquel 
Imperio en Washington, una de las notas diplomáticas 
que han inmortalizado su fama, y que, anonadando las 
reclamaciones del Imperio con argumentos de incon- 
trastable justicia y edificantes reflexiones de oportunidad, 



LIMITES DE GUAYANA 13 



coucluyó por asev^erar que, si en él se hubiese tratado 
como espía al agente Americano señor A. Dudley Mann, 
el Gobierno de Austria se habría colocado fuera de la 
esfera de la civilización, y podía estar seguro de que, á 
haber puesto ó intentado poner en efecto semejante ilegal 
designio respecto de un agente autorizado del Gobierno 
Americano, el espíritu del pueblo habría reclamado 
el empleo de inmediatas hostilidades, militares y nava- 
les, llevando el ejercicio del poder de la República hasta 
sus límites extremos, 

Bn otra circunstancia el vapor de guerra de los 
Kstados Unidos, San Luis^ se puso al lado de uno Aus- 
tríaco en el puerto de Ksmima para impedir que fuese 
llevado á su primitiva patria el refugiado Húngaro 
Koszta, á quien se había permitido domiciliarse en aque- 
lla república, donde estaba pasando el tiempo necesario 
al complemento de su naturalización, y que, habiendo 
vuelto á Turquía, fué hecho arrestar allí por el cónsul 
del país á que perteneciera antes y conducido á bordo 
de la mencionada nave. Sacado de ella el preso, y 
sometida en tierra la cuestión al juicio de algunas au- 
toridades, se decidió á favor de los Kstados Unidos. 

A la supresión de los impuestos que Dinamarca 
exigía por el paso del Sund y los Belts han dirigido los 
Kstados Unidos esfuerzos que condujeron á su definitivo 
rescate. 

Igual parte les cupo en la abolición por Hanover 
del peaje del Stade ó Brunshausen, que ellos no qui- 
sieron nunca reconocer, dando un ejemplo seguido de 
otras potencias, y que al cabo se les prometió abo- 
lir en 1861. 

Habituados se hallaban los bárbaros del norte de 
África á hacerse pagar el respeto á los derechos de las 
demás naciones, hasta que los Kstados Unidos determi- 



14 LIMITES DE GUAYANA 



naron extirpar tamaño abuso, y, mandando algunos de- 
sús bajeles de guerra, alcanzaron que Marruecos desis- 
tiera de seguir violando un tratado con ellos concluido; 
que Argel firmara otro sin pretender ya ningán tributo; 
y que Trípoli hiciera las paces y soltase los prisioneros,, 
sin la dañada exigencia de vender aquéllos como siervos. 

Bajo los auspicios de los Estados Unidos se fundó 
en la costa occidental de África, no ha muchos años, la 
floreciente república de Liberia, que ha continuado me- 
reciendo sus favores. Por el tratado de los dos países, 
de 1862, la República Americana se compromete á 
prestar á la de África la ayuda necesaria, cuando la pida 
la última, para el caso en que la misma no alcance á 
someter á juicio á los habitantes aborígenes que hayan 
ofendido la persona ó bienes de algún ciudadano de los 
Estados Unidos. 

Fueron la primera nación occidental que reconoció 
la independencia de Corea respecto de China, celebrando 
en mayo de 1882 un tratado de paz, comercio y navega- 
ción, en el cual se halla un artículo, el 10 que dice: 
«Habrá perpetua paz entre el Presidente de los Estados- 
Unidos y el rey de Chosen y entre los ciudadanos y 
subditos de sus respectivos Gobiernos.» 

«Si otras Potencias obraren de un modo injusto ú 
opresivo para con uno ú otro Gobierno, el otro, al ser 
informado del caso, pondrá por obra sus buenos oficios 
con el objeto de lograr un amistoso arreglo, dando así 
muestra de sus benévolos sentimientos.» 

lln el convenio firmado con China en junio de 1858, 
los Estados Unidos contrajeron la propia obligación 
hacia ella, mas sin darle el carácter de recíproca. 

También el Japón, á quien enviaron un Comodoro 
que les propusiese pactos de amistad y comercio, por él 
aceptados, ha sido objeto de sus beneficios. 



I^IMITES DE GUAYANA 



III 



Dejamos de mencionar otros actos semejantes dé- 
los Estados Unidos ; mas no es posible callar los buenos- 
oficios que han empleado á favor de los misioneros em. 
general, de los judíos y de los delincuentes políticoSj. 
hasta el punto de haber intercedido por algunos ; ni sus 
simpatías para con los que han lidiado en la causa de la 
libertad, como las ofrecidas á Kossuth y sus compañe- 
ros, y las cuales llegaron á tal grado que se puso á dis- 
posición de ellos un buque de guerra donde hicieron 
viaje. Sábese cómo se les trató una vez que pisaron te- 
rritorio Americano. Así no es mucho que sus escrito- 
res decanten que en una época en qne la fuerza de la 
opinión moral va rápidamente acrecentándose, los Es-- 
tados Unidos tienen la precedencia en la práctica y la 
defensa de la igualdad de los derechos del hombre ; que 
un inmenso concurso de emigrados de todas las nacio- 
nes perpetuamente se apiña en sus playas ; que su cons- 
titución, fija en el afecto del pueblo, de cuya elección 
emanó, neutraliza el influjo délos principios extranje- 
ros, é intrépidamente brinda asilo á los virtuosos, álos 
infortunados y á los oprimidos de toda la tierra. 

En cuanto á Venezuela, ella no puede olvida:r los 
beneficios que ha recibido de los Estados Unidos. He 
aquí el primero. Al tenerse en ellos nueva del espan- 
toso terremoto que había destruido en Marzo de 1S12 k 
Caracas y otras ciudades de este país, su Congreso por 
decreto de 8 de Mayo se apresuró á facultar al Presiden- 
te para invertir cincuenta mil dollars en provisiones, y 
ofrecerlas en nombre de su Gobierno al de esta Repú- - 



1 6 LIMITES DE GUAYANA 



hlicsL para auxilio de las víctimas de la catástrofe. Vi- 
nieron con efecto á La Guaira las vituallas en la goleta 
<fYeaten,» y se fuerou distribuyendo poco á poco entre 
los necesitados. 

También los Estados Unidos prestaron á Venezue- 
la el servicio de interponer su mediación con Holanda 
•en el año de 1877 para el restablecimiento de la amis- 
tad política, que fué interrum.pida en 1875. Las bases 
que al efecto proponía la República las envió el Gobier- 
no del Norte de América al Neerlandés, después que 
■con satisfacción se hubo enterado de ellas. " Para en- 
tonces," dice la Memoria de Relaciones Exteriores de 
Venezuela en 1878, "ya se sabía en Washington la dis- 
posición del Gabinete de la Haya á una avenencia ; si 
^ien creía él que tocaba á Venezuela la iniciativa por ser 
la que cortó las relaciones. A juicio de Mr. Birney, re- 
presentante Anglo-americano en los Países Bajos, se po- 
día conseguir un ajuste favorable y aún la prohibición 
del comercio de armas y pertrechos. Posteriormente 
han venido despachos caracterizados, que confirman más 
y más la exactitud de tales opiniones. Vese por aquí 
cuántas obligaciones debe Venezuela á la mediación de 
los Estados Unidos, tan bondadosamente concedida, no 
-obstante que un tercero interesado por Holanda gestio- 
naba con actividad para impedir que ellos le otorgasen 
sus buenos oficios. 

En su mensaje de 188 1 al Congreso de los Estados 
Unidos, decía el Presidente señor Chester A. Arthur. 

«El Gobierno de Venezuela mantiene su actitud 
<de fervoroso amigo, 3^ continúa pagando con suma re- 
gularidad la cuota anual de la deuda diplomática. 

«Las relaciones entre Venezuela y Francia, por 
■causa de la misma deuda, se hallan hace algún tiem- 
po en estado poco satisfactorio, y este Gobierno, como 



LIMITES DE GUAYANA 1 7 



vecino de sus acreedores de mayor cantidad, ha inter- 
puesto su influjo con el Gobierno de Francia, á fin de 
promover un arreglo amigable y honroso. » 

Con motivo de la suspensión de las relaciones di- 
plomáticas entre Venezuela y Francia en 1881, el Go- 
bierno de los Estados Unidos autorizó á su representante 
•en aquella República para encargarse de la protección 
de las personas y bienes de los Venezolanos allí re- 
sidentes. 

Este asunto se terminó de un modo satisfactorio en 
1889, por convenio en que Francia se declaró satisfecha 
con la entrega del saldo del capital de la acreencia, 
prescindiendo de intereses de diez y siete años, de inte- 
reses compuestos y de una asignación de 1.200 francos 
mensuales por gastos de contabilidad, que había recla- 
mado autes á causa de la demora del pago. , 

Si bien tras largos años de esfuerzos, contradiccio- 
nes y dificultades, el Congreso de los Estados Unidos 
hizo justicia á las demandas de Venezuela contra los 
fallos de la Comisión Mixta arbitradora que se reunió 
en Caracas en 1 867-1 868, reconociendo lo fundado de 
las quejas de este Gobierno sobre falta de la integridad 
de los procedimientos de ella, como efecto de las averi- 
guaciones practicadas en la Cámara de Representantes. 
Kn consecuencia ordenó la revisión de las sentencias 
acusadas, ó sea su rechazo, y el establecimiento de una 
nueva Comisión Mixta que se reuniría en Washington. 



-••-^'t^'i^**;^- 



2 



I,IMITES DE GUAYANA 



IV 



A la celebración del Centenario de Bolívar en Ca- 
racas asistieron los Estados Unidos de América, re- 
presentados por su Ministro Residente y Comisionado 
especial, en unión del señor Contralmirante Cooper y 
doce oficiales de la fragata de guerra Tejinessee^ que 
permanecieron aquí hasta el i^de Agosto, tomando parte 
en todas las fiestas á la sazón efectuadas. Se distinguie- 
ron más señaladamente en el acto de la inauguración 
de la Estatua á Washington, en la plaza de Santa Te- 
resa, y cuya erección formó un rasgo principalísimo del 
programa de tal centenario, por los motivos que explica 
un documento coetáneo en los siguientes conceptos : 

«Como se lia observado muchas veces, la revolución 
de las colonias Anglo-americanas, coronada del triunfo, 
abrió la puerta á la revolución de la América Española. 
Aquélla se personifica en Washington, menos grande 
por el ruido de las hazañas marciales que por sus vir- 
tudes republicanas, singulannente su desinterés y mo- 
destia; el primero en la paz, el primero en la guerra, el 
primero en el corazón de sus conciudadanos ; el dos veces 
Presidente de su Patria, y que no quiso serlo la tercera; 
el que planteó la Constitución Federal todavía vigente, 
clave del inaudito vuelo de aquel país admirable; el que 
lo gobernó para el bien y tranquilidad de sus compa- 
triotas ; el que, antes de tornar á su ansiado retiro, les 
legó, además de su ejemplo, el caudal de su propia expe- 
riencia, consignada en su alocución de despedida ; el 
que ya en los últimos días de su agitada vida, no rehusó 



LIMITES DE GUAYANA I9 



el encargo de volver á las ñienas bélicas en la hora de 
peligro para la patria; y el que no tuvo muchos mode- 
los ni cuenta muchos imitadores. Así no es extraño el 
sentido gozo con que los Americanos del norte saluda- 
ron el que puede llamarse para el los día de renovación; ni 
la honorífica memoria que del acto se hizo en la prensa 
de su país; ni el acrecentamiento que él ha dado á la 
buena inteligencia de ambos países; ni la idea de erigir 
una estatua á Bolívar en la capital de los Estados 
Unidos.» 

L'.)S mentados personajes, y además, el señor Pile, 
pronunciaron en la ocasión bellos discursos inspirados 
por altos sentimientos de americanismo. 

Ni es para omitirse que en 17 de Junio de 1884 fué 
inaugurada en el Parque Central de Nueva York la 
estatua ecuestre de Bolívar, que regaló á esa ciudad el 
Gobierno de Venezuela y quedó aceptada con entusiasmo. 
La obra del escultor Venezolano señor Cova, previos los 
arreglos necesarios con las autoridades del lugar, recibió 
colocación en el puesto á ella prescrito, siendo objeto de 
no pocos honores, tocatas de música, procesión de parte 
de la milicia del Estado, desembarco de la tropa vetera- 
na del ejército y marina de los Estados Unidos, ejecu- 
ción por la banda de ella del himno nacional de Vene- 
zuela, y de otras piezas, otra procesión de esa fuerza 
que se incorporó á la primera y paseó al rededor de la 
estatua, saludo nacional por la escuadra anclada en el 
río Hudson, al descorrérsele el velo, discursos de pre- 
sentación, de aceptación y el de orden sobre la vida y 
méritos del Libertador y banquetes á los funcionarios 
de esta República en el palacio «Irving.» 

Tampoco puede pasarse en silencio la participación 
de los Estados Unidos en los honores rendidos en 1888 



20 LIMITKS DK GUAYANA 

al asombroso adalid de la guerra de independencia Ge- 
neral José Antonio Páez. 

No hablaremos de la recepción á él hecha en años 
lejanos cuando llegó á Nueva York, como desterrado 
por efecto de los trastornos políticos de Venezuela. 

E.ecordaremos únicamente que en 1888, decretada 
por el Encargado de la Presidencia de esta República la 
traslación á Caracas de las cenizas del Procer, para de- 
positarlas en el Panteón Nacional, como se había dis- 
puesto en 1874 y 1876, se eligieron Comisionados que 
fueron á traerlas del lugar donde se las guardaba desde 
el año de 1873, época de su muerte en aquel país. 

No sólo el ayuntamiento de la ciudad de Nueva 
York, sino también una junta de personas distinguidas 
que se formó espontáneamente y en la cual se hallaban 
Generales, se ocuparon con empeño en promover el ob- 
jeto. Bl Presidente de los Estados Unidos, que era 
entonces el de hoy, Air. Cleveland, acogió benévolo la 
idea de destinar un buque de guerra á la conducción de 
ios restos y de los Comisionados hasta el puerto de L-a 
Guaira. Lo recomendó al Congreso, aunque ya una de 
las Cámaras había tomado la iniciativa de proponerlo. 
No tardó en salir una resolución aprobada de acuerdo 
en ambas, y por la cual se autorizaba al Secretario de 
Marina para designar una nave de guerra que desem- 
peñase el encargo, siempre que previamente se indagara 
si este paso sería agradable al Gobierno de Venezuela. 
Con nobles conceptos el Presidente de la Cámara de Re- 
presentantes lo puso en noticia del General R. O' Beirne, 
Secretario general de la junta de obsequios al General 
Páez. 

En consecuencia ella organizó las exequias, dispo- 
niendo el nombramiento de una columna que escoltase 
los restos al Pensacola^ navio de guerra señalado pa- 



LIMITES DE GUAYA NA 21 



ra recibirlos. Fueron conducidos en procesión militar 
desde el cementerio llamado «Marble Cemetery» hasta 
el salón del Gobernador, donde permanecieron en capilla 
ardiente, custodiados por una guardia de honor especial. 
Continuaron las demostraciones basta el día de la par- 
tida, que fué el 24, en el cual hubo nueva procesión tan 
solemne como las anteriores. 

La Comisión de Venezuela mereció especiales aten- ^ 
clones, no sólo cuando su permanencia en Nueva York, 
sino también á bordo de la fragata de guerra conducto- 
ra de las preciosas cenizas. 

El Presidente de Venezuela, impresionado con ta- 
les pruebas de consideración á ella en la persona del 
ilustre finado, creyó de su deber escribir al Presidente 
señor Cleveland una carta especial dirigida á manifes- 
tar hasta dónde le obligaban tantas y tan extraordina- 
rias señales de aprecio á la República, significativas del 
que tributa la del Norte á los héroes de la causa de la 
libertad en cualquier parte del mundo. 



V 



El alto designio de Bolívar de hacer de la América 
una sola nación han empezado á realizarlo los Estados 
Unidos. A ellos por su pujanza tocaba tal empresa, 
que ninguna otra de las Repúblicas de este continente 
habría podido acaso poner en efecto. 

El 24 de mayo de 1888 el Congreso de aquel país 
expidió una ley que autorizaba al Presidente para con-* 
vidar á los Gobiernos de todas las Repúblicas de Amé- 



« 



22 LIMITES DE GUAYANA 



rica y al del imperio del Brasil para celebrar eii Wa- 
shington una Conferencia, con el objeto de discutir y re- 
comendar á los respectivos países la adopción de un 
plan de arbitraje como medio de arreglar los desacuer- 
dos y cuestiones que en lo sucesivo se originaran entre 
ellos; de tratar de asuntos relativos al incremento del 
tráfico internacional y del modo de ponerlos en recípro- 
ca comunicación directa; de fomentarlas mutuas rela- 
ciones mercantiles provechosas para todos y asegurar 
mercados más extensos á los productos de cada uno de 
ellos. 

Sobre dichas materias, la Conferencia había de exa- 
minar las demás enlazadas con la prosperidad de los 
diversos Estados representados en la misma, que cual- 
quiera de ellos estimara oportuno someter á su estudio. 

No hubo quien no aceptara la invitación, y en 2 de 
Octubre de 18S9 se abrieron sus sesiones para terminar 
al cabo de un año. 

Ki resultado fué la recomendación de un plan de 
arbitramento, que firmaron la mayor parte de los De- 
legados por sus naciones. 

De un proyecto de tratado de reciprocidad, acogi- 
do por algunas y no por otras. 

De la construcción de un ferrocarril internacional, 
generalmente aceptado y cuyos estudios progresan de 
continuo. 

De comunicaciones por vapor, establecidas 3'a con 
algunos países. 

De la adopción de reglamentos sanitarios. — Fue- 
ron indicados los incluidos en el convenio internacional 
firmado entre la Argentina, Bl Uruguay y el Brasil, el 
28 de Noviembre de 1887, ó los formulados en Lima el 



LIMITES DT GUAYANA 



12 de Marzo de 1888 por un Congreso donde estaban 
representadas, á más de dicha República, las de Bolivia, 
Chile y Bcnador, 

De un sistema uniforme de reglamentos de aduana 
para la clasificación y avalúo de las mercancías impor- 
tadas, jnnto con la nomenclatura uniforme de las clases 
de los artículos importados y exportados, y el estableci- 
miento en V/ashington de una oficina internacional de 
informes. Se decidió también establecer allí una Bi- 
blioteca latino-americana formada con el contingente 
de las varias naciones y comprensiva de obras históricas, 
geográficas 3'' literarias, mapas, manuscritos y documen- 
tos oficiales respectivos á la historia y civilización de 
América. 

De la utilidad de establecer entre las naciones del 
continente el uso de una moneda ó monedas c]ue corrie- 
sen con el mismo valor en todas ellas ; para ló cual se 
formaría la Unión internacional Americana monetaria, 
y como base de ella se acuñarían una moneda ó mone- 
das uniformes en peso y ley y que pudieran usarse en 
todos los países representados en la Conferencia. 

De la conveniencia de aprobar los tres tratados so- 
bre privilegios industriales, marcas de fábrica, y propie- 
dad literaria, que adoptó el Congreso de la América del 
Sur, reunido en Montevideo en Agosto de 1888, y que 
han sido ya ratificados por la República Argentina, Bo- 
livia, Brasil, Chile, Colombia, Bcnador, Paraguay, Pe- 
rú y Uruguay. 

De la necesidad de aceptar los Estados Unidos el 
sistema métrico decimal de pesas y medidas que se usa 
por los gobiernos y el pueblo de todas las otras Repú- 
blicas Americanas y las más de las naciones de Europa, 
y que ya está autorizado por las leyes de los Estados 



24 I.IMITES DE GüAYANA 

Unidos, de lo cual redundaría no poco provecho par- 
ticularmente en el servicio de aduanas. 

De la ventaja de reducir y simplificar los derechos 
de puerto, y uniformarla clasificación de los actos ne- 
cesitados de la intervención de los agentes consulares y 
de fijar el máximum de los honorarios correspondientes 
á cada uno de dichos actos, especialmente los relativas 
á la navegación y el comercio. 

De la adopción del código de derecho internacional 
uniforme estudiado y aprobado en el Congreso reunida 
en Montevideo de 1888 á 1889, con el objeto de preve- 
nir los inconvenientes que resultan á los ciudadanos de 
una nación residentes en otra, de la diversidad de sus 
leyes acerca de derechos de propiedad, contratos, com- 
pañías, deudas, matrimonios, dotes, herencias, testamen- 
tos y legados, edad de la mayoría, trasmisión de domi- 
nio, legalización de documentos, y otros actos civiles y 
comerciales ; código civil y comercial, que ya fué ratifi- 
cado por Bolivia, el Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uru- 
guay y la República Argentina. 

Del otorgamiento de concesiones liberales para fa- 
cilitar la formación de bancos interamericanos, y parti- 
cularmente las necesarias para el establecimiento de un. 
banco internacional americano, con ramales ó agencias 
en los varios países representados en la Conferencia. 

Y por fin, de la dedicación de un homenaje á la me- 
moria del inmortal descubridor de la América, en reco- 
nocimiento del servicio sin par que prestó á la civiliza- 
ción y la humanidad, para lo cual la Conferencia ofre- 
ció cooperar formalmente á la celebi-ación del 49 cente- 
nario de aquel acontecimiento. 



WMITES DE GUAYANA 25 



VI 



También la Conferencia, á propuesta del Secretario 
de Estado, señor James G. Blaine, aprobó unánimemen- 
te, absteniéndose de votar Cbile, el calificado acuerdo 
que sigue: 

10 ((El principio de conquista queda eliminado del 
DerecKo público Americano, durante el tiempo que esté 
en vigor el tratado de arbitraje.» 

29 (c Las cesiones de territorio que se hicieren du- 
rante el tiempo que subsista el tratado de arbitraje,, 
serán nulas, si se hubieren verificado bajo la amenaza 
déla guerra, ó la presión de la fuerza armada.» 

30 (( Ea nación que hubiere hecho tales cesiones,, 
tendrá derecho para exigir que se decida por arbitramen- 
tamento acerca de la validez de ellas.» 

40 ((Ea renuncia del derecho de recurrir al arbi- 
traje, hecha en las condiciones del articulo 29, carecerá 
de valor y eficacia.» 

Cuando no hubiese tenido otro resultado la Confe-- 
ferencia Internacional Americana que la precedente 
declaración, y la adopción del arbitraje, eso bastaría, 
para aplaudir la idea que la inspiró, digan lo que quieran 
los políticos y estadistas de Europa, á menudo mal 
hallados con los procederes del Gobierno Americano. 

He aquí la lista de algunas de las publicaciones 
hechas de resultas de la feliz ejecución de tal pensamiento. 

Conferencia Internacional Americana. Dictámenes 
de las Comisiones permanentes y debates á que han 
dado lugar. 



26 I^IMIT^S DK GUAYANA 

Actas de la Conferencia. 

Actas de la Comisión del ferrocarril internacional. 

Iva excursión de los Delegados á diversos lugares 
de los Estados Unidos. 

Informes y recomendaciones de la Conferencia, más 
los mensajes con que el Presidente los trasmitió al Con- 
greso de los Estados Unidos. 

Comercio exterior de las Repúblicas Americanas. 

Derechos de importación de los Estadas Unidos. 

De Méjico. 

De Santo Domingo. 

De Costa Rica. 

De Nicaragua. 

Del Salva-dor. 

De Honduras. 

De Venezuela. 

De Colombia. 

Del Ecuador. 

De Bolivía. 

De Cuba y Puerto Rico. 

Directorio cormecial de Méjico, de la América Cen- 
tral, de Venezuela, de Colombia, del Ecuador, del Perú, 
'de Bolivia, de Chile, del Paraguay, del Uruguay y de la 
República Argentina, de Haití y de Santo Domingo. 

Manual de las Repúblicas Americanas en general, 
dos tomos. 

Cereales de la América latina. 

Minas y leyes mineras de la América latina. 

Leyes sobre privilegios industriales y marcas de 
fábrica de la América latina. 

Monedas, pesas y medidas de las Repúblicas Ame- 
ricanas. 

Manual ó sea bosquejo histórico separado de Mé- 
jico, Guatemala, Costa Rica, Venezuela, Colombia y 



LIMITES DK GUAYAN A 27 



Brasil. El de Venezuela incluye mención de su geo- 
grafía física, gobierno e instituciones civiles, rentas, 
comercio é inmigración, divisiones políticas y ciudades 
principales, agricultura, bosques y cría, producciones 
minerales, medios de trasporte y comunicación, decla- 
ración de independencia y constitución, ley de minas, 
ley de inmigración, directorio mercantil, y derechos de 
importación, fuera de las publicaciones sueltas sobre 
algunos d-e esos objetos. 

Además el retrato de Bolívar y láminas que repre- 
sentan cbozas de indios, indios Caribes, edificios nota- 
bles, iglesias, colegios, casas de g^obierno, catedrales, 
universidad, patio del capitolio, calles, vista de Caracas 
á ojo de pájaro, estatua de Washington en la plaza de 
Santa Teresa, vapores de la línea ((D» Roja, vapores 
del Orinoco, pabellón de Venezuela en la Exposición de 
París de 1889, y un mapa en que están señalados los 
verdaderos límites de aquella con la Guayana Inglesa. 

La mayor parte de tales publicaciones, preparadas 
por la Oficina de las Repúblicas Americanas establecida 
en Washington, se han hecho en inglés y en español. 
Ellas han venido á suplir la falta de comunicaciones 
directas, que se ha lamentado hasta ahora, entre las 
Repúblicas de este continente, pues aún de las vecinas 
no llegan á Caracas todas las necesarias, cuanto menos 
de las distantes. 



VII 



De sentirse es que el voto de los Delegados de los 
Estados Unidos fuese contrario al de quince de las Re- 
públicas presentes en la Conferencia, en la materia de las 



28 LIMITES DE GUAYANA 



reclamaciones diplomáticas, verdadero azote de aquéllas; 
mas esperamos que esotros con mejor acuerdo cambiarán 
de opinión, si desean unificar la América en un gran 
concierto, porque la tal práctica constituj'-e uno de los 
máximos obstáculos al logro del objeto. Los Estados 
Unidos mismos saben lo que hacen los reclamantes, co- 
mo lo prueban los datos que siguen. 

La necesidad de honor en que se vieron de desistir 
del apoyo prestado á la demanda del ciudadano y cónsul 
Hop Kins contra el Paraguay, en 1853, cuando se con- 
vencieron, por el juicio de su propio arbitro, señor C. 
Johnson, de la falsedad de la pretensión, ascendente á 
más de cinco millones de bolívares, después de haber 
despachado, para sostenerla, veinte buques con dos mil 
hombres y gastado en aprestos unos treinta y seis millo- 
nes de bolívares. 

El abandono que también llevaron al cabo de la 
defensa del señor Wells, cónsul que había sido en el 
puerto de Santa Catalina del Brasil en 1849, Y ^^^^ ^^" 
clamaba contra el dicho imperio con motivo de fraude 
cometido por uno de sus jueces en declarar incapaz de 
navegación un buque, y por lo cual el Ministro señor 
Web se hizo pagar con amenazas 14.252 libras esterlinas. 
El Gabinete de Washington hubo de devolverlas con 
intereses, oído que fué el abogado general, según cuya 
opinión no existían ni pretextos para hacer responsable 
al de Río Janeiro, aún supuesta la verdad de los hechos, 
porque el Gobierno Americano se había negado cons- 
tantemente á reconocerse obligado para con los ex- 
tranjeros por faltas de sus funcionarios, ámenos que 
perjudicasen la propiedad bajo la autoridad y por cuenta 
del Gobierno; porque, negando las reclamaciones, el 
Brasil hacía lo mismo que los Estados Unidos, donde se 
admite á los extranjeros en los tribunales al igual de los 



LIMITES DE GUAYANA 29 



ciudadanos; y porque el Gobierno no garantiza á unos 
ni á otros la honradez, la capacidad ni la rectitud de 
juicio de sus funcionarios subalternos. 

La invalidación hecha en la anterior presidencia de 
Mr. Cleveland de los fallos que un miembro de la Corte 
Suprema había pronunciado como arbitro, á favor de los 
señores Lazare y Pelletier, que habían reclamado de 
Haití indemnizaciones, á las cuales se les creyó al prin- 
cipio con derecho, pero de cuya injusticia se persuadió 
«1 Gobierno después de nuevo y concienzudo examen. 

Las devoluciones que á veces ha ordenado él mismo 
de sobrantes de cantidades satisfechas por exigencia 
suya como debidas, y que luego resultaron mayores que 
los danos á cuya reparación se las destinaba. Tal h.a 
sucedido respecto de China y otros países. 

Su negativa á la invitación que le hicieron Francia, 
la Gran Bretaña y España para que las acompañase en 
las medidas hostiles decretadas contra Méjico, so pre- 
texto de no proteger él las personas ni las propiedades 
de los respectivos subditos de aquellas naciones, ó fuese 
para apoyar con la fuerza los reclamos de tales particu- 
lares, y que vinieron á convertirse por Francia en inter- 
vención monárquica, después del retiro de las tropas Es- 
pañolas y Británicas, cuyos jefes creyeron de su deber 
no llevar adelante las operaciones en común resueltas, 
sino regresar á Europa. 

Según se ha observado por algunos, el asunto par- 
ticular que puede mirarse como el antecedente más des- 
collante de la intervención Francesa, y que no poco 
contribuyó á mover á España é Inglaterra á no conti- 
nuar en la ejecución de la triple alianza celebrada en 
Londres en 1861, fué el arreglo déla famosa acreencia 
Jecker, que tuvo por origen un negocio de tesorería, de 
conversión de bonos de la deuda pública Mejicana sus- 



30 LIMITES DE GUAYANA 



crita por el Presidente Miramón y anulada cuando llegó 
Juárez al poder. Este hecho concluye que las recla- 
maciones sirven de pasaporte á los más descabellados 
intentos. 

En cuanto á la construcción del gran ferrocarril 
que ha de unir entre sí á todas las Repúblicas America- 
nas, consta de los informes frecuentemente publicados 
de las comisiones técnicas, que se han hecho y continúan 
los estudios de los lugares más á propósito para el trazo 
de la línea, y que ya se han recorrido más de cuatro mil 
quinientas millas con resultados satisfactorios desde las 
fronteras de Méjico hasta las riberas del lago Titicaca. 

Venciendo las dificultades nacidas de la situación 
fiscal, el nuevo Gobierno del General Crespo, el 7 de 
noviembre de 1882, cuando apenas contaba un mes de 
establecido, se apresuró á tomar las providencias del 
caso, por el órgano del Ministerio de Relaciones Exte- 
riores, para desempeñar la palabra de Venezuela de 
concurrir á la Exposición de Chicago. Y lo hizo con 
tan buena suerte, que halló colaboradores en quienes la 
ciencia se hermana con el patriotismo, y á cuya acción 
eficaz, dirigida por el impulso oficial, se debió el éxito 
espléndido alcanzado. Allí se dio á conocer la República 
por un aspecto nuevo, el de la excelencia de sus pin-' 
tores, cuyas obras, generalmente admiradas, la han su- 
bido en el aprecio del mundo. Numerosos premios 
fueron dedicados á no pocos de los objetos expuestos. 

Con igual lucimiento se distinguieron profesores Ve- 
nezolanos en el Congreso de Médicos celebrado en Was- 
hington en setiembre de 1893, como que no sólo algunos 
enviaron trabajos científicos, sino que también otros pre- 
sentaron los suyos de viva voz, haciendo correcto uso de 
la lengua de los Americanos del Norte. 



LIMITES DE GUAYAN A 3 1 



Antes de ahora Venezuela, acudiendo á invitaciones 
del Gobierno de los Estados Unidos, había tomado parte 
en la Exposición que se efectuó en Filadelfia en 1876 
para celebrar el primer centenario de aquella República; 
en 1883, en la de productos extraujeros, artísticos é in- 
dustriales de Boston; en 1889, en la algodonera é indus- 
trial de Nueva Orleans. 

Ni faltó el concurso de este país al Congreso inter- 
nacional reunido en 1881 en Washigton con el propósito 
de fijar meridiano común; ni en 1889 al marítimo 
encaminado á revisar los reglamentos de señales y otras 
materias conexas con la segurida de la navegación, y de 
la vida y de la propiedad en el mar; ni á la inauguración 
de la estatua de la libertad iluminando al mundo; ni á 
las fiastas del centenario de la constitución de 1787. 

No menos ha acompañado á los Estados Unidos esta 
República en sus horas de duelo, como en la muerte de 
Lincoln, de Seward, de Garfield, de Grant etc. 

Todo lo cual se menciona aquí como prueba del cous-^ 
tante empeño que ha puesto Venezuela en acreditar sm 
amistad á los Estados Unidos y granjear su aprecio^ 
según lo ha hecho también poi otros medios. 



VIII 



En el Boletín número 34, descriptivo de los Estados 
Unidos de Venezuela, se halla el siguiente artículo, 
parte del capítulo i^ sobre su geografía física y primiti*. 
va historia : 

«DISPUTA DE LÍMITES 

«La cuestión de límites entre la Guayana Británica 



^2 LIMITES DE GUAYANA 

y Venezuela, sobre los cuales se disputa largo tiempo 
hace, ha dado origen á muchas negociaciones infructuo- 
sas, y en 1887 tuvo por resultado el rompimiento de 
relaciones diplomáticas entre la Gran Bretaña y Vene- 
zuela.» 

«Acaso no deje de interesar un sucinto resumen de 
esta controversia.» 

«La provincia de Guaya na, que formaba parte de 
la Capitanía General de Caracas y pertenecía á España, 
tuvo al principio por límites, al Oriente el Océano 
Atlántico, y al Sur el río Amazonas. Durante la larga 
guerra hecha por los Holandeses para libertarse del 
dominio de España, ocuparon y sucesivamente poseye- 
ron á Esequibo, Demerara, Berbice y Surinam, lugares 
que estaban dentro de la provincia de Guayana, y que 
por el tratado de Munster de 1648 fueron confirmados 
al Gobierno de los Países Bajos. Los Holandeses, con 
violación de los términos de ese tratado, hicieron incur- 
siones en la Guayana Española ; mas invariablemente 
con oposición de las fuerzas Españolas. Que nunca se 
consideraron legítimos dueños del territorio situado al 
Oeste del río Esequibo, lo prueba paladinamente el 
hecho de que, al ceder esos lugares á la Gran Bretaña 
en 1814, simplemente transfirieron sus colonias de Ese- 
quibo, Demerara y Berbice, sin designar ningunos lí- 
mites fijos.» 

«Después de la guerra de independencia, ó eu 1822, 
el Gobierno de Venezuela sucedió en los derechos de 
España sobre el territorio situado al Oeste del Río Ese- 
quibo, y siempre lo ha reclamado con persistencia.» 

«En 1836 el señor Robert Ker Porter, Encargado 
de Negocios de la Gran Bretaña en Caracas, formal- 
mente pidió al Gobierno de Venezuela estableciese un 
í'aro en Punta Barima, á la boca del Orinoco, en terri- 



I^IMITES DE GUAYANA 33 



torio que hoy se disputa, aunque el Gobierno Británico 
declaró en 1887, á los cincuenta años de eso, que dicha 
petición de su representante nunca se le comunicó á él 
ni por él fue aprobada.» 

«Kn 1 84 1, Sir Robert Schomburgk, comisionado 
del Gobierno Británico, hizo reconocimientos en ese te- 
rritorio situado al Oeste del río Bssequibo -y colocó 
postes y otras señales de sus operaciones, lo que excitó 
tanto la opinión pública en Venezuela, que el Gobierno 
Británico mandó quitar y borrar aquéllos. De entonces 
acá Venezuela ha hecho constantes esfuerzos por conse- 
guir la celebración de un tratado en que se sometiera la 
disputa á arbitramento y así se arreglara.» 

«Kn 1844, se ajustaron los preliminares para la 
negociación de un tratado, y el Plenipotenciario de Ve- 
nezuela, autorizándose con la historia, tratados y mapas, 
reclamó como frontera el río Ksequibo, á lo cual respon- 
dió el plenipotenciario Británico con proponer el límite 
del Moroco, dejando así á Venezuela, según dijo, en 
plena posesión de la boca del río Orinoco ; mas sin pre- 
sentar título alguno para esta cesión de territorio.» 

«Kn 1850, volvió el ánimo del público á exasperarse 
grandemente en Venezuela por haberse sabido que la 
Gran Bretaña trataba de apoderarse de la Guayana 
Venezolana. Mr. Wilson, á la sazón Kncargado de 
Negocios de la Gran Bretaña en Venezuela, se apresuró 
á contradecir el informe, y afirmó que su Gobierno no 
tenía intención de ocupar el territorio de la disputa ni 
quería hacerlo. Al mismo tiempo pidió y obtuvo del 
Gobierno de Venezuela una declaración semejante. No 
se especificó entonces el territorio de la disputa ; mas 
naturalmente se supuso, por los términos de la propo- 
sición emanada del Plenipotenciario Británico en 1844, 
3 



34 LIMITES DE GüAYANA 

que era el comprendido entre los ríos Hsequibo y 
Pomarón.» 

«En 1876, Venezuela instó de nuevo por el ajuste 
de la cuestión, á lo cual respondió Lord Granville, des- 
pués de trascurridos ciuco años, con una nueva propo- 
sición que fijaba el límite en un punto de la costa del 
Atlántico, 20 millas al Este de la margen derecha del 
río Barima, ensanchando así grandemente las preten- 
siones Británicas.» 

«Kn 1883, el Gobierno Británico propuso se arre- 
glaran conjuntamente el asunto de límites, el del im- 
puesto de 30 por ciento establecido por Venezuela sobre 
importaciones procedentes de las Antillas Británicas y 
el de ciertos reclamos pecuniarios; durante la negocia- 
ción del tratado el Plenipotenciario Venezolano obtuvo 
por escrito la promesa del Gobierno Británico de referir 
á arbitramento todas las cuestiones entre sus respecti- 
bos países. Antes de firmarse el tratado, ocurrió un 
cambio en el Ministerio Británico, y el sucesor de Lord 
Granville anunció que la Gran Bretaña no sometería á 
arbitramento cuestiones de límites, sin embargo de 
haber apelado ella á este procedimiento en sus cues- 
tiones de la misma especie con los Estados Unidos en 
1827 y 1871.» 

«En 1886, Lord Rosebery presentó una nueva pro- 
puesta de frontera, unida con la cláusula de libre nave- 
gación y comercio en el río Orinoco ; propuesta que 
Venezuela declaró inadmisible y rehusó aceptar.» 

«Pendientes las negociaciones en Londres, las au- 
toridades de la Guayana Británica procedieron á ocupar 
una porción de la Guaj^ana de Venezuela. El Gobierno 
de ella protestó contra esa ocupación, y reclamó de la 
Gran Bretaña que retirara sus pretensiones ; y como la 
última faltase á condescender con esta demanda, Vene- 



LIMITES DE GUAYANA 35 



ziiela suspendió las relaciones diplomáticas con su Go- 
bierno.» 

«Desde que esto sucedió, el Gobierno de Venezuela 
ba sido constante en solicitar los buenos oficios del 
Gobierno de los Estados Unidos con el objeto de indu- 
cir á la Gran Bretaña á consentir en la pronta y 
pacífica solución de la cuestión, mediante el arbitraje 
de potencias amigas. Nada conducente á ese fin se ha 
conseguido basta ahora, aunque el Gobierno de los 
Estados Unidos ha puesto por obra sus esfuerzos, y no 
afloja todavía en ellos, con la mira de alcanzar un arre- 
glo. En su Mensaje al Congreso de los Estados Unidos 
que se reunió en Washington en Diciembre de 1891, 
el Presidente, Mr. Harrison, habló del asunto en estos 
términos. «Me habría alegrado de anunciar alguna so- 
lución favorable de la disputa de Límites entre la Gran 
Bretaña y Venezuela, tocante á la frontera occidental 
de la Guayana Británica ; mas infructuosos han sido 
los amigables esfuerzos de los Estados Unidos en ese 
camino. Este Gobierno continuará manifestando la 
pena con que ve cualquier semblanza de usurpación 
extranjera de territorios que por largo tiempo han per- 
manecido bajo la autoridad administrativa de Estados 
Americanos. Fácilmente asequible por medio de amis_. 
toso arbitraje es la determinación de los límites disputa- 
dos, cuando, como aquí, los derechos de las respectivas 
partes estriban en hechos históricos de que sin trabajo> 
puede uno asegurarse.» 



-•»->ps^"^5«^-'■■ 



36 LIMITES DE GUAYANA 



Viene muy al caso recordar que, en 28 de julio de 
1888, el Presidente de los Estados Unidos, señor Grover 
Cleveland, quien lo es también ahora, mandó remitir al 
Senado la correspondencia pedida por el último sobre 
la cuestión de límites entre la Guayana Británica y 
Venezuela. 

Entre los varios documentos allí contenidos, llama 
la atención el que se reproduce en seguida, porque en 
él se pone de manifiesto el progresivo adelanto de la 
Gran Bretaña en el territorio de Venezuela, y la impre- 
sión de pena que esto ba excitado en Wasliington. 
Es una instrucción enviada por el señor Ba3^ard, Secre- 
tario de Estado, al señor Phelps, su Ministro en Londres, 
para que la comunicase á Lord Salisbury, Principal 
Secretario de Negocios Extranjeros de Su Majestad 
Británica. Dice así : 

«Departamento de Estado. — Washington, Febrero 27 
de 1888. — Número 701. 

«Señor. Con la presente envío copia de una nota 
que recibí el 15 de este mes, en que el Ministro de Ve- 
nezuela expone la noticia recién suministrada á él, de 
que la Legislatura de Demerara acaba de reivindicar 
jurisdicción Británica sobre el Distrito mineral del Ca- 
ratal, en las cabeceras del Río Yuruary, y que por un 
decreto del Gobernador de la Guayana Inglesa, fechado 
á 31 de Diciembre de 1887, ^^ niega formalmente la 
validez de una concesión del Gobierno de Venezuela 
para la construcción de un ferrocarril de Ciudad Bolívar 



LIMITES DE GUAYANA 37 



á Guacipati, pueblo del Distrito Caratal, con el funda- 
mento de que ((pasa por ciertos territorios y tierras que 
están dentro y forman parte de la colonia de la Guaya- 
na Británica.» 

«No aparece que el aserto del ministro se funde 
sino en el artículo del Financier al cual se refiere el 
señor Olavarría.» 

- ((Hasta ahora el Gobierno de los Estados Unidos 
ba tomado vivo y amigable interés en la cuestión de 
límites que por tanto tiempo se ba ventilado entre la 
Gran Bretaña y Venezuela ; y hasta dónde eran admi- 
sibles consejos desinteresados, ha abogado por un arre- 
glo amistoso, definitivo y honorífico de la disputa. 
Hemos seguido este rumbo en la suposición de que el 
punto controvertido era un hecho histórico, y eminente- 
mente adaptable al arbitramento, y que las pretensiones 
territoriales de cada parte tenían un límite fijo respecto 
del cual se determinaría sin dificultad el derecho con- 
forme á las pruebas.)) 

«L/a pretensión que se dice ahora haberse avanzado 
por las autoridades de la Gua37ana Británica necesaria- 
mente da margen á grave inquietud, y origina el temor 
de que la pretensión territorial no siga las tradiciones 
ó pruebas históricas, sino sea patentemente indefinida. 
No consta que hasta el día se haya reclamado en nin- 
gún tiempo como territorio Británico el distrito cuyo 
centro es Guacipati, ó que se haya reivindicado nunca 
tal jurisdicción sobre sus habitantes; y, si el dicho de- 
creto del gobernador de la Guayana Británica es en 
verdad genuino, no se alcanza cómo una línea de ferro- 
carril de Ciudad Bolívar á Guacipati podría penetrar ó 
atravesar territorio que esté dentro de la autoridad de 
la Gran Bretaña.)) 



38 i^iMiTES de; guayana 



«Verdaderamente la línea reclamada por la Gran 
Bretaña como límite occidental de la Guayana Británica 
es incierta y vaga. Para echarlo de ver, sólo se necesita 
examinar la lista del Ministerio Colonial Británico, 
retrocediendo algunos años. Bn la publicación de 1877, 
por ejemplo, la línea corre casi al Sur desde la boca del 
Amacuro hasta la unión de los ríos Cotinga y Ta-Kutu. 
Kn la publicación de 1887, ^i^^ ^^^^ ^^^s tarde, ella 
hace un largo rodeo hacia el Oeste, siguiendo el Yurua- 
ry. Guacipati está muy al Occidente de la línea ofi- 
cialmente reclamada en 1887; y acaso sea instructivo 
comparar con ella el mapa que sin duda se hallará en 
la lista del Ministerio Colonial del presente año.» 

«Bien será que usted vuelva á manifestar á Lord 
Salisbury lo mucho que agradaría á este Gobierno ver 
ajustar amigable y honrosamente la disputa con Vene- 
zuela, por medio del arbitraje ó de otra suerte, y lo 
dispuestos que nos hallamos á hacer cuanto podamos 
propiamente para concurrir á ese objeto.» 

«Bn el curso de la conversación usted puede referir- 
se á la publicación hecha en el London Financier de 24 
de enero (de que le será fácil conseguir un ejemplar y 
mostrarlo á Lord Salisbury) y expresar el recelo de que 
las crecientes pretensiones de la Guayana Británica de 
poseer territorio sobre el cual nunca hasta hoy se ha 
disputado la jurisdicción á Venezuela, disminuyanlas 
probabilidades de un arreglo práctico.» 

«Bn verdad, si apareciera que la cuestión Británica 
en materia de alinderamiento no tiene límite fijo, no sólo 
se frustraría nuestra buena disposición para a3mdar al 
arreglo, sino que habría de dar cabida á un sentimiento 
de grave pesadumbre.» 

«Agrego para informe de usted, copia del mapa re- 
cién impreso, con la correspondencia sobre límites, por 



I^IMITES DE GUAYANA 39 

Venezuela, en que están perfectamente marcadas con 
lápiz la situación de Guacipati y la línea de demarca- 
ción conforme á la lista del Ministerio de Colonias 
en 1877. La línea de 1877 casi sigue la que da el mapa 
«como la línea de Sir Robert Schomburgkj) 

«Soy etc. 

«(Firmado.) — T. F. Bayard.y) 



X 



Después de esa declaración tan terminante, que en 
Tíoca de una potencia respetable é imparcial constituye 
la condenación de la conducta del Gobierno Británico 
en el asunto, es de esperar que los Estados Unidos con- 
tinúen la obra iniciada basta conseguir que la Gran 
Bretaña se resuelva á finalizar la disputa por medio del 
arbitramento, no por el empleo de la fuerza ocupando el 
territorio litigado, á causa de la disputa, que es la ra- 
zón máí peregrina que ba podido inventarse para con- 
sumar á fines del siglo décimo nono un atentado sin 
ejemplo entre las naciones, y que destruye de arriba 
abajólas ideas de justicia y fraternidad en la familia 
bumana, cuando pugnan con los intereses del egoísmo 
y de la prepotencia. 

No nos parece inoportuno añadir en corroboración 
del fin de este escrito, lo que escribió el mismo señor 
Secretario Bayard en un informe sobre las causas por 
las cuales había desistido de una reclamación contra 
Haití y á favor del señor Pelletier. 

«Fuerza es recordar que por el derecho de gentes 
todos los Estados soberanos han de ser tratados como 



40 LIMITES DE GUAYANA 

iguales. No hay distiución entre los Estados fuertes y 
los débiles; el territorio de éstos tiene que gozar de la 
misma santidad de que gozan aquéllos. Esto se funda 
en buenas razones. Si no fuera así, los Estados débiles 
se convertirían en objetos de rapiña, no sólo con men- 
gua de de la civilización, sino también con destrucción 
de la seguridad de los mares, produciendo hordas de 
merodeadores y filibusteros que hallarían su presa en 
sociedades que carecen de medios eficaces para su pro- 
pia defensa. Y existen particularmente razones de peso 
para que los Estados Unidos levanten resuelta mano 
á fin de impedir tales rapiñas y despojos cuando los 
intentan personas que llevan la bandera de ellos, por 
más que éstos sean proscritos, por más que la arrojen 
á un lado, cuando, como en el presente caso, eso puede 
servir á sus nefarios designios. Los Estados Unidos se 
han proclamado protectores de este mundo occidental, 
en que son con mucho los más fuertes, contra las in- 
trusiones de soberanías Europeas. Pueden con orgullo 
y satisfacción señalar el hecho de haber declarado una 
y otra vez, y declarado eficazmente, que á la verdad so- 
brevendrían serias consecuencias si el pie de un enemi- 
go Europeo hollara los Estados del Nuevo Mundo que 
se han emancipado de la dominación de Europa. Han 
anunciado que, como les corresponde, mantendrían los 
derechos territoriales de los más débiles de esos Esta- 
dos, mirándolos no sólo como iguales ante la ley aún á 
las mayores nacionalidades, sino como acreedores, aten- 
ta su distintiva política, á ser considerados por ellos 
cual objetos de un cuidado peculiarmente benévolo. Me 
veo obligado á decir que, si con represalias sancionára- 
mos en Haití la cruel invasión de su territorio, é insulto 
á su soberanía que revelan los hechos puestos á nues- 
tra vista, si aprobamos con solemnes actos del Ejecutivo 



LIMITES DE GUAYANA 4I 



y asentimiento del Congreso aquella invasión, nos será 
difícil en lo sucesivo asegurar que nosotros mismos no 
hemos invadido nunca en el Nuevo Mundo, de cuyos 
derechos somos peculiares guardianes, esos propios de- 
rechos.» 

Otra importantísima manifestación del Gobierno 
de los Estados Unidos se halla en la Memoria, número 
2, de su Departamento de Agricultura, División Esta- 
dística, Serie miscelánea, publicada en 1892 con mapas 
y novísima estadística de comercio. Versa sobre la 
agricultura de la América Meridional, desde la repú- 
blica Argentina hasta Venezuela. 

El mapa, colocado entre las páginas 74 y 75, re- 
presenta todo el continente del sur, y da el Esequibo 
como límite de las Guayanas Venezolana y Británica. 

Hablando de la materia á las páginas 174 y 175, 
dice : 

* 

«Convenga acaso notar que la autoridad Británica 
conocida con el nombre de «Anuario del Estadista.» 
(The Stateman' s Year Book) de t§85, fija en 16,000 
millas cuadradas el área de la Guayana Británica, 
limítrofe de Venezuela por el éste, y que el mismo 
Anuario correspondiente á 1886 fija el área en 109,000 
millas cuadradas; de donde resulta que las posesiones 
Europeas en América se han aumentado durante un 
año en 33.000 millas cuadradas, y la República de- 
Venezuela las ha perdido, sin que hasta ahora lo ex- 
plique ningún tratado ó conquista reconocida, y lo cual 
ella sostiene que es contra su derecho de posesión no 
interrumpida ni disputada hasta el presente, derecho 
reconocido por el tratado de Munster de 1648, por el 
tratado definitivo de Aranjuez de 1791, y por el tra- 
tado de Londres de 18 14, que cedió á la Gran Bretaña. 



42 LIMITES DH GUAYANA 

lo que es hoy Guayana Británica con el Bsequibo 
como límite occidental permanente.» 

Estas observaciones van de acuerdo con las hechas 
por el señor Secretario Bayard en su instrucción, ya 
transcrita, al Ministro de los Estados Unidos en Lon- 
dres, señor Phelps, con fecha de 17 de Febrero de 1888; 
y vienen en comprobación de los recelos allí expresados 
úe que las pretensiones Británicas no tendrían límite, 
/pues aparece que en el transcurso de sólo un año, de 
1885 á 1886, crecieron no se sabe por qué singular vir- 
tud nada menos que en 33.000 millas cuadradas. 

En la misma Memoria, páginas 130 y 131, se lee 
lo siguiente: 

«Desde 1886 la Gran Bretaña ha pretendido y ocu- 
pado 33.000 millas cuadradas, que se extienden al 
•norte hacia la boca del Orinoco, siempre antes poseídas 
y todavía reclamadas por Venezuela; área que tiene 
una población de cerca de 30.000 habitantes, según 
^el cálculo Británico de 1890, impreso en el Anuario 
^e 1891.» 

XI 

Es pues, de presumirse que se haya acrecentado al 
mismo paso la inquietud del Gobierno de los Estados 
■Unidos, al ver el desenfado con que la Gran Bretaña 
agrega tierras á su colonia de Demerara, sin mostrar 
respeto á sus propias afirmaciones, y dejándose llevar 
del interés de ocupar, como ha ocupado y puesto á lo- 
■§ro, las minas recién descubiertas en los territorios 
hacia los cuales sigue ensanchando el de su colonia, 
que no se alcanza hasta donde llevará en el curso del 
tiempo. 



LIMITES DE GUAYANA 43 



En vista de tales repetidas declaraciones de ser, 
■como los más fuertes, protectores del mundo occidental, 
de que se opondrán á cuanto sea capaz de destruir la 
igualdad establecida por el derecho internacional entre 
ios Estados, aunque unos tengan mayor fuerza que 
otros, y de que el territorio de éstos debe gozar de la 
misma santidad que el de aquéllos ; de que les corres- 
ponde poner á cubierto estos países de intrusiones de 
potencias Europeas ; de que con orgullo y satisfacción 
pueden señalar el becho de baber manifestado una y 
otra vez, y por modo eficaz, que á la verdad sobreven- 
dríarf serias consecuencias si el pie de un enemigo 
Europeo hollara los Estados del Nuevo Mundo que se 
«emanciparon de la dominación de Europa ;» y con aten- 
ción además á los pasos que han dado á favor de Vene- 
aiuela, y los cargos que han hecho á la Gran Bretaña 
de avanzar con insistencia sobre el territorio de esta 
República, y que han repetido en notas, memorias y 
otras publicaciones oficiales : se puede asegurar que los 
Estados Unidos han contraído solemnemente, con el 
mundo en general, y con América en particular, el 
empeño de llevar adelante su interposición hasta lograr 
que el Gabinete de Londres se abstenga de seguir des- 
pojando á este país de su territorio, y convenga en 
someter al juicio de un arbitro, no lo que le parezca 
antojadizamente á fuer de poderoso, sino todo lo que 
disputa Venezuela, y que la potencia Británica se ha 
apropiado con el singular fundamento de que es punto 
de controversia. 

Sube en grado la fuerza de estas observaciones, si 
se trae á la memoria lo que en su segundo mensaje 
anual de 1879 decía al Congreso el Presidente Grant. 

«Las Repúblicas aliadas y otras de origen Español ,^ 
de este continente, pueden ver en tal hecho, una nueva 



44 IvIMlTBS T>n GUAYYNA 



prueba de nuestro sincero interés por su bienestar; de 
nuestro deseo de verlas favorecidas con buenos gobiernos 
capaces de mantener el orden y conservar su respectiva 
integridad territorial ; y de nuestro sincero anhelo por 
extender nuestras relaciones mercantiles y sociales con 
ellas. Probablemente no pasará mucbo tiempo sin que, 
por el curso natural de los sucesos, termine la conexión 
política de Europa con este continente. Puesta la mira 
en esa probabilidad, nuestra política debe modelarse de 
suerte que estreche más con los nuestros, los intereses 
comerciales de los Estados Hispano-americanos, y dé 
así á los Estados Unidos toda la preeminencia y todas 
las ventajas que Mr. Monroe, Mr. Adams y Mr. Clay 
tenían en la mente cuando propusieron tomar parte en 
el congreso de Panamá.» 

Pues, si á eso aspiran los Estados Unidos, ¿cómo 
permitir que la Gran Bretaña les arrebate el comercio 
y la navegación del Orinoco y todos los demás ríos 
adonde por medio de él puede llegarse? ¿Que siga 
aumentando más y más el número de sus posesiones en 
América? Si fuera por caminos lícitos, por tratados 
de compra, cambio ó cualesquiera otros en que mediase 
la voluntad, el consentimiento de las naciones de cuyos 
territorios se hablara, tendría á lo menos el carácter 
de legitimidad; pero que se haga con el derecho del 
más fuerte, cometiendo usurpaciones á ojos vistas, y 
sin tener cuenta con ningún respeto humano y alar- 
deando de los actos de violencia, es un escándalo in- 
compatible con toda idea de justicia y sociedad entre 
las naciones, y que las considera como espectadoras 
pasivas de dañados atropellos. 

Acabamos de ver un escrito del señor William L. 
Scruggs, ex-ministro de los Estados Unidos eu Caracas, 
publicado en periódicos recientes de Nueva York, acerca 



LIMITES DE GUAYANA 45 



de la cuestión de Venezuela y la Gran Bretaña por 
los límites de sus respectivas Guayanas. Allí el di- 
plomático veterano hace una breve reseña del asunto, 
y con la competencia que le dan en él sus conocimien- 
tos y el estudio de los pormenores, examina las absur- 
das pretensiones de Inglaterra y rechaza los especiosos 
argumentos citados en su apoyo, y que tal vez ha- 
ya ocasión de discutir en lo sucesivo. Lástima es 
que sólo haya traído sus investigaciones hasta ciertos 
puntos y tiempo, 1886, sin extenderlas á otros muy 
graves y de fecha posteriorj porque entonces habría ma- 
nifestado extraordinario asombro al ver que la poderosa 
Albión, por increíble que parezca, ha hallado una ma- 
nera singular de proceder en el caso. De hecho ha 
tomado posesión del territorio disputado declarando que 
es suyo precisamente porque está en disputa, y agre- 
gando después que no admite discusión acerca de lo 
que se ha apropiado; pero que sí se presta á someter á 
arbitramento otras pretensiones que dice tener á comar- 
cas venezolanas situadas fuera de la línea del Amacuro, 
y que nunca antes había reclamado. 



Bu el primer mensaje trasmitido al Congreso en 
Diciembre último por el Presidente Cleveland se leen 
estas palabras. «Lá disputa de límites entre Venezuela 
y la Guayana Británica está aún indecisa. Término 
muy grato del asunto sería que se restablecieran las re- 
laciones diplomáticas entre la República y la Gran 
Bretaña y se refiriese la cuestión á imparcial arbitra- 
mento.» 



46 LIMITKS DK GUAYANA 

Bu otro pasaje del mismo mensaje se halla lo que 
sigue: '' 

«Bn resolución acorde aprobada por el Senado eii 
14 de Febrero de 1890 y por la Cámara de Representan- 
tes en 3 de Abril siguiente, se pidió al Presidente que 
de tiempo en tiempo, conforme se ofrecieran ocasiones 
adecuadas, convidara á cualquier Gobierno conque tu- 
viese ó pudiera tener trato diplomático, para entrar en 
negociaciones encaminadas al fin de someterá arbitraje^ 
y ajustar pacíficamente portal medio las desavenencias- 
ó disputas que se originasen entre los dos Gobiernos, y 
qu2 no pudiesen arreglarse por medio de agencia diplo- 
mática. Bn 18 de Abril de 1890 la Conferencia Inter-^ 
nacional Americana de Washington manifestó mediante 
resolución el deseo de que se arreglaran por arbitramen- 
to todas las controversias entre las Repúblicas de 
■ América y las naciones de Buropa, y recomendó que 
cada nación representada en la Conferencia comunicase 
este deseo á todas las potencias amigas. De la Gran 
Bretaña se ha recibido respuesta favorable, en forma de 
una resolución adoptada por el Parlamento en 16 de Ju-^ 
lio último, en que cordialmente se simpatiza con el pro- 
pósito y se expresa la esperanza de que el Gobierno de 
Su Majestad prestará gustosa cooperación al Gobierno 
de los Bstados Unidos conforme á la base de la antedi- 
cha resolución.» 

«Me complazco altamente en presentar esta resolu- 
ción parlamentaria al Congreso, en manifestar la sincera 
satisfacción que me causa el ver la autorizada expresión- 
del juicio de dos grandes naciones de origen común, á 
favor del racional y pacífico ajuste de las contiendas 
internacionales por medio del honorífico recurso al arbi- 
tramento.» 



I.IMITES DE GUAYANA 47- 

Ahora bien, Venezuela tomó parte en la Conferen- 
cia Panamericana, y á su iniciativa se debe la resolución 
de que hace memoria el señor Presidente ClevelandL 
Indudablemente esto le autoriza para juzgar, á solicitud 
de Venezuela, si el arbitraje en que respecto de ella se- 
consciente, cumple la promesa hecha á los Estados Uni- 
dos y responde á la esperanza del Parlamento Británico^ 
A nosotros nos parece tan extraña la conducta áQ% 
Foreign Office, que la contamos entre las sorpresas que 
nos vienen causando los actos ejecutados por él de,, 
algún tiempo á esta parte con Venezuela, contra lotS.. 
cuales se subleva la conciencia universal, y que corren., 
parejas con los hechos consumados en Honduras, la 
Costa de Mosquitos, las islas Malvinas, la de Trinidad y:, 
una parte de la Guayana Holandesa; conquistas la.sdos. 
últimas que antes con antes prepararon la dominación, 
del caudaloso Orinoco con el apoderamiento de las dos- 
comarcas entre las cuales corre al aproximarse al. 
Atlántico. 

Creemos haber probado que los intereses de los- 
Kstados Unidos, los antecedentes de su histórica polí- 
tica, la parte que toman en la dicha y prosperidad dé- 
los pueblos Americanos, el celo con que esta República., 
ha procurado corresponder á sus buenos oficios, aten- 
ciones, servicios y obsequios de preciosas obras, acep- 
tando los tratados por ellos propuestos, atendiendo y 
pagando sus demandas pecuniarias, sometiendo á arbi- 
traje puntos para ella no dudosos, acogiendo con entu- 
siasmo sus invitaciones para Congresos y Conferencias 
diplomáticas, cultivando esmeradamente sus amistosas 
relaciones, oyendo sus consejos y recomendaciones y 
presentándoles otras muestras de señalada estima; la. 
doctrina proclamada y seguida por el Presidente Mon- 
roe y algunos de sus sucesores', el augusto cargo que 



48 LIMITES DE GUAYANA 

han asumido en el mando 3^ sobretodo en el Americano, 
de protectores del derecho, la paz y la debilidad, contra 
los desafueros internacionales, de defensores de los de- 
rechos del hombre y de los pueblos; todo los empuja 
con fuerza irresistible á impedir se consume en Vene- 
zuela el despojo resuelto por el coloso Británico, llevado 
adelante, principalmente desde 1884. 

En el Senado de los Estados Unidos se han pro- 
nunciado discursos favorables á la causa de Venezuela; 
en las regiones del Ejecutivo se ha hecho lo que hemos 
citado, previo el examen de los documentos y correspon- 
dencias comunicadas por esta República; en la prensa 
se ha abogado con calor por nuestros derechos ; los Pre- 
sidentes de aquella nación en sus mensajes y los Secre- 
tarios de Estado en sus «Forcign Relations» y otros 
documentos oficiales, han publicado urbi et orbí sus 
deseos y esperanzas, sus juicios y sus impresiones é 
instancias en ese respecto. Así que la honra de la po- 
derosa Democracia está empeñada eñ el éxito de la 
contienda. El interesa no únicamente á Venezuela, 
sino también á Colombia, El Brasil, El Ecuador, El 
Perú y á las demás Repúblicas de la América del Sur. 
Todas ellas y las del Norte han simpatizado con ésta, y 
ofrecídole el apoyo moral de su opinión y buenos oficios, 
algunas con particular ahinco. 



XÍII 



Ellos y el mundo en general están en expectación ; 
los partidarios del arbitramento repiten sas manifesta- 
ciones; las sociedades de la paz universal multiplican 



LIMITES DE GUAYANA 49 

SUS pasos; los que ejercen el comercio entre ambos Es- 
tados contendientes se muestran acuciosos de concurrir 
al logro del apetecido fin con sus esfuerzos; aún en la 
Gran Bretaña y algunas de sus colonias, los que ante- 
ponen la justicia á la utilidad se interesan en pro de 
Venezuela; los hombres ilustrados, los que condenaron 
las demasías de Lord Palmerston contra Grecia en 1853 
declarando «haber visto con pesadumbre que diversas 
reclamaciones contra el Gobierno Griego, dudosas en 
punto de justicia y exageradas en su guarismo, hubie- 
ran sido impuestas con medidas coercitivas dirigidas 
contra el comercio y el pueblo de Grecia, y peligrosas 
para el mantenimiento de las amistosas jrelaciones Bri- 
tánicas con otras potencias,» no pueden dejar de sentir 
la misma pena por lo que está haciendo el Foreign 
Office con Venezuela. En tan célebre debate no faltó 
quien dijese (Mr. Gladstone) que «la reclamación de 
Don Pacífico era con toda evidencia un fraude y una 
falsedad vergonzosa, una verdadera falsificación é im- 
postura ; que á la luz del sol rara vez se había cometido 
mayor iniquidad.)) 

Los Estados Unidos se oponen al establecimiento 
de nuevas colonias en el suelo Americano, y el ensan- 
che dado por la Gran Bretaña á Demerara, con menos- 
cabo del Territorio de Venezuela, equivale á otra 
adquisición, y por lo mismo es condenable. 

Los Estados Unidos no consienten que en las Re- 
públicas Americanas se cambie la forma de gobierno 
por ellos adoptada. Pues aquí se trata de hacerlo. Claro 
es que las comarcas quitadas á Venezuela republicana 
se convierten por el mismo hecho en posesiones de la 
monárquica Inglaterra. 

Los Estados Unidos en la Conferencia Panameri- 
cana condenaron el pretenso derecho de conquista; y la 
4 



50 LIMITES DE GüAYANA 

Gran Bretaña exhuma esos restos de las épocas bárbaras 
para sostener su dominio en lugares que se ba cogido, 
pero que está pronta á defender con las armas, aunque 
lo ba3^a ejecutado con violación de tratados, aunque no 
tenga á su favor ningún color de título, auque viola la 
paz y amistad convenidas en solemnes pactos. Si tal 
hace en tiempo de paz, ¿á qué extremos no se lanzará 
en estado de guerra? 

Los Estados Unidos se han declarado campeones 
de los débiles, como recordó el Secretario señor Bayard 
en la anterior Presidencia del señor Cleveland, contra 
las intrusiones de los soberanos de Europa en este mun- 
do occidental, y se han enorgullecido de proclamar una 
y otra vez, y de modo eficaz que sobrevendrían graves 
consecuencias si el pie de un enemigo Europeo hollase 
los Estados de este Continente. ¿Qué les toca pues^ 
hacer cuando ven á la poderosa Gran Bretaña enseño- 
reándose del importantísimo río Orinoco, y cercenando 
progresivamente el Territoorio de Venezuela, á la cual 
ellos mismo nos informan en un documento oficial que 
en sólo un año, de 1885 á 1886, le usurpó 33.000 millas 
cuadradas? 

Venezuela debe confiar ho}^ más que nunca en la 
ayuda de los Estados Unidos. Está á la cabeza del 
Gobierno un hombre inspirado por altos sentimientos 
de justicia, y ha comenzado á demostrar de un modo 
inequívoco que para él la honradez es la mejor política, 
y que á ponerla en constante práctica se halla resuelto 
á todo trance, sin que le arredre el clamoreo de los 
secuaces del destino manifiesto, de las anexiones, del 
filibusterismo. Lo que ha hecho respecto de Hawaii es 
la más cumplida justificación de esa esperanza. 

«A-penas me es necesario,» dijo al Congreso, «expo- 
ner que las cuestiones provenientes de nuestras relacio- 



LIMITES DB GUAYANA 51 



nes con Hawaii han producido graves embarazos. Poco 
antes de instalarse la presente Administración, había 
sido derrocado el Gobierno existente en Hawaii, y ne- 
gociádose un tratado de anexión entre el Gobierno pro- 
visional de las islas y los Estados Unidos, que para su 
ratificación se sometió al Senado. Este tratado lo retiré 
á fin de examinarlo, y despaché al Honorable James 
H. Blount, de Georgia, á Honolulú, en clase de Comi- 
sionado Especial, para instruir una averiguación impar- 
cial de las circunstancias que acompañaron el cambio 
de gobierno, y de todas las condiciones conexas con el 
asunto del tratado. Después de un examen completo y 
profundo, el señor Blount me presentó su informe, del 
cual aparece sin sombra de duda que el Gobierno Cons- 
titucional de Hawaii había sido subvertido con la activa 
ayuda de nuestro representante acreditado con aquel 
Gobierno, y mediante la intimidación causada por la 
presencia de una fuerza naval armada de los Estados 
Unidos, que con ese objeto se desembarcó á instancia 
de nuestro Ministro. Atentos los hechos puestos en 
claro, me pareció que la única línea de conducta que á 
nuestro Gobierno prescribía el honor, era deshacer el 
agravio cometido por los que nos representaban, y res- 
tablecer hasta dónde fuera posible el estado que existía 
cuando nuestra violenta intervención. Con la mira de 
llegar á este resultado dentro de los límites constitucio- 
nales del poder ejecutivo, y reconociendo todas las obli- 
gaciones y responsabilidades nacidas de cualesquiera 
cambios producidos por nuestra injustificada interven- 
ción, nuestro actual Ministro en Honolulú ha recibido 
instrucciones adecuadas á ese fin. Hasta ahora no ha 
dado noticias de haberse obtenido ningún resultado 
definitivo.» 



LIMITES DE GUAYANA 



XIV 



Kl Presidente ha hecho cuanto estaba en su niauo 
para viudicar el buen concepto de los Estados Unidos. 
Ha sometido la cuestión al Congreso con todos los in- 
formes y pormenores que arrojan luz sobre ella, y lo 
pondrán en situación de decidirla con pleno conoci- 
miento de causa. Si bien algunos temen que la opo- 
sición de miembros del cuerpo legislativo frustre las 
sanas intenciones del Primer Magistrado, otros esperan 
que se aprueban. Nos inclinamos á éstos últimos, y 
nos fortalece en nuestro deseo el recuerdo de haber 
rechazado el Senado en no lejano día el convenio de 
anexión de Santo Domingo y el de compra de las islas 
Danesas de Santomas y San Juan. 

Sea cual fuere el final desenlace, la conducta del 
Presidente lo eleva en la merecida estima de que ya 
goza entre propios y extraños, 3' le conquistará tal opi- 
nión que es posible, como dice la prensa, que se le 
reelija no sólo por primera, sino también por segunda 
vez, con olvido de la tradición fundada en el ejemplo 
de Washington, y no obstante el fracaso que en la ten- 
tativa experimentó Grant, con haber sido uno de los 
generales vencedores de la rebelión de los cuatro años. 

No vacilemos pues, en creer que, instado por Ve- 
nezuela, proseguirá la obra tan dignamente empezada, 
y que añadirá otra página más á las que enaltecen el 
nombre de los Estados Unidos, sin perder de vista 
que en su anterior presidencia ellos tomaron la actitud 
definida constante de la ya copiada instrucción del señor 
Bayard al Ministro Americano en Londres; que fué 



UMITES DE GUAYANA 53 



entonces también cuando se trató del asunto en el Se- 
nado, recibido que liubo él la correspondencia sobre la 
materia pedida al Ejecutivo. 

Sus eficaces recomendaciones bastarán á la conse- 
cución del objeto, porque ellas han de convencer al 
Gobierno de Su Majestad Británica de que Venezuela 
no está sola, sino apoyada por una voz que no puede ser 
desatendida, menos todavía cuando la acompaña la de 
todas las Repúblicas del Continente, deáde los Estados 
Unidos Mejica.nos basta el Paraguay. 

Porque se palpe la justicia que asiste á Venezuela 
en su pleito con la Gran Bretaña, vamos á exponer 
cuan sucintamente podamos el derecho de la primera. 

Todo lo que se nombra Guayana perteneció exclu- 
sivamente á España por el título de descubridora y 
"primera ocupante. Sus límites corrían por el Oriente 
hasta el Océano Atlántico, y por el Sur hasta el río de 
las Amazonas. 

Poco á poco los Holandeses, los Franceses y los 
Portugueses fueron apoderándose de lugares de aquella 
provincia cercanos á las costas, sin embargo de la vi- 
gilancia de su dueño y de las disposiciones que tomaba 
contra los invasores. 

Arrojados del lísequibo los Holandeses, volvían 
allí con obstinación, y allí se encontraban cuando en 
1648 hicieron las paces con los Españoles como término 
de la guerra por la independencia de los Países Bajos. 

Por el artículo 59 del tratado de Munster celebrado 
en 1648, España les confirmó la posesión y goce de 
los señoríos, ciudades, castillos, fortalezas, comercio y 
países de las Indias Orientales y Occidentales, como 
también del Brasil y de las costas de Asia, África, y 
América, respectivamente, que ya tenían y poseían. 



54 LIMITES DE GUAYANA 

Según el artículo 6o, se impuso á los subditos de 
una y otra parte en las Indias Occidentales la prohi- 
bición de navegar en todas las obras, lugares y plazas 
provistas de fuertes, lonjas ó castillos y todas las de- 
más poseídas por éste ó aquél de los contratantes. 

Como se ve, aquí no se especifican los lugares que 
en las costas de América poseían los Holandeses, ni 
menos se determinan los límites que los separaban de 
los Españoles. • 

Pero que no pasaban del Esequibo aquéllos, resulta 
patentemente del convenio de extradición de desertores 
y fugitivos que entre España y Holanda se firmó en 
Aranjuez á 23 de Junio de 1791. El tenor del artículo 
10 es concluyente, como que dice: 

«Se establece la restitución recíproca de los fugiti- 
vos blancos ó negros entre todas las posesiones Espa- 
ñolas en América y las colonias Holandesas, particu- 
larmente entre aquellas en que las quejas de deserción 
lian sido más frecuentes, á saber, entre Puerto Rico y 
San Eustaquio^ Coro y Curazao^ los establecimientos 
Españoles en el Orinoco y Esequibo^ Demerary^ Berbice 
y SnrÍ7iam.y) 

Natural era que las deserciones ocurriesen más á 
menudo en los puntos próximos unos á otros ó fronte- 
rizos. Puerto Rico está cerca de San Eustaquio, Coro 
á breve distancia de Curazao, y los establecimientos Es- 
pañoles del Orinoco frente á los Holandeses de Ese- 
quibo, Berbice 3^ Surinam. 



LIMITES DE GUAYAN A 55 



XV 



Este acto bilateral no deja ningún recurso á la 
Gran Bretaña. En él demuestra Holanda, su causante, 
del modo más inequívoco usado entre las potencias, es 
decir, en un tratado solemne, espontáneo y perpetuo, 
que la colonia de Esequibo era la que partía términos 
con las posesiones líspañolas. Si se denominaba estable- 
cimiento del Eseqttibo, era por estar á orillas del río del 
mismo nombre; si se contraponían á él los estableci- 
mientos Españoles del Orinoco, fué sin duda porque este 
río lo dominaba España. 

Como del Esequibo aspiran los Ingleses á saltar al 
Orinoco, y lo que es más, á las iumendiaciones del 
Caroní y de Upata, constituye un problema cuya reso- 
lución excede nuestra corta inteligencia. Pero sigamos. 
En 1897 aparecen los Españoles acometiendo á los 
Holandeses para arrojarlos de los fuertes que éstos habían 
levantado á orillas del Pomarón ; y, como esotros fue- 
ron vencidos por ellos y los Ingleses interpolados en la 
guarnición, se nos presenta el heclio cual prueba de 
pertenecer el lugar del combate á los Países Bajos. Otra 
vez la conquista. De suerte que por no baber salido los 
verdaderos dueños con el propósito de arrojar á los in- 
trusos, ya perdieron su derecho de propiedad, y él pasó á 
los invasores. Admitir ese principio sería establecer 
que la fuerza no sólo quita, sino también crea derechos, 
y anda mal segura la propiedad de quien no tiene poder 
bastante para rechazar los ataques contra ella. De pa- 
so notaremos que, cuando después del tratado de 
Aquisgrán de 1448, se refirió á la decisión de ciertos 



56 LIMITES DE GüAYANA 

Comisionados la disputa de Francia é Inglaterra acerca 
de la isla de Santa Lucía, una de las Antillas, en los 
documentos producidos por una y otra parte se advierten 
las observaciones que siguen. Los negociadores Fran- 
ceses mantenían que, aun cuando los Ingleses se habían 
establecido allí en 1639, fueron lanzados ó muertos por 
los Caribes en 1640, y abandonaron la isla animo et 
fado et siiie animo revertendi; (con el ánimo y de hecho 
y sin intención de volver) ; que hallándose vacante así 
Santa Lucía, los Franceses habían vuelto á tomarla en 
1650, con lo cual y sin ayuda de ninguna prescripción, 
se convirtió en propiedad de ellos. Los negociadores 
Ingleses sostuvieron que su derelidio había sido resul- 
tado de violencia; que no habían abandonado la isla sine 
spe redeiindi^ (sin esperanza de volver) y que no corres- 
pondía á Francia aprovecharse de este acto de violencia 
y obtener el territorio de otro Estado subrepticiamente; 
y que tal procedimiento no le daba ningún dominin??!.^ 

No dice Phillimore, de quien tomamos este dato, 
cómo se sentenció la controversia ; mas es de presumirse 
que fué á favor de Inglaterra, pues la vemos ceder la 
isla en 1763 a Francia. La cual la tuvo hasta 1803, ^^ 
que la tomó la Gran Bretaña. A la última la adjudicó 
definitivamente, junto con la de Tabago^ y la isla de 
Francia y sus dependencias, el artículo 89 del tratado 
de París de 18 14, confirmado por el de 18 15. 

De comunicaciones oficiales del Gobierno de España 
en 1780 consta que la provincia de Gua3^ana principiaba 
á barlovento del desemboque en el mar del río Orinoco 
en el confín de la colonia Holandesa de Eseqiiibo; que ésa 
y demás de los Estados generales en aquella costa se 
hallaban por lo común en las márgenes de los ríos con 
inmediación á la orilla del mar, sin penetrar mucho eu 
lo interior del país, y que por lo mismo á las espaldas, 



LIMITES DT GUAYANA 57 



del Eseqiiibo y demás posesiones Holandesas^ corriendo por 
el oriente hasta la Guayana Francesa y por el sur hasta 
el río de las Amazonas, estaba el terreno desembarazado 
departe de ellos, y sólo ocupado por los Indios gentiles 
y crecida población de negros fugitivos, esclavos de los 
Holandeses; que los comisionados proairarzan ocupar di- 
chos terrenos como pertenecientes á la España^ su primeree 
descubridora^ y no cedidos ni ocupados en el día por nin- 
guna otra potencia ni que tuviese título para ello. 

Cuando el Re}^ de Hspaña se enteró de los informen 
del comisionado José Felipe de Inciarte, dispuso que el 
mismo volviese con el encargo de ocupar y poblar los 
lugares por él allí especificados ; que se levantaran dos 
pequeños fuertes para poner á cubierto de los Holande- 
ses el pueblo que se fundara en la ensenada del peque- 
ño río ó quebrada de Moruca á distancia de un cuarto 
de legua de la posta ó guardia que tenían los Holandeses 
como á diez y ocho leguas de Ksequibo liacia Orinoco; 
y otro fuerte de cuatro ó seis cañones en la misma en- 
senada del Moruca para impedir el paso de toda embar- 
cación enemiga, arrojando á los Holandeses dé la citada 
posta 6 guardia avanzada que allí habían consti'uido; 
bien entendido que, sí el Director General ó Goberna- 
dor de Bsequibo se quejase de este hecho, se ha de res- 
ponder que se ha procedido j se procede en el asunto 
con arreglo á las leyes é instrucciones generales de buen 
gobierno de nuestras Indias, que no perriiiten semejantes 
intrusiones de los extranjeros en los- dominios Españoles^ 
como son aquéllos. 



-'-^'^^■^ 



58 LIMITES DE GUAYANA 



XVI 



En Otra parte dice el señor Inciarte : «Además de 
las ventajas que por razón de población se pueden espe- 
rar de fundar en el citado cerro de Baururaa, no Ifabien- 
do de éste á Esequibo, como digo arriba, más de doce ó 
trece leguas, se logra el que con cuatro ó cinco pueblos 
se llegue hasta las orillas del Esequibo, y conseguido 
ésto, quedan los Holandeses privados de comunicación, 
no tan sólo con las diversas Naciones de Indios que 
<iaen al Sur del Esequibo y todos los caños que tiene el 
Orinoco, sino también con todo el Parima, pues, no 
habiendo para ellos otro paso que dicho río, cortándoles 
éste, quedan imposibilitados de toda correspondencia, 
pues ésta únicamente podrán lograr con sus compañeros 
de Surinam y Franceses de la Cayena que quedan á la 
parte éste del río Esequibo.» 

Nada hay más notable que este pasaje, por cuanto 
-demuestra que con la fundación de cuatro ó cinco pue- 
blos Españoles que llegasen á las orillas del Esequibo, 
se privaba á los Holandeses de toda comunicación con 
el Orinoco por medio de sus caños, y aún por todo el 
Parima. 

En otro informe de 1783 el mismo lu ciarte reco- 
mienda la ocupación de dicha posta de Moruca que los 
Holandeses habían abandonado con motivo de haberse 
apoderado los Franceses de la colonia de Esequibo, é 
insiste en la formación de un pueblo, pues de esie viodo 
se logrará impedir el que los habitajiies de dicha colonia 
se interiien en las tierras que media7i entre ellas y el 
^Orinoco. 



LIMITES DE GUAYANA 59 

España fundó varias misiones entre el Orinoco y 
>tel Esequibo, algunas muy cerca de este río, y á orilla 
'del Moroco. 

La Gran Bretaña había ocupado parte de la Guayana 
Holandesa en el curso de la guerra contra Francia y 
sus aliados en 1796 ; mas la restituyó en 1802. á la Re- 
pública de Batavia por el tratado de Amiens. Demerara 
la tomó en 1803, manteniéndola en su poder hasta la 
cesación de las hostilidades en 1814. Entonces se hizo 
•ceder las colonias de Demerara, Esequibo y Berbice 
mediante el tratado concluido en Londres, á 13 de 
Agosto de 18 14, artículo 30 de la convención suplemen- 
taria ó adicional suscrita en el miámo día, con estas 
palabras. 

«En consideración á los compromisos arriba men- 
cionados, el Príncipe Soberano de los Países Bajos con- 
siente en ceder en toda soberanía á Su Majestad Britá- 
nica el Cabo de Buena Esperanza y los establecimientos 
de De?ntrara^ Esequibo y Berbice^ á condición, sin em- 
bargo, de que los subditos de Su Alteza Real el Príncipe 
Soberano, propietarios en dichas colonias ó estableci- 
mientos tengan la facultad, (salvos los reglamentos en 
que se convenga después por convención suplementaria) 
de navegar y comerciar entre dichos establecimientos 
y los territorios de dicho Príncipe en Europa.» 

Sólo desde entonces entró la Gran Bretaña ea legí- 
tima posesión de aquellas colonias, pues antes, á pesar 
4e sus reiteradas capturas de las mismas, no había 
tenido sino la ocupación militar, que, como se sabe, no 
-es modo de adquirir la propiedad de Estado, hasta que 
-el desposeído presta su consentimiento en el tratado 
•de paz. 

Ahora bien, en el de Munster de 1648 ni siquiera 
se nombraron los lugares ocupados á la sazón por Ho- 



6o LIMITES DE GUAYANA 

landeses en la vecindad de la Guayana Española, cuan- 
to menos se determinarían sus límites. Tampoco se 
tizo esto en el de cesión de Demerara, Esequibo y Ber- 
bice que acabamos de mencionar. 

Pero una cosa es evidente, á saber, que la Gran 
Bretaña se subrogó así á Holanda en los derechos que 
ésta tenía en el territorio cedido, sin poder bajo ningún 
pretexto extenderlos con perjuicio de sus colindantes. 

Por lo que toca á Venezuela, ella sucedió á España 
en sus derechos, primero en virtud del recobro de sn 
soberanía é independencia que fué la consecuencia de 
sus triunfos, y á^mayor abundamiento en fuerza del 
tratado concluido entre los dos países en 30 de Marzo^ 
de 1845 y cuyo artículo 19 dice : 

«Su Alaj estad Católica, usando de la facultad que 
■le compete por Decreto de las Cortes Generales del 
reino, de 4 de Diciembre de 1836, renuncia por sí, sus 
Herederos y sucesores, la soberanía, derechos y acciones 
que le corresponden sobre el territorio Americano cono- 
cido bajo el antiguo nombre de Capitanía General de 
Venezuela, hoy República de Venezuela.» 

«A consecuencia de esta renuncia y cesión. Su Ma- 
jestad Católica reconoce como N-ición libre, soberana é 
independiente, la Pv.epública de Venezuela, compuesta 
de las provincias y territorios expresados en su Consti- 
tución y demás leyes posteriores, á saber : Margarita, 
Gitayana, Cumaná, Barcelona, Caracas, Carabobo, Bar- 
quisimeto, Barinas, Apure, Mérida, Trujillo, Coro y 
Maracaibo y otras cualesquiera territorios ó islas que- 
puedan corresponderle.» 



. j-.¿5»¿^í^5*f-« - 



tlMITES DE GUAYAN A 6 1 



XV !I 



Tampoco se fijaron ahí los límites que separaban 
la nueva nación de los países contérminos, Nueva Gra- 
nada, Bl Brasil y las Guayanas extranjeras. Mas todas 
las constituciones que hemos tenido desde 1830 han 
dicho que su territorio comprende todo lo que antes de 
la transformación política de 18 10 se denominaba Ca- 
pitanía General de Venezuela, Ya la de Colombia de 
182 1 había establecido lo mismo, agregando por su- 
puesto el antiguo virreinato de la Nueva Granada. 

Bien se alcanza que durante la lucha de la eman- 
cipación no podía pensarse en asuntos de frontera; 
mas,' conseguido casi por completo el resultado en 1822, 
el Gobierno de Colombia, al despachar para Europa 
al señor José Rafael Revenga con el carácter de Agente 
en la corte de Londres, le decía por el órgano del señor 
Doctor Pedro Gual, Ministro de Relaciones Exteriores: 

«Séame lícito, sin embargo, llamar particularmente 
la atención de usted al artículo del proyecto de tra- 
tado en punto á límites. Los Ingleses poseen en el 
día la Guayana Holandesa, por cuya parte son nues- 
tros vecinos. Convenga usted tan exactamente como 
sea posible sobre fijar la línea divisoria de uno y otro 
territorio, según los últimos tratados entre España y 
Holanda. Los colonos de Demeraia y Berbiche tienen 
usurpada una gran porción de tierras que, según aqué- 
llos, nos pertenecen del lado del Esequibo.)) 

«Es absolutamente indispensable que dichos colo- 
nos se pongan bajo la protección y obediencia de nues- 
:tras leyes, ó que se retiren á sus antiguas posesiones. 



62 LIMITES DE GUAYANA 

Al efecto se les dará el tiempo necesario, según ser 
establece en el proyecto^ y para los casos de dudas sobre- 
linderos de uno y otro país, no omitirá usted el adoptar- 
el remedio que en él se propone.» 

Se ha ocultado á nuestras diligencias el proyecto 
de que se habla en esas instrucciones. 

Ignoramos también lo que el habilísimo señor Re- 
venga hiciera en observancia de ellas; y, como nada sa- 
lee sobre el particular en sus comunicaciones al Go- 
bierno de Bogotá, parece justificada la inferencia de 
que dejó el negocio para otra oportunidad, según le era 
potestativo por autorización explícita. 

En su historia de la revolución de Colombia es- 
cribe el señor José Manuel Restrepo, Secretario de 
Relaciones Exteriores que fué de ella «los límites de 
Colombia por la costa del Atlántico son: desde el cabo 
Nassau, ó más bien desde el Esequibo, antiguo lindera 
de la Guayana Holandesa, hasta el río Culebras; lí- 
mite de la provincia de Veraguas.» 

El asunto quedó como dormido desde entonces^ 
sin duda por las turbaciones de los últimos años de 
Colombia y los primeros de vida de las tres repúblicas- 
en que fué dividida. Esta, á quien correspondía laL 
Guayana, tuvo igualmente, muy desde el principio, sus. 
alteraciones. Aún no habían acabado cuando en 1841 
el Consulado General Británico en Caracas informó al 
Gobierno de la República de haber sido nombrado el 
señor R. H. Schomburgk para reconocer y marcar los- 
límites de la Guayana Británica. Añadió que el Go- 
bernador de ella tenía órdenes para resistir cualquiera, 
agresión contra los territorios cercanos á la frontera^ 
hasta entonces ocupados por tribus independientes. 

Raro modo de proceder en tales circunstancias. Lo 
regular es que la deuinrcación en el terreno siga 3'' no 



LIMITES DE GUAYA NA ' 65 



preceda al convenio que establezca las líneas divisorias- 
de común acuerdo. El deslinde consiste en un juicio- 
de expertos que para proceder se atienen á las bases na- 
jadas entre los colindantes. Sobre todo, es una cuestióni 
que atañe á los dos ó más interesados, y que por tanto- 
ninguno de ellos puede decidir sin el concurso de Icss 
otros, á no pretender supeditarlos. 

Mas, fuera de tamaña irregularidad, se dio desde • 
luego á conocer lo que se buscaba con la añadidura de 
que «el Gobernador de Demerara tenía órdenes par^ 
resistir cualquiera agresión contra los territorios cer- 
canos á la frontera hasta entonces ocupados por tribus 
independientes.» 

Esta sí que fué una verdadera agresión contra. 
Venezuela, la cual por sus leyes sobre reducción y 
civilización de indígenas había mostrado el interés que: 
le merece esta raza de hombres. 

Hemos visto que se debe repeler una ofensa co- 
metida ó inminente ; mas no que se amenace á quien no- 
ha pensado siquiera en dañar á otro. 

Suponiendo, gratia arguendi^ qus hubiese tales tri- 
bus independientes, ¿quién autorizaba á la Gran Bre- 
taña para convertirse en protectora de ellas y atribuir- 
á Venezuela intenciones hostiles á las mismas, y esto- 
en ocasión de comunicarle el envío de ingeniero que 
reconociese y marcase los límites de la Guayana Bri- 
tánica ? 



XVIII 



Ningún Estado tiene derecho para arrogarse Is 
función de protector de otro. Hacerlo sin que se haya 
celebrado un convenio Dor el cual uno consienta en el 



^4- LIMITKS DE GUAYANA 



protectorado y el otro se lo otorgue, es atentar á la 
ludependeneia de aquel á quien se aparenta favorecer. 

No es esto sólo. Los Estados Unidos nos enseñan 
que ni ellos ni la Gran Bretaña han reconocido runca, 
ni permitido que otra nación reconozca, como pueblo 
independiente á ninguna tribu India que se halle dentro 
de sus límites. Lnego ninguna puede concluir tratados. 

Las tribus que haya, pues, en territorio de Vene- 
zuela están sometidas á ella al igual de los demás 
Venezolanos; y las potencias extranjeras no deben 
ingerirse en los asuntos que ocurran entre este Gobier- 
no y sus tribus. 

Bn las concesiones que daba la Gran Bretaña para 
hacer viajes de descubrimiento, y apoderarse y tomar 
posesión de tierras en América, siempre exceptuaba las 
que estuviesen ocupadas por cualquiera otra potencia 
cristiana. No tenía cuenta con la ocupación de los 
Indios. 

Francia también se atribuía el derecho de dominio 
sobre gran extensión de país que no estaba efectiva- 
mente colonizado por Franceses, y derecho exclusivo de 
hacerse dueño y disponer del suelo que permanecía 
ocupado por Indios. Por el artículo 12 del tratado de 
Utrecht, firmado en 1703, Su Majestad Cristianísima 
cedió á la reina de la Gran Bretaña toda la nueva Es- 
cocia ó Acadia, con sus antiguos límites, estando en 
poder de los Indios gran parte del territorio cedido. 

En 1763 Francia cedió y garantizó á la Gran Bre- 
taña toda la Nueva Escocia ó Acadia y Canadá con sus 
-dependencias. El tratado cede expresamente, y siempre 
se ha entendido que cede, todo el país situado al lado 
Inglés de la línea divisoria entre las dos naciones, aun- 
que una grande y valiosa parte de aquél estaba ocupado 
por los Indios. 



IvIMITES EE GUAYANA 65 



La Gran Bretaña, por su parte, cedió á Francia to- 
das sus pretensiones al país situado al oeste del Misisipi. 
Nunca se ha supuesto que no cediese nada, aunque no 
tenía posesión efectiva de un palmo de tierra. Hila cedió 
todo derecho de adquirir el país,j/ cualquiera tentativa 
ulterior de comprarlo á los Indios se habría considerado y 
tratado como invasión de los territorios de Francia. 

Por el artículo 20 del mismo tratado, Kspaña cedió 
á la Gran Bretaña la Florida, con sus dependencias, y 
todo el país que reclamaba al este ó sureste del Misisipi. 
Gran parte de este territorio estaba también en poder de 
los Indios. 

Por un tratado secreto, que se celebró hacia el mis- 
mo tiempo, Francia cedió la Luisiana á España ; y des- 
pués acá España ha retrocedido el mismo país á Francia. 
Tanto en la época de la cesión como en la de la retroce- 
sión, estaba ocupado principalmente por los Indios. 

Así, todas las naciones de Europa que han adqui- 
rido territorio en este Continente, han reivindicado para 
sí mismas y han reconocido en otras, el derecho exclu- 
sivo de descubrimiento para apropiarse las tierras ocu- 
padas por los Indios. 

Los Estados Americanos han adoptado el mismo 
principio. Por el tratado que puso término á la guerra 
•de la revolución, la Gran Bretaña abandonó todo recla- 
mo, no sólo- al gobierno, sino también á la propiedad y 
derechos territoriales de los Estados Unidos. Nunca 
se ha dudado que los Estados Unidos ó los Estados 
en particular tenían título claro á todas las tierras sitas 
dentro de los límites descritos en el tratado, con suje- 
ción sólo al derecho de los Indios para ocuparlas, ni 
que el poder exclusivo de extinguirlo residía en ese 
Gobierno, que podía constitucionalmente ejercerlo. 
5 



66 LIMITES DE GUAYANA 

Virginia declaró por medio de una ley de 1779 su 
derecho exclusivo de preencióii á los Indios de todas 
las tierras que estaban dentro de los límites del territo- 
rio de ella ; y que nadie tiene ni tuvo nunca derecho de 
comprar á ninguna nación India tierras situadas dentro 
de tales límites, excepto sólo las personas debidamente 
autorizados para tal compra, antes para uso y beneficio 
de la colonia, y después para la República. La ley 
procede luego á invalidar todas las escrituras de venta 
hechas por Indios á individuos para uso privado de los 
compradores. 

Los Estados que tienen dentro de sus límites dife- 
rentes porciones de territorio cubiertas de Indios, lo 
cedieron á los Estados Unidos. El territorio cedido se 
hallaba ocupado por muchas y belicosas tribus de 
Indios ; pero creemos que jamás se ha puesto duda 
en el derecho exclusivo de los Estados Unidos para ex- 
tinguir el título de aquéllos y conceder el suelo. 

Por el tratado de 1795 España cedió á los Estados 
Unidos el territorio que se cuestionaba entre una y 
otros, y que tenían ocupado en realidad y principal- 
mente los Indios. 



XIX 

La Luisiana comprada á Francia era entonces un 
país ocupado casi enteramente por Indios, que son 
de hecho independientes. Sin embaj'go^ aialqiiier ten- 
tativa de instrusión de otros en aquel país sería co7isi- 
derada como agresión^ qne justificaría la guerra. 

Nuestras últimas adquisiciones derivadas de Es- 
paña son del mismo carácter; y las negociaciones que 



LIMITES DE GUAYAN A 6/ 



las precedieron reconocen el mismo principio, que ha 
sido recibido como fundamento de todo título Europeo 
en América. 

Los Estados Unidos han accedido, pues, á la gran- 
de y amplia regla, en cuya virtud sus habitantes ci- 
vilizados poseen este país ahora. Mantienen, como 
otros lian mantenido, que el descubrimiento dio derecho 
exclusivo para extinguir el título de ocupación Indio,, 
ya por compra, ya por conquista; y dio también» tal 
grado de soberanía cual las circunstancias les permi- 
tirían ejercer. 

La facultad hoy poseída por el Gobierno de los 
Estados Unidos para conceder tierras residió, cuando 
eran colonia, en la corona ó sus concesionarios. En 
nuestros tribunales no se ha dudado nunca de la va- 
lidez de los títulos expedidos por unos ú otros. S^ 
ha ejercido uiiiformeme7ite sobre territorio poseído por 
los bidios. La existencia de este poder niega la de 
cualquier derecho que con él pugne y lo domine. Un 
título absoluto á tierras no puede existir simultánea- 
mente en diferentes personas ó en diferentes gobiernos. 
El título absoluto ha de ser exclusivo, ó á lo menos 
título que excluya todos los demás con él incompati- 
bles. Este título absoluto no se compadece con un 
título absoluto y completo en los Indios. 

(Extractos del informe del señor Marshall Juez 
Presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos.) 

Lo acabado de observar tiene por objeto, no sólo 
poner en claro la agresión contenida en la nota relativa 
al envío del señor Schomburk á Guayana, sino también 
rebatir la especie asomada por Lord Salisbury en 1880 
de que «el límite reclamado por Su Majestad en virtud 
de antiguos tratados con las tribus aborígenes y de subse- 



68 LIMITES DE GUAYANA 

cuentes cesiones de Holanda^ comienza en iin punto de la 
boca del Orinoco, al Oeste de Punta Barima, sigue de 
allí en dirección meridional á los montes de Imataca, 
cuya línea sigue liacia el Noroeste pasando de ellas por 
las tierras altas de Santa María, precisamente al Sur 
del pueblo de Upata, hasta tocar la sierra de la margen 
Oriental del Caroní, siguiendo por allí al Sur basta dai* 
con el gran espinazo del Distrito de Guayaua, las mon- 
tañas de Roraima de la Guayana Británica y de allí 
todavía al Sur á las montañas de Pacaraima.» 

Bsa es precisamente la línea trazada como el extre- 
mo de la pretensión Inglesa en el mapa trasmitido al 
Doctor Modesto Urbaneja; pero de la cual se dice que 
se prescinde en. la correspondencia con él de 1S90. 

BUa presupone el absurdo de las tribus de Indios 
independientes, con facultad de celebrar tratados 3- ceder 
el dominio internacional de territorios, y esto á favor de 
los Ingleses antes que por la cesión de Holanda á ellos 
en 18 14 se hubiera legitimado la soberanía de hecho 
ejercida en virtud de actos de guerra. Con igual fun- 
damento podrían reclamar á Ciudad Bolínar y demás 
posesiones Españolas en América, que hostilizaron ó 
destruyeron en aquel largo período de expediciones fili- 
busteras tan numerosas en los siglos 16 3^ 17, produci- 
das por la sed de oro 3' de conquistas, como las de 
Hawkins, Drake, Raleigh &. 

No podemos resistir á la tentación de citar al céle- 
bre y elegante 3^ moderno historiador de Inglaterra, 
miembro del Parlamento hace no muchos años, Lord 
Macaula3\ Narra él con alguna latitud la desastrada 
aventura de los Escoceses que, seducidos 3^ guiados por 
Paterson en 1699, concibieron el loco pro3^ecto de asal- 
tar y adquirir el itsmo de Darien, perteneciente á la 
América Española. Lo habían descubierto y ocupado 



I^IMITES DE GUAYANA 69 



los Castellanos ; mas, como resultase insalubre y perni- 
cioso, se retiraron á Panamá dejando que los Indios allí 
encontrados siguiesen el modo de vivir usual entre esta 
gente. 



XX 



«Parece más increíble aún^» dice, «que Hombres á 
quienes se babían confiado los pormenores de aquel 
plan no bubiesen registrado ninguno de los libros co- 
munes de bistoria ó geografía en que pudiera bailarse 
noticia de Darien, y no se bubiesen becbo la simple- 
pregunta de si era probable que España soportase una 
colonia Escocesa en el corazón de sus dominios trans- 
atlánticos. Era notorio que ella reclamaba la soberanía 
del istmo con fundamentos especiosos, mejor dicbo, 
sólidos. Un Español babía sido el primer descubridor 
de la costa de Darien. Un Español babía construido 
una ciudad y establecido un gobierno en aquella costa. 
Un Español, con gran trabajo y peligro, babía cruzado el 
montañoso cuello de tierra, babía visto rodar á sus pies 
el ancburoso Pacífico nunca antes revelado á los ojos Eu- 
ropeos, había descendido, con espada en mano, y entrado 
en las olas basta la cintura, y allí tomado solemne 
posesión del mar y la playa en nombre de la Corona de 
Castilla. Verdad era que la región descrita por Pater- 
son como un paraíso, los primeros colonos Españoles 
la babían hallado tierra de miseria y muerte. El aire 
ponzoñoso exbalado de matorrales inmundos y agua es- 
tancada, los babía compelido á trasladarse á la vecina 
rada de Panamá; y respectivamente se babía permitido 
á los Indios Rojos vivir á su modo en el pestilente 



70 LIMITES DE GUAYANA 



suelo. Pero aquel suelo España lo consideraba todavía, 
y bien podía considerarlo como suyo propio. En mu- 
chos países había regiones cenagosas, montañosas, ó sel- 
váticas, en que los Gobiernos no pensaban que valiese 
la pena gastar, en la conservación del orden, y en que 
rudas tribus gozaban por conveniencia de una especie 
de independencia. Los miembros de la Compañía de 
Escocia que comerciaban con África y las Indias no ne- 
cesitaban ir muy lejos para hallar un ejemplo. En 
algunos distritos montañosos, no más que á cien millas 
de Edimburgo, habitaban clanes que hacían precisamen- 
te tan poco caso de la autoridad del Rey, del Parlamen- 
to, del Consejo Privado y de la Corte de Sesiones como 
la población de aborígenes de Darien de la autoridad de 
Virreyes y Audiencias Españolas. Sin embargo, á buen 
seguro que la toma de posesión de Appin y Lochaber 
por el rey de España no se hubiese considerado como 
una violación atroz del derecho público. ¿Y se consi- 
deraría violación menos atroz del derecho público el que 
los Escoceses se apoderasen de una provincia situada 
en el centro mismo de sus posesiones, so pretexto de 
que ella se encontraba en el propio estado en que se 
habían hallado Appin y. Lochaber durante siglos ? » 

No se estimará inoportuna esta cita, si se tiene pre- 
sente que la Gran Bretaña apela á la falta de ocupación 
efectiva do algunos lugares de Guayan a, para argüir que 
no están bajo la soberanía de Venezuela. Así, al infor- 
marse el señor Ministro Británico en Caracas del envío 
de nuevos funcionarios á Barima, él preguntó con feeha 
de 19 de enero de 1887 «cuándo se enviaron tales fun- 
cionarios en ocasiones anteriores y cuánto tiempo per- 
manecieron.)) Es decir, que el Gobierno Británico cree 
que en Guayana hay todavía regiones ó no descubiertas 
^ suceptibles de adquisición por aquél. 



LIMITES DE GUAYANA 7 1 



Queremos suponer que existan allí semejantes 
comarcas. Vengan los Estados Unidos también á res- 
ponder por nosotros. «Se lia juzgado oportuna la oca- 
sión,» dijo el Presidente Monroe en su insigue mensaje 
de 1823, «para aseverar como un principio, en que van 
envueltos los derechos de los Estados Unidos, que los 
continentes Americanos por haber asumido y mantener 
una situación de libertad é independencia, no han de ser 
considerados en lo sucesivo como materia de futura co- 
lonización por ninguna potencia Europea.» 

Uno de los objetos del Congreso de Panamá fué 
decidir la cuestión de si los territorios del nuevo conti- 
nente podían ser objeto de colonizaciones nuevas por 
los Estados Europeos. Se adoptó la doctrina de Monroe, 
y se trató de los medios de llegar á hacerla efectiva. 
Desgraciadamente se opuso al concierto deseado el Con- 
greso de los Estados Unidos, separándose de las opinio- 
nes del Presidente Adams. Pero algunos miembros le 
acompañaron, entre otros el insigne Webster. 

En su correspondencia con el Ministro Americano 
en Méjico Mr. Clay escribió: «Los territorios sobre los 
cuales se quería establecer hoy una nueva colonización 
son para en adelante propiedad de todos los Americanos, 
y éstos no pueden ser obligados á aceptar un régimen 
colonial extranjero. Europa, que rechazaría ciertamente 
con indignación toda tentativa de implantar en ella co- 
lonias, está moralmente obligada á reconocer este mis- 
mo derecho en los pueblos de América. 



72 LIMITES DE GUAYANA 



XXI 



Habiendo recordado que en 1848 Yucatán pidió la 
intervención de los Estados Unidos, á causa de no 
poder sub3mgar el levantamiento general de los Indios, 
y después de invocar la ayuda de España é Inglaterra, 
que no le prestaron oído, y con oferta de trasmitirles la 
jurisdicción y soberanía de la Península en cambio del 
apoyo demandado, Calvo asegura que el Presidente de 
aquéllos, basado en la Doctrina de Monroe, y por temor 
de que Yucatán cayera en poder de un Estado Europeo, 
cosa que el Gobierno de la Unión no toleraría 7ninca^ 
obtuvo que el Congreso decretase sin demora la forma- 
ción de un ejército expedicionario y permitiese tomar 
posesión temporal de Yucatán para expulsar de allí á 
los Indios. Añade que no se puso en efecto la deter- 
minación, por haberse concluido un tratado de paz entre 
Yucatán y los Indios Insurrectos ; pero que los debates 
precedentes á ella tuvieron la gran ventaja de elucidar 
completamente la doctrina de Monroe y poner mejor 
de relieve el pensamiento fundamental de los que, como 
Mr. Adams, trataron de hacerla práctica, y así quedó 
asentado: 

i*^ Que el sistema colojiial Europeo es inaplicable 
á ,1a nueva situación de América, porque todas las 
partes del Continente Americano están habitadas por 
naciones civilizadas, que tienen al respeto de su inde- 
pendencia y soberanía por otros, absolutamente, el mis- 
mo título que las naciones europeas ; 

2*? Que las cuestiones de límites entre los anti- 
guos establecimientos Europeos y los nuevos Estados 



LIMITES DE GUAYANA 73 

AmeTÍcanos no pueden resolverse sino conforme á los 
principios generales del Derecho Internacional ; 

3<; Que el hecho de primera ocupación ó de primera 
exploración 7io crea ya hoy derecho soberano á los ierrita- 
rios Americanos, cuya posesión de derecho no puede resul- 
tar en lo futuro si?io de un tratado ó de una guerra^. 
Por este último punto de vista, puede decirse que el 
derecho público de América es el mismo que el de 
Europa y estriba exactamente en las propias bases. 

«Aun en el caso de la ocupación de comarcas toda- 
vía salvajes,» escribe Calvo, «se disputa á los Estados 
el derecho de incorporarse mayor extensión de ellas 
que las qué puedan civilizar ó administrar. Sin embar- 
go, ha de comprenderse bien que esa oposición no pue- 
de' aplicarse sino á las adquisiciones ú ocupaciones- 
recientes, r 710 á las posesiones ya antiguan, sancionadas; 
á una por el tiempo y por el derecho histórico, las cuales 
forman, propiamente hablando, una excepción en general 
admitida de la regla que precede. Cuando un Estado se 
halla en posesión de un país, cuanto ese país encierra se 
hace propiedad suya, aún cuando su ocupación no sea efec- 
tiva más que en mía parte del país. Si en él deja lugares 
incultos ó desiertos, nadie tiene derecho de apoderarse de 
esos lugares sin su aquiescencia. , Por más que el Estado 
poseedor no los use actualmente, esos lugares le pertenecen.; 
depettden de su soberanía ; U tiene interés en conservarlos 
para usos ulteriores ; á nadie tie7ie que dar cue7ita del 
77iodo cómo usa de su p7^opiedad. Tal es la situaci5n 
particular de los Estados U7iidos de la América del Nor- 
te, de los Estados de la A7}iérica del Sur, que poseen vas- 
tos territorios aun 7io poblados ó habitados por tribus 
salvajes. Se comprende que la colonización no puede 
establecerse sino lenta y gradualmente en aquellas di- 
latadas comarcas ; por eso los más de los Estados de 



■.74 LIMITES DE GUAYANA 



♦cuyo dominio uacional no disputado forman parte, ha- 
teen incesantes esfuerzos para atraer allí la emigración 
íluropea.» 

Esto responde también á las aseveraciones de un 
señor James Rodway, que publicó en 1893, para enviar 
á la Exposición Colombina de Chicago, un folleto ti- 
tulado «Manual de la Guayana Británica.» Allí dice 
entre otras cosas que, con motivo de los repetidos des- 
cubrimientos de oro, se ha dado nuevo impulso á la 
colonia, y se espera que esa industria atraerá inmigra- 
ción de diversas clases de gente; y que conviene, al 
^efecto, arreglar cuanto antes la cuestión de límites con 
Venezuela. Añade luego: «á no haber sido por las 
absurdas pretensiones de nuestra vecina, que, á la cuen- 
ta, hereda la índole rapaz de España (the grasping 
náture of Spain) ha largo tiempo que el asunto se ha- 
bría arreglado satisfactoriamente; mas por desgracia, 
ella 'hace incluir en sus límites casi toda la antigua 
'Colonia de Esequibo, toda la del Pomarón, y el país 
habitado por los Indios, que estaban bajo protección 
Holandesa, y durante largo tiempo recibían presentes 
anuales. El territorio de la disputa nunca ha sido ocu- 
pado por España, ni se atrevió nunca ella á arrogarse 
dominio sobre él; mientras que por el contrarío los 
cornandantes Holandeses enviaban al país expediciones 
de comercio, y fueron durante dos siglos arbitros en 
^itas contiendas de las diversas tribus.» 

En el mismo folleto se incluye un mapa de la 
Guayana Británica que le atribuye toda la extensión 
de territorio expresada por Lord Salisbury, y que 
iforma la extrema pretensión Británica, de la cual él 
miismo aseguró que prescindía. 



LIMITES DE GUAYANA 75 



XXII 



Lord Aberdeen ofreció al señor Fortique como 
«concesión una línea que, modificada posteriormente, 
quedó así: «Empezando por la costa en el río Moro- 
co, seguía al punto en que se une el río Barama 
con el Cuaima: de allí por el Barama aguas arriba 
hasta el Aunaiua, por el cual ascendería basta el lu- 
gar en que este arroyo se acerca, más al Acarabisi ; 
bajando por dicho Acarabisi basta su confluencia con 
el Cuyuní; seguiría por este último aguas arriba hasta 
llegar á las tierras altas á inmediaciones del monte 
Roraima, en que se dividen las aguas que fluyen al 
Esequibo de las que corren al río Branco.» Lord Aber- 
deen puso por conclusión: «La Gran Bretaña, está 
pues, dispuesta á ceder á Venezuela todo el territorio 
que se encuentra entre la lípea ya mencionada y el río. 
Amacuro y la cadena de montañas en que tiene su na- 
cimiento, bajo la oondición de que el Gobierno de Vene- 
zuela se comprometa á no enagenar ninguna parte de 
dicho territorio á ninguna potencia extranjera, y también 
con la condición de que las tribus de Indios que actual- 
mente reside7i en H, sean protegidas contra todo maltrato 
y opresión. y> Nótese con particularidad que Lord Aber- 
deen no halló inconveniente en incluir en la llamada 
cesión de territorio á las tribus de Indios que en él en- 
tonces residían. 

Oído el Consejo de Cobierno, el Ejecutivo creyó 
como él que la línea podía aceptarse en la costa, mas no 
en lo interior, porque abrazaba nada menos que todo el 
curso del Cuyuni; ni tampoco en cuanto á la prohi- 



76 LIMITES DE GUAYANA 

bición de enagenar que amenguaba las facultades del 
dueño, ni respecto del modo de proceder, en que apare- 
cería Venezuela admitiendo como favor lo que creía 
pertenecerle de derecho. Al cabo se dieron instrucciones 
al señor Fortique para proponer medio de conciliar los 
desacuerdos; mas en esto murió dejándola negociación 
pendiente. 

Bn 1850, alertado por los rumores de que la Gran 
Bretaña trataba de apoderarse de la provincia de Gua- 
yana, se ocupó el Congreso en los medios de prevenir 
tamaña desgracia. De aquí tomó pretexto aquella para 
amenazar á Venezuela con el envío de sus cañones, 
aunque al mismo tiempo aseguró que tales noticias no 
sólo carecían entera y absolutamente de fundamento, 
sino eran todo lo contrario de la verdad; además de- 
claró no tener ánimo de ocupar ni usurpar el territorio 
disputado; que no ordenaría ni sancionaría semejantes, 
usurpaciones ú ocupación por parte de las autoridades 
Británicas ; y, en caso de error sobre el particular, re- 
novaría esas órdenes. Pidió también y obtuvo que por 
su parte Venezuela expidiese á sus autoridades instruc- 
ciones análogas, é hiciese una declaración semejante de 
no tener intención de ocupar ni usurpar el territorio- 
de la disputa. Lo hizo esta República por su confianza, 
en que Inglaterra no emplearía la fuerza para ocupar el 
terreno litigado, desentendiéndose de la negociación 
abierta y de los derechos aducidos ; y en virtud además 
de las seguridades y protestas de la Legación Británica. 
Faltó aquí una cosa esencial, determinar el territorio 
del litigio. 

Continuaron las cosas en suspenso hasta 1876, en 
que Venezuela, por el conducto de su Ministro de Re- 
laciones Exteriores, renovó sus instancias á favor del 
término del asunto de límites y de la propiedad del 



LIMITES DE GUAYANA 77 _ 

islote de Patos. Se reclamó otra vez la frontera del 
Esequibo. En 1877 dijo Lord Derby que el Gabinete 
de Londres celebraría siempre recibir y considerar muy 
atentamente cualesquiera representaciones ^ de Vene- 
zuela dirigidas por medio de su Ministro allí ó del Bri- 
tánico en Caracas. ' • 

El primero emprendió las gestiones en 1877 en- 
lazándolas con las del señor Fortique, é insistiendo en 
la línea del Esequibo. El Gabinete Inglés manifestó 
deseo de oír, antes de tomar resolución, al Gobernador 
de Demerara á quien se aguardaba para Marzo. Des- 
pués de algunas interrupciones, el Doctor Rojas volvió 
á la c?rga en 1879, y pidió sus proposiciones á Ingla- 
terra, insinuando que pudiera aceptarse una línea de 
estricto derecho ó de conveniencia. Excitado á prescin- 
dir de la primera, ya que no conduciría á resultado 
satisfactorio, y á presentar la propuesta estimada con- 
veniente por Venezuela, preguntó si estaba el Gobierno 
Inglés pronto á aceptar por frontera en la costa el 
río Moroco. Tras nuevas dilaciones, se le respondió, 
en 1881, negativamente; pero se le manifestó disposición 
á considerar cualquier límite convencional que Vene- 
zuela propusiera y empezase en un punto más septen- 
trional de la costa. Entonces presentó, como testimonio 
de los deseos conciliadores de Venezuela, una línea que 
«principiaría en la costa á una milla hacia el norte de 
las bocas del Moroco, donde se fijaría un pqste. Se 
trazaría en dicho punto un meridiano de longitud hasta 
el punto en que se cruzase esta línea con la longitud 
de sesenta grados de Greenwich, y de allí seguiría la 
frontera hacia el sur por dicho meridiano hasta los 
confines de ambos países.» Para el caso de no aceptar 
el Gobierno Inglés tal demarcación, no quedaba otro 
recurso que el arbitramento, y por él clamó el señor 



78 LIMITES DE GUAYANA 



Rojas, expresando que podía extenderse á la contro- 
versia de la isla de Patos. Esto sucedió el 21 de febrero 
de 1881. 



XXIII 



En 15 de Setiembre del mismo año rebusó Lord 
Granville acceder á la propuesta línea, y, previas algu- 
nas observaciones y salvas de derecbos, la sustituya 
con la siguiente: 

«Se fijará el punto inicial en un lugar de la costa 
marítima á 29 millas de longitud precisamente al Este 
de la margen derecba del río Barima, y de ahí será 
llevada al Sur por encima de la montaña ó colina de 
Yariquita, del paralelo 8° de latitud septentrional, de 
allí al Oeste á lo largo del mismo paralelo de latitud 
basta que corte la línea fronteriza propuesta por Schom- 
burgk, y asentada en el dicbo mapa, siguiendo de allí 
el límite por el Acarabisi, por éste hasta su unión con 
el Cuyuni basta su fuente, y de allí con dirección del 
Sureste basta la línea que propuso Scbomburgk basta 
el Esequibo y Corentín.» 

De esta frontera decía Lord Granville que satisfa- 
cía las razonables pretensiones y exigencias de Vene- 
zuela, y prevenía la ocasión de disputas ulteriores ; que 
cedía á la República los llamados Dardanelos del Ori- 
noce, el completo dominio de su boca y como la mitad 
del territorio disputado ; al paso que aseguraba á la 
Guayana Británica un límite natural bien definido casi 
á lo largo de [todo su curso, excepto en las primeras 
cincuentas millas de lo interior donde era preciso fijar 
un límite arbitrario para poner á Venezuela en no tur- 



LIMITES DE GUAYANA 79 



bada posesión de las bocas del Orinoco ; que no usurpa- 
ba ningún territorio actualmente poblado ú ocupado- 
por Venezuela; que se diferenciaba poco de la del señor 
•Rojas; y que la entenderían los Indios y otros, puess 
corría á lo largo del Cuyuni desde su origen hasta, su; 
unión con el Acarabisi, y por éste hasta su cabecera, y 
de allí por los montes que en dirección del Norte se 
extienden hacia el mar. 

Lord Granville objetó al lindero del señor Rojas^. 
I o que comprendía territorios y establecimientos adqjií- 
ridos con legítimo título de origen Holandés ó Británico; 
29 que dividiría los muchos ríos y calas y derrames de 
un modo productivo de durables inconvenientes para, 
ambos países, é imposibilitaría la consecución de una. 
línea suficientemente definida, con perpetuidad de los 
embarazos actuales y, para el Gobierno Colonial, de- 
particulares dificultades, sobre todo las relativas á aborí- 
genes que nunca han reconocido otra autoridad sino la 
Británica; y 39 que pondría dentro del territorio de 
Venezuela las salidas del sistema interno de aguas que,,, 
empezando en el centro de la comarca del Esequibo,. 
fluye al través de una red de ríos y de calas al mar, y 
entra en el océano por el Guaima y el Barima ; canales, 
sobre que debía tener autoridad el Gobierno Colonial; 
para la conveniente administración de justicia y repre- 
sión del crimen en la Guayana Británica ; y 49 que la 
porción del territorio situado entre el Moroco y la boca 
del Orifioco estaba antes^ y en tiempo de la celebración del' 
tratado de Munster^ en poder de los Hola^ideses^ según 
lo reconocería cualquier individuo imparcial que exami- 
nase los archivos. 

La línea de Lord Granville desde que llega al Aca- 
rabisi se c ) >funde con la de Lord Aberdeen, y en el 
, principio cs mucho más desfavorable á Venezuela que 



■So LIMITES DE GUAYANA 



esta, porque sube hasta el río Barima, afluente del 
Orinoco; se ha trazado con atención á la conveniencia 
administrativa de Demerara, cual si se tratara de partir 
posesiones comunes, y no de fijar un deslinde de dere- 
cho; asegura que las tribus de Indios á quienes se ha 
llamado independientes no reconocen sino á las autori- 
dades Británicas; desconoce el derecho de Venezuela 
sobre territorios que no estén actualmente ocupados ó 
poblados ; habla de títulos de origen Británico que hasta 
h.oy no se han dado á conocer, 3'- afirma sin prueba que 
el terreno entre el Moroco y el Orinoco estaba en poder 
de los Holandeses para 1648, fecha del tratado de Muns- 
ter. También pone á un lado la frontera del Moroco 
presentada espontáneamente por Lord Aberdeen, sin 
explicarnos la causa de su desacuerdo. Así es lícito 
'-concluir que las pretensiones de la Guayana Británica, 
como han advertido é increpado los Americanos, van 
creciendo con el trascurso del tiempo, y no tienen lí- 
mite fijo. 

Venezuela halló inaceptable la demarcación de 
XíOrd Granville. 



XXIV 



Bn esta breve reseña de asunto de tal gravedad, 
cuyo curso aflige y oprime el ánimo, halla él unos mo- 
mentos de tregua y descanso al pararse en la correspon- 
dencia seguida, de Octubre de 1883 en adelante, por el 
señor Mansfield, Ministro Residente de Su Majestad 
JBritánica en Caracas, con el Gobierno de Venezuela, 
«¡onfomie á instrucciones del propio Lord Granville. 
Allí se manifiesta el verdadero carácter del pueblo In- 



LIMITES DE GUAYANA 



glés, noble y generoso; allí se descubre, en el fondo y 
en la forma, al amigo digno, respetuoso y considerado ; 
allí se busca, con solícito esmero y por el camino de ne- 
gociación decorosa, el término de las dificultades entre 
los dos países ; allí el Gobierno Británico asume el pa- 
pel de mediador con Francia á favor de Venezuela. 
A haber continuado las cosas en el mismo terreno, las 
cuestiones lioy exacerbadas serían archivos históricos. 

Con efecto, en vez de las anteriores largas y eva- 
sivas, lyord Granville se adelanta á proponer el arreglo 
simultáneo de las tres desavenencias á la sazón pen- 
dientes ; la la de límites entre Venezuela y la Guyana 
Británica; 2a la de derechos diferenciales sobre las im- 
portaciones de colonias Británicas ; y 3a la de reclama- 
ciones de los acreedores Británicos de la República. 
Pide respuesta á la proposición de su línea ; y, para el 
caso de ser afirmativa y de ajustarse satisfactoriamente 
los otros puntos de desacuerdo, ofrece prestar favorable 
consideración á los deseos de Venezuela en cuanto á la 
isla de Patos. Además promete atender á los relativos 
al complemento del tratado de 1825 ^^^ ^^^ añadiduras 
indicadas, y hasta en un proyecto sobre la materia pre- 
sentado algo más tarde renuncia al plan de seguir 
estimándolo como perpetuo, y le fija la posterior dura- 
ción de diez años. 

La República hace el más favorable acogimiento á 
tan moderadas insinuaciones; pero contesta, en lo tocan- 
te á límites, que, como la constitución niega perento- 
riamente á los altos Poderes la facultad de euagenar de 
ningún modo la más mínima parte del territorio nacio- 
nal, y como, según la opinión de los jurisconsultos 
y hombres públicos más notables consultados durante 
un año, el límite de derecho heredado por la República 
con la antigua colonia Holandesa era el río Esequibo, 



LIMITES DE GUAYANA 



no quedaba otro recurso que el de someter á un arbitro- 
juris la decisión de la contienda. Se pidió pues, con 
encarecimiento la adopción del arbitraje, de cuyas ven- 
tajas y recomendaciones se hizo oportuna reseña, con 
la circunstancia significativa de haberlo propuesto para 
el caso y una y otra vez Lord Aberdeen al señor For- 
tique. El Gobierno Inglés no accedió al arbitramento, 
á pesar de las instancias hechas al efecto. 

La negociación empezada en Caracas se trasladó en 
seguida á Londres. El nuevo representante de Vene- 
zuela allí, á poco de su llegada, anudó el hilo de los 
tratos interrumpidos, é, insistiendo en el modo de ver ya 
en Caracas presentado á la Legación Británica, y visto 
que no se había admitido el arbitramento de una nación 
amiga, lo sustituyó con el de un tribunal de derecho 
compuesto de personas elegidas por las partes. Pero 
Lcrd Granville halló dificultades constitucionales que 
obstaban á su aceptación, y expresó no encontrarse in- 
clinado su Gobierno á separarse del método propuesta 
por el de Venezuela y aceptado por el de su Majestad, 
de decidir la cuestión adoptando un límite convencional 
fijado de mutuo acuerdo entre ambos. 

Pasóse á tratar de la manera de mejorar el antigua 
convenio de 1825 ^ 1834, con atención á las ideas co- 
municadas al Ejecutivo Venezolano por el órgano del 
señor Mansfield, y se formó al intento un proyecto que 
variaba en parte y en parte adicionaba los artículos 
viejos. Lord Granville fué de opinión que el tratado 
de aquellas remotas fechas no estaba de acuerdo con las 
necesidades modernas, y que por tanto no convenía re- 
producirlo, sino hacer obra nueva. Con esta mira tras- 
mitió como modelo á la Legación Venezolana un tratado 
concluido entre la Gran Bretaña y el Paraguay en 16 
de Julio de 1884. Se le tomó como base de negociación,. 



LIMITAS DK GUAYANA 83 



y, después de modificado en unos puntos, y en otros 
aumentado, para ajustarlo alas circunstancias de Vene- 
nezuela, estaba á punto de firmarse porque Lord Gran- 
ville, apartándose de su primer propósito, se había exten- 
dido á incluir en el arbitramento no solo las desavenen- 
cias nacidas de la interpretación del pacto, sino también 
todas las que se originasen entre los contratantes ; y no 
restaba sino avenirse acerca de la supresión de la pala- 
bra '(incondicionalmente» en la cláusula de la nación 
más favorecida. 



XXV 

Pasaba esto en Julio de 18S5. Entonces sobrevino 
cambio de Ministerio, y el Lord Salisbury, Jefe ya de 
la Oficina de Negocios Extranjeros, retractó lo conve- 
nido por su predecesor con el Ministro de Venezuela, 
argu^^endo que «obligarse á referir á arbitramento todas 
las disputas y controversias es cosa que no tiene ante- 
cedente en los tratados concluidos por la Gran Bretaña ; 
que podrían originarse cuestiones como las que envol- 
viesen el título de la Corona Británica á territorio ú 
otros derecbos de soberanía que el Gobierno de Su Ma- 
jestad no podía obligarse de antemano á referir á arbi- 
tramento.» 

En vano se observó á Lord Salisbury que él mismo 
había proclamado la necesidad de cumplir las promesas 
hechas por el Gobierno como tal, cualquiera que fuese 
el partido dominante, según lo hizo en orden á Rusia, 
sin embargo de no pensar como Lord Grauville en la 
cuestión de límites del Afganistán ; en vano se renovó 
á su memoria que el Gobierno de Su Majestad Britá- 
nica había convenido con el de los Estados Unidos en 



84 LIMITES DE GUAYANA 

el arbitraje en 1827 Y 1S71, como medio de poner fin 
á dispatas de límites, eligiendo por juez en el primer 
caso al Rey de los Países Bajos y en el segundo, al 
Emperador de Alemania, con la notable particularidad 
de que en el último ejemplo la iniciativa había partido 
hasta seis veces de la Gran Bretaña. De donde resultó 
que se perdiese el trabajo ya tan adelantado con Lord 
Granville. 

Al promediar el año de 1886, subió de nuevo al 
poder Mr. Gladstone, y por lo mismo era razón pre- 
sumir que él mantendría la promesa hecha bajo su 
anterior administración. Lord Rosebery, sucesor de 
Lord Salisbury en las Relaciones Exteriores, propuso 
lo siguiente: «Que los dos Gobiernos convengan en 
considerar los territorios situados entre las líneas li- 
mítrofes respectivamente propuestas en el párrafo 8 de 
la nota del señor Rojas de 21 de Febrero de 1881, y 
en la nota de Lord Granville de 19 de Setiembre de 
188 1, como el territorio en disputa entre los dos países, 
y que se trace una línea divisoria dentro de los límites 
de este territorio, ó por un arbitramento ó por uua 
Comisión Mixta sobre la base de la división igual de 
este teiTÍtorio, tomando en debida consideración los lí- 
mites naturales.» Al fin expresó que creí Gobierno de 
S. M. daba especial importancia á la posesión por la 
Guayana Británico del río Guaima, y por tanto deseaba 
estipular que la línea arrancase de la costa del mar 
hacia el oeste de aquel punto, hallándose debida com- 
pensación, en alguna otra porción del territorio dispu- 
tado, por este desvío de la base de una división igual; 
que se consideraría en conexión con el límite la cesión 
de la isla de Patos á Venezuela, y por remate que el 
río Orinoco debía ser enteramente libre al comercio y 
á la navegación. 



I^IMITES DE GUAYANA 85 



Supuesto el arreglo satisfactorio de las demás cues- 
tiones peudientes, se aceptaría la cláusula de la nación 
más favorecida, no absoluta, sino limitadamente, como 
Venezuela ansiaba. 

Se insertaría la del arbitramento con relación á 
las desavenencias nacidas del tratado, y exclusión de 
las cuestiones de límites y de la isla de Patos, que se 
trataba de arreglar del modo especial susodicho. 

Firmado que fuese el convenio, quedarían abolidos 
los derechos diferenciales sobre las importaciones de 
las Antillas. 

Se referiría á un arbitro la cuestión de las recla- 
maciones de resarcimiento por la imposición de aque- 
llos derechos, conceptuada opuesta al tratado vigente. 

La Gran Bretaña se avendría, con sujeción al con- 
sentimiento de los acreedores, al modo de pago arre- 
glado con Francia en 26 de Noviembre de 1885; esto 
es, á la aceptación de títulos amortizables por remates 
periódicos y con abono de un interés de tres por ciento 
cada seis meses. 

Se someterían á una Comisión Mixta ó á arbitra- 
mento otras reclamaciones pecuniarias de subditos Bri- 
tánicos contra Venezuela, á no disponerse de ellas di- 
ferentemente. 

Tales fueron los medios excogitados por Lord Ro- 
sebery para ocurrir á las desavenencias existentes. 

Desde luego salta á la vista que, en materia de 
límites, la propuesta transacción se aventajaba á las 
precedentes, que, como se va notando, si nos alejaban 
menos del Orinoco por la costa, en cambio se intro- 
ducían tanto hacia las cabeceras del Cuyuní, que nada 
restaría de él para Venezuela, 

Pero juntó otras condiciones no indicadas antes, 
cual la apertura completa del Orinoco á la navegación 



* 



86 LIMITES DK GUAYAN A 



y al comercio. La legislación Venezolana lo ha fran- 
queado siempre hasta el puerto de Ciudad Bolívar, 
equiparado de todo en todo con los marítimos; y de 
ahí para arriba, y, salvo en algún corto período, lo ha 
considerado sujeto á su dominio exclusivo, y concedido 
el privilegio de su tránsito ya a individuos ó compa- 
ñías, ya á la hermana República de Colombia. Aún 
subsiste algo de eso. 



XXVI 



La Gran Bretaña, bien se sabe, negó á los Estados 
Unidos el derecho de navegar en la parte inferior del 
San Lorenzo. Si lo otorgó en 1854, fué sólo temporal- 
mente, y con reserva de la facultad de suspender el 
privilegio, sin más que dar aviso á los Estados Unidos, 
aún antes de vencerse los diez años asignados á la 
duración del pacto respectivo. Lo reconoció con el 
^.carácter de perpetuo en 187 1 en compensación de aná- 
logos favores estipulados para su navegación y comercio 
en ríos Americanos. Esto tratándose de ribereño^. 
¿Por qué, pues, exigir á Venezuela el uso general del 
Orinoco ? 

Para quitar la palabra «incondicionalmente» de la 
cláusula de «la nación más favorecida» se presuponía el 
satisfactorio arreglo de las demás cuestiones pendientes. 

El arbitramento convenido en términos generales 
con Lord Granville, Ministro en la última administra- 
ción de Mr. Gladstone, lo restringió Lord Rosebery, 
Ministro en la siguiente administración del mismo, á 
las desavenencias posteriores á la firma del tratado, 
con expresa exclusión de las cuestiones de límites y de 



LIMITES DE GUAYANA 87 



la isla de Patos, que el Gobierno de S. M. deseaba arre- 
glar del modo especial indicado. 

Nunca se había asomado la exigencia del arbitraje 
para fallar de las reclamaciones de indemnización de 
los efectos causados por el establecimiento del impuesto 
diferencial sobre las mercancías traídas de las Antillas, 
El Representante de Venezuela tuvo por inadmisi- 
ble el proyecto de Lord Rosebery, y así se lo comunicó 
motivando su disentimienio. 

Después de esto creyó llegada la oportunidad de 
poner en efecto las órdenes á él trasmitidas por el 
Ministro de Relaciones Exteriores, señor Doctor Ben- 
jamín Quenza, en Enero y Febrero de 1885, sobre ges- 
tionar con toda actividad en el asunto de los avances 
Británicos, y que el primero había estimado no deber 
iniciar aún por las razones expuestas al Gobierno en 
despacho de 20 de Julio del mismo año, y en vista- de 
las cuales esperaba fuese aprobada su conducta. 

Procedió pues, á esforzar las quejas de Venezuela, 
iniciadas por el Gobierno de ella desde 1884, con mo- 
tivo de los hechos injustificables de autoridades' Britá- 
nicas consumados en territorios de la República, de 
orden del señor Gobernador de Demerara. Gonsistían 
en haberlos invadido por diversos lugares, á saber, en 
los ríos Amacuro, Barima, Morajuana y Guaima, y 
colocado en los principales puntos de ellos, postes y 
avisos en que se notificaba, con fecha de 16 de Octubre 
de aquel año, que «cualesquiera personas que infringie- 
sen los derechos de Su Majestad ó que obrasen en 
contravención de las leyes de la Guayana Británica, 
serían procesadas conforme á derecho.); Demás de eso, 
afirmado de oficio por el señor Michael Me. Turk, que 
se titulaba Magistrado especial interino y Superinten- 
dente de las tierras y bosques de la Corona en el Dis- 



LIMITES DE GUAYANA 



trito del río Pomaróu, y sostenía liaber practicado esas 
visitas en ejercicio de sus funciones, yendo la última 
vez en el vapor Lady Longden ; se envió fuerza armada 
que se apoderase del Comisario Venezolano de Amacu- 
ro, señor Roberto Wells, llamado con astucia á una 
embarcación Inglesa, so pretexto de haber procedido 
contra un Portugués en el río Morijuana; por lo cual 
le juzgó y sentenció la Corte Suprema Criminal de las 
sesiones de Indelie, río Esequibo, sin embargo de liaber 
ejecutado el acto como funcionario de Venezuela, y por 
lo mismo bajo la responsabilidad a ella y de ella úni- 
camente. 

Kl dicho señor Me Turk notificó por escrito al 
señor Thomas A. Kelly, Administrador Presidente de 
la Compañía Manoa, en 22 de Noviembre de 1885, á 
causa dé haber tenido noticia de su intención de esta- 
blecer una sierra en la boca de Barima, que ese río 
estaba en el condado del Esequibo y colonia de la Gua- 
yana Británica, y formaba parte del distrito judicial de 
su jurisdicción ; que, á no ser de acuerdo con las leyes 
existentes de la colonia, cuya obediencia se exigiría á 
los que allí se avecindasen, no podía formarse dentro 
de los límites de la colonia establecimiento de ningún 
género, ni con fines mercantiles ni de otra clase ; que 
debía leer los avisos puestos en los árboles ; y que esta- 
ba, (el señor Kelly) dentro de los linderos de la Gua- 
yana Británica y de su distrito, y en consecuencia, 
fuera de su jurisdicción como empleado del Gobierno 
de Venezuela. 

También dijo el señor Me Turk que cualesquiera 
notificaciones que hiciese el señor Kelly á los habitan- 
tes serían nulas, y que cuantos individuos residiesen 
en aquella ú otra parte de la colonia ó la visitasen, 
debían conformarse á sus leyes, y le volvió á llamar la 



LIMITES DE GUAYANA 89 



atención á los avisos puestos eu los árboles de los ríos 
Guaima, Barima y Amacuro, insistiendo en que¡ era el 
Gobernador de la Guayana Británica quien los había- 
mandado poner. 

XXVII 

En 25 de Octubre de 1884, el Secretario interino 
de dicha autoridad escribió al señor Fitzgerald. «El 
Excmo. señor Gobernador de la Guayana Británica me- 
lla mandado avisaros recibo de vuestras tres cartas ano- 
tadas al margen respecto de la Compañía Manoa y la- 
concesión hecha por el Gobierno de Venezuela, y daros 
las gracias de parte de S, E. por los informes y docu- 
mentos que le habéis suministrado. En cuanto á Ios- 
límites de la Guayana Británica, S. E. me manda inti- 
maros que el Gobierno colonial ejerce autoridad y juris- 
dicción dentro de los límites señalados en el adjunto- 
mapa, partiendo de la orilla derecha del río Amacuro, 
y que dentro de esos límites el Gobierno colonial hace 
cumplir las leyes de la Guayana Británica. Debo ade- 
más intimaros que cualquiera persona que falte á las- 
leyes de la Guayana Británica ú obre en contravención 
de ellas dentro de estos límites quedará sujeta á proce- 
dimientos conforme á las leyes de la colonia. Todo el 
territorio pues ^ entre los ríos Amacuro y Barima es parte 
de la Guayana Británica y el Gobierno colonial manten- 
drá jurisdicción sobre este territorio é impedirá que de 
cualquier modo se infrinjan los derechos de Su Majestad 
6 de los habitantes de la colonia. y> 

Es de fijarse la mayor atención en los hechos refe- 
ridos, porque ellos prueban fuera de toda duda que la 
ocupación de tales comarcas no es anterior á 1884; ^ci' 



90 LIMITES DE GUAYAN A 

*que nos servirá de mucho cuando nos demos á exami- 
nar si por algún respecto se puede cohonestar la pose- 
sión que de los nombrados lugares y de otros más han 
tomado los Ingleses, al mismo tiempo que reconocían 
con insistencia estar en litigio; y si ella es tal que 

-taya de convertirse en origen de derechos. De aquí 
la necesidad de traer á colación los antecedentes del 
actual estado de cosas, visto que sin ellos no se com- 
prendería bien la argumentación de que nos socorremos. 
Anudando la relación de los sucesos, siempre con 
tendencia al propio fin, nos toca decir que el Ministro 
Británico en Caracas, señor Mansfield, escribió al Mi- 
nisterio de Relaciones Exteriores de Venezuela, en 8 
de Enero de 1895, que tenía órdenes de su Gobierno 
para llamar la atención del de la República hacia los 
procedimientos de la Compañía Manoa, en ciertos distri- 

. tos cuya soberanía pretendían igíialniente el Gobierno de 
Su Majestad y el de Venezuela. 

De solicitar del Gobierno de Venezuela providen- 
cias que impidieran á los agentes de la Compañía 
Manoa, ó del señor H. Gordon, que también tenía con- 
cesión en aquel para colonizar, que reclamasen ó emba- 
razasen alguna parte del territorio reclamado por la Gran 

Bretaña. 

A no obrar en este asunto el Gobierno de Venezuela, 
el de Su Majestad con gran pena se vería en la precisión 
de adoptar medidas para impedir la usurpación de la 
Compañía Manoa, y el Gobernador de la Guayana Bri- 
tánica sería autorizado aún para emplear la adecuada 
fuerza de policía á fin de impedir tal usurpación y 
mantener el orden. 

Pero se agregaba que dicho Gobernador no tomaría 
ninguna disposición mientras estuviese pendiente esta 
referencia al Gobierno de Venezuela. 



LIMITKS DT GUAYANA 9 1 



Bl señor Mansfield, una vez transcritas las extrac- 
tadas instrucciones de Lord Granville, recordó por vía 
•de comentario de ellas, que la cuestión de límites de la 
Guayana Británica era de antigua fecha, y que el Go- 
bierno de Su Majestad y el Ministro de Venezuela en 
Londres se estaban comunicando sobre el asunto, y así 
^era de tanto mayor importancia prevenir accidentes ca- 
paces de causar graves inco}ivenientes ; que, sin tener 
en cuenta los territorios disputados entre los dos países, 
los concedidos á la Compañía Manoa eran de una exten- 
sión enorme; mas que, sin entrar en esa parte de la 
cuestión, estaba cierto de que el Presidente de la Repú- 
Hica apreciaría debidamente la suma importancia de 
obviar la posibilidad de alguna colisión entre los agentes 
■de la Compañía y las autoridades Británicas en los 
ierritorios cuya soberanía era aiui cuestión disputada. 

En 26 del mismo mes de Bnero, y de consiguiente 
antes de haberse recibido en Londres la contestación 
•de Venezuela, el señor Mansfield escribió de nuevo al 
Gobierno de ella, para informarle de haberse trasmitido 
al Gobernador de Guayana órdenes de enviar á Mr. Mac 
Turk, magistrado estipendiario, acompañado de una 
fuerza de policía adecuada, para instruir en el Distrito 
de la margen oriental del i'io Atnacuro una averigua- 
ción sobre los procedimientos de la Compañía Manoa, 
y más especialmente sobre la conducta de Mr, Robert 
Wells y otros, á quienes se acusaba de haber torturado 
personas colgándolas largo tiempo por los tobillos, etc. 
La Legación dijo además que Mr. Me Turk obraría con- 
forme á las leyes vigentes en las otras partes de la 
Guayana Británica, recordando que las palabras del 
contrato con la Compañía Alanoa decían terminante- 
mente «hasta la Guayana Británica,» y observando con 
este motivo que en el informe de la concesión territorial 



92 LIMITES DE GUAYANA 

del Gran Delta del Orinoco á la Compañía Manoa, Mr> 
Fitzgerald decía que, «como á diez millas al suroeste de 
la punta Barima está la entrada del río Amacuro, que 
en 1800 formaba el límite entre la Cuayana Británica y 
Venezuela,)) de donde resultaría que el lugar de cuyos 
incidentes se tomaba nota, no era siquiera reclamado- 
por la Compañía «Manoa.)) Últimamente el señor Mans- 
íield mencionó que el Gobernador de la Guayana Britá- 
nica había informado á Londres de haberse removido, 
según se presumía, por orden del Gobierno de Vene- 
zuela, y enviádose á Ciudad Bolívar, los postes colocados, 
de orden del Gobierno de aquella colonia, el 11 de octu- 
bre, en la margen oriental del río Amacuro, y en otros 
sitios, contra los usurpadores, por cuanto la corofta 
Británica reclamaba el territorio^ notando que este acci- 
dente podía conducir á correspondencia de un [carácter 
poco satisfactorio, si no á serios inconvenientes en una. 
futura fecha. 



111 



Se arguyo por la Legación de este país en Londres^ 
con fundamento en los pasajes citados, que las auto- 
ridades Británicas habían ejercido los más solemnes 
actos de jurisdicción en lugares que al mismo tiempa 
declaraban estar en disputa con Venezuela; lo cual era 
infringir ó seguir infringiendo el convenio propuesto de 
parte de S. M, Británica en 1850, sobre no ocupar ni 
usurpar el territorio disputado; y tanto más cuanto se 
había echado mano de la violencia, con desprecio de los 
deiechos alegados, ó mejor dicho, desestimados como in- 
feriores á los de la Gran Bretaña, que así los había de- 
clarado virtualmente. 



I.IMITES DE GUAYANA 93 



No se omitió hacer resaltar lo que semejante pro- 
ceder contrariaba el estado de paz y amistad que existía 
^ntre las dos naciones; como asimismo la práctica de 
los Estados que siempre, antes de valerse de represalias, 
emplean los trámites de conciliación y buena inteligen- 
cia exigidos por las consideraciones que se debea unos 
á otros. 

Se advirtió que la Legación de Caracas en 8 de 
Knero de 1885 había dado la seguridad deque el Gober- 
nador de la Guayana Británica no tomaría ninguna dis- 
posición mientras estuviese pendiente la solicitud diri- 
gida entonces al Gobierno de Venezuela de impedir á 
los agentes de la Compañía Manoa ó al señor H. Gordon 
reclamar ó embarazar alguna parte del territorio preten- 
dido por la Gran Bretaña. Mas para la fecha en que 
se dio este paso, ya estaban consumadas las medidas re- 
sueltas por el Gobierno Británico. Así lo convence la 
participación que en 24 de Knero hizo el señor Mansfield 
de haberse colocado postes, de orden del Gobernador de 
la Guaj^ana Inglesa, desde el 11 de Octubre de 1884, en 
la margen oriental del río Amacuro y en otros sitios. 
En 31 de Enero de 1885 ^^ Gobernador del territorio 
Delta comunicaba al Ejecutivo haber penetrado en la 
boca de Amacuro una comisión de Ingleses y Uevádose 
preso al comisario civil puesto allí por aquel Goberna- 
dor, y dejado en el lugar una guardia de policía. 

En cuantoá la aserción del señor!_Fitzgerald de que 
en 1800 el límite entre Venezuela y la Gran Bretaña ' 
estaba á unas diez millas al suroeste del río Amacuro, 
se la^notó de insostenible, atento que entonces la Gran 
•Bretaña no había adquirido la parte de la Guayana Ho- 
landesa no traspasada á ella hasta 18 14, y que para esa 
época la línea divisoria entre dicha colonia y las Espa- 
ñolas era el Esequibo incontestablemente. 



94 LIMITES DE GUAYANA 

La remoción de los postes, dado que fuese cierta, na 
constituía ofensa á Inglaterra, porque si ella los puso en 
la margen oriental de Amacuro y en otros sitios porque 
los reclamaba como suyos, con igual razón pudo quitar- 
los Venezuela, que á su turno los considera de su pro- 
piedad, y no debía consentir que, á favor de su tolerancia,, 
se le atribuyera en ningún tiempo asentimiento al 
significado de aquellas señales. 

El mismo Gobierno Británico mandó remover las 
fijadas en 1841 por Schomburgk, admitiendo así la jus- 
ticia con que lo había pedido Venezuela. 

El Gobierno había ofrecido tomar providencias pa- 
ra esclarecer los hechos imputados á la Compañía 
Manoa; y, al participarlo en respuesta al señor Mans- 
field, aprovechó la ocasión de observarle que en Octubre 
de 1884 había entrado en la boca del Orinoco un vapor 
Inglés de guerra, y llegando al Pontón Faro, pidió prác- 
ticos con que ascender el río; y, como se le negaseu 
por no encaminarse á ningíiii puerto habilitado, confor- 
me á las leyes de Venezuela, siguió rumbo hasta Ama- 
curo, y el siguiente día salió á Guainía por Barima,. 
después de haber fijado en todos los puntos de su 
travesía postes con impresos declarativos de dominio. 

En 2a nota al señor Mansfleld, el Ministro de Re- 
laciones Exteriores, señor Doctor Qüenza, le manifesté 
la profunda sorpresa con que el Ejecutivo había oído 
la relación de su oficio de 26 de Enero, en lo tocante 
á los hechos atribuidos al señor Robert Wells y á las 
órdenes dadas al Gobernador de la Geayana Británica 
para que enviase, con fuerza adecuada de policía, al 
señor Me Turk á investigar los procedimientos de la 
Compañía en la banda oriental del río Amacuro, aun- 
que ella estaba funcionando en territorio indisputable- 
mente perteneciente á Venezuela. Añadió el Ministra 



UMITES DE GUAYANA 95 



de ella que la sorpresa del Gobierno había subido á más 
alto grado, al leer el día anterior un telegrama del 
Gobernador del Territorio Delta en que le anunciaba, 
que una fuerza armada enviada por el Gobernador de 
la Guayana Inglesa había penetrado en territorio Ve- 
nezolano y, empleando la violencia, reducido á prisión 
al Comisario de la boca del Amacuro y llevádosele 
dejando allí establecida fuerza de policía; que, además 
de todos los otros sucesos de que ya estaba en cuenta, 
el señor Mansíield, este solo acontecimiento bastaba para, 
que Venezuela se sintiese atacada en sus sagrados de- 
rechos de dominio, y para que con toda urgencia llama- 
ra su atención á fin de que dictara las medidas que el 
caso requería, porque se subsanaran esos procedimientos 
y volvieran las cosas al estado que tenían de acuerdo^ 
con el staiu qiio vigente, y que determinaba que nin- 
guna de las dos naciones ejerciese jurisdicción en nin- 
guna parte del territorio disputado; lo que era tanto 
más indispensable, cuanto estaban en actividad las ne- 
gociaciones entre Venezuela y la Gran Bretaña, con el 
objeto de dar término á la larga contienda de límites 
que sustentaban. Terminó por decir que el Plenipoten- 
ciario de la República en Londres habia recibido órdenes 
para activar las negociaciones, é indudablemente éstas 
llegarían pronto al terreno de la deseada conciliación y, 
si se evitaran procedimientos inadecuados que tenían 
todo el aspecto de vías de hecho, y estaban en perfecto- 
desacuerdo con el respeto á los principios de dominia 
territorial y á los de justicia que debían caracterizar las 
relaciones entre países civilizados. 

En consecuencia la Legación de Venezuela en In- 
glaterra demandó á Lord Rosebery. 



96 I.IMITK3 DE GUAYANA 



XXIX 



19 Remoción de todos los signos de soberanía co- 
locados de orden del señor Gobernador de la Guayana 
Inglesa en los territorios de la disputa. 

29 Retiro de los empleados y fuerza pública que 
se hubiesen puesto en los mismos. 

39 Explicaciones satisfactorias por la falta de cum- 
plimiento del convenio propuesto á Venezuela de parte 
de la Gran Bretaña, y por la violación de las leyes de 
la República en cuanto á los puertos no abiertos á naves 
extranjeras, 

49 Anulación del proceso formado al señor Ro- 
bert Wells, su libertad é indemnización de los perjuicios 
á él causados con su captura y prisión y sometimiento 
á juicio y castigo por imputación de uu delito en terri- 
torio Venezolano; y 

59 Completo restablecimiento de las cosas al es- 
tado que tenían en 1850, feclia del convenio referido, 
y órdenes estrictas al señor Gobernador de la Guaj^ana 
Británica para que lo observase escrupulosamente, mien- 
tras los dos Gobiernos arreglaban la cuestión de sus 
límites. 

Kl Gabinete de Su Majestad Británica no se dignó 
responder á tales reclamaciones de Venezuela, aun- 
que parece que no lo proponía el sucesor de Lord Ro- 
seber}', retirado j-a el último de sus breves funciones 
ministeriales. 

Pero los avances continuaron cada vez con mayor 
ahinco; por lo cual en 7 de- Diciembre de 1886 el Presi- 
dente de la República llamó á una conferencia al nuevo 



I.IMITES DE GUAYANA 97 



Ministro Inglés en Caracas, señor Saint John. En 
ella le llamó la atención á las graves noticias recibidas 
de Guaya na sobre los actos de autoridad que estaban 
ejecutando allí funcionarios Británicos; trajo á la me- 
moria la correspondencia seguida con el señor Wilsou 
en 1850 y el convenio entonces por él propuesto de no 
ocupar ni usurpar el territorio disputado, y el mentís 
que dio al rumor de querer la Gran Bretaña apoderarse 
de la Guayana de Venezuela ; aseguró que de su parte 
Venezuela Había cumplido la tal convención conservan- 
do el statu qiio^ y que al contrario Inglaterra la había 
infringido, pues, fuera de los actos de jurisdicción con- 
sumados desde 1884, estaba averiguado que entonces 
mismo (1886) tenía en los caños Amacuro y Barima, 
sobre los cuales no había habido antes cuestión, un 
comisario provisto de buques con armas y agentes de 
policía, y que imponía patentes y prohibía hacer nego- 
cios á los transeúntes dedicados á diligencias mercanti- 
les; que había construido una casa de gobierno donde se 
enarbolaba y sostenía el pabellón Británico ; que se 
•estaban edificando iglesia 3'- casas para escuelas; que en 
Octubre último estuvo allí un vapor pequeño de guerra ; 
que un guardacosta recorría con frecuencia el espacio 
entre Amacuro y Barima; y que se había principiado á 
formar en el mismo sitio una colonia agrícola. Tam- 
bién expuso que, cuando tales lugares fuesen parte del 
territorio de la disputa, la Gran Bretaña no había podi- 
do ocuparlos sin violación del pacto citado ; 3^, si á 
pesar de todo los ocupaba, con mayor razón debía reo- 
cuparlos Venezuela, desligada como quedaba de todo 
corapromise en virtud de su infracción por el otro con- 
tratante, y cuando tenía plena conciencia de su derecho 
de propiedad indiscutible. 

Siguió manifestando que las concesiones á la Com- 
7 



LIMITES DE GUAYANA 



pañí a Mauoa no habían podido dar justo motivo de 
queja á la Gran Bretaña, porque, según sus términos 
inequívocos, ellas no se extendían sino «hasta la Gua- 
yana Británica,» esto es, hasta los puntos no litigiosos, 
y que además el contrato sobre la materia había cadu- 
cado. 

Y finalizó comunicando que, en fuerza de haber 
solicitado la Legación Británica con la más viva instan- 
cia, en nota oficial de 26 de Mayo de 1836 al Ministerio 
de Relaciones Exteriores de este país, la colocación de 
un faro en Punta Barima, reconociendo así de su propio 
motivo la incontestable soberanía de Venezuela en ella, 
iba á enviar allí un Ingeniero encargado de erigirlo, y 
nuevos empleados que ejerciesen autoridad por la Re- 
pública en dicho lugar y en los situados entre el río 
Barima y el Amacuro, y notificasen á los ocupantes 
extraños su retiro de los misihos ; con la añadidura de 
que, si el Gobierno de Su Majestad Británica ocupase 
un punto como Barima, cuya posesión lo haría condue- 
ño del Orinoco y resolviese de este modo por sí sólo }• en 
su favor la cuestión más grave para Venezuela, quitan- 
dolé por la fuerza el dominio exclusivo de tal río, y 
presentándole así un indudable casus belli^ se vería 
compelido por las necesidades del patriotismo y por los 
altos deberes que le incumbían como guardián de la 
integridad territorial de la República, á cortar las rela- 
ciones entre los dos países. 



•■-^s^^í 



LIMITES DE GUAYANA 99 



XXX 



Nótase que Sir Robert Ker Portar no sólo instó por 
la erección de una señal ó faro bastante visible en Pun- 
ta Barima sino también registró en su oficia que el 
Departamento de Marina de Venezuela había destinado 
un pailebot para salir diaj lamente de Punta Barima á 
cruzar en auxilio de los buques que buscaban la entrada 
del íáo. Ks decir, que el Ministro Británico reconoció 
á un tiempo la propiedad de Venezuela en Punta Bari- 
ma,. y el actual ejercicio de la jurisdicción de aquélla 
sobre la misma. 

En 9 de Diciembre de 1886 repuso el señor Saint 
John, por lo tocante á la solicitud de informes sobre 
procedimientos de autoridades Británicas en Guayana, 
que juzgaba inútil acceder al pedimento, ó continuar la 
discusión, ya que el Presidente se había negado á espe- 
rar el resultado de la comunicación del Ministro á su 
Gobierno, antes de ocurrir á la ocupación de una parte 
del territorio disputado. Mas para evitar error, observó : 
10, que el territorio situado entre los ríos Barima y 
Amacuro, que afirmaba el Ministro de Venezuela no 
haberse reclamado sino entonces por el Gobierno de Su 
Majestad, fué ya mencionado en la nota de Lord Aber- 
deen al señor Fortique, fecha á 30 de Marzo de 1844, 
como que formaba parte de la Guayana Británica ; y 
29, que la comunicación de Sir Robert Ker Porter de 
1836 sobre erección de faro en Punta Barima aparecía 
haberse dirigido al Gobierno de Venezuela sin conoci- 
miento ni autorización del Gobierno Británico, á quien 
ni siquiera se había dado cuentan de ella, según resul- 



lOO LIMITES DE GUAYANA 



taba de un cuidadoso examen de los archivos de la Le- 
gacipn. Además recordó lo estampado en nota escrita, 
de orden de su Gobierno, al de Venezuela en 26 de 
Setiembre de 185 1, á saber, que una doctrina como la 
de que todo acto ó palabra de un Agente Diplomático 
obliga á su Gobierno, es enteramente incompatible con 
el derecho internacional, siendo muy bien sabido que 
ni siquiera un tratado formal concluido y firmado por 
un Plenipotenciario es válido, á menos que lo apruebe 
su Gobierno. 

Si nada significa para el de la Gran Bretaña el 
paso dado en 1836 por su Agente Diplomático en Ve- 
nezuela, para todo el mundo significa cuando menos 
que sujeto tan ilustrado como el caballero Porter y 
tan celoso en el cumplimiento de su deber, no tenía 
idea de que el territorio de la Guayana Británica se 
extendiera hasta Barima; lo que siempre es razón 
negativa de mucho pesó. Ks creíble que entonces el 
Gabinete Inglés mismo no tuviese tal pretensión. Si 
la asomó posteriormente en 1841, sería de resultas 
de las exploraciones y viajes del Comisionado Alemán 
Schomburgk, que al fin de ellos puso en Barima, Ama- 
curo y otros puntos las señales de posesión de que se 
ha hablado. A más de eso, aquellos límites van cre- 
ciendo continuamente, como lo ha observado el Gabinete • 
de Washington y no puede dejar de repetirse, pues á 
cada momento se halla nueva confirmación de verdad 
tan notoria. Hn el principio los avances eran lentos y 
clandestinos ; andando el tiempo, se han hecho rápidos 
y públicos. 

Al rebatir la primera de las observaciones del 
señor Saint John, se le hizo presente que Venezuela 
nunca Había admitido, ni admitiría jamás, que la Gua- 
yana Holandesa confinara con el Orinoco; como re- 



WMITES DE GUAYAN A I Oí 



sultaba de la uota del señor F'ortique, inicial de la 
negociación de límites, de las anteriores en que reclamó 
la remoción de las banderas, postes y marcas puestas 
en 1 84 1 por Schomburgk en Barima y otros lugares, y 
y de sus conferencias con los Ministros Británicos de 
Negocios Extranjeros y de las Colonias ; que precisa- 
mente la colocación de tales signos de dominio extran- 
jero en los puntos mencionados, á que ningún título 
tenía la Gran Bretaña, fué lo que despertó tan viva 
excitación en Venezuela y lo que produjo el envío de 
los señores Rodríguez y Ilomero á Demerara, en clase 
de Comisionados, para pedir explicaciones sobre aque- 
llos sorprendentes becbos; que en ii de Diciembre de 
1 84 1 Lord Aberdeen escribió al señor Fortique que las 
marcas se babían puesto como un medio de prepararse 
su Gobierno á discutir la cuestión de límites con Ve- 
nezuela; que se fijaron con ese objeto expresamente y 
110^ como parecía temerlo ella^ con el intento de indicar 
dominio é iynperio de parte de la Gran Bretaña ; que 
había sabido con gusto que dichos Comisionados hubie- 
sen podido asegurarse, por los informes del Gobernador 
de Demerara, de que la Piuita Barima no había sido^ 
ocupada por las autoridades Inglesas. 

Se hizo memoria de que las usurpaciones legitima- 
das por el tratado de Munster fueron las concernientes 
á las colonias de Esequibo, Demerara, Berbice 3' Suri- 
nam, mencionadas en el convenio de Aranjuez de 1791, 
y de las cuales las tres primeras pasaron á la Gran 
Bretaña por la cesión de 18 14. 



.■¡~^i^^>^í¿~:- 



LIMITES de; guayana 



XXXI 



Bn la réplica del señor Saint John llama la aten- 
ción el que dijera, cuando se le habló de hallarse autori- 
dades Británicas en el territorio sito entre los ríos 
Barima y Amacuro, y se le pidió de ello explicación, 
que no le era posible darla por la razón de que hasta 
aquel momento nada absolutamente había sabido relati- 
vo á tal ocupación, y sugirió la posibilidad de que 
hubiera habido una de las acostumbradas expediciones 
de la policía en persecución de los criminales. 

Sí, como ahí se dice, ha sido costumbre mandar á 
Barima expediciones de policía en persecución de crimi- 
nales, esto prueba inobservancia del convenio propuesto 
por el señor Wüson en 1850, y en el cual se estipuló 
que ninguna de las partes ocuparía el territorio de la 
controversia, con expresa mención de Punta Barima, 
«cuyo derecho de posesión,» (palabras de aquel Encar- 
gado de Negocios) «está en disputa entre la Gran 
Bretaña y Venezuela.» El mero hecho de entrar en 
aquel territorio- quedó desde entonces prohibido, cuanto 
más hacerlo con fuerza armada, y nada menos que para 
consumar un acto de jurisdicción, cual es la busca y 
arresto de delincuentes. Lo que se pretendió establecer 
por dicho pacto, fué una zona neutral que ninguno de 
los litigantes penetrase, sin haberse, exceptuado nin- 
guna circunstancia, aunque esto fuera una omisión 

inconveniente. 

. » 

Por otra parte se percibe en aquel recurso del señor 
Saint John, que él no consideraba correcta la ocupación 
áe\ espacio comprendido entre el Barima y el Amacuro 



IvIMlTES DE GUAYANA 103 

por autoridades Británicas, y se creyó en la precisión 
de apelar á un medio plausible que la cohonestara. 

Llevóse á efecto el plan anunciado de nombrar una 
comisión que visitara las comarcas donde estaban pa- 
sando aquellos heclios. La compusieron los señores 
Doctor Jesús Muñoz Téber, Juan Bautista Dalla Costa 
y general Santiago Rodil, de quienes el segundo por 
causa de enfermedad no pudo efectuar el viaje, si bien 
comunicó á los otros todos sus conocimientos y opinio- 
nes en la materia. 

El resultado de la visita de los otros dos fué ha- 
berse asegurado por sus propios ojos de los hechos 
siguientes : 

La existencia, en el vecindario de la margen dere- 
cha del Amacuro, de dos comisarios Ingleses, señores 
Francis Stephen Neame y G. B. Jeffry, con despachos 
expedidos por el señor Michael Me. Turk el lo de 
Marzo de 1885 y el 6 de Setiembre de 1886 respec- 
tivamente. 

La verdad del rapto del Comisario Venezolano, 
señor Roberto Wells, en el mismo sitio de Amacuro, su 
conducción á Georgtown y encierro en la cárcel de allí 
por dos meses, su juicio y condenación á la multa de 
veinte y cinco pesos, según declaró el mismo empleado 
y lo confirmaron los señores Aniceto Ramones y Al- 
fonso F'igueredo. 

La creación de una oficina pública establecida en 
casa de madera con techo pajizo, donde se enarbola la 
bandera Inglesa, y que se construyó por orden y á ex- 
pensas del gobierno de la colonia. 

La frecuente ida del guardacostas Inglés «Trans- 
fer» á Amacuro conduciendo á un magistrado Británico 



I04 LIMITES DE GUAYANA 

y agentes de policía armados, con el propósito de cono- 
cer, juzgar y decidir de las causas criminales y de 
policía. 

El registro que tanto en Amacuro como en Barima 
se hace de las embarcaciones legalmente despachadas 
de Ciudad Bolívar, y la prohibición de vender mercan- 
cías y seguir al brazo Barinia, á no ser en lastre, exi- 
giéndoles para negociar que saquen patente en Geor- 
getown. 

Bn -el vecindario de Aruca se les informó de haber 
un comisario de nombre Harrington, ausente á la sazón, 
y de la visita de un juez de paz que tres meses antes había 
estado allí con motivo del asesinato de un coolí^ á cuyo 
autor se le prendió y llevó á Georgetowu para juzgarle, 
como se hizo, condenándole á cinco años de presidio. 

La vista en Cuabana, caserío de la margen derecha 
del río Guaima, de un caney que sirve de iglesia pro- 
testante 3^ de escuela pública, erigida bajo la dirección 
del misionero Walter Heard, y en cuyo registro de 
matrimonios se expresa que corresponde al condado del 
Bsequibo. 

Noticia de haber el gobierno de Demerara estable- 
cido otro Comisario en Guaramori, á orillas del Moroco. 

Informes de estarse beneficiando por autoridad In- 
glesa minas de oro en territorio Venezolano situado 
entre los ríos Cuyuni, Mazaruni y Puruni, y de haber- 
se exportado por la aduana de Georgetwn, según los 
estados de ella, en i8S6, 6.518 onzas de oro, y en 1885, 
936 onzas. 



LIMITES DE GUAYA NA I05 



XXXII 



En fin, la Comisión se trasladó á Georgetpwn, y 
por medio del Cónsul de Venezuela allí, puso en cono- 
cimiento del señor Gobernador de Demerara los objetos 
de su encargo, á saber, la inmediata construcción de 
un faro en Punta Barima, la averiguación de la existen- 
cia de Comisarios Ingleses en los ríos Amacuro, Bari- 
ma, Guaima y otros, la reorganización de los Comisarios 
Venezolanos en los vecindarios de las márgenes de- 
dichos ríos ; la protestación contra tales hechos y la. 
proclamación á los habitantes de que aquellas comarcas 
pertenecen á Venezuela y no á Su Majestad Británica. 
Comunicó además al Cónsul lo que habían visto }' sabi- 
do para que él lo elevara al señor Gobernador de la 
colonia. 

En S de Enero de 1887 el Cónsul notició á los Co- 
misionados haber cumplido su deseo, agregó que el 
asunto de límites había sido resuelto por el Gobierno de 
la Gran Bretaña, y se hallaban constituidas autoridades 
en los puntos más importantes del territorio usurpado, 
especialmente en el distrito de las minas situado entre- 
los ríos Cuyuni, Esequibo, Mazaruni y Puruni, en don- 
de había para entonces una población de tres ó cuatro, 
mil hombres, y de donde se había exportado la cantidad 
de oro susodicha. 

En la contestación dada al Cónsul en 6 de Enero- 
por el órgano del señor Carlos Bruce, Secretario Gene- 
ral de la colonia, se lee lo que sigue: 

«Su Excelencia el señor Goberüador me ha encar- 
gado de avisar á usted recibo de su nota fecha 5 del pre- 



I06 LIMITES DE GUAYANA 



senté, en qne anuncia la llegada á este puerto el 31 
último del vapor de guerra Venezolano Ccnienano, que 
trae á su bordo á los señores Doctor Jesús Muñoz 
Tébar y Santiago Rodil.» 

«Adjunta envía usted una nota oficial en la cual 
diclios señores comunican á usted el objeto de su visita 
á la Guayana Británica.» 

«En contestación á la nota de usted, tengo orden 
de referirme al aviso fechado el 21 de Octubre de 1886 
y publicado en la Gaceta de Londres por orden del Go- 
bierno de Stí Majestad^ del cual incluyo una copia, 3^ 
de manifestar que ios Distritos á que se refiere la 7iota 
oficial que usted acompaña^ están incluidos en los limites 
que estable ce7i los términos de dicho aviso y forman parte 
de la colonia de la Guayana Británica. y) 

El aviso citado es éste: 

«Oficina colonial, Downing Street, Octubre 21 de 
1886. Colonia de la Guayana Británica.» 

«/<9;' cuanto los límites entre la Guayana Británica., 
Colonia de Su Majestad están en disputa entre el Go- 
bierno de Su ' Majestad y el Gobierno de Venezuela. Y 
por cuanto ha llegado á conocimiento de Su Majestad 

•que concesiones de terreno dentro del territorio re- 
clamado por el Gobierno de Su Majestad como parte 
de diclia Colonia han sido hechas, ó se trata de hacerlas 
por ó en nombre del Gobierno de Venezuela, se hace 
saber que ningún título ó derechos sobre terrenos, ó 
que aíecteu algún terreno dentro del territorio recla- 
mado por el Gobierno de Su Majestad como parte de la 

'Guayana Británica, provenientes del Gobierno de \^- 
nezuela, ó por medio de éste, será admitido ni reconocido 
por Su Majestad ó por el Gobierno de la Gua3'ana Bri- 
tánica, 3^ que cualquiera persona que tome posesión de 



¿LIMITES D'K GUAYANA 107 

■dichos terrenos o ejerza en ellos algún derecho so pre- 
texto de tales títulos, será tratada como infractor de las 
leyes de e^ta dicha Culonia.» 

«Un mapa que señala los límites entre la Guayana 
Británica y Venezuela reclamados por el Gobierno de 
Su Majestad, puede verse en la Biblioteca de la Oficina 
Colonial, Downing Street, ó en la oficina de la Secreta- 
ría de Gobierno, en Georgetown, Guayana Británica.» 

Con este aviso,, inaudito en los anales del mundo; 
cree la Gran Bretaña, áfuer de poderosa, haber cortado 
el nudo de la cuestión entre ella y Venezuela, declaran- 
do suyo el ierritorio de la conirove} sia poi^'qtte está en 
disputa^ y señalando á su antojo los límites qne reclama. 
Adoptó, no los marcados en el mapa que acompaña al 
folleto del Ingeniero Schomburgk, sino otros que le 
;atribu3^e 3^ quitan á Venezuela más que la para ella co- 
nocida. Ksa es la línea sóbrela cual se niega á admitir 
discusión, y que excluye del arbitramento. Poco le 
importan I9.S citadas declaraciones de Lord Aberdeen 
sobre la errada inteligencia de Venezuela en creer el 
lindero de Scomburgk como' significativo de dominio; 
poco le importa que aquel recto funcionario mandase 
quitar las tales marcas para tranquilizar á esta Repú- 
blica; poco le importa que tres Ministros Británicos 
bayan propuesto, uno el Moroco, otro una frontera que 
empezara á veinte y nueve millas al Kste de la margen 
izquierda del río Barima, otro la división entre las pro- 
posiciones del Doctor Rojas y de Lord Granville. Hoy 
por resolución inapelable del Gabinete de Su Majestad 
Británica, la raya empieza en la boca del Amacuro, si- 
gue por su margen derecha, después tuerce al Oeste 
formando ángulos entrantes y salientes, corta el río Yu- 
Tuary, abraza todo el Cuyuni, corre y pasa más allá, por 
>el meridiano 61^, é inclinándose entonces al Esteva 



I08 I^IMITBS DK GUAYANA 



al monte Roraima. Lo extraño es que no haya adelan- 
tado hasta el límite extremo pretendido por la Grata 
Bretaña, pues la misma razón habría para eso que haj 
para lo otro. 



XXXilI 



Pero se olvida de que Venezuela es una nación 
soberana é independiente, á quien otra no puede dictar 
le^^es, ni menos someterla á sus caprichos, y de que por 
consiguiente el aviso, decreto ó como se llame, no tiene 
para esta República valor alguno. Si ella ha hecho 
concesiones de tierras comprendidas en lo que la Gran 
Bretaña juzga corresponderle, ha faltado á las obliga- 
ciones contraídas en el convenio de los señores Wilson- 
y Lecuna, aunque él no especifica el territorio de la 
disputa; y lo que procedía era reclamar de ellas y ha- 
cerlas retirar; mas de modo alguno daba eso derecho á 
la Gran Bretaña para arrogarse el de determinar por 
sí sola el lindero litigioso y pretender cjue Venezuela 
guarde silencio y preste su conformidad á un proceder- 
tan insólito y arbitrario, Hl es un atentado no sólo 
contra la igualdad é independencia de Venezuela, sino 
también de las potencias en general, y particularmente 
de las débiles; uno de aquellos casos que, como la pre- 
tensión de monarquía universal, la infracción de los 
privilegios diplomáticos, el indebido engrandecimiento' 
de un Estado que se absorbe territorios de otro, justi- 
fican la intei vención de los demás. Ya lo dijo Vattel 
cuando escribió: «Todas las naciones tienen pues, de- 
recho para reprimir por la fuerza á la que viola abier- 
tamente las leyes de la sociedad que la naturaleza ha. 



I.IMITES DE GUAYANA I09 



establecido entre, ellas, ó que ataca directamente el bien 
y la salud be esta sociedad.» «Las naciones tienen el 
mayor interés en bacer respetar universalmente el 
•derecho de gentes, que es la base de su tranquilidad. 
Si alguno pues, lo pisotea abiertamente, todas pueden 
y deben elevarse contra él, y, reuniendo sus fuerzas 
para castigar á ese enemigo común, llenarán sus de- 
beres para consigo mismas y para con la sociedad hu- 
mana de que son miembros.» 

La Gran Bretaña misma ha aplicado tal doctrina 
en. varios casos, como en las coaliciones contra Francia 
á fines del último y principios del presente siglo, en su 
ingerencia en la insurrección de los Griegos contra Tur- 
quísL, en los asuntos de Bélgica y los Países Bajos, de 
Rusia y la Sublime Puerta, etc. 

Fortalecido con los informes de los Comisionados 
señores Doctor Jesús Muñoz: Tébar y General Santiago 
Rodil, el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezue- 
la volvió á dirigirse al señor Ministro Británico en Ca- 
racas, el 26 de enero de 1889, para poner en su conoci- 
miento los resultados del viaje de aquéllos á Gua3^ana, y , 
•evidenciar que el Gobierno Inglés, resolviendo por sí solo 
y con desprecio de uno de los contendores la pendiente 
cuestión de límites, y tomando posesión efectiva de los 
terrenos disputados^ á pesar de las alegaciones de Ve- 
nezuela y con deliberada exclusión de todos los antece- 
dentes, había violado injustificablemente el más sagrado 
derecho de las naciones y herido de muerte la soberanía 
de la República. Por conclusión, ella reclamó de Su 
Majestad Británica la evacuación del territorio Vene- 
zolano desde las bocas del Orinoco hasta el Pomarón, 
que indebidamente había ocupado; en la inteligencia de 
que, si para el 20 de Febrero próximo, época de la 
reunión del Congreso, á quien el Gobierno debía dar 



lio I,IMITES DE GUAYANA 



cuenta de todo, no se hubiese contestado, ó se hubiese 
contestado negativamente, desde entonces quedarían 
cortadas las relaciones diplomáticas entre los dos países. 
El 31 de enero escribía el señor Saint Jhon sin du- 
da por efecto de su propia sugestión y de orden de sif 
Gobierno que el pedimento del señor Cónsul Robert 
Ker Porter, subre erección de un faro en Punta Barima 
el año de 1S36 no fué conocido ni autorizado por el 
Gobierno, de aquella época, 1836; que pretender erigir 
tal faro sin el consentimiento del de Su. Majestad sería 
una infracción del co7npromiso recíproco contraído por los 
Gobiernos de Venezuela é Inglaterra en 18^0^ de no ocu- 
par 7ii usurpar el tenñtorio en disputa entre los dos países;- 
y que el de Su Majestad tetidría el derecho de oponer re- 
sistencia á dicho proceder como un acto agresivo por parte 
de Venezuela. 

La Legación añadió que, como parecía que un faro^ 
en Punta Barima haría más segura la navegación del 
Orinoco, siendo de indudable beneficio al comercio en 
general, el Gobierno de Su Majestad no deseaba insistir 
indebidamente en sus derechos, y en consecuencia tenía 
orden de informar al Presidente que daría su consenti- 
miento para la construcción de un faro en Punta Barima. 
bajo la condición de que se hiciese un convenio entre los 
dos Gobiernos en cuanto á la cantidad de terreno que se 
ocupase para dicho objeto, y de que el Gobierno de Ve- 
nezuelo se comprometiese formalmente por escrito á que 
la colocación del faro no perjudicaría en nada á la recla- 
mación de la Gran Bretaña sobre el territorio de la 
disputa, del cual era parte Punta Barima, ni, se interpre- 
taría más tarde como prueba de derecho de ninguna 
especie por parte de Venezuela sobre Punta Barima, ni 
de asentimiento de la Gran Bretaña á semejante interpre- 
tación. jManifestó que, al recibir dicha promesa escrita,. 



LIMITES DE GU AYANA III 



el Gobierno de Su Majestad daría ordeii á las auto- 
ridades Británicas locales de no hacer ninguna oposición 
á la erección del faro proyectado; pero que debía preve- 
nir al Gobierno de Venezuela del peligro de proceder en 
el asunto sin entenderse previamente con la Gran Bretaña,.. 



XXXIV 



Bien singular es por cierto que ella invoque contra 
Venezuela el convenio de 1850, cuando precisamente - 
con violación de él Había cometido las usurpaciones que 
los Comisionados hicieron constar, de las cuales recla- 
maron, y que el Gobernador de Demerara confirmó^ 
apoyado en un aviso del Ministerio de las Colonias In- 
glesas. Inaudita lógica ! Venezuela, habiendo celebra- 
do un pacto bilateral, debe cumplirlo para con la otra 
parte, que fue quien se lo propuso y cumplirlo de tal 
modo que, si lo desatiende, se expone á resistencia 
armada; j^, cuando á su turno, ella clama por su obser- 
vancia, se le responde con la defensa de hechos consu- 
mados en daño del acto y que lo invalidan por entero. 
Si Venezuela ocupa el territorio de la disputa^ la Gran 
Bretaña tendría derecho de oponer resistencia á tal pro- 
ceder como á un acto de agresión de la República ; y, si 
es la Gran Bretaña quien lo ocupa y se establece en él^ 
y lo manda y pone autoridades y ejerce todos los demás 
actos que constituyen la propiedad internacional, resul- 
ta que su ocupación se ha convertido en modo de adqui- 
rir y ,que Venezuela debe callar y someterse. La Gran 
Bretaña se ha apoderado del territorio porque se le 
disputa, y, cuando Venezuela pretende construir un 



112 I.IMITES DE GUAYANA 



faro en Punta Barima, debe pasar por la humillación de 
^pedirle permiso y de aceptar las condiciones con que se 
le antoje al preocupante otorgárselo. 

Hasta ahora sabíamos que, cuando una de las na- 
ciones contratantes infringe un pacto, la otra puede 
-precisarla á su observancia, ó dejar de considerarlo obli- 
gatorio para ella ; mas no habíamos visto que la viola- 
ción se transformase en causa legítima de apropiación 
de un objeto litigioso. 

Así anduvo sobrado de razón el Gobierno de Vene- 
zuela en estimar que el medio excogitado para avenirse 
á la erección de un faro agravaba las dificultades, lejos 
de conducir á resolverlas, y en negarse á la aceptación 
de los términos á dicho fin presentados, porque eso 
habría sido asentir á los injustificables avances de la 
Bretaña y hacer declaraciones lesivas de los derechos 
de la República. 

Al mismo tiempo rechazó que á los cincuenta años 
y ocho meses de la petición de Sir Robert se viniera a 
desautorizarla, y á llamarle Cónsul como para menos- 
cabar la fuerza de su palabra, siendo para 26 de Mayo 
de 1836 Encargado de Negocios. 

Se insistió, además, en que Venezuela no había ad- 
mitido antes, ni entonces admitía, que hubiese habido 
nunca ni pudiera haber en lo sucesivo cuestión acerca 
•de Punta Barima, así como tampDco sobre la Isla Z?¿z;7- 
^^^tí-, que junto con lo que allí se dice Caño Morajuana, 
de 5 millas de largo, constitu3^en un brazo del Orinoco 
hacia el Este por su margen derecha, semejante al bra- 
zo Macareo de la Izquierda ; razón en que se fundó 
para llamar brazo Barima a esa porción fluvial que es 
una de las bocas del gran río; é isla Bari^na^ la que ese 
brazo y el mar forman. Asimismo observó que el ver- 
'dadero río Barima nacido en los estribos orieutales de 



IvIMlTES DE GUAYANA II3 



los montes de Imataca, corre gran parte de Oeste á 
Kste, y torciendo después al Norte, se junta al río 
Arauca, y las aguas de ambos van á caer al indicado 
Brazo Barima. 

Se advirtió igualmente al señor Saint Jhon que 
Venezuela nunca había considerado controvertido el 
territorio entre el Pomarón y el Amacuro, sino el si- 
tuado entre el Pomarón y el Hsequibo, pero que, aún 
en el caso de estar comprendido en la disputa el pri- 
mer espacio, tampoco habría podido la Gran Bretaña 
ocuparlo ni retenerlo, porque debió impedírselo la exis- 
tencia del pacto de que se valía entonces contra la 
República, y que había infringido en propio beneficio. 

Y, después de observar que era aquélla la primera 
ocasión en que el Gobierno de Su Majestad desemboza- 
ba sus pretensiones al río Orinoco, y hablaba de sus 
derechos á él, y se daba como dueño del territorio en 
disputa y fijaba condiciones para el uso de algunas 
tierras de Punta Barima, y lo decía á Venezuela, y 
trataba de obtener su aprobación ; se reiteró la demanda 
de evacuación de todo el territorio ocupado y detenido 
por la Gran Bretaña, sin derecho ninguno y con infrac- 
ción de los derechos de Venezuela, desde el Amacuro 
hasta el Pomarón, para el 20 de Febrero próximo, con 
la añadidura de que, si no se hiciera para entonces, ni 
se acorñpañase con la desocupación, la aceptación del 
arbitramento como medio de decidir del pendiente liti- 
gio de límites, quedarían cortadas las relaciones diplo- 
máticas de los dos Gobiernos, y se levantaría una 
protesta que pusiera á salvo para todo ¡tiempo los de- 
rechos de Venezuela contra procederes que no debía 
esperar de una potencia con quien siempre se había 
esmerado en conservar la más amistosa inteligencia y 
franco trato. 



114- I.IMITKS DE GUAYANA 



XXXV 



La Legación Británica extrañó que el Gobierno 
de Venezuela dudase de la declaración del suyo sobre 
lo desautorizado y aún desconocido del acto de Sir 
Robert; y no menos 'que se desentendiese de las co- 
municaciones de 1S44, 188 1 y 1886, en que Su Ma- 
jestad por un sentimiento amistoso hacia la República^ 
le había ofrecido ceder la margen inferior del lado de- 
recho del Orinoco, hasta el punto de decir que entonces 
(1887) por primera vez había llegado á saber que el 
territorio reclamado por la Gran Bretaña se extendiese 
hasta el Orinoco. 

En II de Febrero el señor Saint John trasmitió al 
Ministro de Relaciones Exteriores la respuesta tele- 
gráfica dada por sü Gobierno sobre la exigencia de 
evacuación del territorio ocupado, y reducido á expresar 
que, mientras todavía se hallaba dispuesto á entrar en 
negociaciones amigables con el objeto de arreglar la 
cuestión de límites de Guayan a, no podía acceder á las 
demandas del Gobierno de Venezuela, por mucho que 
sentiría el proceder indicado en ellas. 

El 19 del propio mes de Febrero el Ministro Bri- 
tánico, conforme á instrucciones de su Gobierno, es- 
cribió que, habiendo sido enterado de la reciente visita 
de dos Comisionados de Venezuela á una parte del 
territorio reclamado por la Gran Bretaña como perte- 
neciente á la Colonia de la Guayana Británica y de sus 
procederes allí, no permitiría ninguna ingerencia to- 
cante á los subditos Británicos de aquellos lugares. 



I.IMITES DE GUAYANA II5 



Se refiere sin duda esto último á las notificaciones 
hechas por los Comisionados á los habitantes de los 
lugares recorridos, sobre pertenecer éstos á Venezuela 
y no á Su Majestad Británica, y á la elección de Co- 
misarios de la República en todos ellos. 

De modo que lo hecho por la Gran Bretaña en el 
territorio disputado no puede ejecutarlo Venezuela, sin 
embargo de haber ésta reasumido todos sus derechos al 
suelo litigioso, desde que el adversario puso á un lado 
las obligaciones contraídas, y, desembarazándose de 
ellas como obstáculos, se entregó al ejercicio de plena 
autoridad sobre las comarcas que pretende. Y, lo que 
es aún más asombroso, no se toma siquiera el trabajo 
de presentar ni alegar los documentos que le den título 
ó apariencia de título á esas regiones. Se contenta 
con decir que se las apropia porque se le disputan, ó 
porque ella las reclama. Más tarde se declarará tan 
segura de sus derechos, que no ha de permitir discusión 
acerca de ellos. 

Conviene no perder de vista que los límites tra- 
zados en el mapa unido al aviso del 21 de Octubre de 
1886, y no descritos en el oficio del Gobernador de De- 
merara á nuestro Cónsul allí, no son los que dio Schom- 
burgk en su folleto impreso en Londres en 1840, sino 
otros muy distintos que se internan más y más en 
Venezuela, como ya se ha notado, y es bien que se 
repita, y como lo dijo el Ministro de Relaciones Exte- 
riores de Venezuela. 

En 20 de Febrero de 1887 el Gobierno de Vene- 
zuela procedió á suspender las relaciones amistosas 
con el de la Gran Bretaña, y á protestar ante el Go- 
bierno de ella, ante todas las naciones civilizadas j 
ante el mundo en general, contra los actos de despojo 



Il6 LIMITES DE GUAYANA 

que en detrimento de la República había consumado el 
Gobierno de la Gran Bretaña, y que en ningún tiempo 
ni por ningún motivo reconocería como capaces de al- 
terar en lo más mínimo los derechos que había heredado 
de España, y sobre los cuales siempre estaría pronto á 
someterse al fallo de una tercera potencia. 

Fué este el término de un largo oficio que contiene 
la exposición de los derechos históricos de Venezuela 
como sucesora de España y provenientes de los tra- 
tados ; de las incidencias de 1814; de negociaciones 
del señor Fortique ; de la declaración y convenio del 
señor Wilson en 1850; de las posteriores gestiones 
de la República, de 1877 en adelante; de las diver- 
sas proposiciones de arreglo que han mediado entre 
los dos Gobiernos desde 1844 ; de los procederes Bri- 
tánicos de hecho caracterizados particularmente desde 
1884; de las quejas y reclamaciones de este Gobierno 
contra ellas, y su falta de resultado; del envío á 
Guayana de una Comisión que obser\-ara por sí misma 
el estado de las cosas; de los informes que ella pre- 
sentó al Ejecutivo por fruto de sus estudios y averi- 
guaciones; de las demandas que se fundaron en los 
tales relatos; y de la negativa del Gabinete Inglés á 
consentir en la evacuación del territorio usurpado en- 
tre las bocas del Orinoco y el Pomarón, y en el some- 
timiento de la controversia al arbitraje de una tercera 
potencia. En todo apareció comprobada la sinrazón de 
la Gran Bretaña 3' su. par¿¿ pn's de modelar su conduc- 
ta por los dictados de su conveniencia, y no por los 
principios de moral y justicia y respeto á los derechos 
ajenos, á la fe de los tratados, ni por. los sentimientos 
de amistad y fraternidad, que deben ligar entre sí á 
naciones, en especial á las que junta y estrecha el 
vínculo de antiguo, ventajoso y apetecido comercio. 



LIxMITES DE GUAYANA II7 



XXXVI 



También esta vez se desdeñó Inglaterra de discutir 
las representaciones y argumentos de Venezuela. Fue- 
ra del principio de debate en que entró el respetable 
Lord Aberdeen, en ninguna otra ocasión se lian tomado 
los Ministros Británicos la molestia de dar las razones 
de sus actos. La Gran Bretaña se ha limitado á decir 
que tiene documentos, !'datos Históricos, mapas, investi- 
gaciones, informes, etc. ; pero no los ha comunicado á 
Venezuela, no los ha sometido á su examen, no los ha 
puesto en juicio contradictorio, ha procedido á calificar- 
los como juez, sin embargo de ser parte en el pleito, y 
parte tan interesada como que. nación esencialmente 
mercpntil cuanto marítima, aspira á todos los medios de 
fomentar su comercio y navegación, y entre ellos por 
de contado á la de grandes ríos cual el Orinoco, que es, 
nadie lo ignora, una de las llaves del Continente de la 
América Meridional. 

Parecía á lo menos natural que, cuando se declaró 
indiscutible la línea de Schomburgk, produjera el tí- 
tulo justificativo de esa trascendental resolución, y 
tanto más cuanto Lord Aberdeen había anulado aquella 
á poder de sus explicaciones y orden de remover la 
garita de Barima, los postes, banderas, monogramas 
y demás señales colocadas allí, en Amacuro y en otras 
partes. 

Kn 12 de Marzo de 1887 la Cámara de Diputados 
expidió un acto aprobatorio de la conducta del Pre- 
sidente en la cuestión de límites, y expresivo del deseo 
de que el Gobierno de Venezuela no tratase con el 



Il8 LIMITES DE GUAYANA 



de Su Majestad Británica mientras la Gran Bretaña 
estuviese ocupando alguna parte del territorio desde 
el Pomarón hasta el Orinoco, y no se hubiese acep- 
tado el arbitramento para decidir de la cuestión de 
límites hasta el Esequibo. 

Kntra ahora el asunto en una nueva fase. 

Kn 9 de Agosto de 1S89, el General Guzmán Blan- 
co, todavía Presidente de la República, fué encargado 
de volver á Londres revestido de pleno poder para 
negociar un convenio de restablecimiento de relaciones 
entre Venezuela y la Gran Bretaña, conforme á las 
órdenes que se le habían comunicado por el Alinisterio 
respectivo. 

De los Documentos de la Memoria de Relaciones 
Exteriores presentada en 1891, y que con otros oficiales 
impresos han sido la fuente de estos artículos, tomamos 
los conceptos aquí copiados, en que el dicho Ministro 
da cuenta de sus actos. 

«En 14 de Noviembre de 1889, vine a Europa con 
plena autorización para restablecer las relaciones diplo- 
máticas con el Gobierno Inglés, tan luego como fuera 
desocupado el territorio comprendido entre el Pomarón, 
el Amacuro, el Orinoco y Barima, de que últimamente 
las autoridades de Demerara se habían apoderado, á 
pesar de la resistencia y protesta de Venezuela.» 

«En cumplimiento de estas instrucciones, busqué 
personas respetables y relacionadas con el Foreign 
Office y con el Colonial Office, que además no descono- 
ciesen nuestros derechos.» 

Así entré á tratar secretamente las cuestiones : 
nuevo tratado, límites Guayaneses y pago de la deuda 
diplomática.» 



LIMITES DE GUAYANA IIQ 



«Después de múltiples gestiones y cambios de pro- 
yectos de arreglo, llegamos á concretar toda la materia 
en un sólo punto : la celebración de un nuevo tratado 
que estableciese : lo lapso de ese tratado, limitado, 
cuando más á diez años ; 29 arbitraje para toda cuestión 
pendiente ó futura, con lo cual quedaba resuelta la de 
límites; y 39 pago de las indemnizaciones pendientes, 
en títulos de deuda diplomática, como los demás acree- 
dores.» 

«Puestas estas bases, se me hizo decir que no podía 
cerrarse nada definitivo, sin que antes presentase mis 
credenciales.» 

«Contesté que esto no podía Hacerlo porque el Con- 
greso de la República había prescrito no tratar mien- 
tras la Inglaterra estuviera ocupando la parte del 
territorio últimamente usurpado ; pero que, si las auto- 
ridades de Demerara desocupaban de hecho el territorio 
comprendido entre el Pomarón, Amacuro y el Orinoco, 
sí podía presentarme y entrar á discutir el tratado pen- 
diente, para elevar á pacto solemne lo convenido confi- 
dencialmente.» 

«Negóse á esto el Foreign Office y yo no insistí, 
porque ya estaba constituido en los Estados Unidos 
el Gobierno Harrison-Blaine, que sostiene como polí- 
tica indeclinable no consentir ^1 dominio Europeo en 
América; lo que garantiza que la cuestión de límites 
Guayaneses será decidida por arbitramento y conforme 
al derecho, y en ningún caso por el poder del más 
fuerte.» 

«Siempre he mantenido, conforme á las instruccio- 
nes del Gobierno, correspondencia semanal con el Mi- 
nistro de Venezuela en Washington y procurado con 
él la gestión coadyuvante del Gobierno Norte Ameri- 



I20 i,imití;s de guayana 



cano; y de un momento á otro, es de esperarse que 
nuestro Ministro en Washington participe que el Go- 
biorno de los Estados Unidos Ha dado orden á su Re- 
presentante en Londres, de terciar en la cuestión, y 
por consiguiente, que estamos próximos ya á la solución 
definitiva.)) 

XXXVJI 

Bn vez del General Guzmán Blanco, á quien se 
había admitido en 29 de Octubre de 18S9 la renuncia 
de los cargos que desempeñaba en Europa, se nombró 
al señor Doctor Modesto Urbaneja no sólo Ministro 
Diplomático de Venezuela en Francia, sino también 
Plenipotenciario en Londres, con el objeto de tratar 
confidencialmente de un convenio en que se restable- 
ciesen las relaciones diplomáticas entre el Gobierno de 
la República y elde Su Majestad Británica. 

En Enero de 1892, trasladado á Inglaterra el Doc- 
tor Modesto Urbaneja, empezó los tratos con el Gabi- 
nete Inglés, comunicándole su encargo y solicitando 
un informe sobre las condiciones que el Gobierno de 
Su Majestad considerase necesarias para el arreglo 
satisfactorio de las cuestione:; pendientes entre Vene- 
zuela y la Gran Bretaña. 

Previa la seguridad de que el Gobierno de ella 
había recibido con satisfacción la nota del señor Urba- 
neja en que participaba haber sido autorizado para tra- 
tar del restablecimiento de las relaciones entre ambos 
países, interrumpidas en 1887 P^^ ^^ Gobierno de Ve- 
nezuela de entonces, el Pro. Memoria trasmitido de 
parte de Lord Salisbury, Ministro de Negocios Ex- 
tranjeros, y mediante el Subsecretario, señor Th. San- 
derson, dice así: 



I^IMITES DE GUAYAN A 121 



I. — '.(Por lo qiie respecta á los limites entre Venezítela 
y á la Colonia de la Giiayana Británica^ el Gobierno de 
Sn Majestad no podría aceptar como sastisfactorio nin- 
gún arreglo en que se admita como propiedad Inglesa el 
territorio comprendido dentro de la línea demarcada por 
Sir R. Schombwgk. 

((Estará dispuesto á someter á arbitramento la recla- 
mación de la Gran Bretaña á cierto territorio al Oeste 
de dicha línea. y) 

29 «El Gobierno de Su Majestad considera que 
tiene derecho á esperar que se revoque el derecho adi- 
cional sobre importaciones de las Colonias Británicas, 
impuesto con violación del artículo IV del tratado de. 
comercio de 1825.W 

39 «Y propone que todas las reclamaciones pen- 
dientes de ciudadanos de una ú otra Nación contra la 
otra, se sometan a una Comisión Mixta.» 

El señor Doctor Urbaneja se apresuró á poner de 
relieve lo inadmisible de la primera de dichas tres pro- 
posiciones,, asegurando que Venezuela tiene títulos, da- 
tos históricos, planos Españoles é Ingleses y prece- 
dentes de todo género que comprueban que la Guayana 
Venezolana se extiende hasta el Esequibo, límite natu- 
ral con la Guayana Inglesa; que en cuanto á la Punta 
de Barima, el Gobierno de Su Majestad había reconocido 
que aquella Punta y su Isla son territorios y propiedad 
Venezolana; que por tanto el Gobierno de Venezuela 
uo podía aceptar ni en un solo punto la línea arbitraria 
y caprichosa de Sir R. Schomburgk en 1841, declarada 
ineficaz ó nula por el mismo Gobierno de Su Majestad; 
ni tampoco era posible á Venezuela aceptar arbitramento 
respecto de territorios que estén al oeste de dicha línea. 

También escribió que Venezuela, á pesar de sus 
incuestionables dei'echos, había propuesto y proponía uuj 



122 DIMITES. DE GUAYANA 

arbitramento en que se comprendiese todo el territorio 
desde el Esequibo, 3^ la desocupación de los territorios 
invadidos desde el Pomarón hasta el Orinoco. 

Que, en cuanto á esto, constaba en el expediente 
que el Gobierno Británico había propuesto por medio 
^■del muy Honorable Sir Andrew Clark, Teniente Gene- 
ral, y del muy Honorable señor Capitán Lowther, 
-desocupar el territorio invadido y someter la decisión 
<del negocio al arbitraje de una potencia amiga, siempre 
■que el Gobierno de Venezela declarase restablecidas las 
relaciones diplomáticas entre ambos países. 

Que, en este concepto, el Gobierno de Venezuela 
liabía elegido un x^gente Confidencial para llevar á feliz 
término un convenio preliminar que restableciese las 
relaciones diplomáticas con el Gobierno de Su Majestad 
Británica; de modo que con pena se había visto que las 
condiciones exigidas por Lord Salisbury en el Pro Me- 
moria referido eran más desfavorables á yenezuela, 
cuyo Presidente, el Doctor Rojas Paúl, quería la paz y 
buscar las relaciones con la Gran Bretaña, que las pro- 
posiciones hechas al anterior Agente Confidencial que, 
siendo Presidente de Venezuela en 1887, rompió las re- 
laciones diplomáticas con la Gran Bretaña, la cual 
parecía tener motivos de queja contra el Magistrado que 
procedió de esa manera. 

Que el actual Gobierno de Venezuela, Gobierno 
constitucional, prudente y pacífico, que ningún motivo 
de queja había dado á la Gran Bretaña, y que por el 
contrario estaba deseoso de restablecer las relaciones di- 
plomáticas con el de Su Majestad Británica; esperaba 
que las condiciones del de Su Majestad con tal objeto, 
fueran menos fuertes para Venezuela que las hechas an- 
teriormente al Representante del Gobierno que en 1887 



UMITES DE GUAYAN A 1 23 

Tué quien interrumpió las relaciones diplomáticas con el 
Gobierno de Su Majestad Británica, y de quien pudiera 
tener alguna queja el Gobierno de la Reina. 

Bn cuanto al derecho diferencial sobre las importa- 
ciones bechas de las Colonias Inglesas y las de otras na- 
ciones, recordó que babían sido antiguas y constantes 
las quejas de Venezuela contra la protección prestada 
por las autoridades de Demerara á la introducción de 
■mercancías por contrabando en Venezuela; pero que en 
ningún caso podía considerarse ese derecbo diferencial 
como violación del artículo 49 del tratado de comercio 
4e 1825. Q^^ ^^ dificultad podía allanarse perfectamen- 
te en el nuevo tratado de comercio que había de cele- 
brarse entre los dos países ; pues, dados los progresos 
de la civilización y del comercio en el mundo y el au- 
mento de transacciones de todo género entre ambos 
países, la Gran Bretaña y Venezuela, ese tratado de 1825 
debe considerarse como caduco. 



XXXV III 



Tampoco halló inconveniente en orden al modo de 
arreglar las reclamaciones de cada uno de los dos Es- 
tados contra el otro, pues la Gran Bretaña, que puede 
ser considerada como una de las naciones fundadoras 
■de los principios universales del derecho de gentes 
moderno, no tendría dificultad en aplicarlos á Vene- 
zuela para pactar, como lo habían hecho ya otras na- 
ciones poderosas, que dichas reclamaciones se hiciesen 
conforme á los principios del derecho de gentes, hoy 
anuy conocidos en el mundo civilizado. 



124 LIMITES DE GUAYANA 

Manifestó en fin la esperanza de que el Gobierno 
de Su Majestad Británica, guiado por sus propios sen- 
timientos de justicia, manifestase las condiciones de su 
Pro Memoria, de manera que fuesen compatibles con 
la soberanía y derechos de Venezuela, con el respeta 
que merece la opinión pública, bien ilustrada en la 
materia, y con los deberes que imponen los deseos 
de conser.var la paz interior de la República y sus 
buenas relaciones diplomáticas con el Gobierno de Su 
Majestad Británica. 

La precedente contestación lleva fecha de 13 de 
Febrero. 

Replicó el Gobierno de Su Majestad en 17 de 
Marzo. 

I. — Hn materia de límites dijo haber estudiado 
cuidadosamente todos los documentos, datos históricos, 
y mapas que han sido comunicados ó á los cuales ha 
hecho referencia el Gobierno Venezolano en el curso- 
de las discusiones. 

«También se han hecho recientemente,» continuó^ 
«nuevas investigaciones que han dado por resultado la 
adquisición de muchos informes que se cree no posee el 
Gobierno de Venezuela.» 

(iDespiiés de examinadas todas estas pruebas^ se puede 
decir sin vacilación que la pretensiím del Gobierno Ve- 
nezolano no la tuvo jamás España^ y que el Gobierna 
de Su Majestad debe considerarla cjni insostenible. Por 
otra parte ^ la pretensión de la Gran Bretaña a toda la 
hoya del Cuyuni y del Yuruari queda sólidamente fun- 
dada^ y la mayor parte del distrito ha estado durante 
tres siglos colonizada por los Holandeses y por los Ingleses^ 
sus sucesores. y^ 

«Bn' estas circunstancias el Gobierno de Su Ma- 
jestad tiene que negarse, como repetidas veces se h^. 



I.IMITES PE GUAYANA 1 25 



negado ya antes, á considerar proposición alguna para 
someter á arbitramento las pretensiones de Venezuela 
que en su totalidad comprenden más de la mitad de la 
Gnayana Británica.» 

«No se puede permitir que haya fundamento para 
decir que Gobierno alguno de Su Majestad haya re- 
conocido la Punta Barima como territorio Venezolano. 
Kl Gobierno de Su Majestad ha sostenido constante- 
mente que en derecho estricto le pertenece toda la región 
comprendida dentro déla línea descrita en la nota de Lord 
Salisbury al señor Rojas de lo de Enero de 1880; es decir ^ 
hasta los montes de Upata^ si no hasta el Orinoco mismo; 
y que todo establecimiento de Venezuela al este de esa 
línea se co?tsidera usurpación de los derechos de la Gran 
Bretaña^ cuyo deseo siempre ha sido el de seguir un ca- 
mino conciliador y efectuar luia solución por medio de 
Mmistosa transaccióti y concesión. y) 

<iEl Gobierno de Su Majestad tiene que repetir que 
no puede admitir que se dispute el derecho que tiene 
€lI territoiño defttro de la línea- explorada por Sir Schom- 
bu7gk en 1841 ; y fijada en el mapa de Herbé rt^ acom- 
pañado al presente documento ; y por otra parte .^ el Go- 
bierno de Su Majestad no quiere insistir en el extremo 
límite de su pretensión., como se dijo en la nota al señor 
Rojas á que se ha hecho referencia. Con el fin de fa- 
cilitar 2171 arreglo y coino Í7idicio de buena voluntad hacia 
Venezuela^ está dispuesto .á abandonar una parte de esa 
pretensión., y respecto de la parte del territorio entre 
la línea de Schomburgk y su pretensión extrema., que 
queda indicada por una línea verde en el mapa marcado 
A., que se acompaña., está dispuesto á someter sil pre- 
íensiÓ7t al arbitrame7ito de tercero.y> 

«El Gobierno de Su Majestad de ninguna manera 
ha autorizado ni á Sir Andrew ni al Capitán Lewther 



126 LiM-iTES de; -GUAYANA 

para hacer proposiciones al Gobierno de Venezuela 3^^ 
sintiendo que el señor Urbaneja haya sido engañado^ 
debe declarar hoy la completa imposibilidad de adoptar- 
proposicio7ies semejantes á las que menciona.y) 

20 — «En cuanto á la cuestión de derechos diferen- 
ciales, el Gobierno de Su Majestad tiene en su favor la 
opinión legal más elevada, para considerar estos dere-- 
chos como infracción del tratado de 1825. ^^ ca?ísiderét^ 
pues ^ justificado' al pedir la supresión de los .derechos c&nrcp 
cosa enteramente aparte de la cuestión de un nuevo tra- 
tado de comercio. y> 



XXXIX 



El Gobierno de Su Majestad siempre ha tratada^, 
por su parte, hasta dónde ha podido, de impedir todo' 
tráfico ilícito entre las Colonias de Su Majestad y Vene- 
zuela; pero no sería razonable kacer responsable á la 
Gran Bretaña ó á sus Colonias de la conducta de los- 
empleados Venezolanos ó de la administración de la ley- 
fuera de las aguas coloniale.-i de Su Majestad.» 

«No duda el Gobieno de Su Majestad que, si las 
otras cuestiones pendientes entre los dos Gobiernos se 
arreglan satisfactoriamente, se hallarían medios de arre- 
glar, equitativamente, las reclamaciones de las dos na- 
ciones, la una contra la otra, en favor de sus respectivos 
subditos.)) 

«El Gobierno de Su Majestad no puede concluir esta 
expresión de sus ideas, sin llamar la atención del señor 
Urbaneja al aviso acompañado, que publicó La Opinión 
Nacional de Caracas, de 24 de Enero último. Gran 
parte de los distritos comprendidos en el contrato del señor 



LIMITES DTrGUAYANA 1 27 



Le Mye está dentro de la linea de Schomburgk á que se 
ka aludido más arriba^ y^ por lo tanto ^ en territoriü Bri- 
tánico. El contrato no puede ser reconocido por el Gobier- 
no de Su Majestad^ y cualquiera tentativa de poner en • 
práctica la concesión dentj^o de esa línea acarrearía et 
riesgo de una colisión con las autoridades Británicas. y^ 

Aquí vemos aserciones, y nada más que aserciones 
sin prueba, de queEspaña no pretendió jamás el lími- 
te del Ksequibo, no obstante las muchas que de Ig»» 
contrario posee él Gobierno de Venezuela, y de que es; 
sólidamente- fundada la' pretensión déla Gran Bretaña? i 
á toda la hoya del Cüyínii y del Yuruari; y de que la^ 
mayor parte del distrito ha estado durante tres siglos 
consecutivos colonizado por los Holandeses y los Ingle- 
ses sus sucesores. 

Como para rebatir á Lord Salisbury, el Holandés- 
General P. M. Netscher, que escribió una historia de las • 
colonias de Esequibo, Demejara, B'erbice, publicada en 
18S8 por la Sociedad de artes y ciencias de la provincial 
de Utrecht, de la cual es miembro el autor, dice que 
los Españoles colocaban en sus mapas el límite del. 
éste, á veces en el río Esequibo. 

El mismo autor afirma que, si bien sus compatrio- 
tas plantaban en algunos lugares postas para traficar 
con los naturales, eran casas de madera guardadas por 
muy poca gente, 3^ que sin fundamento y con exagera- 
ción han sido \la.ni3.á2is fuertes por algunos. Que parece 
que una de aquellas existió en Barima; mas por sus in- 
vestigaciones en el archivo del reino se persuadió de que 
para 1684 ya no existía, de modo que ó la destruyéron- 
los Españoles ó la abandonaron los Holandeses. 

Por otros testimonios se sabe que para 1814, época 
de la cesión de parte de la Gu-iyana de los Holandeses 
á la Gran Bretaña, ellos no tenían ningún establecimien-- 



128 LIMITES DE GUAYANA 

ío al oeste del Bsequibo, sea por una ú otra de las can- 
osas dichas; además de que en todo caso tal estableci- 
miento habría sido un avance prohibido por el tratado 
<le Munster. 

Consta que en 1757 los Españoles atacaron y des- 
truyeron el fuerte formado por los Holandeses en el 
Cnyuni. 

El Doctor Urbaneja llevó correspondencia con el 
•señor Hugh Watt, miembro del Parlamento, que había 
ofrecido al Presidente señor Doctor Rojas Paúl su ayu- 
da, según parece, y con quien se le mandó comunicar 
por el Gobierno. Aunque dicha persona, que es Presi- 
dente de la compañía minera de Chile en el territorio 
Venezolano del Yuruary, reconoció que, según el trata- 
do Munster, Venezuela tiene derecho á la gran boca del 
Orinoco, tomó empeño en que se aceptase la línea de 
Schomburgk. En una de sus cartas dijo : «Sólo pue- 
do repetir que, si Venezuela deja escapar la línea ac- 
tual, esjtoy convencido de que, cualesquiera que sean 
-SUS pretensiones al territorio más allá del 'que posee, 
siendo los límites de Venezuela hacia el Este de las 
Ouayanas mayores de lo que jamás han sido en período 
alguno de su historia, no sólo no ganará nada en lo 
futuro^ sino que hay probabilidades que mientras la Boca 
del Orinoco continiie sieytdo territorio Bj'itánico^ Venezue- 
la se verá obligada á retirarse al Este de las ?no?ztañas 
del Imataca j^ 



■■^-^^^i 



LIMITES BE GUAYANA 129 



XL 



«Pero, si se llegara á efectuar (el abandono total 
de las operaciones mineras en el Distrito Caratal) y la 
Gran Bretaña, cansada de continuas é infructuosas ne- 
gociaciones, tiene por conveniente bacer valer (por la 
fuerza) sus derechos, esto tiene necesariamente que ser 
. aún más desastroso para Venezuela.» 

«Pondré en su conocimiento que, independiente- 
mente de la opinión de los abogados de la Corona, sé 
que el Gobierno !de Su Majestad tiene la opinión de uno 
de los abogados Ingleses más distinguidos, quien po- 
see una reputación Europea, eíi favor de las pretensio7ies 

de la Gran Bretaña al Distrito Caratal.^) 

« 

Kl señor James H. Reddan, vicecónsul Británico 
que fué en Ciudad Bolívar, y á quien se comisionó para 
buscar datos en los archivos de Holanda 5^ Bspaña por 
•el Foreign Ojjice^ estuvo en París dos veces á hablar con 
el Doctor Urbaneja, manifestándose enterado del memo- 
rándum de Lord Salisbury, y deseoso de ver terminar 
la cuestión satisfactoriamente. Le insinuó entre otras 
cosas la conveniencia de instruirse de nuevos documen- 
tos que Inglaterra había adquirido ; mas nunca se los 
mostró, ni le dijo cuáles fuesen, aunque confusa y 
vagamente aludía ?. cartas de Bolívar favorables á In- 
glaterra, 

El señor Capitán Lowther ya mencionado observó 
en conversación con el Doctor Urbaneja «que en el mun- 
do no existe la justicia.» 

Insiste el Gobierno de Su Majestad en que no pue- 
de admitir qi ;e dispute su derecho á la línea de 
9 



130 -' ¿ÍMITÍÍS Í)-E fetTAYÁNA 



Schomburgk ; no quiere llevar adelante su pretensión 
extrema, v, como indicio d^ buena voluntad hacia Ve- 
nezuela, condesciende en' abandonar parte de aquélla^ 
y en someter al arbitramento de tercero la cuestión 
, sobre el- territorio intermedio entre , la raya de^Schom- 
"l3urg¥ y lá^extfem^ldemandá Inglesa. ' / ' . . 

-; /, í . Esta úítimá: parte:' no pue'de. tomarse-, 'en cbnsidera- 
•^ ción^ e'S^de aqaeH^secosas^ que noiestán escritas.. - .«..^ 

Hl señor Ingeniero Sc-bomburgk, ,en clase de Co- 
misionado, de Inglaterra, y conforme á sugestión del 
'/formidable Lord Palmerston,. fijó una línea que 1e pare- 
" ció convenir á dicHo paísj perp', 'coñiq nó tuv.o'^utoridád 
' de Venezuela, la "otra parte en el litigio, sus operaciones 
carecen de valor en cuanto á ella/ Y, cotfsidérándólas 
de todo en todo ilegítimas y de nocivo influjo para, el 
éxito de la controversia, este_ país reclamó de ellas, y 
' obtuvo' que se mandaran quitar sus vestigios. Sorpren- 
' de-pór lo mismo que, -con olvido de tales -antecedentes, 
■ de las proposiciones de Lord Aberdeen, Lord GVaríville 
" y íyord Roseber}^, qué no tuvieron cuenta con talindi- 
" cación, se pretende hoy por la Gran Bretaña darla 
'Cómo válida y definitiva. Ella no tiene derecbo de 
' resolver en su favor una cuestión en que Venezuela es 
'igualmente interesada, mucho menos después de' haber 
rec'oncido espontáneamente que el territorio del cuál se 
■•tfata, yqüe ahora se apropia con el- droit du plus fort^ 
'está en disputa. Si está 'en disputa, no es Iiigles ; -si es 
Inglés, no está en disputa. La República con se- 

- mejante proceder se vé herida en todos sus derechos 
'absolutos : el decocsérváción, el dé igualdad,; =el de --sío- 

beranía é independencia y el de propiedad. Soniétérse 
■'-á la impj3sición de la prepotencia sería despojarse de 

- losiatributos de Nación, soberana, libre é independieELte. 



ojn/;íi ^ór^>^Ékli%%m'y ftéí-tííiM'cétó'^HM^a-áifíetiáítia tMí^i- 

í JdeCíM "li^<e^ áé =' ^éh0ítilítíií¿í;^,j f- por ^o^ táik%oVM'^ftiíiáno 
í: Bril&iíiéó>;^áe tóéíJé^(fué*éiirf]qkkF^leáMiva"'iie' iSciiiéfílo 

' ' kk^tGriákဧ '^BríMílie^a^; ^ '"@í^t&;^re -'\á ^cMó^sS;e-%sté^ta- 
í'^déti'^'áe &típé^ió-i^id^é-'^Ss'^e(Mv^^tíecfrfnífe í^A despecho 
-^€éí''Gátí^^^ii4o dé:- 1^56»^' (|üe^^^yó'' pfopü^é-*á' Veiieízü^la, 
■f íséfepe' íítí^^cíu^r M-té'FWtdiw-áe 4á áisptítaj '^-t'iíyá'ácep- 
' ^áliOr4 smd'tki^téé^^1b^liéélBi^'^^é^Mí'|)F¿píélíá'd;^^^ %!'tí 

^■^¿Dt{tr-áFÍ0%a^'és/iVeí¥df4'e$i'p Wa^a-'iínpbr- 

• ítií;í|íi¥m€;"(^j estes; €k''í8'5#'^u^té^'<>bl%abak'á ti<) ¿chapar 
í'^t tfer^itorí(y'^iíldispütá7'fp6i<''fíó^ poíáér persúadií4^4ie 

- ^^éLítórticiilat- y^dfe-íos- derétilíds por tí álég'ááoS, ^isiése 
í 'emplear 4k fti^^í^iá ^^aíá 'detípar ^eF tórféiídíqtté 'aitíBos 

- pretendénioís/^ 'y "én 1-a- coíifiánza^ adéiiías'díé q[ü:é','Segán 

■ 'ínis- protestas, 'ereyeses <^ue íás itnpntkéi'on€s MantratísiS 
'■'i'nó 'téníaíi ñindamento alguti o, aütes ■ ^rátí^' él ré v^rsb 'Me 
-■■>lk verdad; 'p0t6, ^áña^üéiidó^que -no -vét-ias coú 'iWdífe- 
-•■ f^eM 'qüe-yo procediese deL^tró^itiodo.^)'^] ^ ' -'''^ =^^^^^ 

■ ■: " ' ' ' .' • jJoiaoqií.'Jí!Í í;Í iiOJgííríi^rr// iií> lovoxncaq 
-i v - . ..:. :^ 'j-'-'-^í n Y ;í;íf..j'X':)íif>V sB "fovjci -h oriLont^íJíA 



'.. . . - :j;'>;níj;;íOD t\íií\ 'áí/jí'íííJii'j iíiúioo'í ot. oooq ii 

/:íniii.cIE?2í'la5fíM¿arái áé^lJifí)4atkdósí'<^yá€o'*ítí¿^á- rfiáia- 
I f iaa^eoen iD%a 'la^^ñ^^évá Qí^íMiMsltrácl^n ( ^ -sé 'tóíéí^p^lóí al 
■;:Min-tátro: (i¿íRéiáéÍ€)beé:' Eitérícré^é^réá-^dé !Í' cóiídtic- 
£ !>t^ ,delc€í©iiíergl! Gíü^fliátíciglatióO'-^íte^ ¿éstíoüés Idé-'^su 
•: rx£%d,. íy^ íprmd|)glme^té*^tó d- k^nt^'^éQíkitós^ 



132 LIMITES DE GUAYANA 



pues que este funcionario hubo respondido, se llamó 
para proseguir el asunto al señor Marco- Antonio Sa- 
luzzo, que le había sucedido. Formuladas las pregun- 
tas y pedido plazo para satisfacerlas, él las contestó de 
palabra, y luego también por escrito. Extendióse á 
otras consideraciones, y por iniciativa jsuya se reunie- 
ron las Cámaras en Congreso varios días en sesión 
secreta. De ellas resultó el acuerdo de 1 8 de Abril de 
1890 que, derogando el de 12 de Mayo de 1887, devol- 
vió al Presidente de la República en su integridad la 
atribución de dirigir las negociaciones diplomáticas , y 
le proveyó de fondos con que llevar á cabo las diversas 
partes del plan que había de seguir el Gobierno, á fin 
de alcanzar una solución decorosa 3^ satisfactoria del 
conflicto existente entre Venezuela 3^ la Gran Bretaña. 
Entró, pues, el Ejecutivo á ocuparse profundamente en 
la grave emergencia, 3^ procedió á hacer publicaciones, 
á allegar documentos y mapas, á declarar apócrifo, ca- 
prichoso 3- destituido de toda fe, el Mapa Modelo de la 
América del Sur con la frontera del Orinoco, que ha- 
bían introducido 3^ trataban de vender los señores W. 
Firy Stevens y Charles A. Conolli, reconocidos al fin 
como Canadenses ; á reunir para su impresión los jui- 
cios de la prensa extranjera sobre la controversia ; á 
promover en Washington la interposición del Gobierno 
Americano á favor de Venezuela; 3^ á despachar á Lon- 
dres al Doctor Lucio Pulido. 

A poco se recibía en Caracas una comunicación del 
Cónsul de la República en Demerara, que enteraba de ha- 
ber salido de allí, con destino á los ríos Pomarón, Barima 
y Amacuro, en el vapor Inglés Horatia^ para especial 
visita de oficio, el Gobernador de la Colonia, su Secreta- 
rio privado, el Inspector de policía, el ingenierio civil de 
aquélla, el Doctor Wallbridge 3'- algunos más." Decía 



l^IMITES DE GUAYANA 133 



también que una excursión privada, compuesta del señor 
J. S. Hargreaves y otros había partido de Georgetown 
hacia el Bsequibo, con el propósito de seguir de allí 
viaje hasta el Mazaruni y Cuyuni, y llegar por el 
Yuruán hasta las minas del territorio Venezolano Yu- 
ruary. 

Dicho señor Hargreaves preguntó al Cónsul si se 
necesitaba pasaporte para venir á la República por esa 
vía, y, como él se lo negase y le aconsejara tomar la de 
Ciudad Bolívar, que era lo más prudente, el otro se reti- 
ró manifestando no tener necesidad de nada, y saber lo 
que le tocaba hacer. 

Noticias solicitadas por el Cónsul le persuadieron 
de que esto se ejecutaba de orden y cuenta del Gobierno 
Inglés, y de que los comisionados volverían por el 
Orinoco. 

Con semejante dato, el Kjecutivo resolvió diputar 
una Comisión política, administrativa, científica y de ex- 
ploración al territorio en disputa con la Guayana Inglesa 
poniendo á su disposición el buque de guerra Reivindi- 
cador. Por jefe de ella fué nombrado el señor Rafael 
F. Seijas, á quien habían de acompañar un adjunto, dos 
ingenieros, un médico, un oficial y diez individuos de 
policía. Por causa de varios contratiempos, sólo el pre- 
sidente de ella se trasladó á los lugares de su destino; 
hizo las observaciones que se le habían encomendado, 
y rindió cuenta de todo en extenso oficio, seguido de 
numerosos papeles y mapas. Su más importante paso 
fué levantar una protesta contra todos y cada uno de los 
hechos del Gobierno de Demerara encaminados á usur- 
par de algún modo el territorio de Venezuela, á saber, 
intrusiones de autoridades y colonos, ensanche de los 
límites, concesiones de tierras, establecimiento de puer- 



i|j>f i<mT??jfi^'WM'fN^.í 



del territorio Venezolano, y su extracción por lug-^f^Ss-t 
no abiertos 




nes-' Gé' ptfitcia'. mrmaresio narvales o ae-otm naturaleza^ 

de^bóydiffái^/^foafe&^áj^^jparttíM^^áé^p^f^^^^^^^ 

carreteros ó de otra especie de tierras" 'Venezolanas, la^ 
destnifcdíóm-de kísírai¡uéál^deolpgíi:Mo!S-<ib6 ÍM'|íMéÍi su 
naí^«gial(2Í6li['i^ £¿diG<^n^Í2¡í2LDÍ6nÚQfmé^(^¿h'QL\ú\Mités^^%'^é^^ 
n^UíEfJ4 yrel ;estíatbleeiabiesntoid&inisé(í>neH!á é^e'fte0?'?¿^í^ 
glosas de cualquier género. Recordó además .^tté-^íéí ^ 
Gobieri;o,deJa Repúl:?lica. había pr©testg,d,9-CPiitr.a todos 
V cada uno^ de los actos susoaionos,. deiclarando.que no,, 

g^:^oppiíUDOs;,|r^tes^^ que eL.^g^^ 

confífiuabá./ ^ , -r r ..^;.,-^ r o.-;;^p vr 

oh '¿oubvñbiú y/jíb ^ ífíí^'ño mí .coítóm un .rOiórffS'^íir 

-Diq b bíóa ^^;cqíír9ÍJinií4G^0j?<íi.-ii5v f>b jíP.ur.D 'loH .nr/rfoq 

;otnjaob na sb^-^iü^ifíAríP f^^bfílgjní e^ nll- ohh 

,ohíA)uoino3Uo níildy^il -A 6?. onp corroiDLVíoítdo eiil oxnf 

-^b T«bÍJjpoR /)ioao c<;í3Jzo,í]0 oI:oi ^"l^núviu-y oibrrl'r 
Esta ^t:oiiiumcacion iue enviada al señor .Go,bei 




nézuela, allí, y aquel iuucionario¡. se limita a avisarle r 

^^ícjt^> h ,j;I')!;::oírt>Y sb olíojirroí h oí:onr uh-^n ^hi^i[ 
|,^^^4^tgfr3filpSejip^_,jj§fy>Sy íu:!^ja5t,í>añ^o otó^neferi-doic 



IvIJ^ITKS. m Gü AyAN,A- j 1 35 



naa^: visi|a privada ,^reii¿ ^aev-k ..expuso^, de..pal:abr?i el 
obJ£to; de' su ^omisiQíi. . Excit^^P 4- majiifestarlo., por t. 
•escrito, surscfibió^á^la- indicación y expresp qyíe aquél, 
era «ver, examinar y palpar eU; el terreno mi^mo el I 
verdadero esta.áo {s¿a/7(s) de la cuestión, la exactitud 
dé los pláiíos y "máií)ás levantados hasta entonces y 
los lugiarés eñ qiié los Ingleses -tuvieran^ puestos "fijos'-' 
de inóáo"^ <|ue, -con perfecta cótaocíuiién'to dé ^ estos -pK>r-^ 
menores, pTidiés^e él C^oBierno- dé Venezuela- gtíiaf 'Sé^- 
guratóeñté su- condtictá:))^ "^' - -' ----■■^■--í' í' •«- t^.'''¿rzrj 

El señor Gobernador respondió, por medio aé sil ' 
Séíir^ta%io, .qtíe ño tenía 'fecüítad para accé-der á la 
peticioíí del señor Séijá^ sin especial autorización dfeiv 
Gobierna de Su '^Majéstad^ á. «qüíen la liabía- trasmitido^' 
y ciiy'SLS órdénés^^iiédába a^üar^añd^y Síti podér éntr^S 
tanto- acogerla; ',^ -'-""• -' "- -•■•--^rrr/^;' :: -/ fr; ■:^:;^r. 3 ;■£ 

El propio Iséñbr - Gbberiiador;' cuando -recibió aP 
Agenté, íe aseguro que, nió obstante recíarnáf Véiié-^ 
züelá cobio stlyo eV territorio Comprendido %ntfe el 
Eseqüibo^^ ^1 Pomárón, y -entre éste y el Amacuro,í 
nunca se' le- devolvería, y que ía línea _dé Sckómbúrgkí 
formaba un límite indiscutible, y la divísióií dé Güa-: 
yaifa sólo debía. buscarse aL-occidente de aquélla,- único 
punto sübrelel, cual podría llegarse á un :acuer(k). Afir-;^ 
mo también ;e_l señor Gobernador que carecía de facultad, 
para proponer un arreglo de la cuestión ó siquiera. UU: 
modiLs iiivendi^ mx^vAx'A.s las dos naciones, llegabati al 
aj:uste definitiva de- la disputa' pero que podía pedir 
instrucciones por el cable, sobre todo si se le declaraba, 
el óbjetodé la;ícomisian del Agente Venezolano. AL 
cab'o^ijo que él na era sino Gobernador de una pro-t 
yincia .Británica, fy que como t;al nada podía rbacer-cott 
Veiíe^^uela^ siendo én estojo misiiio que el Presidente 

d^ E.Stáláo^Bplyi^í'í'; D: .3 'j.:j -j JSí -: _ 3 . ' : f r'--" '■:• r, u/y - 



136 LIMITES DE GUAYAN A 



Bl Agente de la República hubo de salir en breve 
de Demerara, donde, desde que se tuvo noticia de su 
protesta, se empezó á mirarle con desconfianza, como, 
espía ó enemigo de la autoridad local. 

Esto, unido á lo que se mandó decir en 1887 al 
Gobierno de Venezuela con motivo del viaje de los 
señores Muñoz Tébar y Rodil, prueba que ya se pre- 
tende, no sólo despojarla de su propiedad, sino hasta 
cerrarle la comunicación con lugares incluidos en su ■ 
territorio. » 

Con vista de los informes del señor Seijas, el Eje- 
cutivo creó una jurisdicción en el territorio federal 
Yuruary, en el punto más inmediato á la desemboca- 
dura del Cuyuni en el Esequibo, y una parroquia civil 
en el lugar más conveniente del Yuruary; y otra juris- 
dicción en el territorio federal «Delta,» en el sitio más 
conveniente entre la Punta Barima y el río Pomarón. 

Al mismo tiempo el Gobierno levantó enérgica 
protesta contra el decreto de la Colonia de Demerara 
que creaba un distrito llamado del noroeste y declaraba 
puerto de ella á Barima. 

En seguida resolvió el nombramiento del señor 
Doctor Lucio Pulido para que pasase á Londres con 
el carácter de Plenipotenciario especial encargado de 
ajustar el restablecimiento del trato político entre los 
dos Estados, y el de Enviado Extraordinario y Ministro 
Plenipotenciario, que desplegaría en el caso de con- 
seguirse el primer objeto en conformidad con sus ins- 
trucciones. Debía hacer el viaje por los Estados Unidos 
de América, á fin de- recabar del Excelentísimo señor 
Secretario Blaiue, como la obtuvo mediante los buenos 
oficios de la Legación de Venezuela en Washington, 
una conferencia por la cual conociese las ideas de 



LIMITES DE GUAYANA 1 37 

aquel estadista, sobre el asunto, y asegurase el apoyos 
del señor Lincoln, Ministro Americano en Inglaterra. 

Llenos tales deseos, el Doctor Pulido siguió al. 
lugar de su destino á llevar adelante las gestiones em- 
pezadas. 

Una vez allí, se puso en comunicación con el señor - 
Th. Sanderson, Subsecretario del Foreign Office^ y le 
informó de hallarse facultado por el Gobierno de Ve-- 
nezuela para contestar á nombre de él el memorándum 
trasmitido al señor Urbaneja en 19 de Marzo. Para, 
recibirle se le fijó próximo día. 

Bn su respuesta el señor Pulido aseguró ante toda- 
el deseo del Gobierno, su comitente, de renovar las., 
ralaciones diplomáticas con el de Su Majestad Britá- 
nica, y de verlas establecidas sobre base cordial y du- 
radera, para lo cual llevaba plenas instrucciones que^^ 
animado como estaba de los sentimientos más concilla- - 
dores, le sería muy grato condujesen á un arreglo de- - 
finitivo. 

Entrando en materia, manifestó el sentimiento con 
que Venezuela había visto la correspondencia canjeada 
entre el señor Urbaneja y el señor Sanderson, muy en 
especial la comunicación de 19 de Marzo, expresión dé- 
las condiciones perentorias con que el Gobierno de Su 
Majestad consentiría en el arreglo de las cuestiones pen- 
dientes entre los dos países; porque los categóricos aser-^ 
tos allí contenidos sobre el negociado de límites, única- 
diferencia seria para los dos Gobiernos, creaban al de- 
Venezuela dificultades en que no se pensaba antes y 
hacían imposible un justo y doloroso acuerdo. En con- 
secuencia y según sus órdenes, declinó formalmente Is:. 
consideración de dichas proposiciones. 



1 38 I.I-Ml¥Eá DÉ dÚAYÁ?f A- - 



-Fero se. manifiesta pronto á tomar .parte en ima ' 
^conferencia informcy como indicaba el señor Blaiáe^ Se-„ 
crgtariq dé í^staHo de los Instados Unidos, . compuesta^ 
•dej Ministro de :^llos en Londres, de nn Representante 
<de,_la3Gran Bretaña, y dej señor PuÍido,.como él;de Ve-' 
■nezuela, para tratar de ' líegar, por medio de cordial ' 
discusión de las difipultaides^ pendientes; a un arreglo 
£nargue perñiftiese á los ^Gobiernos de Venezuela y de 
Sii Majestad renpvác süs'relaciónes amis * 

_ t Respecto "á las dificultades pendientes sobre dere- 
'cliQS, adicionales, modificación del tratado de comercio 
» existente y las reclamaciones, dijo que se arreglarían 
des-pués dg restablecidas las relaciones diploraáticas, asé-T 
jurando tener en estas materias Órdenes del carácterr 
más cordial y satisfactorio. 

;/; «La; . -Única. dificultad pendiente entre los dos -Go-, 
biernos,» .continuó exponiendo,, «y sobre Ja cual está" 

muy excitada la opinión pública eñ Venezuela y respec-._ 
to déla cual mi Gobierno debe proceder con la mayor 
prudencia, es la relativa á los límites. de la Colonia de- 
Su Majestad de la Guayana Británica y los Estados 
Unidos de Venezuela. Ks materialmente imposible arre- . 

:glar esta cuestión en poco tiempo; pero pueden darsC: 
desdeiluego pasos preliminares como base para un arre-- 

;glo final"; los cuales tengo el honor de someter á la 

■consideración del Gobierno de Su Majestad én el pre- 
sente memorándum.^) .,_-.. L r' 

«Yo sugeriría para renovar las relaciones diplomá- 

.ticas entre _el .Gobierno~'iié^"Sií^taj estad y el de los 



LIÍMI'TES' DE GüA V AÑ^" ' I2ff 



Hstádos UnMos de; Véiiezuela, que se haga ñíí convenio 
pt4Tíminar étltre atíiláos Góbieriibs cón'eloBjetó de Ikgar 
á un arreglo final de la cuestión de líñiites, dé acuerdo 
cóti las- bases siguieiites í )) -- '- - ' " ' - 

'^ ' I a^a El' Gobierno de íós Estados Unidos de Vene- ; 
zuéla declararía formal iñente que el río Esequibo, stis 
anárgénes y los terrenos que lo cubren, pertenecen éx- 
cíusivamente á la Guayana Británica'; y el Gobierno dé ^ 
Sil Magestad declararía forriiái ni ente que el Orinoco;'' 
SUS' márgenes y los terreno^ qué ío cubren, pertenecen ' 
<e±bíiisivamenté á los Estadósr Unidos dé Venezuela.)) ,; 
¿a— «Considerando que lá región al oeste y uoróeste 
del río Esequibo baciá el río Orinoco no es bien conoci- 
do óíJciálméntéV y cóüsiderando que las exploraciones 
hec^lias por el explorador señor Scbomburgk no pueden 
invocarse cbinó título de propiedad contra los Estados 
Unidos de Venezuela, del mismo modo que las explora- 
ciones hechas por varíos^ exploradores Venezolanos no 
pueden considerarse como' título de propiedad "contra lá 
Ooíohia dé Su Majestad de la Guayana Británica ; am- 
bos Gobieríios ' deberían convenir, desde luego, én nom- 
brar ilna Comisión Mixta, compuesta de dos Ingenieros' 
eñ jefe y sus respectivos personales, para proceder á ha- 
cer sin dilación y en el curso de un año los mapas y 
cartas corográficos, geográficos é hidrográficos de dicha- 
región, para determinar oficialmente el curso exacto 
•de los ríos y riachuelos, la posición exacta y situación 
de las montañas - ymontes, y todos los demás detalles 
-valiosos que permitan á ambos Gobiernos tener conoci- 
miento oficial fidedigno del territorio- que está actual:- 
niente en disputa.» 

-'-'3-a-^(( Dichos mapas y cartas oficiales permití ríaii- á' 
aliibos determiíiár,'eón mutuo anima de- amistad y buena 
vcílüíitad, utf límite céií cdnocimíerifo perfecto de causa ;' 



140 LIMITES DE GUAYANA 



y una frontera natural entre la Guayana Británica y 
los Estados Unidos de Venezuela debería ser preferida 
en todo caso y determinada.» 

4a — «Pero si, teniendo a la vista dichos mapas y 
cartas oficiales, ambos Gobiernos no convienen en un 
lindero amistoso, desde ahora se debe convenir en que,, 
en tal caso, la final discusión y el arreglo de la cuestión 
de límites se someterán á dos arbitros, nombrados uno 
por cada Gobierno y un tercero elegido por ambos arbi- 
tros para en caso de discordia decidir la cuestión ; y en 
vista de los títulos originales y documentos que ambos 
Gobiernos sometan para justificar sus derechos álos te- 
rrenos ó territorios en disputa, dichos arbitros deberían 
estar autorizados para fijar una línea divisoria que, es- 
tando de acuerdo con los respectivos derechos y títulos, 
tenga la ventaja de constituir hasta dónde sea posible,, 
una frontera natural.)) 

5a — « Para llegar á este resultado deseable é im- 
pedir la posibilidad de puntillos internacionales, ambos 
Gobiernos deberían convenir en retirar ó remover todos 
los postes ó cualesquiera otras indicaciones ó señales de 
posesión preventiva y dominio en dicha región, hasta 
que quede fijado, como queda dicho, el límite diplomá- 
tico; y, por lo tanto, ninguno de los dos Gobiernos 
ejercerá jurisdicción alguna en la región disputada 
mientras esté pendiente el arreglo definitivo.» 

A este memorándum de 24 de Junio respondió el 
Foreign Office en 24 del mes siguiente, enviando otro al 
señor Pulido con una carta del señor Subsecretario Sau- 
derson de orden de Lord Salisbury. En ella se dice 
que éste había recibido últimamente noticia de haber 
expedido el Gobierno de Venezuela dos decretos enca- 
minados á establecer administraciones Venezolanas en 
el territorio situado entre Punta Barima y el río Poma- 



LIMITES DE GUAYANA 14I 



ron, y en la vecindad del punto donde el Cuyuni desem- 
boca en el Esequibo. Que semcja7ites avisos no podían 
tener ningún efecto práctico^ y 'cualquiera tentativa de 
ponerlos en ejecución^ sólo podría ser considerada como 
una invasión en la Colonia y tratada en consecuencia. 
Que Lord Salisbury no podía menos de considerar la 
publicación de los decretos en aquella actualidad como 
•enteramente incompatible con el profesado deseo del 
Gobierno de Venezuela de llegar á un arreglo de las 
dificultades pendientes por medio de una discusión amis- 
tosa; y, que á no derogarse los decretos con explicacio- 
nes satisfactorias, le parecía inútil continuar las nego- 
ciaciones, y que, aun cuando sentiría su suspensión, 
sería necesario diferirlas hasta que el Gobierno de 
Venezuela estuviese dispuesto á tratar la cuestión de 
manera más conciliadora. 



XLIV 



Bn el memorándum del Foreigv^ Office se afirma 
que el Gobierno de Su Majestad, deseando examinar 
con el ánimo más amistoso é imparcial cualesquiera 
proposiciones que el Gobierno de Venezuela quisiera 
hacerle para el reanudamiento de las relaciones diplo- 
máticas y el arreglo de las diferencias pendientes, había 
prestado cuidadosa consideración al memorándum del 
señor Pulido. 

Después de extractarlo, dice así : «El Gobierno de 
Su Majestad siente que esta proposición sea de natura- 
leza tal que no puede ser aceptada.» 

c(En la propuesta declaración, si se ha comprendido 
correctamente, se reconocería el derecho de la ^ran 



142 LIMITES PE GUAVANA 



Bretaña á sólo la corriente principal del Esequibo y ^et 
terreno inmediato ásus, mSiTgeneSySm inc/mj' sus q^tif^- 
./<f5, en cambio de un reconocimiento semejante del de- 
recho de Venezuela á la corriente principal del Orinoco^ 
y el terreno sobre sus márgenes y; á inmediaciones de 
su. boca, inclusive Punta Barima y el distrito adyacen- 
te ; mientras que todo el .terreno intermedio quedaría, 
sometido á discusión, y en último caso á .arbitramento. 
Semejante transacción es inadmisible. Pues de egta 
manerama^ntendría Venezuela toda su pretensión y. Tía 
cedería nada de aquello^ á que puede tener, esperanza 4e 
presentar cualquier título legítimo, mientras que _.la- 
Gran Bretaña no sólo admitiría la discusión de las pre- 
tensiones de parte de Venezuela, pretensiones sobre las 
cuales constantemente ha sostenido que no existe fun- 
damento serio, sino que abandonaría desde luego é;,in- 
condicionalmente una considerable porción de territorio- 
que ocupa actualmente.» 

((Ese territorio, y más de la mayor parte de una 
grande extensión de terreno que el Gobierno de Vene- 
zuela trata de poner en tela de juicio, vino á pertenecer 
á Holanda según el tratado de Munster de 1648 por 
derecho de previa ocupación. Constantemente lo sos- 
tuvieron y lo pretendieron los Estados Generales en 
los años subsiguientes. Fué pública y efectivamente 
aceptado por la Gran Bretaña durante las guerras á 
fines del siglo pasado, y el traspaso formal del país. así 
ocupado se efectuó por el tratado de paz con los Países 
Bajos, el 13 de Agosto de 18 14, y no fué cuestionado- 
de modo alguno por España al firmar la paz conella en 
el mismo año » . :.; 

((El Gobierno, de Sn Majestad .no tendrá par^ gue 
agregarse á la exploración tal como ha sido propuesta 
por el señor Pulido, de territoriojqael le ^e& -yg-^sufici^n- 



I.IMI'^ES PE GUAYANA ..1.43 



-teniente coaocido y que lia sidé explomáo por Ingenie- 
ros Británicos. Hace muctiQS -años que a la 44in-in:is- 
tración. Británica le es familiar- la mayor partf de los. 
Distritos atravesados por los ríos Cuyuni y Mazaruni, 
Hay, pues, á disposición de ambos Gobiernos amplios 
datos para fijar una línea general. de frontera, aunque 
la discusión de cualesquiera puntos de pormenor^ podría 
e7i propiedad ser sometida á una Comisión Mixta de 
\\mites.y> 

«El Gobierno de Su Majestad ha indicado en decía- - 
raciones anteriores la extensión completa de la preten- 
sión territorial a que cree tener derecho. Ha definida' 
■también la línea dentro de la cual considera .que, son in- 
cuestionables los títulos Británicos. Al proponer que 
ciertas porciones de su pretensión más allá de esa línea 
se sometieran á arbitramento, expresósu disposición de 
excluir de la referencia propuesta esos valiosos distritos 
. 4e la vecindad de Guacipati que, aunque _ entran en sU' 
pretensión, han sido ocupados hace algún tiempo por 
..Venezuela, y sobre dos . cuales tina decisiÓ7i adversa- á' 
Venezuela pudiera . haberle causado considerable embaraza 
_-y hubiera involjicrado fuertes reclamaciones pecMniarias 
de parte de la Gran Bretaña^ ^por motivo df las rentas: 
■recibidas en años pasados. y> ■■ ^ - ■,.... ■ ■ -- ^ - ; .^ , • 
, - Siente ver que esta oferta de ; su parte: no padece 
: haber sido'apreciada, ó haber; halkdo: acogida alguna, 
de parte de Ven ez u el a. No se opmidría el Gpbiern&zd^ 
!,'Su Majestad á rjecibir para examinar y someter quizás a- 
discusión, cimlqiiiéramgestión-de-modificación d£ ms pro-^ 
:: pasmo7i€S sohne-punto&j en yue el Gobierna de VenezuelcE. 
i considere que los intereses de la -República están seria- 
- rnente envueltos ; pero "no puede apartarse del principio - 
general :en quC esas -proposiciones :se rbasán,:para :aeep- - 
¿tar unarrefe^neia eventual al arbitraje de oaráctei- -taní 



144 I^IMITES DE GUAYANA 



extenso como, á no dudar, envolvería el medio de proce- 
der sugerido por el señor Pulido.» 

«H/ Gobierno de Su Majestad ha explicado más de 
una vez que no puede consentir en someter á arbitraje lo 
qne considera como indisputable dcrecJio á ¡os distritos en 
poder de la Colonia Brit tínica. y> 



XL\ 



v^Cada nueva investigación tiende solamente á afir- 
m,ar y agrandar ese derecho ^1 y á hacer más necesario el 
sostenerlo como acto de justicia eti pro de los derechos é 
intereses de la Colonia. y^ 

En 4 de Agosto respondió el señor Pulido que no 
tenía informe de su Gobierno acerca del nuevo inciden- 
te mencionado, es decir, los dos decretos que establecían 
jurisdicciones entre la Punta Barima y el Pomarón 
y en las cercanías de la desembocadura del Cu3^uni 
en el Esequibo. Procedió á indicar que eso mismo con- 
firmaba la necesidad de arreglar, en la forma usada 
entre las naciones, las fronteras entre Venezuela y la 
Colonia Inglesa de la Guaj^ana ; y cuánto era al propio 
tiempo de sentirse que el Gobierno de Su Majestad 
Británica persitiese en rehusar someterlas al examen 
y decisión de arbitros, como lo venía proponiendo Ve- 
nezuela hacía 3^a diez años, y como lo estaban haciendo 
entonces las otras naciones que tenían posesiones en 
Guayana. Luego escribe : — «Hn efecto, estas fronteras 
snás ó menos inciertas é indefinidas bajo el punto de 
i7Ísta del Gobierno de Su Majestad Británica, puesto 
¡que viene extendiéndolas sucesivamente por su sola 



I^IMITES DE GUAYANA 1 45 



autoridad durante los últimos cincuenta años, no pue- 
den menos que dar lugar á conflictos de dominio y 
jurisdicción territorial. Si el Gobierno de Su Majestad 
Británica ha ocupado en 1884 estos territorios decla- 
rados disputables y neutros en 1850 por entrambos 
Gobiernos, y toma en ellos medidas propias de un esta- 
blecimiento permanente, no hay en verdad por qué 
sorprenderse de que el Gobierno de Venezuela no aban- 
done, sus derechos y su jurisdicción sobre ellos como 
nna necesidad inexorable.» 

«Comunicaré á mi Gobierno la nota y el memorán- 
dum que usted se ha servido enviarme, reservándome 
contestarlos de una manera completa tan luego como 
reciba las explicaciones é instrucciones necesarias.» 

Con fecha de 6 de Agosto el señor Pulido da cuenta 
de una conferencia celebrada con el señor Subsecretario 
Sanderson, á fin de cerciorarse del significado de al- 
gunos párrafos del memorándum Inglés, y en que se le 
contestó : que el Gobierno de Su Majestad Británica 
estaba resuelto á oír y tomar en consideración las pro- 
posiciones de Venezuela para trazar una línea de conve- 
niencia recíproca que se alejase poco de la de Schom- 
iDurgk ; y que, en cuanto á las bocas del Orinoco y Punta 
Barima, las abandonaría á Venezuela con la condición 
de que se diese por ésta en compensación cierta exten- 
sión de territorio por fijarse entre el río Úruán (Yu- 
ruán en el mapa) y el Cuyúni, al Oeste de la línea de 
Schomburgk, mostrándole al efecto el territorio sobre 
la carta. Excitado por el señor Pulido á escribir su 
pensamiento, el señor Sanderson escribió palabras que 
traducidas al Español, dicen : 

«Una línea saliendo de Punta Mocomoco entre 

Punta Barima y el río Guaima, y tocando por el Sur 

oeste el río Amacuro.» 
10 



146 * LIMITES DE GUAYANA 



«En cambio ó compensacióu la línea fronteriza se- 
guiría el curso del río Uruán (Yuruán) desde su unión 
con el río Cuyuni y podría extenderse á la Sierra Usu- 
pamo y á la Sierra Rinocoto.» 

Entregado el papel al señor Pulido, se lo pidió y le 
puso «Indicación Personal,» diciéndole que un Diplo- 
mático no debía entregar así su pensamiento ; mas el 
primero está persuadido de que el propósito es oficial. 
Después añadió el funcionario Britáuico que la Gran 
Bretaña retiraría en caso de arreglo sus reclamos sobre 
los otros territorios que no ocupa, y que están fuera de 
la línea primitiva de Schoraburgk, sobre los cuales po- 
dría sostener con éxito probable sus dereclios ante un 
arbitro. 

Contestó el señor Pulido que no había lugar á 
compensación cuando se abandonaba una cosa á que no 
se tenía derecho, y que éste era el caso de Inglaterra 
ocupando las bocas del Orinoco ; que el término propio 
que debsría usarse era el de restitución ; que además el 
territorio pedido aparecía muy grande. Replicó el se- 
ñor Sanderson que él carecía de valor por su lejana 
situación, siendo el de las bocas del Orinoco de grande 
importancia política y comercial ; que en caso de nego- 
ciación se tomaría todo en consideración para hacerlos 
equivalentes, y que él partía del punto de vista de los 
hechos consumados. 

En fin, el señor Pulido manifestó que debía limi- 
tarse á oirlo, protestando siempre contra la injusticia 
que se irrogaba á Venezuela y contra el abuso de la 
fuerza por el Gobierno de Su Majestad Británica, pues 
no tenía instrucciones para tratar la cuestión en ese 
terreno, y que todas las declaraciones que había hecho 
de palabra y por escrito debían considerarse vigentes. 
Pero que no podía menos de tomar nota de sus proposi- 



LIMITES DE GUAYANA I47 



ciones y reconocer que la posesión exclusiva de las 
bocas del Orinoco era una cuestión capital para Vene- 
zuela, por lo que la promesa de su restitución por el 
Gobierno de Su Majestad Británica sería debidamente 
apreciada por el de Venezuela, á quien daría cuenta de 
sus comunicaciones j de aquella conferencia ; y. se le 
contestaría oportunamente, bien fuera por su órgano ó 
por otro conducto, pues el estado de su salud le obliga- 
ba á regresar a Venezuela á principios del otoño. 



XLVL 



En cuanto á los decretos de 13 de Mayo, de que se 
quejaba Lord Salisbury, expuso el señor Pulido: que no 
teuía conocimiento oficial de ellos; pero que observaba 
fueron expedidos antes de iniciarse aquellas negociacio- 
nes, 3^ no el 9 de Junio, como parecía creerse en el /•'<?- 
7'£i£-n Ojjice^ tomando la fecha del periódico no oficial 
que los publicó [El Pueblo) por la de los Decretos; y 
que, en su opinión particular, se debían considerar como 
una manifestación por parte de Venezuela de que no 
abandonaba sus derechos sobre esos territorios, mientras 
no se arreglasen las fronteras en la forma usual; mani- 
festaciones que el Gobierno de Venezuela venía hacien- 
do constantemente hacía ya años por todos los medios 
de que había podido disponer. 

Kl señor Sanderson respondió que dichas explica- 
ciones, aunque sin carácter ofical, lo tranquilizaban y 
que las comunicaría á Lord Salisbury. Pero que había 
sido ya tomada la resolución de suspender las negocia- 
ciones; que en todo caso se habrían suspendido de hecho, 
en atención al reposo que acostumbran tomar los hom- 



LIMITES DE GUAYANA 



.bies públicos en aquella época del año; y que Lord 
Salisbury, cu3^a salud estaba delicada, se iba para el 
continente á descansar el 15 de Agosto, y los asuntos 
diplomáticos no urgentes sufrirían una interrupción 
hasta fines del año. 

En oficio de 21 de Agosto al Gobierno de Venezue- 
la, el señor Pulido observa; que la opinión de abogados 
Ingleses, á quienes se le preguntó si convendría consul- 
tar, no tendría influencia alguna en las determinaciones 
del Gobierno Británico; que Venezuela había agotado 
en sus relaciones con él la discusión jurídica y de tra- 
dición histórica, no quedándole nada por añadir; que el 
Gobierno Inglés no había querido entrar en el fondo de 
la discusión, sin presentar sus títulos, limitándose á insi- 
nuaciones vagas, á apreciaciones arbitrarias y á relacio- 
nes históricas insuficientes; no obstante haber tenido, 
durante cuatro años, á Mr. Redan, ex-Cónsul Británico 
,en Ciudad Bolívar, ocupado en buscar documentos en 
loe archivos de España y Holanda; que exigió al señor 
Sanderson inútilmente le mostrase los títulos ó pruebas 
de derecho á que se había referido en sus memorándum 
al Doctor Urbaneja, y que aseguraba ser ignorados por 
Venezuela; que para el Gobierno de Su Majestad la 
cuestión era de hecho; y que, por otra parte, no creía 
se encontraran en Inglaterra abogados notables que 
aceptasen semejante encargo. 

En 30 de Setiembre participó el señor Pulido al se- 
ñor Sanderson que, con licencia de su Gobierno, em- 
prendería viaje para Caracas, y de orden del mismo 
dejaba encargado provisionalmente de sus funciones al 
señor J. Pimentel. En la propia ocasión anunció que 
sil Gobierno estaba considerando la nota Inglesa de 24 de 
Julio y el memorándum á ella anexo, y que en tiempo 
oportuno haría r.;i\ocer sus determinaciones ; que el Go- 



LIMITKS DE GUAYANA 149 



bienio de Venezuela deseaba bailar bases aceptables para 
el arreglo de las fronteras con la Guayana Británica, y 
estaba animado del espíritu de conciliación indispensa- 
ble en toda negociación. Que, si el de Su Majestad 
correspondiese á estos deseos y sentimientos haciendo 
á Venezuela la parte de justicia á que ella tiene derecbo, 
no tenía duda de que se llegaría á un avenimiento;' pero 
que, en caso contrario, tenía instrucciones para declarar 
que Venezuela no aceptaría en ningún tiempo la ocupa- 
ción de los territorios de la Guayana declarados en dis- 
puta y neutros en 1850, ni las medidas que para 
ocuparlos permanentemente tomasen las autoridades 
Coloniales ó el Gobierno de Su Majestad Británica, re- 
servándose para todo tiempo su derecbo á reivindicarlos. 

Kl señor Sanderson avisó recibo y, tomando nota 
de la delegación liecbaen el señor J. Pimentel, aseguró, 
por orden de Lord Sallsbury, que se prestaría inmediata 
atención á cualquier comunicación que esotro hiciera de 
parte de su Gobierno. 

Kn la negociación del Doctor Pulido son de notar- 
se tres cosas. la Que para la fecha de su llegada á 
Londres ya Lord Salisbury había respondido negativa- 
mente á la oferta de mediación de los Estados Unidos, 
con la cual no podía por lo mismo contarse. 2a Que su 
plan miraba, en su primer artículo, á dejar resuelto por 
los interesados un punto esencial, y puesto así fuera de 
toda contingencia, hasta de la jurisdicción de los arbi- 
tros, á saber, el dominio de Venezuela sobre el Orinoco 
y sus márgenes; y 3a Que, suspendida la negociación 
por causa de los decretos de este Gobierno arriba dichos, 
le quedó cerrada la puerta para impugnar el último me- 
morándum del Foreig7i Office^ como por su reemplazo 
había sucedido al Doctor Urbanejaen cuanto al de 19 
de Marzo. 



150 LIMITES DE GUAYANA 



XLVII 



El señor Pulido, en su última comuuicación de 7 
de Octubre al Ministerio de Relaciones Exteriores, in- 
formó tener motivos para asegurar que el Gobierno de 
Su Majestad Británica, deseoso de tratar directamente 
con el Gobierno de Venezuela para establecer entre las 
dos Guayanas una frontera de conveniencia recíproca 
y que se acercase lo más posible á los límites naturales, 
prolongaría hacia el S. E. la línea ofrecida por Sir T. 
H. Sanderson á partir del cabo Mocomoco, hasta el río 
Guairaa, y desistiría de toda pretensión á compensación 
alguna por el abandono, ó más propiamente, por la 
restitución de las bocas del Orinoco y los territorios 
adyacentes; que éstas por él llamadas concesiones con 
relación á sus anteriores declaraciones contenidas en 
el memorándum del señor Sanderson de 19 de Marzo, 
el abandono de las pretensiones al Oeste de la línea 
primitiva de Schomburgk, y ciertas rectificaciones sobre 
el trazado restante de ésta que reclamaran las fronteras 
naturales ó el interés reconocido de los dos países, 
servirían de base preliminar para entrar en negociación. 
Creyó de su deber añadir que en el Foreign Offiíce se 
sostiene no haber sido alterada posteriormente la re- 
ferida línea de Schomburgk; y que él contestó que el 
mapa original de ese Ingeniero debería, llegado el caso, 
fijar este punto. 

Lo que más sorprende en la actitud del Gobierno 
Inglés respecto de la proposición del Doctor Pulido, 
es la inconsecuencia de sus procederes y el poco valor 
de sus argumentos. 



LIMITES DE GUAYANA I5I 



Lord Aberdeen, Lord Granville y Lord Salisbury 
objetaban la demanda del Esequibo como límite, que 
inició el señor Fortique. Y, ahora que Venezuela ofrece 
declarar formalmente que ese fío, sus márgenes y los 
terrenos que lo cubren, pertenecen exclusivamente á 
la Guayana Británica, en cambio de una declaración aná- 
loga por h. otra parte en orden al Orinoco, sus márge- 
nes y terrenos que lo cubren, el Gobierno Británico 
estima inadmisible la transacción indicada. Da por 
motivo que de esta manera Venezuela mantendría su 
pretensión y no cedería nada ele aquello á que pueda 
tener esperanza de presentar cualquier título ; mientras 
la Gran Bretaña no sólo aceptaría la discusión de pre- 
tensiones sobre las cuales ha sostenido constantemente 
que no existe fundamento serio, sino que abandonaría 
desde luego é incondicionalmente una considerable por- 
ción de territorio que ocupa. Que ese territorio y más 
de la mayor parte de una porción de terreno que el 
Gobierno de Venezuela trata de poner en tela de juicio, 
vino á pertenecer á Holanda según el tratado de Muns- 
ter de 1648 por derecho de previa ocupación: habién- 
dolo sostenido y pretendido los Estados Generales en 
los años subsiguientes. Que fué pública y efectiva- 
mente ocupado por la Gran Bretaña durante las guerras 
de fines del siglo último, y el traspaso formal del país 
así ocupado se efectuó por el tratado de paz con los 
Países Bajos de 13 de Agosto de 18 14, y no fué cues- 
tionado de modo alguno por España al firmar la paz 
con ella en el mismo año. 

Con la proposición del señor Pulido Venezuela 
cede de sus derechos. Si el Doctor Fortique sostuvo 
el límite del Esequibo, eso equivalía á exigir que la 
raya pasara por el thalweg de este río, como ha de su- 
ceder cuando alguno divide dos países. Por medio de 



152 I.IMITES DE GUAYAN A 



la demarcación presentada en 1891, ya no se persiste 
en que la República sea condueño del Esequibo; se 
deja este río con los terrenos que lo cubren en poder 
de la Gran Bretaña; lo 'cual constituye una concesión 
valiosa. Dados los sobredichos antecedentes de Lord 
Aberdeen, Lord Granville y Lord Salisbury, parece 
que se debía contar con la aceptación de la línea re- 
formada, no pudiendo ya decirse que ella perjudicaba 
á los Británicos. 

Tampoco hay exactitud en asegurar que ese terri- 
torio y más de la mayor parte del que Venezuela trata 
de poner en tela de juicio pertenecía á Holanda, según 
el tratado de Munster por el título de primer ocupante. 

No comprendemos que Holanda hubiese adquirido 
nada en Guayana como primer ocupante por el tratado 
de Munster. Más aún: la unión de estas dos cosas 
repugna paladinamente. Primer ocupante de todo lo 
que se denomina Guayana, fué España; así que, no 
podía serlo también Holanda. El primer ocupante de 
un territorio nullms adquiere por este solo hecho título 
suficiente á la propiedad del mismo; no necesita que 
ningún tratado venga á dárselo ó á robustecerlo. El 
tratado de Munster, ó sea el de restablecimiento de la 
paz entre España y las Provincias Bajas, confirió á 
los Holandeses derechos sobre una parte del territorio 
de Guayana, porque ellos, haciendo uso del de guerra, 
se la habían conquistado á España; y España se avino 
á legitimar tales usurpaciones, cuando las reconoció 
como nación soberana por medio de dicho pacto. 



't-^'^^':^-^-' ■ 



LIMITES DE GUAYANA 155 



XLVIII 



Repetimos que, cuando se celebró el de Munster^ 
Holanda ninguna posesión tenía al oeste del Esequibo": 
.y que, si la hubiera tomado posteriormente, habría.- 
sido con infracción de la cláusula que se lo prohibía,. 
y por tanto habría quedado sujeta á la reivindicación: 
de parte del dueño desposeído. 

En 27 de Marzo de 1802 se concluyó en Amiens?. 
un tratado definitivo entre el rey de España y las Re^ 
públicas Francesa y Bátava, que habían sido aliadas,, 
y el rey del Reino Unido de la Gran Bretaña á Irlanda... 
Según él. Su Majestad Británica debía restituir á la- 
República Bátava y á España todas las posesiones y 
colonias que les pertenecían respectivamente, y que.- 
habían sido ocupadas ó conquistadas por las fuerzas-. 
Británicas durante el curso de la guerra, á excepcióm. 
de la isla de Trinidad y de las posesiones Holandesas 
en la isla de Ceilan. 

En Londres, á 14 de Enero de 1809, se celebró 
nuevo tratado definitivo.de paz, amistad y alianza entre 
España y el Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda;; 
con motivo de haberse renovado la guerra, después d&% 
tratado de Amiens, entre los Estados que en él habíam 
sido partes. 

En Londres, á 5 de Febrero de 1814, se firmo 
entre las colonias de España é Inglaterra un convenio 
para la adjudicación .de efectos y buques represados 
á Francia. 



154 LIMITES DE GUAYAN A 

Nótese bien que en ese mismo año de 1814, pero 
á 13 ñe Agosto, fué cuando los Países Bajos cedieron 
á la Gran Bretaña los establecimientos de Esequibo, 
Demerara y Berbice. 

En Madrid y con fecha de 5 de Julio de 18 14 Es- 
paña é Inglaterra ajustaron nuevo tratado de paz, amis- 
tad y alianza, en el cual la última obtuvo la promesa 
de ser admitida al comercio con las Américas Espa- 
ñolas como la nación más favorecida, en el caso de 
que se permitiese á las naciones extranjeras. También 
Su Majestad Británica se obligó entonces á tomar las 
providencias más eficaces para que sus subditos no 
proporcionasen armas, municiones ni otro artículo de 
guerra á los disidentes de América, por el deseo de que 
■cesaran de todo punto los males y discordias que des- 
graciadamente reinaban en, los dominios de S. M. C. en 
América. 

No consta que en 1814 firmasen España é Ingla- 
terra ningún otro tratado. 

Hemos observado que se llaman tratados de paz 
por extensión aquéllos en que se estipula conservar la 
existente, sin que haya precedido guerra. Así, por ejem- 
plo, los celebrados entre Colombia y los Estados Uni- 
dos de América en 1824, Y entre Venezuela y ellos 
mismos en 1S36 y en 1861 seüntitularon tratados de 
paz, amistad, navegación. y comercio. Es harto sabido 
que Colombia no tuvo guerra con los Estados Unidos, 
y que Venezuela, jamás la ha hecho ni á esa nación 
ni á otra alguna. 

Pero con mayor propiedad se clasifica de tratado 
de paz al que la restablezca como término de una 
lucha. 

En el primer sentido se apellidaron de paz los 
tratados de España y Gran Bretaña de que va hecha 



LIMITES DT GUAYANA 1 55 
-"7 

memoria y corresponden á 1814; 3^ en ellos no podría 
tener cabida la materia de restitución ó legitimación de 
conquistas. 

Pero en la acepción muy propia sólo cuadra ese 
nombre á los de Amiens de 1S02 y de Londres de 1809; 
mas sobre todo al primero. 

En tales verdaderos tratados de paz es donde se re- 
suelven las cuestiones de conquistas hecbas durante la 
guerra, ya devolviéndolas, ya confirmándolas á favor 
del beligerante que las mantiene ; y tal se hizo en el de 
Amiens. 

Esto se advierte en ese convenio de Amiens, que 
estipula la restitución á la República Bátava y á Es- 
paña, de todas las posesiones y colonias que les perte- 
necían respectivamente y babían sido ocupadas ó con- 
quistadas por las fuerzas Británicas durante el curso 
de la guerra, á excepción de la isla de Trinidad Espa- 
ñola y de las . posesiones Holandesas de Ceilau, que 
fueron cedidas á Inglaterra. 

De la Guayana Holandesa se había ella apoderado; 
y la restituyó á la República Bátava en fuerza de la 
'Obligación así contraída; y, si es que mientras retuvo 
aquella, hizo avances en la Guayana de España, los 
habría perdido completamente desde que pactó la de- 
volución de sus posesiones ó colonias conquistadas ú 
ocupadas cuando la gfuerra. 

Sentados esos antecedentes, no se alcai.za el mérito 
■de la aleg'ación de Lord Salisbury, de que el territorio 
■de la disputa fué pública y efectivamente ocupado por 
la Gran Bretaña durante las guerras de fines del siglo 
último, y el traspaso formal del país así ocupado se efec- 
tuó por el tratado de paz con los Países Bajos de 13 de 
Agosto de 18 14, y no fué cuestionado de modo alguno 
por España al firmar la paz con ella en el mismo laño. 



156 LIMITKS DE GUAYABA 



XLIX 

Bn esos argumentos todo es oscuridad y paralo- 
gismo. Porque, si el territorio lo poseían los Holandeses 
desde la época del tratado de Munster, y España ratifico 
por él la conquista, no se necesitaba nada más para ad- 
quirirlo, y tocaría á Inglaterra por el mero hecho de la^ 
cesión á ella. ¿ Para qué apelar á la ocupación que efec- 
tuara en las guerras de fines del siglo XVIII? ¿Qué- 
fuerza es de atribuirse á una ocupación de la cual se 
desiste? ¿Cómo podía España imaginarse en 1814 que 
el traspaso de los establecimientos de Demerara, Ese- 
quibo y Berbice hecho entonces por Holanda á la Gran 
Bretaña había de cercenar, en razón del indebido ensan- 
che que se le ha dado, sus posesiones de Guayana, con 
destrucción de los efectos del tratado de Amiens, que 
mandó restituirlas conquistadas ú ocupadas? Aquí se 
presenta la oportunidad de observar que la ocupación del 
Fuerte de Nueva Zelandia, defendido por los Holandeses 
y los Ingleses contra el ataque de España en 1797, del 
cual habla Lord Aberdeen, fué uno de los hechos á que 
se refirió el tratado de Amiens, anulando sus conse- 
cuencias. 

A pesar de la resistencia a modificar sus propósitos,, 
vemos que á última hora Lord Salisbury se apeó del 
atrincheramiento en que se había encastillado,. y mandd 
indicar otra línea que principiaría en el cabo Mocomoco^ 
y que, si bien se interna demasiadamente en nuestro- 
territorio, á lo menos separa del Barima á los Ingleses, 
y con esto los priva de la posesión de las bocas del Ori- 
noco, cuyo dominio exclusivo es para Venezuela cues- 
tión de vida ó muerte. 



LIMITES DE GUAYANA 157 



Además del envío del señor Pulido á Londres, el 
"Cobieruo decretó el de seis Ministros de primera clase 
a las Repúblicas Americanas, desde Méjico hasta Chile. 
Tenía el paso por objeto enter|rlas de la grave situación 
en que se hallaba Venezuela y pedirles á todas, en nom- 
bre de la fraternidad y de los peligros que amenazaban 
-en ésta á varias de ellas, el apoyo de sus buenos oficios, 
áíin de conseguir que el asunto de límites de Guayana 
se sometiera á la decisión de un arbitro ó al estudio de 
mna Comisión nombrada por ambas partes, y cuyo juicio 
-ó dictamen fuera la base de un tratado de alinderamien- 
to 6 de un s¿a¿u quo definitivo. 

Según las respuestas, todas las nacionalidades de 
este continente han respondido cual más cual menos en- 
fáticamente, á los deseos de Venezuela, hasta la de 
Chile, no obstante hallarse sus relaciones con ella des- 
de 1883 en estado poco satisfactorio. En consecuencia, 
mo tardaron en llevar su voz amiga al Gabinete de San 
Jaime en demanda de la solución pacífica y honrosa á 
que este país aspira ; instancia que han reiterado con 
exquisita buena voluntad, atentas las nuevas insinua- 
ciones dfe esta República. 

Igualmente el Ejecutivo ha redoblado su empeño 
para acrecer el caudal de mapas, historias, geografías, 
-correspondencias y documentos que contribuyen á con- 
solidar las pruebas de las reclamaciones de Venezuela. 

Así para 1891 se habían obtenido de los archivos 
generales de Indias y de Simancas y de la biblioteca de 
la Real Academia de Historia de Madrid 30 documen- 
tos, 28 testimonios sacados de diversas historias, geo- 
grafías, viajes, cosmologías y mapas, cuatro oficios sobre 
misiones certificados en Roma, 10 mapas y otros conse- 
imidos allí mismo. 



158 LIMITES DE GUAYANA 



Infinitas publicaciones de la prensa, destinadas á. 
difundir por todas partes el conocimiento de la cuestión^, 
hallaron también lugar en el «Libro Amarillo)) de 1891^ 
en adición á las incluidas en la obra del señor Rafael F. 
Seijas, « Límites Guayaiieses,» que se publicó en 1888^ 
y contiene tratados, memorias, opiniones, etc., sobre la 
materia. 

Continuándose las investigaciones, adquiriéronse 
después en el archivo general de Simancas 34 documen- 
tos, y en el de Indias 99, con más de 19 mapas, algunos de 
origen Británico. Aquéllos se coleccionaron en 27 gran- 
des volúmenes, de los cuales 19 se refieren al tiempo 
trascurrido de 1839 á 1890, y los demás á épocas poste- 
riores. 

Con el mismo laudable fin ha seguido el Ministeria 
de Relaciones Exteriores, desde que el General Joaquín 
Crespo asumió en Octubre de 1892 el Poder Ejecutivo' 
de la República, allegando más y más datos al ya tan 
rico expediente. 

Durante el año de 1893 se obtuvieron once mapas, 
de no poca consecuencia, y tres obras, dos de ellas Ho- 
landesas, una de 1777 y otra de 1799, y la tercera en 
francés publicada bajo los auspicios del Príncipe Enri- 
que de los Países Bajos en 1847. 



L 



Bueno sería que el Gobierno estimase á propósito 
encomendar á personas competentes el estudio del teso- 
ro reunido hasta el día, á fin de que, tan sucintamente 
como fuera posible, formasen la compendiosa exposición 



I^IMITES DE GUAYANA 1 59 



documentada del derecho de Venezuela, v la tuviesen 
pronto lista para presentarla al arbitro que fuere llama- - 
do á decidir la controversia, ó apelar con ella á la opi- 
nión ilustrada del mundo. De ahí resultaría puesta en 
toda su luz la justicia que asiste en el particular á 
Venezuela, y desvanecidas hasta las más leves sombras ■ 
de duda. Por otra parte, acaso el examen de tal obra - 
induzca á la Gran Bretaña misma á convencerse de la., 
demasía de sus pretensiones, y á buscar en la moderación ■■ 
6 el retiro de ellas algún camino de salvarlas presentes ^ 
dificultades, si es que la razón halla cabida en los con- 
sejos de sus estadistas, ó en los comerciantes, capita- - 
listas y empresarios Británicos; que tienen intereses en, 
Venezuela. 

Sobre este último punto hay publicado en Inglés 
un folleto del señor Edward D. Mathews, que lo dio á 
luz en Londres en Marzo de 1891. De él tomaremos 
algunos pasajes. 

Empieza por notar que la actual fiebre de oro es la 
causa determinante del estado agudo en que se halla la. 
cuestión de límites de las Guayanas Venezolana é In- 
glesa, y que la ha sacado del letargo en ¡que yacía 
desde el principio del siglo.'' 

Afirma como nosotros que los derechos de Ingla- 
terra son únicamente los derivados por ella de Holanda, 
á^virtud de la cesión que ésta le hizo en el tratado de. 
1814 ; y mira como piueba de no pertenecer á la cesio- 
naria las posesiones del Orinoco, Barima, Moroco ú 
# otros lugares, el completo silencio que acerca de ellos, 
guarda tal convenio, que sólo menciona y con cierta: 
vaguedad á Demerara, Ksequibo y Berbice. 

Insiste en la necesidad de tener presente, , al consi- 
derar los antecedentes de la cuestión que, desde iSio- 
hasta 182 1, Venezuela, junto con los demás Kstados de 



í6o LIMITES DE GUAYANA 



la América del- Sur, se ocupaba en sacudir el 3'ugo de 
Hspaña, y por lo tanto no podía mantener conveniente- 
^mente á raya las incursiones de los Holandeses ni sus 
'sucesores los Ingleses. Pero que en 1822, tan luego 
'¿como hubo asegurado su independencia, Colombia, de 
■-que Venezuela formaba parte, pudo dirigir su atención 
á las usurpaciones cometidas sobre su territorio, y pro- 
testó contra el avance que hicieron entonces los Ingle- 
"ses liasta el río Pomarón. 

Apela al testimonio de Sir Walter Raleigh para 
^íDomprobar que á fines del siglo 169 y principios del 170 
los Españoles poseían los ríos Barima, Moroco y Poma- 
ir-oji, y que su poder llegaba hasta el Esequibo, como lo 
notó el Cónsul General de Venezuela en Londres, señor 
I>octor M. V. Montenegro, en una lúcida exposición 
-'^e hizo del caso en 1890, con la circunstancia de que, 
según documentos que dicho viajero Inglés vio en poder 
-del Cobernador Antonio Berrío, los Españoles habían 
suelto a tomar posesión de aquellas tierras en nombre 
■del Rey de España á 23 de Abril de 1593. 

Hace mérito de que, cuando en 1842 Venezuela 

informó oficialmente á la Gran Bretaña de que eUa no 

xeconocia la línea trazada por Sir Robert Schoniburgk, 

■y protestaba contra su adopción por Inglaterra, Lord 

^^"berdeen, entonces Primer Ministro, según el S/?iü/i 

American Journal 6.^ 27 de Diciembre de 1890, contestó 

(^íie «la línea trazada por Schomburgk no tenía c.:rácter 

vií£(ial, y debía considerarse meramente como cnstan* 

ícia de su exploración, quedando abierta la cuestión para 

ser arreglada por mutuo convenio entre los dos ] lísesj) 

Al mismo tiempo dio á las autoridades coloniale órde- 

Jttes de remover los postes y marcas que se habían coló- ' 

«saldo para indicar la línea. 



LIMITES DE GUAYANA l6l 



Ksta declaración, esta providencia, fueron dignas 
del Gabinete Inglés dirigido por hombres de las condi- 
ciones de Lord Aberdeen. 

Vienen luego citas de un folleto publicado en Ca- 
racas por el Gobierno de Venezuela en 1890, en la 
parte que habla de la visita de los señores Licenciados 
José S. Rodríguez y Juan José Romero á Demerara, y 
que concluye diciendo que el Gobernador de ella les 
notificó, en 8 de Abril de 1842, la remoción de las 
marcas. 

Trae después pasajes del escrito que el Cónsul de 
Venezuela en Londres publicó en El Radical de esta 
ciudad el año de 1890, y en que se lee una carta del 
Doctor Alejo Fortique al señor José S. Rodríguez, don- 
áe se daba por satisfecho, si llegaba á obtener, cediendo 
áesde Nassau hasta el Moroco^ una frontera que fuese 
por este río. aguas arriba á las montañas de Periquiza, 
y de allí á la otra fila del Macapa, después al río Casa- 
cura, y de allí continuase por las sierras hasta la de 
Pacaraima. 

Como no podía dejar de suceder, apeló á las decla- 
raciones y protestas contenidas en la nota del señor 
Wilsoii, fecha á 18 de Noviembre de 1850, sobre no 
tener la Gran Bretaña intención de ocupar el territorio 
de la disputa ; de que no ordenaría tal ocupación á las 
autoridades Británicas ; y, en caso de algún error sobre 
este punto, les renovaría sus instrucciones. 

Pasa á mencionar las negociaciones de Lord Gran- 
•«■¡lle con el Doctor José María Rojas, y más tarde con 
el General Guzmán Blanco, notando, respecto de la lí- 
nea presentada al primero de estos dos Agentes que, 
mientras reconocía la soberanía de Venezuela en Punta 
Barima, en la boca dal Orinoco, trataba de absorver, no 
sólo c-isi la totalidad del territorio debatible, sino tam- 



1 62 LIMITES DE GUAYANA 



bien una extensísima comarca de unas cien millas cua- 
dradas, que estaba toda claramente al Oeste de la línea 
de Schomburgk, y por tanto era propiedad no disputada 
de la República. Advierte cómo fracasó la cláusula 
del arbitramento general ya convenida con Lord Gran- 
ville, á causa de la retractación ordenada por su sucesor 
Lord Salisbury. 



LI 



Copia observaciones del General Guzmán Blanco, 
incluidas en su nota á Lord Rosebery de 28 de Julio 
de 1886, respectivas al modo cómo los colonos y bus- 
cadores de oro de Demerara, mientras se seguían en 
Londres negociaciones amistosas, se adelantaron á la 
tierra codiciada, con el apoyo de las autoridades colo- 
niales, y al parecer también con el de la metrópoli^ 
creando así una situación nueva. 

Trae la historia de la cuestión fronteriza hasta 
1887, en que se suspendieron las relaciones diplomá- 
ticas entre los dos países del modo que hemos contado. 

Inserta el informe del General Guzmán Blanco 
acerca de las gestiones que hizo de 1887 á Noviembre 
de 1889. 

Se refiere á las comisiones de los señores Doctores 
Urbaneja y Pulido; pero no se muestra conocedor de 
sus resultas, para entonces no publicadas, aunque en 
Londres circulaba el rumor de que el Gobierno Inglés 
continuaba negándose á someter á arbitraje la antigua 
cuestión de deslinde, al paso que reclamaba para la 
Gua37^ana Británica muchísimo mayor territorio del que 
le marcaba la línea de Scliomburgk. 



IvIMlTES DE GUAYANA 1 63 



Para dar á conocer mejor la situación del territorio 
disputado, liace largos extractos de los informes del 
señor Rafael F. Seijas durante su visita y después de 
su visita á Demerara, de que ya hemos tomado nota. 
Repite las observaciones de aquél sobre los límites de 
la colonia, el padre Mesini y sus obras, los estableci- 
mientos Ingleses, las visitas á Barima, la exploración 
del territorio usurpado, la aduana de Barima, la nueva 
compañía de exploración del territorio Venezolano, el 
granero de Demerara, la protección de la inmigración, 
las líneas de vapores, etc., la influencia de los descubri- 
mientos de oro, el oro exportado, que fué: 

En 1884 250 onz. £ 1.020 



)) 1885 


939 « 


)) 3.249 


)) 1886 


6.518 » 


)) 23.342 


)) 1887 


11.906 y> 


)) 44.427 


)) 1888 


14.510 » 


)) 64.403 


)) 1889 


14.624 y> 


'-> s^-m 


» 1890 


14.815 )) 


» 55-315 




63.562 onz. 


/ 248.529; 



caminos, y remedio del mal. 

«Para volver ahora,» continúa el articulista, «á la 
primera aserción adelantada en este papel, á saber: que 
el avance de los colonos de Demerara hacia el territorio 
disputado, ha sido producido sólo por la reciente fiebre 
de oro y el descubrimiento del precioso metal en los 
tributarios de los ríos Orinoco y Ksequibo, diremos ha- 
berse mostrado que esta cuestión de frontera ha sido 
asunto de tratos diplomáticos lentos, aunque á las veces 
espasmódicos, por cerca de setenta años; pero, desde 
que se halló oro dentro del territorio disputado durante 
la última década, el avance de los de Demerara busca- 



164 • LIMITES DE GUAYANA 



dores de él lia traído la cuestión á un estado agudo, 
como aparece de los papeles citados.)) 

«De ello ofrecen otra prueba los procedimientos del 
señor Hugh. Watt, miembro del parlamento y presidente 
de la Compañía del Yuruary, de responsabilidad limi- 
tada (antes Compañía de minas de oro de Chile, de 
responsabilidad limitada) compañía dueña de ciertas 
minas de oro y tierras del distrito del Caratal, que 
forma parte del territorio federal de Venezuela, y está 
situado á unas 150 millas al Oeste de la línea de Scbom- 
burgk.)) 

«Ksta compañía tiene minas con títulos derivados 
del Gobierno de Venezuela. En 1889 el señor Watt 
formó en Exeter Hall un meeting presidido por Sir R. 
Temple, y entonces se abogó seriamente á favor de la 
propuesta de que Inglaterra adelantara sus pretensiones 
hacia el Oeste, desde la línea de Schomburgk hasta las 
vertientes de todos los afluentes del río Cuyuni, y, si 
fuese posible, aún más allá hasta la margen derecha del 
río Caroní, Esta absurda proposición fué combatida 
por el escritor de este papel en un folleto publicado 
en 1888, y al cual no dieron respuesta ni el señor Watt 
ni ningún otro abogado de la expoliación de Venezuela. 
No hay necesidad de repetir ahora los argumentos en- 
tonces empleados, más especialmente porque el Foreign 
Office ha dejado entender que no apoya las pretensiones 
del señor Watt; pero la publicidad dada á la propuesta 
hecha por medio del meeting de Exeter Hall ha propen- 
dido gravemente á agriar el ánimo de los Venezolanos 
contra Inglaterra y el pueblo Inglés.» 

« Hase alegado que Venezuela ha hecho grave ofen- 
sa á Inglaterra enviando partidas de exploración al 
íerreno del debate, y con el nombramiento de funcio- 
uarios encargados del deber de atajar los avances de los 



LIMITES DE GUAYANA 1 65 



colonos y mantener los dereclios de la República. Pero 
ha de tenerse presente que Venezuela tomó las disposi- 
ciones que se convierten en materia de graves quejas, 
mucho tiempo después de la entrada de subditos Britá- 
nicos en las tierras que, en virtud de especial tratado, no 
podían ocupar ni uno ni otro país. La correspondencia 
del Doctor Seijas con su Gobierno, aquí citada, lo prue- 
ba suficientemente, y por consecuencia carecen de toda 
justificación las quejas.» 



LII 



((Bien puede argüirse que las exposiciones é infor- 
mes contenidos en este papel se derivan principalmente 
de fuentes Venezolanas. Mas, aún cuando así sea, eso 
no menoscaba su importancia, si son exactos. Por nece- 
sidad se han sacado de fuentes Venezolanas^ porque In- 
glaterra jamás ha publicado los argumentos que abonan 
su causa. Sin embargo, se cree que los hechos á que 
dice relación este papel constituyen prima facie una 
prueba de la justicia que asiste á Venezuela cuando pide 
el arbitramento sobre toda la cuestión, como lo está ha- 
ciendo ahora y lo ha hecho de algún tiempo acá.» 

(( Acaso no sean inoportunos pocos argumentos en 
apoyo de lo conA^eniente que sería para Inglaterra acep- 
tar el principio del arbitraje.» 

(( Cuánto es para desearse que se fortifiquen nues- 
tras relaciones comerciales con Venezuela, lo demuestra 
el hecho de que, de todas las Repúblicas de la América 
meridional, ella tiene la ventaja de estar más cerca de 
Inglaterra, y de ser por lo mismo de más fácil acceso. 



l66 IvIMlTES DE GUAYAN A 



Su rico y variado territorio incluye casi todos los climas, 
desde las templadas y frescas alturas de Mérida en el 
extremo de occidente, con hielos que le hacen frecuen- 
tes visitas nocturnas, hasta la cálida y ardiente línea de 
la costa donde muy poco varía la temperatura; mas aun 
allí, á causa de los frescos vientos alisios que reinan 
durante la última parte del día, los Europeos amigos de 
la moderación y templanza, y de regulares hábitos de 
vida, gozan de una salud excelente.» 

«El reducido espacio de este papel no permite indi- 
viduar las numerosas producciones comerciales del país; 
mas puede decirse sin temor de errar que casi todos los 
minerales conocidos de las a'rtes y ciencias se hallan en 
una ú otra parte de la República. Unos abundan más 
que otros, como resulta de los informes de las grandes 
cantidades de oro obtenidas de las llanuras y cerros de 
los territorios orientales, del cobre que dan en el occi- 
dente las minas de Aroa; á lo cual se añadirá en breve 
la muy necesaria partida de carbón, que ahora se está 
trayendo de las minas de Neverí y Naricual á la costa 
de las cercanías de Barcelona.» 

«En los valiosos artículos de comercio, cacao 3^ café, 
Venezuela, como productora de ellos, no tiene rival, 
siendo extensamente conocido el primero, gracias á la 
empresa de una casa de Bristol que ha familiarizado el 
público Británico con el famoso ((.cacao de Caracas."» 

«Que el espíritu de empresa Inglés se ha adelan- 
tado á otros en la obra de desenvolver los recursos de 
la República, lo demuestra el hecho de ser casi todos 
los ferrocarriles y otras de las principales obras públi- 
cas resultado del empleo de capitales Ingleses. He 
aquí algunas de las que están en manos Inglesas:» 

«La Compañía de minas, de ferrocarril y de tierras 
de la Quebrada, de responsabilidad limitada, dueño del 



LIMITES DE GUAYANA 1 67 



ferrocarril que va del puerto marítimo de Tucacas á 
sus valiosas minas de cobre de Aroa. Esta compañía 
y sus predecesoras poseen constancia no interrumpida 
de una explotación de cerca de cincuenta años, durante 
todos los cuales nunca han tenido ocasión de quejarse 
ni de que el Gobierno las liaya oprimido, ni de que se 
hayan desacatado sus derechos. El capital de esa com- 
pañía, cuya mayor parte se posee en Inglaterra, as- 
ciende á £ 1.450,000 

«El ferrocarril de La Guaira á Caracas, construido 
por Ingleses, con dinero Inglés, ayudado de una sub- 
vención del Estado. Esta líne9, que forma el medio 
de comunicación entre la capital de la República y su 
puerto de mar, ha tenido los más espléndidos resul- 
tados. Ha pagado por entero la deuda con un interés 
de 15 pg para los afortunados tenedores, al paso que 
los accionistas han recibido buenos dividendos en algu- 
nos años. El capital alcanza á £ 720.000.» 

«El ferrocarril de Puerto Cabello á Valencia, que 
nne la ciudad de Valencia con su salida al mar, la ba- 
hía natural de Puerto Cabello. Esta línea fué cons- 
truida enteramente con capital Inglés y la ventaja de 
nna garantía del Gobierno. El capital envuelto en esta 
empresa llega á £ 820.000.)) 

«Se destinó el ferrocarril Central de Venezuela 
para abrir los ricos Valles de Aragua, y formar los 
lazos de comunicación entre las dos principales ciuda- 
d.es de la República, á saber, Caracas y Valencia. Casi 
completó el ferrocarril de Caracas á Santa Lucía; pero 
el resto de la línea de allí á Valencia fué cedido^ por la 
Compañía Inglesa á una empresa Alemana, formada 
con el objeto de llevar á cabo un plan que le hiciese la 
competencia. Se ha estimado en £ 1.985.000 el capi- 
tal Inglés invertido en esta empresa.)) 



1 68 I^IMITKS DÜ GUAYANA 



Lili 



«Bl ferrocarril del Suroeste de Venezuela que es 
una prolongación del sistema de la Compañía de la 
Quebrada .desde el pueblo de La Luz, cerca de las mi- 
nas de Aroa, hasta las ciudades de San Felipe y Bar- 
quisimeto. Hace poco que se acabó el ferrocarril hasta 
el último lugar. Kn él se ha embarcado el capital de 
/ 625.000.)) 

«La Corporación del Puerto de La Guaira, de res- 
ponsabilidad limitada, que ha llevado á efecto las ex- 
tensas y difíciles obras necesarias á la transformación 
de la bahía abierta y encrespada de La Guaira en un 
puerto tranquilo y seguro, mediante la construcción 
de un inmenso Muelle Tajamar de sólido concreto y 
mampostería. Bsta obra es nn noble ejemplo de lo£ 
beneficios derivados por el comercio en países extran- 
jeros de la habilidad y paciencia mostradas por inge- 
nieros Ingleses, y ha costado unas £ 700.000 de ca- 
pital Inglés.)) 

c(El ferrocarril de Barcelona y las minas de carbón 
del Neverí, ahora de la Compañía fideicomisaria del 
ferrocarril, puerto y carbón de Guanta, de responsabi- 
lidad limitada, pertenecieron en el principio á una Com- 
pañía Francesa. El capital con que se está construyen- 
do ese ferrocarril, se jnntó principalmente en Londres, 
y la propiedad ha pasado ahora á manos Inglesas. La 
suma empleada en él se eleva á cosa de ¿ 440.000.» 

«La Compañía de Navegación y de ferrocarril de 
Carenero, de responsabilidad limitada, se formó en 1889 
para sacar de manos Belgas un ferrocarril que ha de 



LIMITES DE GUAYANA 



ir del puerto de Carenero al pueblo de Altagracia de 
Orituco, junto con ciertos vapores que hiciesen la 
carrera de Carenero á La Guaira. Actualmente se 
está construyendo ese ferrocarril, para lo cual se lia 
hecho en el mercado de Londres una emisión de hasta 
* £ 583.400 de capital.» 

«En estas empresas se ha embarcado un total de 
£ 7.323.400, casi exclusivamente de capital Inglés ; y 
la República ofrece todavía otros alicientes al capital y 
al espíritu de empresa, estando su rico y variado in- 
terior falto completamente de buenos caminos ú otros 
medios de comunicación con su litoral.' Puede decirse 
que Venezuela se halla en una situación quizá única 
entre las Repúblicas sus hermanas de la América del 
Sur, en cuanto no tiene papel moneda ninguno, al pasa 
que durante muchos años ha cumplido fielmente sus 
obligaciones con sus acreedores públicos, y en general 
le queda un sobrante después de cubiertos los gastos 
con sus rentas.» 

«Contra la precedente lista de obras Inglesas nada 
tienen que presentar los Franceses, habiendo abortado 
en su principio todas sus empresas, ó fracasado á poco 
de haberse convertido en viSodéth Anonymes.y> Los 
Alemanes han conseguido en la República una de las 
más hermosas empresas, á saber, el camino directo de 
Caracas á Valencia por vía de Antímano. Esta obra,, 
conocida con el nombre del Gran Ferrocarril de Vene- 
zuela, se está realizando bajo los auspicios de la casa 
de Krupp, de Essen, afamada en todo el mundo. No 
hay que inferir, sin embargo, de la descollante situación 
de las empresas Británicas en Venezuela, que los espe- 
culadores de otras nacionalidades sean indiferentes á 
los incentivos ofrecidos por la República, pues bien se 
sabe que Francia y acaso también los Estados Unidos s 



Í70 LIMITES DE GUAYANA 

están empleando todos los medios útiles con qne cuen- 
tan, para suplantar á sus rivales Ingleses. El presente 
«stado crítico de perturbación de las relaciones entre 
Inglaterra y Venezuela les brinda una oportunidad de 
que no andan remisos en sacar partido. La recietüe 
prodama en Washingion de la reciprocidad con Vene- 
zuela^ en términos semejantes al tratado hecho con el 
-Brasil^ ofrece sorprendente ptueba del peligro á que se 
^a exponiendo el comercio Británico.)^ 



Liv 



«Por otra parte, ¿qué ventaja ha de ganarse con la 
rígida prosecución de los supuestos derechos Ingleses 
sobre el terreno del debate? Sólo el engrandecimiento 
de la Guayana Británica que, sin embargo, se efectuaría 
á costa de otras dependencias Británicas de las Antillas. 
Cierto es que las islas de Barbada y Trinidad recibirían 
grandes perjuicios con la suspensión del muy conside- 
rable comercio que hacen actualmente con Venezuela. 
-Iva última isla necesita en gran parte de este tráfico, 
porque su posición cerca del continente hace, que tenga 
el monopolio práctico con los pueblos de la costa desde 
Barcelona hacia el oriente, así como con los ríos del 
Orinoco, y la importante Ciudad Bolívar. Tan activo 
es este tráfico, que aun la imposición por la República 
de un derecho extraordinario de 30 p § ad valorem no 
lia tenido grande influjo en las exportaciones de la isla 
para el continente. Conviene decir que ese impuesto 
•extraordinario fué establecido, hace algunos años, du- 
á-ante el ejercicio del poder por el General Guzmán 
Blanco, dándose como razón que en la isla se fomenta- 



I^IMITES CB GUAYANA 17I 

l)au planes revolucionarios y de filibiisterismo; con de- 
trimento de la paz pública de su nación. Con objeto de 
castigar á los comerciantes de Trinidad, se decretó el 
recargo sobre las importaciones de esa procedencia. Es- 
caso motivo puede existir para dudar de que se abrogaría 
■ese objetable derecho si, mediante la aceptación del ar^- 
bitraje propuesto en la cuestión de frontera, se pusiera 
£n á todos los disgustos entre la República é Ingla- 
terra.» 

« Trinidad tiene otro título para ser oída en esta 
cuestión, porque es el bogar, desde hace muchos años, 
de crecido número de colonos Venezolanos que, alejados 
de su país por causas políticas, han buscado la seguri- 
dad que el Gobierno Británico ofrece. Hilos han pobla- 
do la parte del sureste de la isla, y se dice que como 
8.000 Venezolanos se ocupan allí en el cultivo del cacao. 
Una completa parálisis del tráfico y relaciones comer- 
ciales entre Venezuela y Trinidad probablemente aca- 
rrearía más desastres á aquella colonia Británica, de los 
que nunca podría compensar la codiciada ganancia de 
territorio por Demerara^ que tie^ie ancho campo para 
sxpandú se por el sur ^ donde hay una crecida comarca que 
pi^cLcticamente es TERRA NULLius. Ese territorio confina 
con El Brasil, y fué recientemente el sitio escogido por 
aventureros para establecer un Estado independiente 
que había de llamarse República del Cuyuni.» 

«Es casi cierto que el arbitramento en esa cuestión 
de frontera entre Inglaterra y Venezuela, tendría por 
resultado la partición del territorio controvertido, esto es, 
<el país situado entre el río Esequibo al Este, y la línea de 
Schomburgk al Oeste. Sin duda se adjudicaría la mitad 
meridional á Inglaterra. Una línea fronteriza, basada en 
lo que se sabe de la probable extensión de los estableci- 
anientos Holandeses antes de i8 14, empezaría en el Cabo 



172 I^IMITKS DE GUAYANA 



Nassan en la boca del río Moroco. Siguiendo ese río 
aguas arriba hasta la sierra de Imataca, se continuaría 
hacia el Sur por tella á la boca del río Tapuru, donde se 
hallan señales de un fuerte Holandés en varios mapas. 
Luego se llevaría á lo largo de la margen Septentrional 
del río Cuyuui, hasta que llegase al frente déla confluen- 
cia del río Mazaruni, punto en que se señala otro fuerte 
Holandés. Al Sur del río Cuyuni el límite podría dar 
á Inglaterra todas las vertientes de los ríos Mazaruni 
y Ksequibo con sus tributarios, hasta la sierra de 
Pacaraima hacia el Sur. 

«Hn algunos de sus mapas oficiales Venezuela ha re- 
clamado un territorio considerable aún más al Sur, con la 
evidente intención de obtener todas las vertientes de la 
orilla izquierda del Esequibo ; mas, como el anterior 
límite aislaría todas las vertientes situadas al Sur de 
las montañas de Pacaraima, el resultado sería que In- 
glaterra habría de arreglar con Kl Brasil cualesquiera 
pretensiones que él tuviese á la comarca así aislada.» 

«Mediante la partición indicada, la colonia de la 
Guayana Británica entraría en no disputada posesión 
de más de la mitad del terreno del debate ; mitad que 
debe considerarse de más valor que la porción superior,, 
hallándose los descubrimientos de rocas auríferas situa- 
dos principalmente en los tributarios de los ríos Maza- 
runi y Esequibo.» 

«Siendo esto así, parece que la política de usurpa- 
ción en cuanto opuesta al arbitramento es tan innecesa- 
ria cuanto puede reputarse depresiva de la dignidad de 
Inglaterra.» 

«P. S. — Escrito lo que precede, se han fortificada 
mucho los argumentos á favor de la demanda de arbi- 
traje de Venezuel?, con haber aceptado Inglaterra este 



LIMITES DE GUAYANA 1 73 



juicioso método de arreglar la disputa con los Estados 
Unidos en el asunto de las pesquerías del mar de Beh- 
ring, y con Francia la dificultad de Terranova.» 



LV 



Aunque el folleto del señor Mathews adolece de 
algunos errores, cual el de afirmar que Venezuela ce- 
lebró con los Estados Unidos un convenio de recipro- 
cidad, cuando constantemente se negó á ello, y por esto 
el Presidente Harrison, gravó su cacao, café, cueros y 
maderas, siendo antes de libre importación allí; y tam- 
bién, lo que es natural, habla como Inglés en otros 
puntos, sus observaciones en el fondo aparecen propias 
de un hombre de sano criterio, que comprende y reco- 
noce el agravio que nos hace su Gobierno, y se empeña 
en desviarlo del mal camino en que se ha engolfado 
por complacer á sus colonos de Demerara. Que los 
empresarios, y capitalistas, y comerciantes Británicos 
interesados en la prosperidad de sus negocios en Ve- 
nezuela perderían mucho, si no todo, en caso de sus- 
penderse sus relaciones con este país; cosa es de su3^o 
evidente, así como h^s males que entonces caerían sobre 
la vecina isla de Trinidad y de Barbada; de suerte que 
en el particular no puede desconocerse la autoridad de 
su testimonio. 

No cabe decir lo mismo, hablando en derecho es- 
tricto, de lo que escribe acerca de la probable decisión 
del arbitro á quieri se sometiese la disputa. A él le 
parece extrd.ño que Venezuela pretenda obtener las ver- 
tientes del Hseqaibo, y supone que más bien puede el 
Brasil reclamarlas. 



174 LIMITES DE GUAYANA 

Seguro está que hubiera dicho eso, si leyera et 
tratado de límites entre Venezuela y el Brasil que se 
firmó en Caracas á 5 de Mayo de 1859, y en el cual se; 
describe la última parte de la línea divisoria de este- 
modo. «Seguirá por la cumbre de la Sierra Parima. 
hasta el ángulo que hace ésta con la Sierra de Paca- 
raima, de modo que todas las aguas que corren al Río- 
Blanco queden perteneciendo al Brasil, y las que van 
al Orinoco, á Venezuela; y continuará la línea por los 
puntos más elevados de dicha Sierra de Pacaraima, de 
modo que las aguas que van al Río Blanco, queden^ 
como se ha dicho, perteneciendo al Brasil, y las que 
corren al Esequibo^ Cnyiini y Caro?ií á Venezuela^ hasta- 
donde se extendieren los limites de los dos Estados en sit 
parte oriental. y) 

Cuando en 1880 los Comisarios señores Miguel 
Tejera por Venezuela, y Coronel Francisco Xavier 
López de Araujo por el Brasil, hicieron la demarcación, 
el primero dijo en la 7a conferencia de 10 de Junio - 
«que creía como el Honorable señor Araujo, que el 
salto único del Maturacá debía ser considerado coma 
pnnto divisorio del canal por hallarse próximamente en 
su mitad y ser una marca natural, perdurable y cono- 
cida. Que.^ puesto que de allí la línea divisoria ha de 
seguir al cerro Cupí^ punto de doiide continúa.^ según el 
tratado.^ sin interrupción alguna., hasta más allá de las 
vertientes del Esequibo por numerosos picos y sierras que 
determinan de una ?nanera inequívoca y permanente el 
DIVORTIA ACOUARUM, que es por esta parte el límite 
entre ambos países., cuya posición en todo tiempo puede 
rectificarse sin posible motivo de controversia en cuanto al 
derecho., creí que con la fijación astronómica de dicho 
salto de Maturacá y la del cerro Cupí podía la Comi- 
sión INIixta poner sello á sus trabajos, según la letra. 



LIMITES DE GUAYANA ^75 _ 

del tratado que en su artículo 39 dice, que la línea sera 
demarcada en los pmitos en que fuere necesario, y^ 

En la conferencia 8a de 3 de Agosto de 1880 hicie- - 
ron este trazo. 

«De dicho cerro (Cupí) sigue la línea de límites- 
hasta dónde lleguen los dominios de ambos países, por 
cerros y serranías continuadas que marcan la división 
de las aguas, de manera que todas las que van al Orino- 
co, Cuyuni y Esequibo pertenecen á Venezuela, y todas las 
que van al bajo Río Negro al Brasil.y> 

Conviene hacer hincapié en este punto porque en^ 
ninguna de las fronteras presentadas se determina toda 
la extensión de ellas. Ei señor Fortique mencionó el 
Esequibo eii términos generales, sin expresar dónde, 
principiaría ni dónde terminaría la raya. Lord Aber- 
heen presentó una que empezaba en la boca del Morocc», 
y llegaba á las tierras altas á inmediaciones del monte 
Roraima, en que se dividen las aguas que fluyen al 
Esequibo de las que corren al río Blanco. Lord Gran- 
ville arranca de un lugar déla costa marítima á 29 
millas al Este de la margen derecha del Barima, y 
acaba siguiendo de la fuente del río Cuyuui en direc- 
ción del Sureste á la línea que propuso Schomburgk 
hasta el Esequibo y Corentín. El Doctor Rojas propu- 
so cierta línea que principiaba en la costa á una milla 
hacia el Norte de las bocas del Moroco, se cruzaba coa 
el meridiano de sesenta grados de Greenv/ich, y de allí 
seguía hasta los confines de ambos países. 

Es de advertir que la línea considerada indiscuti- 
ble por el Gobierno Inglés, y que es hacia el Oeste una 
extensión de la de Schomburgk, así como lo que ofre- 
ce someter a arbitramento, terminan en el monte Ro- 
raima. 



176 I.IM1TES DK GUAYANA 



Pero la designada en 1893 por Lord Rosebery 
como susceptible de arbitraje se dilata hasta abrazar los 
ríos Cumano y Aima, y prosigue á lo largo de la sierra 
Usupamo. 



LVl 



Sin embargo, según la geografía de Codazzi, la línea 
-que separa á Venezuela de la Guayana Inglesa, princi- 
pia cerca de los cerros de Macarapana en la boca del 
Rupununi ; sigue por la margen izquierda del Pvsequibo 
liasta su confluencia con el Cuyuni; por el curso de éste 
encuentra la boca del río Tupuru, cuyas aguas remonta ; 
llega por allí alas cabeceras del Moroco, y bajándose 
va á terminar en el Océano Atlántico frente al cabo 
Nassau, Aquí el Coronel Codazzi se atuvo al hecho, y 
no al derecho, cuando, en vez de seguir la demarcación 
á lo largo del Esequibo, la llevó por el Tupuru y el 
Moroco; lo que es tanto más extraño, cuanto en sus 
mapas marca con un color distinto el espacio entre el 
Moroco y el Bsequibo, y la nota «territorio que se con- 
sidera usurpado por los Ingleses.» 

Hablando de los límites y conñnes de Guayana, 
describe el mismo la raya divisoria de Venezuela y el 
Brasil, y en la parte final de ella dice que pasa por la 
sierra Tapirapecó, tomando las crestas de la serranía de 
Parima, y luego por los cerros Putuibirí, Varima, Mas- 
hiati, Merevari y iVrivana, que se unen á la sierra de 
Pacaraima, y por esta cordillera, aguas vertientes, va á 
encontrar el Rupununi en su desembocadero en el Ese- 
quibo, pasando por los cerros de Maracapans. Después, 
por la margen izquierda del Esequib ^ ^mio se ha dicho 
arriba. 



I^IMITES DE GUAYANA 1 77 



La Geografía de Montenegro lleva más adelante la 
frontera de Venezuela, pues la extiende hasta la Gua- 
yana Francesa hacíalos 2°io' de latitud Norte y s^°4' 
de longitud occidental, en la unión de las sierras Tu- 
inucuracjue y Aracay. Principia la línea en el Pomarón, 
y por su margen occidental sigue á buscar en las sierras 
de Imataca las cabeceras de los riachuelos que lo for- 
man; se dirige hacia el sureste por la cima de la misma 
cordillera y desciende á la confluencia del Cuyuni y del 
Mazaruni, ó paraje llamado Jil Brazo\ sigue por la 
margen izquierda del Hsequibo hasta el promedio de las 
desembocaduras del Sibarona y del Rupunuvini. Bn- 
tonces cruza el Bsequibo, y se encamina hacia el Bste 
y luego hacia el Kste ^ Sureste por 286 millas, casi 
todas por las cimas de las cordilleras de Tumucuraque, 
inclinándose después al Sureste hasta llegar á la de 
Aracay, donde habitan los Indios Chiriguanas. Hn se- 
parándose la línea dicha de las márgenes del Esequibo, 
demoran al Noreste de aquel extremo de la Guayana 
Venezolana la misma Guayana Inglesa, á la cual per- 
tenece en el enunciado espacio una frontera de 100 
millas; la Guayana Holandesa, ala cual tocan 166, y la 
Guayana Francesa, á quien corresponden 70, habitadas 
éstas en parte por los Chiriguanas.» 

De igual opinión participa el señor Doctor Fran- 
cisco Javier Mármol, á quien la circunstancia de ser 
Gobernador de la provincia de Guayana en 1857, y su 
consiguiente familiaridad con las pretensiones y hechos 
de la colonia de Demerara, y la topografía de aquellas 
regiones, á la par que sus luces y sentimientos de 
patriota, y la necesidad de adoptar disposiciones defen- 
sivas, empeñaron en el estudio de la grave cuestión de 
lím:'"- =■ Hn el año de 1878 publicó en esta ciudad 

el fí -e sus observaciones. Posteriormente pasó á 

12 



1 78 LIMITES DE GUAYANA 

España en demanda de nuevos datos que trasmitía al 
Gobierno, y, antes de finalizar sus tareas, le sorprendió 
la muerte en Sevilla cuando se ocupaba en el examen 
de sus arcbivos. 

El ingeniero y brigadier Español Don Francisco 
Requena, comisario de límites para demarcar por Es- 
paña los de sus posesiones y las Portuguesas en la 
América Meridional, que escribió muchas memorias 
acerca del objeto, fué largo tiempo Gobernador de Mai- 
nas y permaneció por aquellos lugares, sin perderlo 
nunca de vista, durante doce años, formó también en 
T796 un mapa de la mayor parte de los países por donde 
debía trazarse la línea divisoria de dichas posesiones, y 
esto en virtud de real orden. Pues bien, allí pone la 
capitanía general de Caracas confinando con la Guayana 
Holandesa y la Francesa. 



LVII 



De acuerdo con esas mismas ideas, el propio gene- 
ral Ingeniero presentó á su corte en 27 de Agosto de 
1892 una memoria, encaminada á demostrar que la de 
Portugal no había podido ceder á la República France- 
sa, porque eran Españoles, los terrenos estipulados por 
el tratado de 29 de Setiembre de t8oi. Esto resultaba 
de que su artículo 40, después de señalar los límites 
por la costa del mar entre las dos Guayanas Francesa y 
Portuguesa en el río Carapanatuba, continúa fijándolos 
en lo interior por la corriente de él basta sus fuentes, 
de donde seguirán «por la gran cordillera de montañas 
que parte las aguas ; seguirán los recodos de esta cor- 



LIMITES DE GUAYAN A lyg 



dillera hasta el punto en que se acerca más al río 
Blanco, hacia el segundo grado y un tercio al Norte 
del Ecuador.» Bsto lo halla Requena en contradicción 
con el artículo 129 del tratatado Hispano-Portugués de 
1777, que dispone que, cuando la demarcación se aparte 
de los ríos «haya de continuar la frontera por los mon- 
tes que median entre el Orinoco y el Marañón ó Ama- 
zonas,» con referencia al artículo 90 del de 1750 que 
añade «hasta concluir dicha línea hacia el Oriente doü- 
de finalizan los dominios de ambas monarquías.» 

Hay otros mapas que coinciden con el de Requena. 
Por ejemplo, el de Colombia en 1835, sobre el modelo 
del de Le Sage, por Giambatista Albrizzi, da á la Gua- 
yana Venezolana el límite del Bsequibo y la lleva á 
confinar con la Francesa. 

En el mapa de la Guayana Británica que va al 
principio del folleto publicado en Londres, el año de 
1840, por Schomburgk con el título de «Descripción de 
la Guayana Británica,» y del cual dice él mismo que 
no es completo porque muchos de sus pormenores estri- 
ban en informes obtenidos de los naturales, se delínea 
como pretensión de la Gran Bretaña una raya que^ 
empezando en el Amacuro, abarca los de Venezuela y 
del Brasil, y, después de haber llegado á la sierra. 
Acaray, retrocede en dirección del Norte á la boca del 
Coren tin. 

A Venezuela se atribuye en ese plano la pretensión 
de deslindarse de la Guayana Británica desde el cabo 
Nassau por una línea que de allí parte hacia la desem- 
bocadura del Cuyuni en el Esequibo, corre después por 
éste hasta el punto en que confluye con él el Rupu- 
nuni, y en fin, siguiendo el último río se dirige á la 
Sierra Paracaima. 



1 8o LIMITES DK GUAYANA 



No será malo repetir que, por real cédula de 9 de 
Marzo de 1780, el Gobierno Español confirmó en todas 
sus partes la instrucción dada por el Intendente Ge- 
neral de Venezuela á los Comisionados para poblar y 
ocupar terrenos en la provincia de Guayana. Allí se 
les decía: «que la colonia Holandesa de Bsequibo 5'' 
demás de los Estados Generales en aquella costa se 
hallaban por lo común en las márgenes de los ríos con 
inmediación á la orilla del mar, sin penetrar mucho 
en lo interior del país, y que por lo mismo á ¡as es- 
paldas del Esequibo y demás posesiones Holandesas^ cor- 
riendo por el Oriente hasta la Gíiayana Francesa y por 
el, sur hasta el río de las Amazonas, estaba el terreno 
desembarazado de parte de ellos, y sólo ocupado por 
indios gentiles y crecida población de negros fugitivos, 
esclavos de los Holandeses; que los Comisionados pro- 
curasen ocupar dichos terreólos como pertenecientes á la 
España^ su primera descubridor-a^ y no cedidos ni ocu- 
pados en el día por iiinguna otra potencia ni que tuviese 
título para ello^ avanzando en la ocupación cuanto fuese 
posible hasta tocar con la Guayana Francesa.y> 

El señor Francisco Antonio Silva, Cónsul General 
que fué de Venezuela en Nueva York, imprimió allí 
en 1887 una carta por él dirigida al señor Geo. W. 
Gibbons, presidente de la Liga de Anexión Americana, 
y que versa sobre la materia que nos ocupa. El autor 
se propuso allí demostrar lo aplicable que es al caso la 
doctrina de Monroe, de acuerdo con las opiniones de los 
periódicos xThe New York Herald,» «The Sun,» «The 
Daily Graphic,» déla propia ciudad, y «The American,» 
de Baltimore, en contraposición al «The New York 
Times,» el cual juzgaba ser cosa antigua y anterior á la 
dicha doctrina el asunto de Guayana, y procura la apli- 
cación de ella al mismo. 



i^iMiTEs de; 'GUAYANA 



Al intento hace breve reseña de los rasgos carac- 
terísticos de la cuestión desde sii origen hasta 1887. 

Pasa después á examinar la extraña teoría del in- 
geniero alemán Roberto Scbomburgk, quien dijo al 
Gobierno á cuyo servicio estaba que, poniendo un cañón 
etí Punta Barima, dominaría el Orinoco y con él los ríos 
de las Amazonas y de la Plata; que con esto la Gran 
Bretaña, dejando á un lado el derecho internacional, los 
tratados, la geografía, llevaría á cabo sus miras mer- 
cantiles. Que no otra cosa quiere, bien lo dice la Enci- 
clopedia Británica de Chamber, última edición revisada 
de 1886, volumen 59 con estas palabras. 



LVIÍI 



«Los límites de las posesiones Británicas no se han 
determinado nunca exactamente. Si adoptamos la idea 
de Sir Robert Schomburgk, y tomamos las indicaciones 
naturales como guía conveniente de los límites geográ- 
ficos, debemos incluir todas las regiones cuyas aguas 
caen en el río Ksequibo; y tomando el río Corentín co-' 
mo la reconocida línea de demarcación entre la Guaya- 
na Británica y la Holandesa, llegamos á tener una área 
de 76.000 millas cuadradas ; territorio mucho mayor que 
Inglaterra y Gales. Si, por otra parte, han de ser admi- 
tidas las pretensiones de los Gobiernos de Venezuela y 
del Brasil respectivamente, entonces la porción Britá- 
nica se reducirá á algo más de 12.000 millas, y se con- 
vertirá en la menor de las colonias Europeas en esta 
región.» 

La misma Enciclopedia añade : 



l82 LIMITES DE GUAYANA 

«Cuando los Holandeses empezaron á establecerse 
en las orillas del Pomarón fueron pronto expulsados 
por los Españoles, y no fué sino en 1.602 cuando logra- 
ron poner el pie en el río Esequibo.» 

Aquí viene de molde la observación escrita antes, 
de que los Ingleses proceden como si se tratara de divi- 
dir entre comuneros una qos2í pro mdiviso^ ó más bien 
como si se le hubiese hecbo una donación ó legado de- 
jando al favorecido la facultad de escoger lo para él más 
conveniente. Pero la cuestión no es ésa, sino la práctica 
del deslinde conforme á los títulos que las partes pre- 
senten. 

Que la colonia resultara pequeña si se admiten 
las pretensiones de Venezuela y del Brasil, y grande, 
si se adoptan las ideas de Scliomburgk, no es argu- 
mento digno de unos señores enciclopedistas. 

Volviendo á la carta del señor Silva, diremos que 
alude á la pretensión del miembro del parlamento señor 
Watt, de que se adelantasen los límites basta abarcar 
las minas del Yuruari, en algunas de las cuales tiene 
derecbos. 

Se socorre del significativo convenio de extradición 
Español-Holandés de 1791, que es la prueba bilateral 
directa más concluyente de no tener entonces los Países 
Bajos otros establecimientos que los de Demerara, Ese- 
quibo, Berbice y Surinam. 

Demuestra que la doctrina de Mouroe, opuesta á 
los cambios de gobierno en América y á la adquisición 
de nuevos territorios en ella por potencias Europeas, 
comprende de lleno este caso, en que la Gran Bretaña 
impone la monarquía á los pueblos de que se apodera, 
y ocupa territorio.:) ajenos tan importantes como las 
bocas del gran río Orinoco. • 



I^IMITES DT GüAYANA 1 83 



Insiste en que los Estados Unidos tienen, para 
ante las generaciones presentes y las futuras, el deber 
de introducir en América el sistema del equilibrio po- 
lítico, cerrando á los Buropeos el Orinoco cuya llave 
tiene Venezuela, sin descansar confiados én su actual 
poder y prosperidad, que ya aquéllos amenazaron con 
su conducta en la guerra de escisión, y porque Inglaterra 
prepara nuevos entorpecimientos desde sus próximas y 
extensísimas posesiones. 

Demuestra á los Estados Unidos que se han de- 
jado supeditar en punto de comercio por los Ingleses, 
quienes han monopolizado casi todo el del Brasil, la 
República Argentina, Chile y hasta el Perú. Lo apoya 
con guarismos evidenciando que los dos pritneros paí- 
ses importan de Inglaterra $ 55,903,000 y de los Es- 
tados Unidos $ I T. 167,000; exportan para Inglaterra 
$ 60.755,000 y para los Estados Unidos $ 7.128,000. 
Así en el primer caso resulta á favor de ella una 
diferencia de $ 44.736,000; y en el segnndo, la de 
$ 53.627,000. 

Encarece el colosal aumento de poder que adquiri- 
rá la Gran Bretaña, si llega á dominar el Orinoco y los 
ríos de las Amazonas y de la Plata, la Gran Bretaña, 
que aspira, cuando no al imperio político del universo, 
al imperio comercial del mundo, para lo cual le sirven 
de elementos su progreso científico, su poderosa marina, 
la exuberancia de su dinero, sus grandes capitales sin 
par, sus posesiones en los lugares más importantes de 
la tierra, sus 310.000.000 de habitantes, y, como base 
de su política y grandeza, sus intereses mercantiles y 
políticos, con los cuales se cree única potencia capaz 
de realizar un plan tan ^asto. Tomando hoy posesión 
del Orinoco y mañana, con cualquier pretexto, del 
Amazonas y del río de la Plata, y penetrando en toda 



184 LIMITES DE GUAYANA 

la América del Sur, añadirían 18.000.000 de kilómetros 
cuadrados á los más de 23.000.000 que ya posee en 
diferentes partes del mundo, y 40.000.000 de habitantes 
á los 310.000.000 con que cuenta; y entonces ¿qué 
imperio halDría comparable con el suyo? 

Hace memoria de los proyectos de tres grandes 
confederaciones que se han ideado hasta ahora. 19 El 
de toda la América Española, con inclusión del Brasil, 
México y Santo Domingo. 29 El de todos estos países, 
España y Portugal, con sus colonias en América, Áfri- 
ca, Asia y Oceanía, y 39 El de todas las Repúbli- 
cas Hispauo-americanas, con el Brasil y los Estados 
Unidos. 



LIX 



La primera tendría en extensión más de i8.ooo.ooq 
de kilómetros cuadrados, y en población cerca de 
40.000.000 de habitantes. 

La segunda tendría de extansión más de 24.000.000 
de kilómetros cuadrados, y más de 76.000.000 de habi- 
tantes. 

La tercera más de 30.000.000 quilómetros cuadra- 
dos en extensión, y más de 100.000.000 de habitantes. 

En una ú otra de estas tres grandes confederacio- 
nes, cada Estado conservaría su propia forma de Go- 
bierno 3^ su respectiva independencia. 

Relaciones políticas de cada una de las tres confe- 
deraciones nombradas. 

Ciudadanía recíproca. 

Relaciones internacionales. 

Alianza ofensiva 3^ defensiva. 



I^IMITES DU GUAYANA 1 85 



Relaciones comerciales. 

Liga fiscal basada en el libre tráfico ó comercio re- 
cíproco. 

Un tribunal federal, encargado por cada Estado de 
decidir por medio del arbitramento, y no por el de la 
guerra, todas las cuestiones entre diclios Estados. 

El primer pro3'^ecto es el de Bolívar, el segundo, el 
de un ilustre Capitán de la marina Española, y el ter- 
cero, el de un grande estadista Americano. 

El señor Silva no hace más que llamar la atención 
á esos proyectos, diciendo que pueden realizarse separa- 
damente por cada una délas tres razas indicadas. 

Creemos que los sucesos han de llevarnos pronto 
á una de dichas tres confederaciones, como necesidad de 
los débiles contra los fuertes. Todas nuestras constitu- 
ciones, desde la de 1830 hasta la de 1893, lo han visto así,, 
y han dispuesto que el Gobierno de Venezuela trate con 
los demás de América sobre pactos de alianza ó confe- 
deración. No pocas tentativas se han hecho en este 
camino; pero han fracasado fatalmente. 

Venezuela no puede olvidar los consejos de su Li- 
bertador, y habrá de comenzar por la reconstitución de 
Colombia en la forma federativa. Confiamos en que la 
llevará á cabo, y la obra resultará tan útil como du- 
radera. 

El señor Silva opina que la desavenencia por Gua- 
yan a no pasará adelante con sólo que la Secretaría de 
Estado, sin cañones ni ruido, escriba una ó dos notas 
diplomáticas que induzcan á la Gran Bretaña á prestar 
oído á la voz de la razón y del derecho ; bien así como 
lo presló Francia en 1867 sacando de Méjico sus fuer- 
zas á exigencias de Mr. Seward. 

El señor Silva concluye citando una carta del Mi- 
nistro en Londres, General Guzmáu Blanco, en que se 



1 86 LIMITKS DE GUAYANA 



le dice que Venezuela no pide á los Estados Unidos que 
arreglen su cuestión de límites con Inglaterra, sino 
sólo que no dejen á esa potencia Europea adquirir nue- 
vo territorio Americano ; que ella ha tomado posesión 
no sólo de lo que estaba en disputa, es decir, del Fema- 
ron al Amacuro y Punta Barima, sino también del te- 
rritorio que Venezuela nunca había entendido se le 
disputase; dando por única razón que Inglaterra lo pre- 
tende; que ésta es una descarada apropiación que el 
Gobierno Inglés reconoció en posterior declaración, 
diciendo que las concesiones para el laboreo de minas 
se dejaban á la decisión déla disputa de límites; que 
se trataba de adquirir territorio en América por vio- 
lencia, y por lo tanto se aplicaba al caso la doctrina de 
Monroe. 

No nos parece por demás decir algo de un discurso 
que en el Everett Hall, Brooklin, pronunció el señor 
John Roone}^, abogado, el 17 de Diciembre de 1891, con 
motivo de un banquete á él dado por sus amigos, rego- 
cijados de c[ue el Gobierno de Venezuela le hubiese 
conferido la orden del Busto del Libertador Simón Bo- 
lívar. Más de cien invitados concurrieron á la comida. 
Venezolanos unos, la mayor parte Americanos del 
norte. Hubo varios brindis, entre ellos los del General 
Kerwin, del señor Napoleón Domínici, del señor Rooney 
y del señor Denman. Al fin de la fiesta el mismo señor 
Rooney pronunció otro más extenso, del cual hacemos 
algunos extractos, en lo que tiene de notable. 

Su tema fué la usurpación de la Guayana de Vene- 
zuela por los Ingleses. Eo expuso con valentía y abun- 
dancia de amargas verdades. Nota la inconsecuencia de 
la Gran Bretaña en buscar el arbitramento en las cues- 
tiones con los fuertes como los Estados Unidos, respecto 
~ de las pesquerías en el mar de Behring, y con Erancia 



I,IMITE3 DK GUAYANA 1 87 



-en cuanto á las de Terranova; y eu negar el empleo del 
mismo recurso por débiles á Portugal y Venezuela, 

Pone de manifiesto que el propósito del Gobierno 
Inglés, desde el comienzo de la cuestión, no ha sido otro 
que el de apoderarse del río Orinoco, el cual con sus 
afluentes se comunica con el Amazonas, y por medio de 
este gran río cou casi toda la parte más rica de la Amé- 
rica del sur; que ésta es la clave de la acción Británica 
en Venezuela durante el último medio siglo. Hubiera 
podido añadir que durante una centuria, porque no á 
otra cosa miraba en su conquista de la i^Ja de Trinidad 
^n 1797, conquista que desmembró el territorio de la 
Capitanía general de Caracas, y que, sobre los perjuicios 
que en la cuestión del Orinoco ha de causar á la Repú- 
blica, le trae también el de la diminución de sus habi- 
tantes. Ya nos dijo el señor Mathews que para 1889 
•existía allí una colonia Venezolana de 8.000 individuos; 
algunos la elevan á mayor guarismo. 



Lí 



El señor Pv^ooney hace empeño de demostrar que 
no es compatible la doctrina de Monroe con la diploma- 
cia Europea. Aquellos países se creen con derecho á 
intervenir en cuestiones de territorios que no son su- 
yos, pero en las cuales tienen interés inmediato. Las 
potencias occidentales han combatido hasta con las ar- 
mas cuando se ha tratado de contener los avances de 
Rusia hacia Constantinopla, como que esto fué la causa 
de la guerra emprendida contra aquélla por la alianza 
4e Francia, la Gran Bretaña y Cerdeña con Turquía ; 



i^iMiTKS de; guayana 



y de la intervención que ejercieron por medio del Con- 
greso y tratado de Berlín, que annló el de San Estéfano. 
Alemania lia declarado el mismo principio en el referido 
caso, y en el de Trieste. La misma Inglaterra está de 
Heclio dominando en Egipto, cuya ocupación mantiene 
ha largo tiempo. Lord Granville y Lord Salisbury 
protestaron contra el protectorado de Trípoli. El Go- 
bierno Francés sostiene con la fuerza sus derechos 
excepcionales en el Norte de África. Inglaterra hace 
otro tanto siempre que se trata de cualquier territorio, 
que de cualquier modo conduzca a India. Los Estados 
Unidos han manifestado la misma doctrina respecto á 
la controversia con las islas Samoa y la invitación diri- 
gida al gobierno de las de Sandvvácli para que asistiese 
á la Conferencia de las Naciones Americanas en Was- 
hington. Con igual razón los Estados Unidos se hallan 
autorizados para tomar parte en las cuestiones que Eu- 
ropa tenga con estos continentes occidentales, que tienen 
particular interés para ellos. 

El señor Rooney da la historia de la presente cues- 
tión tomándola de atrás y trayéndola hasta la época en 
que habla, con bastante exactitud en general, si no- 
falta de una que otra inadvertencia. 

Después recuerda á los Estados L^uidos que están 
ellos haciendo grandes esfuerzos para obtener el co- 
mercio con la América del Centro 3/ del Mediodía, 
objeto de la reciente Conferencia de Washington. De 
allí resultó entre otras cosas un proyecto de ferrocarril 
internacional que estrechara más los lazos eutre todas 
las Repúblicas Americanas. Pero, si las potencias ex- 
tranjeras pueden libremente anexarse los territorios de- 
la América del Sur, entonces la tal Conferencia 3' la 
doctrina de Monroe se truecan en una ilusión. El co- 
mercio de que se habla, asciende por año á $ 850.000.000,. 



LIMITES DK GUAYANA 



de los cuales sólo $ 420=000.000 representan las mer- 
cancías introducidas de los Estados Unidos y de Eu- 
ropa. A ellos nó les tocan más de $ 130.000.000; 
de éstos $ 40.000 denotan sus exportaciones. Para 
quitar ese comercio á las naciones Europeas que lo 
disfrutan, á pesar de la actividad febril y la invención 
mecánica 3^ la cercanía de los Estados Unidos, no es 
adecuada una política indiferente y expectante. Menos, 
cuando no está lejos el día en que se abrirá nueva línea 
de comunicación al través del istmo. Esa comunica- 
ción la llamó un Presidente de aquel país «parte inte- 
grante del litoral de los Estados Unidos.» La Gran 
Bretaña desea obtener el dominio de esa parte del litoral 
de ellos. Ji/ Times de Londres dice «que la posición 
de Inglaterra, con relación al canal, es inexpugnable, y 
que á ella le importa se conserve la libertad del comer- 
cio internacional.» Ahora bien, convirtiendo al Orinoco 
en un río Británico, tendrá más facilidad para llevar á 
cabo sus planes comerciales, dictar leyes en ambos 
océanos y ser arbitro del mundo. Construido el canal, 
se reducirán á la mitad el tiempo y los gastos de la 
navegación á China, al Japón, las islas Sandwich y la 
mayor parte de la India Oriental, y el consumo de las 
producciones y manufacturas Europeas vendrá á ser el 
doble. En un informe remitido al Secretario de la ma- 
rina de los Estados Unidos hace ya algunos años, se 
dijo que la construcción del canal ahorraría las siguien- 
tes distancias sobre la ruta del Cabo de Hornos ; de 
Nueva York á Shangai, 11.600 ; á Valparaíso 81.000; 
al Callao 10.000 ; á San Francisco 14.000 ; á Cantón 
10.900; y á Calcuta 9.600. Reduciría también en debi- 
da proporción la distancia á Australia, Nueva Zelandia 
y otros países. 

«Naturalmente los Estados Unidor. s demás Re- 



IQO LIMITES DE GUAYANA 

públicas de la América Central y del Sur, las del Paci- 
fico serán las que del canal más se aprovechen. Los. 
primeros aumentarán sus comunicaciones por allí con 
sus Estados Occidentales. Después de ellos la Grarz 
Bretaña es la que tiene mayor interés en el canal. Por 
él podrá enviar sus producciones á esos mismos Estados 
del Pacífico, cuyo comercio asciende á más de 600.00a 
toneladas por año, con un valor á £ q.ooo 000. Lo- 
usaría también para la mitad de su comercio con Méxi- 
co que representa un valor de £ 2.250.000, y su comer- 
cio con Chile, que equivale á 600000 toneladas, con un 
valor oficial de £ 9.000.000 por año.» 

- ((Además los difíciles problemas que aun embara- 
zan á la administración del canal de Suez, hacen que- 
sea ventajoso para Inglaterra obtener otra comunica- 
ción con sus colonias Australianas y con el Imperia 
Chino. Por causa del enorme tráfico y los fuertes de- 
rechos, resulta que los trasportes á la India ascienden 
á cerca de 40 por ciento de las importaciones totales de 
Asia y de las colonias Australianas á Inglaterra; y no 
más de 30 por ciento de sus exportaciones á aquellas 
regiones pasa por el Canal de Suez. El resto se envía 
por la ruta del Cabo de Buena Esperanza. El valor 
actual del comercio Británico con la Australia solamen- 
te, importaciones y exportaciones, asciende á la enorme 
suma de £ 550.000.000 por año. Y este comercio está 
creciendo cada día más. Ahora pues, se verá fácilmen- 
te que Inglaterra, en vista de sus intereses comerciales, 
quiere apoderarse de la administración del Caial Ame- 
ricano, ó por lo menos se opone á que nosotros lo obten- 
gamos.» 

((Las personas que obstinadamente se oponen á que 
tengamos una política exterior, olvidan que no es polí- 
tica exterior proteger nuestros propios intereses. Ade- 



LIMITES DE GUAYANA I9I 



más los Estados Unidos están llamados á ser la nación . 
comercial del porvenir, que monopolizará el comercio 
del hemisferio occidental, con exclusión, de la Gran 
Bretaña ú otra nación cualquiera. Pero esto no se lo- 
grará fácilmente sino cuando la doctrina de Monroe 
equivalga á algo mayor que una tradición. Nuestros 
hombres de Estado en Washington han observado hasta 
ahora una política negativa, en lugar de poner los ci- 
mientos que soportarán el edificio de la supremacía 
Americana, ya sea comercial, ya políticamente, en el 
hemisferio occidental, y obtener el lugar que nuestra 
posición nos concede en el comercio de las naciones 
Americanas.» 

«Para lograr esto, los Estodos Unidos no necesitan 
adoptar ninguna nueva ó agresiva política. Todo se 
reduce á decir apártense á cualquiera nación que pre- 
tenda ejercer su dominio dentro de la órbita comercial 
ó política de los Estados Unidos. Esta ha sido la po- 
lítica que hemos seguido. Causamos el retiro de las 
tropas Francesas de México, y de esa manera pusimos 
fin al imperio de Maximiliano; declaramos nuestros de- 
rechos respecto á las islas de Sandwich y de Samoa, y 
hemos declarado asimismo que ninguna potencia ex- 
tranjera poseerá la isla de Cuba, dado el caso de que 
España tuviese que desprenderse del dominio de esa 
isla. ¿Cómo es, pues, que en vista de esa política tia- 
dicional, política que ha sido definida por nuestros 
hábiles hombres de Estado y por la opinión pública, 
debemos consentir en las usurpaciones que la Gran 
Bretaña está cometiendo en el territorio de nuestra 
república hermana, Venezuela, y de esa manera per- 
mitir el desmembramiento de nuestros intereses vitales, 
como se ha sugerido ya? Es un error snponer que la 
«doctrina de Monroe» ha sido sostenida únicamente por 



192 LIMITE.S DE GUAYAN A 



los Bstados Unidos. Se lia apelado á ella en varias 
ocasiones, y últimamente por Venezuela en conex.ión 
con las dificultades actuales. , Pero ciertamente la de- 
«claración más significativa y enérgica que con relación 
á la «doctrina de Monroe» se ha hecho desde que su 
autor la anunció al mundo, se debe al Presidente de 
la República del Brasil, cuando recibió las credenciales 
del Ministro de los Estados Unidos. Kn su respuesta 
el Presidente Fonseca dijo entre otras cosas: «Aunque 
somos los últimos que entramos en la comunión de re- 
públicas que, comenzando con la gloriosa declaración 
-de independencia, ha dado al mundo una lección de 
libertad y progreso humano, no obstante estaremos 
entre las primeras filas de los defensores de las insti- 
tuciones republicanas que bendicen á nuestro hemis- 
ferio, y como vuestros colaboradores en la obra de la 
civilización, paz y felicidad Americana. En tiempos de 
la monarquía, dijo en esta capital un ilustre sabio, 
compatriota vuestro, que ya no existían dos Américas. 
Hoy con mayor razón puedo afirmar que todos los Es- 
tados de America se hayan unidos por la fraternidad 
de sus instituciones y por la identificación de sus des- 
tinos. A los sentimientos de una nación independiente 
de que disfrutan los ciudadanos de la república que se 
extiende desde el hielo de vuestros lagos septentrio- 
nales hasta las montañas de nuestros vecinos del sur, 
en medio de las cuales se halla el corazón Brasilero 
latiendo pulsaciones de patriotismo, va unido el senti- 
miento de la gran patria Americana al símbolo más 
excelso de la fraternidad de un pueblo libre unido por 
un ideal común. Esa esperanza que usted acaricia, 
señor Ministro, no es una esperanza únicamente, sino 
un hecho palpable. A pesar de las distancias somos 
más que vecinos, somos hermanos, y, si las condiciones 



LIMITES DE GUAYANA 1 93 



■de la naturaleza ó las leyes de la historia hacen que 
vuestro país y el Brasil sean las repúblicas de más 
dilatado dominio en América, con mayor razón debemos 
darnos la mano para la defensa futura de nuestros de- 
rechos y los de las repúblicas hermanas.» 



LXI 

Bl señor Roonej^cree que con estas palabras del Pre- 
sidente Fonseca quedó trazada la gran confederación de 
las repúblicas Americanas del norte y del sur, unidas 
por los lazos de interés común, político y comercial, cada 
una soberana en su propio dominio, pero moralmente 
ligada para la defensa y conservación de los derechos y 
libertades de sus vecinas. 

Acaso no sea inoportuno observar que la nueva 
república del Brasil no ha sido esperanza frustrada, 
como algunos se han dejado decir erróneamente. No 
sólo ha dominado las sublevaciones de algunas partes 
del sur, sino también la de la mayor parte de la escua- 
dra; obra creíblemente concebida y notoriamente ayu- 
dada por los enemigos de las institución s democráticas. 
Si de tan duras pruebas ha salido triunfante, verosímil 
es qae salga con el mismo buen éxito de las posteriores, 
y que logre consolidarse. 

Kl señor Rooney está cierto de que se abrirá el ca- 
nal de Panamá dentro de diez años. Teme que los 
Franceses no arriesgarán $ loo.ooo.ooo en adición á 
los $ 270.000.000 que han invertido tan desastrozamente 
en la empresa. Juzga que no irán á ella capitales Ame- 
ricanos, absorbidos por la del canr^l de Nicaragua. Así 
le parece indudal'e que el otro se construirá con capi- 



^94 I.IMITES DK GUAYANA 



tales Ingleses, y que entonces, como sucedió con las del 
canal de Suez, el Gobierno Británico comprará las 
acciones del de Panamá; y con esto y con el dominio de 
las comunicaciones fluviales de la América del sur, 
podrá disponer de los intereses del cc'mercio de todo 
este continente del mediodía. 

Nota que el Secretario Bayard asumió un carácter 
enérgico en la cuestión Venezolana, al modo que sus 
predecesores Evarts, Frelingliaysen 3;- Blaine. 

Advierte que nada puede más fácilmente demostrar 
las brutales intenciones de Inglaterra, que la contesta- 
ción de Lord Salisbury al agente señor Doctor Pulido? 
negándose á someter á arbitraje la cuestión de límites, 
de no convenir Venezuela en ceder á la Gran Bretaña el 
territorio ya ocupado por ella, y eso en cuanto al que 
nunca lia poseído ni sobre el cual tiene el menor dere- 
cho, pero que trata de usurpar como amenaza. 

Afirma que el pueblo y prensa de los Estados Uni- 
nos piden unánimemente se aplique la doctrina de Mon- 
roe, sobre todo cuando la Gran Bretaña es la ofensora, 
y sólo se oponen los periódicos Anglo-americanos que, 
sobre ser pocos, carecen de influencia. Objetan princi- 
palmente que la cuestión de límites es complicada, y 
que la actitud beligerante de ambas partes es desfavo- 
rable para la conservación de la paz. Pero se les contes- 
ta que no hay tal complicación, y que no se comprende 
cómo se atribuyen designios bélicos á quien átoda cosía 
desea someter la cuestión á arbitramento. 

Que Venezuela tenga otras del mismo género, y 
que los listados Unidos no puedan sostenerla en todas, 
es argumento que rebate el señor Roone}^ afirmando que 
ella no ha pedido tal, y que además las partes á que se 
alude, convinieron en Washington en terminar por arbi- 
tramento sus dispatas de linderos. De relieve puso el 



LIMITES DE GUAYANA 195- 

absurdo de que no conviene entrar en negociaciones con 
Venezuela á causa de las revueltas políticas y guerras 
intestinas que á menudo la afligen, como si el que por 
ellas más necesita amparo, fuese de él menos digno. 

Indica que se requiere, más que el apoyo moral, el 
que compelió á la Gran Bretaña á someter al arbitra- 
mento la cuestión de San Juan, las reclamaciones del 
Alabama, el asunto del mar de Behring y otros. La 
misma causa que los lia precisado á no reconocer las re- 
clamaciones Británicas en la América Central, hijas de.- 
la usurpación, debe inducirlos ano mirar con indiferen- 
cia las expoliaciones que la Gran Bretaña comete en^ 
Venezuela, república de mayor importancia comercial y 
política para ellos, república que posee el segundo de 
los mejores ríos de A.mérica. 

El señor Rooney piensa que la presente dificultad 
puede arreglarse ó por la vía del arbitramento ó por la in- 
tervención de los Estados Unidos sosteniendo los dere- 
chos de Venezuela, como protectores que son y se han 
declarado de la integridad territorial de todo el conti- 
nente occidental. 

El señor Rooney concluye manifestando la espe- 
ranza de que los dos grandes partidos en el año siguien- 
te reiterarían en sus programas la intención de mantener 
vigente la doctrina de Monroe en su más lato sentido^, 
y predice que, si tal hiciesen, cualquiera que mandase 
en el nuevo período, emplearía todos los medios legí- 
timos y adecuados para extender las relaciones comer- 
ciales con las repúblicas de la América del sur; y, 
Venezuela como la primera de ellas, tendría ciertamente 
el espíritu nacional y consecuente para defender los in^ 
tereses de los Estados Unidos en esos países; lo que no- 
puede obtenerse sino defendiéndolos al mismo tiempo» 
contra las usurpaciones ó ataques extranjeros. 



-rgó LIMITES DE GUAYANA 



LXll 



Al llegar aquí, se publica el Libro Amarillo del 
presente año, que nos pone en proporción de continuar 
esta narrativa hasta las últimas peripecias del asunto. 

Movido constantemente por el deseo de dar punto 
á la grave y enojosa cuestión de límites de Guayana, y 
fortalecido en este propósito con insinuaciones del Go- 
bierno Británico, el de Venezuela diputó en 1893 un 
nuevo agente encargado de llevarlo á cabo. Fué el 
señor Tomás Miebelena, que para 23 de Mayo se en- 
contraba ya en Londres, y anunciaba su envío á Lord 
Rosebery, Ministro de Negocios Extranjeros. No más 
tarde que el día siguiente se le ofreció recibirle el 25. 
De resultas de la entrevista, en 26 pasó al Foreign 
Office un Pro Memoria titulado : «Bases para la cele- 
bración de un convenio preliminar entre los Gobiernos 
de S. M. Británica y de los Estados Unidos de Ve- 
nezuela, con el fin de arreglar las diversas cuestiones 
pendientes,» y que continúa así: 

«Primera. El Gobierno de la Gran Bretaña re- 
clamando ciertos territorios en la Guayana como suce- 
sora de los derechos de los Países Bajos y el Gobierno 
de Venezuela reclamando una porción de los mismos 
terrenos, como Heredera de España, animados de dis- 
posiciones amigables, y deseando poner término á las 
diferencias suscitadas en este asunto, respetando cada 
cual los títulos que comprueben la respectiva jurisdic- 
ción y propiedad sobre los territorios en discusión, 
convienen y estipulan que, ^restablecidas que sean las 
relaciones oficiales entre ambos países, previa la rati- 



LIMITES DE GUAYANA ^97 



ficacióu de este convenio preliminar por sus respectivos 
Gobiernos, se nombrará por cada parte uno ó más De- 
legados con plenas facultades para la celebración de 
un tratado de límites, basado en el examen concienzudo 
y detenido que ellos bagan de los documentos, títulos 
y antecedentes que legitimen las respectivas pretensio- 
nes, siendo además convenido que la decisión de los 
puntos dudosos ó demarcaciones de una línea fronte- 
riza en que no pudieren llegar á acordarse los Dele- 
gados nombrados, se someterán á la decisión definitiva 
é inapelable de un arbitro juris que será nombrado, 
llegado el caso, de común acuerdo, por uno y otro Go- 
bierno.» 

«Segunda. El Gobierno de Venezuela, con la mira 
d¿ restablecer bajo un pie de la mayor cordialidad las 
relaciones con el Gobierno de S. M. Británica, procederá 
á la celebración de un nuevo tratado de comercio, dero- 
gando el impuesto adicional de 30 p g , Y reempla- 
zándolo con otro de duración definida cual el propuesto 
por Lord Granville en 1884.» 

«Tercera. Las reclamaciones á que tengan derecho 
los subditos de S. M. Británica, y los ciudadanos de la 
República de Venezuela, contra uno ú otro Gobierno, 
serán materia del examen de una Comisión nombrada 
ad hoc, conviniendo en ello Venezuela en este caso 
especial, pues está atribuido el juicio y sentencia de las 
reclamaciones extranjeras, por decreto de la República, 
á la Alta Corte Federal, y se consignará, por tanto, 
que para las reclamaciones futuras se acepta por parte 
de la Gran Bretaña aquella disposición.» 

«Cuarta. Se hará constar en el convenio preliminar 
que tanto el Gobierno de S. M. Británica como el de 
Venezuela reconocen y declaran como siatu quo de la 



LIMITES DE GUAYANA 



'Cuestión límites, lel que existía en el año de 1850, cuando 
el honorable señor Wilson, Encargado de Negocios de 
Inglaterra en Caracas, hizo la declaración formal, en 
nombre y de orden expresa de S. M. Británica, de que 
no se ocuparía ninguna parte del territorio en disputa, 
exigieudo ¡la misma declaratoria de parte del Gobierno 
de Venezuela, como fué obtenida. Este statit qiio se 
mantendrá hasta la celebración del tratado de límites 
Mgue se menciona en la base primera.» 

«Quinto. El convenio que se formule sobre las 
"bases aquí propuestas y que será firmado por el Agente 
Confidencial de Venezuela, en uso de los poderes de 
que está investido, y por la persona debidamente au- 
torizada por el Gobierno de S. M. Británica, será tam- 
bién inmediatamente sometido á la ratificación directa 
•de ambos Gobiernos, y efectuado el canje, quedarán ipso 
Jacto restablecidas las relaciones entre ambos países.» 

«Londres, Mayo 26 de 1893.» 

Con fecha de 9 de Julio siguiente contestó Lord 
l^osebery de este modo: 

«El Gobierno de Su Majestad ha examinado cuida- 
dosamente las proposiciones hechas por U. en su memo- 
rándum de 26 de Mayo para el arreglo de las diversas 
cuestiones que existen entre el Gobierno de Venezuela 
y el de Su Majestad.» 

«La más importante de esas cuestiones, en la opi- 
nión del Gobierno de Su Majestad, es la de límites 
entre Venezuela y la Colonia Británica de Guayana; 
y creo que tiendo á simplificar la discusión si en esta 
nota me refiero sólo á ese punto, absteniéndome de 
ofrecer por el momento ninguna observación sobre las 
proposiciones contenidas en las cláusulas 2, 3 y 5 del 
Memorándum. Debo, en primer lugar, significar que, 



LIMITES DE GUAYANA 1 99 

á pesar de que las presentes proposiciones del Gobier- 
no Venezolano admiten la posibilidad de arreglar la 
cuestión límites por Tratado, el hecho de envolver 
también referencia al arbitraje en caso de diferencia 
entre los Delegados de los dos Gobiernos, encarga- 
dos de la negociación de ese Tratado, prácticamente 
las reduce á la forma en que han sido repetidas veces 
rechazadas por el Gobierno de Su Majestad, es decir : 
la referencia al arbitraje de una reclamación hecha 
por Venezuela á una gran porción de una Colonia 
Británica desde hace tiempo establecida.)) 



[.XIÍI 



«El Gobierno de Su Majestad considera por consi- 
guiente, que la cláusula primera del Memorándum 
puede ser aceptada solamente bajo las condiciones 
especificadas en el Memorándum comunicado al señor 
Urbaneja por Sir Th-Sanderson en nota de 19 de 
Marzo de 1890. Propondría que la primera cláusula 
del Memorándum se corrigiese de la manera indicada 
por las adiciones escritas con tinta roja en la copia que 
le incluyo.)) 

«Cuanto á la cláusula cuarta del Memorándum, en 
la que se propone que ambos Gobiernos, el de Su Ma- 
jestad y el de Venezuela reconocerán y declararán que 
el s¿afi/. qiio de la cuestión límites es el que existía en 
1850, el Gobierno de Su Majeitad considera que es 
enteramente imposible consentir en retroceder al statii 
quo de 1850, y evacuar lo que ha constituido por algunos 
años una parte integrante de la Guayana Británica. 
Deplora desde luego,, no poder aceptar esta proposición.)) 



200 I^IMITES DE GUAYANA 



«La declaración Hecha al Gobierno Venezolano en 
el año de 1850 por Sir Belford Wilson, el Encargado- 
de Negocios Británico, fué como sigue : que «mientras 
por una parte la Gran Bretaña no tenía intención de 
ocupar ó usurparse el territorio disputado, no podía, 
por la ocra, ver con indiferencia agresiones hechas por 
Venezuela en ese territorio.» Hl arreglo sobre estas 
bases fué interrumpido por Venezuela en distintas suce- 
sivas ocasiones, con anterioridad á ningún intento de 
parte del Gobierno de Su Majestad de ejercer jurisdic- 
ción en los distritos en cuestión. En el mismo año de 
1850 en que lá declaración fué hecha, el Gobierno 
Venezojano principió á establecer nuevas posiciones al 
este del Tumeremo, y en 1858 fundó la ciudad de 
Nueva Providencia, en la margen Sur del Yuruary. 
Otra vez, en 1876, licencias fueron concedidas por el 
Gobierno de Venezuela para traficar y cortar maderas 
en el distrito de Barima y hacia el Este de ese distrito. 
Bn 1 88 1, el Gobierno de Venezuela dio un privilegio 
de gran parte del territorio disputado al General Pul- 
gar ; y en 1884 hizo concesiones á la Compañía Alanoa 
y otras, á las que siguieron los actuales intentos de 
arreglo de territorio.» 

«En contraste con este procedimiento, la actitud 
del Gobierno Británico se hacía notar por su prudencia 
y grandes deseos de efectuar el ^arreglo con buena fe.. 
Eñ prueba de esta disposición debo mencionar que, 
cuando en 188 1 se le exigió una concesión en el terri- 
torio en disputa, se negó rotundamente á aceptar las 
proposiciones hechas por ciertos peticionarios, alegando 
para ello que las negociaciones seguían su curso con 
Venezuela : y no ficé sino hasta que las usurpaciones de 
la Conipañía Manoa principiaron á interrumpir la paz y 
el buen orden de la colonia^ cuando el Gobierno de Sw 



LIMITES DE GUAYANA 



Majestad decidió que tma ocupación efectiva del territorio' 
no podía retardarse más^ y tomó medidas para afirmar 
publicamente los que creía incontestables derechos de la 
Gran Bretaña. Estos derecJios no pueden ser abandona- 
dos.^ y el Gobierno Británico no consentirá, que otro STATU 
ouo que el que actualmente existe quede en fuerza duran- 
te el progreso de las negociaciones. 

«Me sería satisfactorio saber que usted está ert 
capacidad de aceptar esas modificaciones á sus proposi- 
ciones, porque sería objeto de sincera satisfacción al 
Gobierno de Su Majestad, ver que hay un prospecto- 
fácil para el restablecimiento de las relaciones diplomá- 
ticas entre ambos países.» 

o 

MODIFICACIÓN Á LA PRIMERA CLÁUSULA 

«Por cuanto el Gobierno de la Gran Bretaña recla- 
ma cierto territorio en Guayana, como sucesora en 
título de los Países Bajos, y el Gobierno de Venezuela, 
reclama el mismo territorio como heredera de España ; 
ambos Gobiernos, inspirados por amistosas intenciones. 
y deseosos de poner un fin á las diferencias que se han 
suscitado en este asunto^ y deseando ambos Gobiernos 
dar su respectivo valor á los títulos alegados por cada 
uno para probar su jurisdicción y derechos de propiedad 
sobre el territorio en cuestión, convienen y estipulan, 
que tan pronto como las relaciones oficiales se restablez- 
can entre los dos países, y después de la ratificación del 
presente convenio preliminar, por ambos Gobiernos, uno 
ó más Delegados serán nombrados por cada parte con 
plenos poderes para concluir un tratado fronterizo, fun- 
dado en un examen concienzudo y completo, hecho por 
los Delegados á los documentos, títulos y antecedentes 
que apoyen los reclamos de cada parte, conviniendo que- 



202 LIMITES DE GUAYANA 

el dicho territorio en disputa se encuentra al oeste de ¡a 
Une a puesta en el mapa enviado al Gobierno de Venezuela 
•^l ig de Marzo de i8go^ y al este de una linea que se 
•marcará en el mismo mapa^ corriendo desde el nacimiento 
del río Curnano^ siguiendo hacia abajo su corriente y hacia 
urriba el Airjia á lo largo de la sierra Usupamo^ y que 
la decisión de los puntos dudosos 3^ el delineamiento de 
las fronteras, si los Delegados no pudiesen llegar á un 
arreglo, serán sometidos á la decisión final, de la que 
no habrá apelación, de un arbitro jurídico, que será de- 
■signado, si el caso se presenta, de común acuerdo entre 
los dos Gobiernos.» * 



LXIV 



He aquí la asombrosa respuesta que dio Lord Ro- 
sebery á la más moderada y menos objetable demanda 
'de Venezuela. Con efecto, allí no se reclamó el Bsequi- 
bo, ni el Moroco, ni el Cuaima; sólo se propuso el nom- 
bramiento de Delegados que, con examen de los títulos 
que presentaran ambas partes, decidiesen qué heredó 
Venezuela, de España, qué Inglaterra, de Holanda, y 
-que los puntos de desacuerdo entre ellos se refiriesen á 
la decisión definitiva é inapelable de un árbitroy/^r/i". 
¿Cabía pedir menos? Pues bien, á eso no suscribe la 
Gran Bretaña. Conocida su falta de derecho, nada 
menos quiere que prejuzgar á su favor la cuestión exclu- 
j'-endo de ella lo que se ha cogido de mano poderosa, y 
tratando de poner á Venezuela en el inaudito degradan- 
te caso de aniquilar de una plumada las exigencias de 
su honra y su justicia, y de aceptar el arbitramento 
",-para fallar sobre pretensiones de última hora, y coni- 



LIMITES DE GUAYANA 203 



prensivas de territorios de que está en posesión, y que 
nunca se le habían disputado. Tanto valdría proponerle 
que autorizara á un arbitro para decidir si la República 
existe y es independiente. 

No somos nosotros los Venezolanos los únicos á 
-quienes sorprende semejante conducta. Léase lo que 
bajo el título de «Inglaterra y Venezuela» se publicó en 
The Obseiver^ de Trinidad, correspondiente al 15 de Fe- 
■brero último, y tomado del «Guardian.» «La pública 
opinión del mundo se muestra bastante unánime en con- 
denar como injustificable la contención Inglesa; y la 
República de la América del sur ha demostrado tener, 
cuando menos, conciencia de su derecho ofreciendo some- 
ter á arbitraje internacional- la materia déla disputa. 
Mas Inglaterra, que harto se alegra de aceptar este 
modo de dirimir las disputas con un contendor poderoso 
como los Estados Unidos, prefiere en sus tratos con Es- 
tados débiles é indefensos como Venezuela hacer uso de 
su poderosa mano, y en consecuencia ha tomado pose- 
sión del territorio controvertido, negándose al mismo 
tiempo á convenir en que un tribunal internacional 
.protíuncie fallo acerca de la validez de sus pretensiones.» 

Y éste es el mismo Lord Rosebery que en el año 
de 1886 ansiaba el arreglo de la cuestión, y al efecto 
prometía considerar como los extremos de ella la línea 
del Doctor Rojas y la de Lord Granville, y señalar como 
frontera el término medio de las dos por el camino de 
una Comisión Mixta ó Arbitramento. Entonces no habló 
délas infracciones del convenio de 1850, ni de la demar- 
cación de Schomburgk, ni de los indisputables derechos 
de la Gran Bretaña á más que ella, ni de la necesidad 
de reducir el arbitramento á las novísimas demandas 
que por primera vez asomó Lord Salisbury. ¿Cómo es 
■que el trascurso de siete años ha podido producir tal 



204 LiMiTKS de; guayana 

cambio? Entonces era Jefe del Gobierno Mr. Gladstone; 
en 1893 él también lo presidía. ¿Quién explicará esas 
transformaciones? Pero analicemos la contestación al 
señor Michelena. 

Se limitó al punto de frontera, con olvido de los 
otros. Cierto que el primero descuella por su importan- 
cia; pero el haberse unido con los otros dependió de la 
voluntad de la Gran Bretaña, que así lo propuso deli- 
beradamente en 1883 al Gobierno de Venezuela, y así 
lo había venido practicando. Debía pues, creerse que .se 
le agradaba siguiendo su plan mismo. 

Lord Rosebery reconoce que las actuales proposi- 
ciones hacen posible el arreglo de la controversia por 
tratado; pero la circunstancia de referir el caso de dis- 
cordia al arbitramento le induce á pensar que tienen 
la forma en que han sido antes rechazadas. 

Lo que el Agente de Venezuela indicó, fué la elec- 
ción de Delegados que celebraran un convenio basado 
en el examen concienzudo y detenido délos documentos, 
títulos y antecedentes que legitimaran las respectivas 
pretensiones, reservando á la decisión de un arbitro 
juris las dudas que se ofreciesen para el deslinde. " La 
objeción de Lord Salisbury se refiere, no sólo á la ma- 
teria de la sentencia arbitral; sino también á la materia 
déla negociación de los Delegados ; pues lo que exige 
es que no se tenga como asunto de disputa el derecho 
trasmitido á sus sucesores por España y Holanda, y que 
el Gobierno Inglés se ha apropiado para sí sólo con la 
violencia, sino una parte de las tierras Venezolanas con 
que nunca tuvieron que hacer los Holandeses, y que 
ha estado siempre en plena y tranquila posesión de- 
este país. 

Una cosa hay buena en la fórmula adoptada por 
Lord Rosebery, y es que consiente en dec/arar que e^^ 



LIMITES DE GUAYANA 205 

Oobierno Británico deriva sus dereclios de Holanda, 
con lo cual desaparecen los títulos Ingleses é Indios in- 
vocados por sus predecesores. 

Veamos á qué territorio se pretende aplicar el arbi- 
tramento, para lo cual conviene teñera la vista el plano 
que el Gobierno de Venezuela mandó imprimir en 1891 
■con las diversas líneas, á saber, la extrema pretensión 
Inglesa, la caprichosa línea de arbitraje marcada allí 
con el color verde, la alterada línea de Scliomburgk, la 
original del mismo, la de Lord GranviUe, la de Lord 
Aberdeen, la del Doctor Rojas, la de Lord Rosebery 
«n 1886, la del Doctor Fortique y la del Consejo de 
gobierno, ó del Doctor Viso. 



LXV 



Ahora dice Lord Rosebery que «el territorio en 
disputa se encuentra al oeste de la línea puesta en el 
mapa enviado al Gobierno de Venezuela el 19 de Marzo 
de 1890, y al este de tina línea que se marcará, en el 
mis7no mapa corriendo desde el nacimiento del río ,Cu- 
Tiiano^ sigiciendo hacia abajo su corriente y hacia arriba 
el Aima^ á lo lai-go de la sierra Usupanio.y> De donde 
resulta que, como el río Cumano no estaba compren- 
dido en la línea para la cual admitía arbitramento Lord 
Salisbury, y hoy se designa aquél por lindero. Lord 
Rosebery ha ensanchado considerablemente el espacio 
pretendido hasta incluir el tal río, aunque parece que 
disminuye en algo lo concerniente al Aima. 

Ks, pues, del todo autorizado el aserto de que las 
■demandas Británicas van creciendo de cada vez más. 



2o6 LIMITES DE GUAYANA 



La diferencia toma mayores proporciones^ si se compara. 
la última propuesta con la línea de la Punta Mocomoco- 
que Sir Th. Sanderson ofreció eu su postrer conferencia:, 
al Dr. Pulido, 5/ que iba de allí á tocar por el suroeste 
con el río Amacuro, y continuaba por el curso del 
Yuruán desde su unión con el Cu3mni, 3^ podría exten- 
derse á la sierra Usupamo y á la sierra Rinocoto, de- 
jando para Venezuela el Orinoco }'■ el Barima. Pedía, 
compensación en Usupamo. Eso supone que ella tenía 
facultades de dueño sobre tales lugares, facultades que 
la demanda de Lord Rosebery le desconoce. 

Difícil es atinar en el medio de entenderse con 
un Gobierno cu^^os órganos deshacen unos lo que hi- 
cieron los otros, y á las veces lo que ejecutaron ello.s. 
mismos. ® 

« 

El cambio de Lord Rosebery en perjuicio de Ve- 
nezuela es tan grande que, sobre haber exagerado el 
tamaño de las pretensiones susceptibles de arbitraje^ 
relegó al olvido las últimas insinuaciones de Sir Th. 
Sanderson concernientes al abandono de las bocas del 
Orinoco y del Barima. Pero no es esto sólo. Rehusa, 
cumplir el convenio de 1850, porque Venezuela lo in- 
fringió desde ese mismo año principiando á establecer 
nuevas posesiones al este de Tumeremo; porqué en 
1858 lo volvió á quebrantar fundando la ciudad de 
Nueva Providencia en la margen meridional del río 
Yuruary; porque repitió la falta en 1876 concediendo 
licencias para traficar y cortar maderas en el distrito 
de Barima y hacia el este del mismo; porque reincidid 
en 18S1 dando al General Pulgar el privilegio de una 
gran parte del territorio disputado; y porque en 1884 
colmó la medida haciendo concesiones á la compañía 
Manoa y otras. 



LIMITES DE GUAYANA 207 



Muy reciente ha de ser la nueva determinación det 
Gobierno Británico en este punto, ya que, aún después 
de ocurridos todos los hechos calificados de violaciones,,, 
aquél mantenía la validez del convenio de 1850. Ña- 
mas lejos que en 1887, al tratarse de construir Vene- 
zuela un faro en Barima, el señor Saint John, Ministro^ 
Residente de Su Majestad Británica en Caracas, opo- 
niéndose á ello, escribía en nota de 31 de Huero al 
señor Doctor Diego Bautista Urbaneja, Ministro de 
Relaciones Exteriores. «Refiriéndome á mi entrevista, 
del 6 de Diciembre último, con el Excmo. señor Pre- 
sidente de la República 3^ á la nota de V. E. del día. 
siguiente, en que se me significó la intención del Go- 
bierno de proceder inmediatamante á ocupar á Punta.. 
Barima, erigiendo allí un faro, en cumplimiento del 
alegado deseo del Gobierno de Su Majestad, he recibido 
orden del principal Secretario de Su Majestad en el 
Departamento de Relaciones Exteriores, de decir á 
V. E., para conocimiento del Presidente, que la petición 
del Cónsul Británico de que se erigiera un faro, en 
1836, no fué conocida ni autorizada por el Gobierno 
Británico de aquella época; ^ique el pretender erigir 
este faro sin el consentimiento del Gobierno de Su Ma- 
jestad^ sería una i?ifracción del compi'-oniiso recíproco con- 
traído por los Gobiernos de Venezuela y de Inglaterra 
en 18 ¿o ^ de no ocupar ni usurpar el tenatorio en dis- 
puta entre .las dos países^ y qjte el Gobierno de Su Ma- 
jestad tendría el derecho de oponer resistencia á dicho 
proceder como icn acto agresivo por parte de Venezuela. )> 
Pero supóngase que los hechos citados por Lord 
Rosebery constituyan realmente una infracción del con- 
' venio de 1850. 

¿Cuál debería ser la legítima consecuencia de se- 
majantes faltas? Que la Gran Bretaña habría tenido 



208 LIMITES DE GUAYANA 

derecho para reclamar de la inobservancia del pacto y 
precisar á Venezuela á cumplirlo, ó bien declararlo 
por su parte rescindido. En este último caso ella que- 
daría libre de la obligación contraída; pero la república 
á su turno se encontraría igualmente desligada de aque- 
lla. Podría por lo mismo ocupar el territorio que dis- 
puta, no teniendo 3'a traba alguna que se lo impidiese. 

No se sabe que Inglaterra se qnejase ni de la 
infracción de 1850, ni de la de 1858, ni de la de 1876, 
ni de la de 1881. Solamente pidió remedio contra la 
de 1884, amenazando con jnandar fuerza de policía; 
mas, sin aguardar el resultado de sus gestiones, no es 
contentó con poner en efecto la amenaza, sino proce- 
dió á ocupar formalmente territorios de los disputados; 
lo que además consta que venía ejecutando de largo 
tiempo atrás con más ó menos disimulo. 



LX\ I 



Después de esto ha pretendido otra cosa harto 
•extraña, es decir, que rescindido 3'a el tratado por la 
violación de él cometida de parte de Venezuela, conti- 
núe sin embargo obligatorio para ésta, á quien se dice 
Q^^ (.(el pretender o'igir un faro (en Punta.Barima) shi 
consentiyniento del Gobierno de Su Majestad sería una 
infracción del compromiso contraído por los Gobieriios de 
Venezuela y de Inglaterra en /ájO, de 710 ocupa} ni 
usurpar el territorio en disputa efitre los dos países ; y 
que el Gobierno de Su Majestad tendría el derecho de 
^07ier resistencia á dicho proceder co?no á un acto agre- 
sivo de parte de Venezuela.y) 



LIMITES DE GUAYANA 209 



No comprendemos esas teorías del Gobierno Inglés, 
y mticlio menos que al invocarlas hable de la recipro- 
cidad di^ convenio de 1850. Si se admitía esa recipro- 
cidad, si Venezuela estaba imposibilitada de construir 
un faro en Punta Barima por ser territorio en disputa, 
lo cual Habría sido un hecho de ocupación, también la 
Gran Bretaña tenía la misma incapacidad para ejecutar 
allí, no 3'a uno semejante, que habría redundado en 
provecho del comercio y de la navegación general, sino 
todos los que le han parecido oportunos á la consoli- 
dación de sus pretensos derechos de propiedad. 

Kn la contestación de Lord Rosebery se advierte 
eso mismo, un desenfado singular, con que ninguno de 
sus predecesores se había exhibido. Con efecto, no 
sólo reconoce la existencia y validez del convenio de 
1850 presentado por el señor Wilson, sino también ase- 
gura que la Gran Bretaña se esmeró en su observancia, 
y que únicamente sus repetidas violaciones por Vene- 
zuela obstan á su restablecimiento. 

Ahora bien, en aquel convenio se estipuló por 
ambas partes no ocupar ni usurpar lo que estaba en 
disputa. Fué la Gran Bretaña quien tomó en el asunto 
la iniciativa, hizo la declaración previa de que no inten- 
taba apoderarse de la Guayana Venezolana, redactó los 
términos de la mutua obligación contraída, representó 
en todo esto el papel activo, é indujo á Venezuela á 
otorgar su aquiescencia á lo sugerido y propuesto. 
Luego es forzoso concluir que la Gran Bretaña no con- 
sideraba propios los territorios controvertidos, y cuyo 
respeto se adelantaba á ofrecer. 

No se necesita más para que una persona impar- 
cial juzgue irregular la conducta de ía Gran Bretaña 
que rompe la convención por ella propuesta, so pre- 
texto de haberla infringido Venezuela. Pero, si tal 
14 



2IO LIMITES DE GUAYANA 



hubo, lo que procedía era, como va dicho, que se recla- 
mase de sus violaciones y se le comunicase que, á no. 
abstenerse de cometerlas en lo sucesivo y á no satisfa- 
cer por las ya cometidas, seguirían éstas ó aquellas 
consecuencias, de las cuales podía ser una la invalida- 
ción del pacto. 

Ya se ha visto que se denunciaron los hechos de- 
la compañía Manoa, se prometió no pasar adelante 
mientras pendiese la queja, y que luego, poniendo á un 
lado tal palabra, se procedió á emplear la fuerza y llevar 
á colmo, sin pararse nunca, un sistema completo de 
expropiación y despojo. 

En el convenio, redactado por la Gran Bretaña, se 
equiparó, como si fueran una misma cosa, la ocupación 
y la usurpación. Por consiguiente, aplicándole su pro- 
pio criterio, justo es estimar como usurpación, que sin 
eso también lo sería, la ocupación que ha consumado, 
y sigue sosteniendo inflexiblemente, de los territorios- 
en disputa. 

Lo peor es que, si, como da á entender, el convenio 
de 1S50 ha caducado para ella, y por lo mismo ya no 
tiene obligación de cumplirlo, sustenta con empeño y 
amenaza que pesa todavía esta carga sobre Venezuela. 
¿ Qué lógica, qué razón, qué justicia hay en este modo 
de proceder ? Eso se aparta de cuanto se ha conocido, 
se ha observado, se ha imaginado hasta ahora. 

Otra cosa se observa en los últimos tratos de Lord 
Rosebery. Su predecesor, Lord Salisbur}^, se quejó al 
Doctor Urbaneja de los decretos de Venezuela que 
establecían nuevas jurisdicciones en el Delta y en el 
Cuyuni ; más, pidió de ellos explicación declarando 
que, de no recibirla satisfactoria, se suspenderían las 
negociaciones. Pues bien. Lord Roseber}^ nada dijo 



LIMITES DE GUAYANA 211 



sobre el particular al señor Michelena ; prueba de que 
no bailó fundamento racional para insistir en las men- 
tadas exigencias. 

Pero, ya que el Gobierno Británico ba alegado para 
no aceptar el statu quo de 1850, las violaciones cometi- 
das por Venezuela en daño de lo pactado entonces, lo 
que ba debido y debe bacer es demostrar que semejan- 
tes faltas ban cambiado la situación jurídica de las co- 
marcas declaradas inocupables ó neutrales desde aque- 
lla época, de modo que por razón de la delincuencia 
ban pasado al dominio de la Gran Bretaña, ó se ban 
destruido los motivos que ella tuvo en el citado año 
para considerarlas en disputa. Eso es lo que no ba 
becbo basta boy, ni creemos podrá efectuarlo nunca. 



LXVJI 



Tales alegaciones no parecen sino medios de cobo- 
nestar lo insólito de sus procederes. 

Que, tras larga y cansada negociación, en que por 
una 3^ otra parte se baya agotado el escrutinio, sin 
llegar á un acuerdo, de consuno se declare inasequible 
el objeto de la discusión,}^ convengan todos los conten- 
dores en no continuarla, porque babría de resultar 
inútil, cosa es que á las veces ocurre y se explica ; pero 
que tal baga uno de los interesados, y esto cuando no 
ba precedido examen formal del punto del debate, cons- 
tituye un abuso de la prepotencia, á que no se atrevería 
con un contrincante respetado, y la completa invalida- 
ción de la igualdad de las naciones. 



, 212 LIMITES DE GUAYANA 

Esto sucede en el presente caso. El Ministro de 
Venezuela en Londres, Doctor Alejo Fortique, preten- 
dió con sólidos fundamentos en 1844 que la demarcación 
entre la Guayana Venezolana y la Inglesa se trazara 
por el Esequibo; y Lord Aberdeen, examinándolos y 
combatiéndolos, propuso la línea del Moroco. Una no- 
ta por cada lado; á eso se redujo todo. Luego vino la 
muerte del primero á dejar las cosas como estaban, pen- 
dientes. 

Cuando, años adelante, el Gobierno de Venezuela 
volvió á la carga insistiendo en la frontera del Esequibo 
por conducto del Ministro de Relaciones Exteriores en 
1876, señor Doctor Eduardo Gaicano, que también instó 
en la misma oportunidad sobre la cuestión del islote 
de Patos, el Gabinete de Londres se ciñó á decir que 
celebraría siempre recibir y considerar muy atenta- 
mente cualesquiera representaciones que el de Caracas 
creyese á proppsito dirigirle por medio del señor Rojas, 
cuyo nombramiento de Ministro se le babía comunica- 
do, ó del que tenía en Caracas Su Majestad Británica. 

Llegado que hubo aquél al lugar de su destino en 
Febrero de 1877, y promovida la continuación del asun- 
to, se le aplazó para cuando llegara allí el Gobernador 
de la Guayana Británica, á quien se aguardaba en 
Marzo siguiente. 

Por causas varias no vuelve á moverse el negocio 
liasta 1879. Entonces el señor Rojas inculcó la nece- 
sidad de dar punto á una cuestión que llevaba treinta y 
ocho años, y se bacía más importante de resultas del 
descubrimiento de grandes depósitos de oro en Guayana. 
Añadió que se pod?'ía aceptar la línea de estricto derecho^ 
6 una de conveniencia ; y para el último caso pidió al 
Oobierno Inglés presentara sus proposiciones de arreglo^ 



LIMITES DE GUAYANA 213 



en el concepto de que Venezuela no vacilaría en admitir 
una demarcación en que quedasen conciliados en lo posible 
los intereses de la República. 

A los ocho meses ^ en lo de Enero de 1880, contestó 
Lord Salisbury que discutir la cuestión legal no condu- 
ciría á resultado satisfactorio, sin decir por qué; que 
prefeida la otra alternativa preseiitada, esto es, el punto- 
de conveniencia ó acomodamiento, etc. 

En 12 de Abril de aquel mismo año se manifestó' 
el señor Rojas autorizado para arreglar el asunto aban- 
donando el terreno de estricto derecho, y coincidiendo 
con el de Su Majestad en adoptar una frontera de 
mutua conveniencia. Y preguntó si él estaba dispuesto 
entonces, como lo estuvo en 1844, á aceptar por fronte- 
ra en la costa el Moroco. Fuéle respondido, en 23 
del mismo mes, que se aguardaba dentro de poco en 
Londres al procurador general de la Guayana Britá- 
nica, y se prefería posponer basta su llegada la venti- 
lación del asunto. Ni dicho funcionario llegó basta 
Noviembre, ni se respondió al señor Rojas hasta 12 de 
Febrero de 1881, que no se creía aceptable la línea 
del Moroco. A esto siguió lo que en otra parte queda 
dicho. 

En la correspondencia que se cruzó en Caracas el 
año de 1886 entre el Ministerio de Relaciones Exterio- 
res y la Legación Británica, el primero razonó sus 
asertos, providencias y derechos ; mas la segunda se 
encerró en un sistema de silencio absoluto acerca de los 
temas por Venezuela sustentados. 

Otro tanto ha sucedido con las agencias que des- 
pués de la suspensión del trato diplomático se han 
acreditado en la corte Inglesa. Con ninguna de ellas 
se ha entablado polémica ; las comunicaciones se han 



214 I.IMITES DE GUAYAN A 



reducido á trasmitir y desechar propuestas de arreglo, 
pero sin motivar las reivindicaciones de derecho ni las 
repulsas. Así como al Doctor Urbaneja, también al 
Doctor Pulido se mencionó la existencia de pruebas, 
documentos y dictámenes favorables á las pretensiones 
Británicas ; sin que ninguno de los dos lograra, por 
más que manifestase el deseo de verlos, que se le aten- 
diese en tan racional exigencia. 

Y en estas circunstancias, ó sea antes de entrar 
en la discusión, y después de tantos aplazamientos, el 
Gobierno Inglés la da por concluida, y se arroga el 
dominio de las tierras que declaró en disputa. 

En 31 de Julio refutó el señor Michelena la inespe- 
rada contestación de Lord Roseber3^ 

Le observó que, según su declaración, aún supuesto 
que se admitiesen las observaciones tomadas tocante 
á límites, faltaría considerar las otras cláusulas de la 
propuesta; pero, como aquellas destruían las bases del 
convenio, parecía, con efecto, inútil tomar /cn cuenta 
las señaladas con los números 2, 3 y 5; en lo cual se 
miraba, no un modo de facilitar la discusión, sino al 
contrario de cortarla en absoluto. 

Hizo presente que, por un deseo sincero de con- 
ciliación y mutua conveniencia, había dejado á un lado 
el trillado camino de la discusión de derechos sobre 
territorios, y la interminable fórmula seguida hasta 
entonces para tratar la materia, esperando posible el 
arreglo de la cuestión de límites por un tratado que 
envolviese la referencia al arbitraje, para el caso de 
hallar diferencia 3^ dudas los encargados de trazar la 
línea fronteriza. 

Consideró incompatible con la verdad histórica y 
el carácter del debate la aseveración de Lord Rosebery, 
para rechazar la propuesta, de que se procuraba refe- 



LIMITES DE GUAYANA 215 



TÍr á arbitraje la reclaniacióu de Venezuela ci una gran 
porción de una colonia Británisa desde hace tiempo es- 
tablecida. 

Hace ver que lo demandado por Venezuela no es 
sino la demarcación justa y racional de fronteras, sobre 
las cuales nada liabía aún definido en derecho, 3^ al 
efecto la exposición de los títulos por ambas partes 
ante un juez arbitral, pues los derechos que alega la 
Gran Bretaña, considerándolos como una posesión in- 
tegrante de sus colonias, no los había reconocido Vene- 
zuela. Que la circunstancia de considerarse la Gran 
Bretaña con dominio sobre territorios que de antiguo 
venían siendo parte integrante de la República, y por 
lo cual ésta se los disputa, no bastaba para repudiar la 
intervención de un arbitro juris que juzgase y sen- 
tenciase, conforme á los títulos y antecedentes, sobre 
el derecho de cada una de las dos naciones á los terri- 
torios al norte y al oeste de los ríos Moroco, Pomarón 
y Esequibo, y por lo tanto sin limitaciones arbitrarias 
á causa de pretensiones injustas de una de las partes. 
-Que con igual derecho podría exigir Venezuela que 
se limitase la extensión del juicio del arbitro en un 
sentido contrario; y sin embargo ella nada limita, nada 
demanda injustamente, nada retiene por ocupación ar- 
bitraria, sino somete á un juez de derecho el examen 
de los títulos y se obliga á respetar la sentencia que 
determine lo que á cada país corresponda, al uno como 
heredero de España y al otro como sucesor de los Países 
Bajos. 

Halla el señor Michelena que las modificaciones 
de Lord Rosebery á la primera cláusula son las espe- 
cificadas en el memorándum trasmitido al señor Urba- 
neja, y las estima de todo punto inadmisibles, porque 
implican el reconocimiento de las pretensiones de la 



2l6 LIMITES DE GUAYANA 

Gran Bretaña á una gran parte de territorio que ha 
sido por muchos años materia de controversia, y que es 
el principal fundamento de discusión respecto á la le- 
gitimidad de los derechos de cada parte. 

Analizando la nueva modificación de Lord Rose- 
bery, la cree inaceptable por las razones ya dichas, y 
entiende que no hace ella sino alterar la extrema pre- 
tensión de la Gran Bretaña, y corregir en parte la 
caprichosa línea de Schomburgk ; todo ello opuesto á la 
demarcación presentada por el mismo Lord Rosebery 
en 1886, y que reducía la pretensión Británica á más 
estrechos límites. 

Kl señor Michelena siente que no se acepte el 
modus viveitdi áo. 1850, porque retroceder á él habría 
sido dar la Gran Bretaña una espléndida prueba de su 
amor á la justicia, de su respecto á un pacto y de su 
deseo de conciliación para restablecer las relaciones en- 
tre los dos países poniendo un sello definitivo á todos los 
asuntos pendientes. Califica de sofisma en derecho las 
bases de las razones en que se apoya la lamentable deci- 
sión, á saber, la falta de observancia de aquel convenio 
por parte de Venezuela ; falta que le ha servido de fun- 
damento para proceder á ocupar una grande extensión 
de territorios que Venezuela sostiene le pertenecen, y 
para justificar su conducta en los últimos años, y para 
declarar ahora que son de la colonia de Demerara, por 
lo cual no puede evacuarlos ni tampoco someter los 
títulos de su derecho al juicio y sentencia de un arbitro 
Jinas. 

Entra á examinar cuáles fueron los territorios de- 
clarados neutrales y en disputa en 1850. Expresa que 
no pudieron ser los comprendidos en la antojadiza línea 
de Schomburgk, ni en la trazada por el Marqués de 
Salisbury, ni mucho menos en la llamada preiensión 



LIMITES DE GUAYAN A 21 J 



extreina. Porque esas líneas han aparecido muclio des-- 
pues, presentadas como tema de discusión; y lo natural- 
es suponer que la trazada en 1841 (1844) sirviera de- 
fundamento para la consideración de los derechos Britá- 
nicos nueve años después; tanto más cuanto que en 1886 
Lord Roseber}/ indicó otra línea que difiere solamente 
de la de Lord Aberdeen en que avanza un tanto hacia el; 
norte. Nota que ninguna de esas dos líneas encierra: 
ni el Yuruary y su margen sur, donde se fundó la ciu- 
dad de Nueva Providencia, ni el Distrito Barima, eiE 
que se concedieron licencias para traficar y cortar mad^^ 
ras ; y que las concesiones al General Pulgar y á la: 
Compañía Manoa no tuvieron efecto, ni se acordaron:: 
sino sobre territorios de la República, respetándose de- 
rechos de la colonia de Demerara. 



LXVIII 



La declaración de que los pretensos derechos de Is:.- 
Gran Bretaña sobre los territorios ocupados, unos que- 
correspondían al niodiis vivendi ^^ 1850, y los demás al 
norte y al oeste de esa porción no pueden ser abandona- 
das, ni consentirse otro stnht qtio que el actual ; el señor 
Michelena la impugna con el fundamento de que la 
teoría de que los hechos consumados hacen fuerza de- 
ley es inaplicable á negociaciones diplomáticas que tien- 
den á efectuar un arreglo cordial y amistoso entre dos 
naciones de antiguo ligadas por la gloria compartida en. 
una magna guerra 3^ por intereses comerciales impor- 
tantes ; que esa teoría no puede prevalecer ni imponerse 
cuando se trata de evitar serios peligros para lo futurc^ 
cuando se tiene en mira proteger y garantizar capitales^ 



2l8 I.IMITES DE GUAYANA 



cuantiosos que la Gran Bretaña tiene empleados en Ve- 
nezuela, y cuando por estar paralizados casi los negocios 
anercantiles entre ambos países se procura restablecerlos 
bajo el pie fecundo que tenían ahora años, evitando que 
la prolongación del estado actual de las relaciones polí- 
ticas entre los dos Gobiernos produzca serios conflictos. 
Hizo presente además que las instituciones de 
Venezuela eran un obstáculo insuperable para que sus 
Gobiernos consintiesen en el reconocimiento tácito, por 
medio de tratados, á favor de otra nación, de derechos y 
territorios considerados como parte integrante de la 
República; derechos no probados ni definidos por nin- 
guna autoridad legal, ni consentidos ni aceptados según 
-el derecho público internacional; y también, que estaba 
■de por medio la dignidad de ambos países, la cual que- 
dería ajada: la de Venezuela, cediendo á la fuerza de 
iina imposición desdorosa, y la de la Gran Bretaña impo- 
niéndose injustamente por el hecho de ser una gran 
potencia. 

Bn vista de esas razones, el señor Michelena instó 
encarecidamente por 'una proposición de arreglo cu3^as 
bases fueran tan justicieras y liberales que no abonasen 
el rechazo de ellas, no sin hacer mérito de las declara- 
ciones en pro del arbitraje proferidas en el Parlamento 
por el Jefe del Gobierno, y de la mejor disposición del 
representante de Venezuela para poner sello definitivo 
á las cuestiones. 

Como se ve, no vaciló el señor Michelena en negar- 
se á una modificación que importaba anticipado fallo 
contra Venezuela del punto mismo que es objeto de la 
controversia, con la exclusión del territorio comprendido 
en las líneas descritas, y que es precisamente el consi- 
derado en disputa por ambos Gobiernos. Dejar consen- 
tido eso en el tratado habría sido prestar la sanción de 



LIMITES DE GUAYANA 219 



la República á los hechos usurpatorios que viene come- 
metiendo la Gran Bretaña de largo tiempo atrás, 3^ sobre 
todo y paladinamente desde Octubre de 1884,7 contra los 
cuales se han dado y hecho tantas y tantas quejas y re- 
clamaciones y tomádose medidas de represalia. Con se- 
mejante paso, supuesta su aprobación por Venezuela, se 
hubieran legitimado las agresiones de la colonia de De- 
merara, por medio del reconocimiento del perjudicado; 
al modo que sucede en los tratados de paz con la cesión 
-de las conquistas bélicas. Dado el consentimiento de la 
República á las ocupaciones violentas de la Gran Bre- 
taña, que se empeña en conseguirlo, no le restaría sino 
gozar tranquila del fruto de sus arbitrariedades inter- 
". nacionales. 

Y no es sólo eso. Aceptando la modificación de 
Lord Rosebery, se habría puesto en tela de juicio la 
otra parte del territorio á que ella se contrae, sobre la 
cual nunca se le ha movido pleito y de que está y ha 
estado en posesión jamás turbada ni contradicha. Tal 
•extensión de las demandas de la Gran Bretaña, que 
asomó Lord Salisbury en 1880, en nota al señor Doctor 
José María Rojas, parece un medio de cohonestar los 
avances de ella, y de poner de su parte la razón cjue 
asiste á Venezuela haciendo creer al mundo que se 
presta al arbitramento, cuando la verdad es que retiene 
lo que confiesa haber ocupado y atribuídose como suyo, 
so pretexto de violaciones del convenio de 1850 impu- 
tadas á la República. 

Se pretende pues, que ella renuncie á dos porcio- 
nes de su territorio: una, la que exceptúa del arbitra- 
m.ento y que es el verdadero terreno del litigio ; y otra, 
la que se incluye en el compromiso, y la cual desde que 
se hace materia de arbitramento, queda sometida á la 
posibilidad de perderse. 



220 - LIMITES DE GUAYANA 



Los esfuerzos del agente resultaron estériles. Fué 
la respuesta de Lord Rosebery tan lacónica y termi- 
nante como la que más. Se redujo á decir que el con- 
tenido de la nota no parecía al Gobierno de Su Majestad 
que ofreciera entrada alguna que condujese á un acuerdo 
acerca de la cuestión, y que él pudiera aceptar. Que, 
sin embargo, seguía deseoso de llegar á un arreglo ami- 
gable de la frontera entre las posesiones de los dos 
países, y estaba dispuesto á prestar la mejor conside- 
ración á cualesquiera proposiciones practicables presen- 
tadas para este objeto. 



1jA_Uv. 



Aquí el señor Michelena pregunta de qué natura- 
leza ban de ser los títulos y documentos capaces de 
servir de base á pretensiones tan diversas y tan ajenas 
de la unidad y 'precisión que requieren comprobantes 
justificativos de esta clase de derechos ; y se maravilla 
de que, si existen tan suficientes y luminosos, como ha 
aseverado tenerlos el Foreign Ojfice^ rehuse presen- 
tarlos ante uíi tribunal imparcial que juzgne de su 
eficacia y pronuncie su fuerza jurídica aíite una Comi- 
sión Mixta ó un Tribunal de arbitros, para que senten- 
cien en un debate que lleva cincuenta años. 

Y en efecto, no se concibe la causa de reservar la 
Gran Bretaña semejantes pruebas de su derecho. No 
cabe que tengan otro uso sino el de servir ó á Venezue- 
la para convencerla de la sinrazón de sus demandas, ó 
al tercero que haya de apreciarlas, si los interesados no 
se avienen, y tienen por lo mismo que poner en manos- 
de él la autoridad necesaria á la decisión del pleito. 



LIMITES DE GUAYAN A 221 



Por lo visto se pretende que sólo sirvan para informar 
el juicio del Gobierno Inglés y su modo de proceder eñ 
el caso : pero una conducta tan fuera de lo común y 
racional apenas parece creíble. Autorizada, admitida 
ella, podría amparar al que no tuviese documentos 
ningunos. 

Arguye el señor Michelena que el único citado por 
■el señor Sanderson en su réplica al Doctor Pulido fué 
el tratado de Munster, según el cual se sostiene que el 
territorio en disputa pertenecía á Holanda por derecbo 
de^ previa ocupación : que fué pública y efectivamente 
ocupado por la Gran Bretaña durante las guerras de 
unes del siglo último, y que el traspaso formal del país 
así ocupado, se efectuó por el tratado de paz con los 
Países Bajos, de 13 de Agosto de 18 14, y no fué cues- 
tionado por Kspaña, al firmar la paz con ella en el 
mismo año. 

Bl Agente de Venezuela redarguye que el tratado 
de Munster no especifica la extensión del territorio 
reconocido como de Holandeses por Kspaña : que los 
Españoles permanecieron en posesión de todo el territo- 
TÍa que arranca del Orinoco basta el Ksequibo, en cuyas 
inmediaciones tenían establecidas misiones, así como 
puertos en el Cuyuni: que fueron incesantes los esfuer- 
:zos de Kspaña por alejar del Orinoco á los Holandeses, 
á quienes el tratado de Munster probibía aún comuni- 
carse con los establecimientos Kspañoles ; y que á los 
Ingleses, cuando por fuerza estuvieron apoderados de 
Holanda, babía de aplicarse también la misma prohibi- 
>ción : que los becbos de guerra ejecutados por los 
Holandeses, ó por los Holandeses y los Ingleses unidos, 
ó sólo por éstos últimos, en abierta oposición á dicbo 
tratado, y no legitimados después por el consentimiento 
úe Kspaña, no constituyen título alguno de dominio : 



222 LIMITKS DE GÜAYANA 



que el tratado de 13 de Agosto de 1814, por el cual los 
Países Bajos cedierou á la Inglaterra las colonias del 
Esequibo, Berbice y Demerara, se limitó á designarlas 
por sus nombres, sin expresar la extensión de ninguna 
de ellas. 

Trae una referencia á la reciente historia de las co- 
lonias de Esequibo, Demerara y Berbice por el General 
Holandés P. N. Netsclier, sacada de documentos ofi- 
ciales de su patria, en la cual dice que la línea divisoria 
entre la Guaj^ana de Venezuela y la Británica, 3" que 
traza en uno de sus mapas, empieza en el Moroco, y 
sigue al Suroeste á cortar el Cu3aini, y luego se inclina 
directamente al sur hasta las sierras de Roraima 3^ Pa- 
ca raima. 

No omitió valerse del convenio de extradición ce- 
lebrado entre España 3^ Holanda en 1791, que por sí 
solo 3^ de un modo directo evidencia que las colonias 
Españolas estaban á la sazón en el Orinoco, y las Ho- 
landesas, no allí, sino en el Esequibo, Demerara, Berbice 
3' Surinan. Así lo reconocían los Holandeses mismos 
por medio de semejante tratado; de donde resulta que 
nada tenían ellos entonces al norte ni al noroeste del 
. Esequibo. 

También hizo presente que, al celebrar España 
en 1814 un tratado de paz no, de alianza sí, con la Gran 
Bretaña, pues aquélla la habían restablecido desde 1802,. 
y obraron después con fuerzas unidas contra la inva- 
sión Francesa, no tenía la primera por qué quejarse de 
la mayor extensión dada, con perjuicio de sus estable- 
cimientos, á los de Holanda. 

Observó en fin que el Gobierno Inglés, en la lista 
de sus colonias publicada en 1877, llevábala frontera 
de Guayana casi al sur de la boca del Amacuro hasta la 



LIMITES DT GUAYANA 223 



unión de los ríos Cotinga y Takutu, y en la lista 
de 1887, hace dar á la línea un extenso rodeo al sur^,. 
siguiendo el Yuruary. 

De todo lo cual deduce el señor Miclielena que la , 
Gran Bretaña en todo el largo trascurso de la cuestiÓB, 
no ha exhibido ningún documento que patentice con la 
debida certeza ninguna de tantas líneas que ha preten- 
dido acepte Venezuela como indiscutible ; y sin embargo, 
y con violación del convenio de 1850 sobre neutralidad 
del territorio en disputa, ha procedido á' ocupar de hecho 
la zona comprendida dentro de la línea de Schomburgkj 
que en época anterior había declarado terminantemente 
haberse señalado en el te.rreno, no como un derecho^ sino 
como una aspiración. Y con tal proceder tan inade- 
cuado para mantener la buena armonía entre ambos 
países, y llegar á un arreglo justo, legal y amigable de 
la antigua cuestión, pone en contraste la conducta de 
Venezuela, que ofrece y propone someterse al fallo de 
una Comisión de personas competentemente autorizada 
por ambas partes, que analice todos los antecedentes de 
esta materia, examine los títulos, documentos y justifi- 
cativos en que cada país fuude sus derechos y trace la 
linea fronteriza que corresponda, refiriendo en última 
extremo al juicio y sentencia de un arbitramento juris^ 
la decisión de los límites fronterizos que no pudieran 
ser establecidos de común acuerdo por los miembros de 
la Comisión. 



■ ■■-^»s3^-5g^;<-*- 



-22^ LIMITES DE GUAYANA 



LXX 



Expresa que con esto da Venezuela la prueba más 
«vidente de su amor á la justicia y de su decidida vo- 
luntad de conciliar hasta dónde sus deberes legales lo 
consientan, la defensa del territorio Venezolano, que 
tíeaie la misión de conservar incólume, con el deseo de 
sellar esta enojosa cuestión de la manera más amigable 
Y satisfactoria para ambas naciones, de lo cual podrá 
'«imanar el restablecimiento de sus buenas relaciones 
políticas. 

Después de asentar que no podrían apetecerse ma- 
yores garantías de acierto, mayor independencia é im- 
p®.rcialidad que las reunidas por ese Alto Tribunal, 
.erigido en Arbitro inapelable, se sorprende de que la 
Oran Bretaña considere impracticable ó inaceptable el 
Juicio arbitral con Venezuela para terminar una cues- 
ídon de límites, cuando lo ha ejei citado con otras nacio- 
nes en iguales casos, 3^ acababa de someter á su eficacia 
la grave cueetión con la República de los Estados Uni- 
dos sobre pesquerías en el mar de Behring. 

Manifestada la grave pena con que informaría á su 
' 'G-obierno del rechazo de proposiciones inspiradas en 
<«1 mejor deseo de poner un término decoroso y legal 
v,a la vieja cuestión de límites, y de llegar por este me- 
'áiG al restablecimiento de las relaciones diplomáticas 
entra ambos países, concluye con la protesta que sigue : 
«Réstame ahora declarar de la manera más solemne, 
■en nombre del Gobierne) de Venezuela, que con el ma- 
37wr sentimiento se ve obligado á dejar la situación que 
•lian creado les sucesos de los últimos años, en el terri- 



LIMITES DE GUAYANA 



torio disputado, sujeta á las graves perturbaciones que 
los procederes de lieclio no pueden dejar de producir, y 
que en ningún tiempo conserrtiria Venezuela que se 
llagan valer procedimientos de esa naturaleza como tí- 
tulos para legitimar una ocupación atentatoria á su 
jurisdicción territorial. 

Lord Rosebery avisó recibo de la precedente co- 
municación, anunciando que se haría cargo de ella. 

Hasta ahora, que sepamos, eso no ha sucedido; 
mas, por la contestación que dio posteriormente á una 
queja de Venezuela sobre actos de las autoridades de 
Demerara, puede juzgarse que no ba becho el menor 
caso de las representaciones de Venezuela. 

Sobre esto dice el Libro Amarillo de 1894. 

«Sabedor mientras tanto el Poder Ejecutivo de que 
por las autoridades de Demerara se expedían nuevos 
Decretos visiblemente dirigidos á consolidar la juris- 
dicción Británica en la parte detentada de nuestro terri- 
torio, hechos éstos que, para mayor gravedad, coinci- 
dieron en cierto modo con el comienzo de las negocia- 
ciones á que vengo refiriéndome, ordenóse al punto al 
señor Michelena llamar respecto de ellos la atención 
del Conde Rosebery y aún significarle la pena con que 
se veía la conducta de los Poderes coloniales, tan dis- 
cordante con el espíritu de conciliación que animaba á 
Venezuela. El Secretario de Estado no vio en los actos 
que se le demtnciaban sino rnedidas de carácter mera- 
mente administrativo^ en stt sentir nada contrarias á 
los derechos de la República. Tal cuestión dio motivo 
á una protesta del Agente Venezolanos^ 

Con fecha de 6 de Diciembre de 1893, ^ Ministerio 
de Relaciones Exteriores comunicó á su colega de Re- 
laciones Interiores, según lo bía hecho al Consejo 
15 



226 I^IMITES DE GUAYANA 



de Ministros, el estado á que había venido la grave 
dificultad con Inglaterra, mediante la declaración de 
Lord Rosebery de no -poder convenir en ver como ma- 
teria de la disputa la inmensa extensión de terreno 
que ya tiene ocupada la colonia en la parte de la Gua- 
yana correspondiente á Venezuela, Añadió que tal 
declaración hace presumir nuevos peligros para la in- 
tegridad de nuestro suelo, ya que por medio de ella se 
borran de un solo golpe y sin el más leve examen de 
nuestros títulos, los linderos determinados por la his- 
toria y las líneas divisorias trazadas por la justicia. 

Bn tal situación, y á reserva siempre de hacer 
efectivos los derechos de Venezuela, sobre los territorios 
detentados por la Gran Bretaña, le manifestó la urgencia 
de proceder desde luego á prevenir riesgos mayores y 
evitar con providencias administrativas de resultado in- 
mediato^ que la línea de avance de la Colonia Inglesa 
se internase más todavía en el territorio Venezolano. 
Le indicó que entonces mismo se tenía el informe de 
nuevos propósitos de jurisdicción en el Alto Cuyuni, 
hacia la parte del Yuruán, en los puntos recorridos por 
el Inglés Me. Turk. Por fin insistió en que no se re- 
tardase un pnnto la administración efectiva y directa de 
los territorios que podían ser objeto de tales propósitos. 
Bl Ministro de lo interior tomó á empeño adoptar todas 
las providencias necesarias al logro del objeto. 



LIMITES DE GUAYANA 227 



LXXi 



Al mismo tiempo el Gobierno creyó de su deber 
enterar á los dimás át las Repáblicas Americanas, de 
quienes había pedido y alcanzado la interposición de 
sus buenos oficios á favor del arreglo pacífico de la 
controversia de límites entre Venezuela y la Gran 
Bretaña, del fracaso de la última tentativa por ella 
lieclia, contra todo lo que de la misma se esperaba. 

Con efecto, la República se había movido al impul- 
so de las reiteradas instancias del Gobierno de Su 
Majestad Británica, que había manifestado una y otra 
vez la conveniencia de entrar en negociaciones con un 
Agente acreditado por Venezuela para dar solución al 
litigio, y la de restablecer los vínculos diplomáticos 
como medio de facilitar el solicitado avenimiento. La 
actitud amistosa de tantos pueblos Americanos como 
abogaban por el recurso civilizado del arbitramento ; 
la necesidad de evitar á los intereses Venezolanos y 
Coloniales el constante peligro de la tirantez de rela- 
ciones entre países limítrofes ; el clamor general del 
mundo entero en presencia de una situación que ponía 
en riesgo de menoscabarse los principios fundamentales 
del derecho de gentes ; las mismas manifestaciones del 
Gabierno Ingle-: en orden á la instauración de los 
nexos políticos con esta República ; todo hacía creer, 
cuando partió de Caracas en Abril de 1893 el Agente 
Encargado de tratar con el Ministro Lord Rosebery 
acerca de la grave materia, que una solución pacífica, 
decorosa y justa traída por el laudo que hubiera de 



228 LIMITES Dtí GUAYANA 



dictar el juez designado al intento, sería el fruto de 
la coniim labor, con aplauso del orbe civilizado y espe- 
cial satisfacción de Venezuela y de Inglaterra. 

«No ha sido así,» continúa diciendo el señor Mi- 
nistro. «El Gobierno de Su Majestad Británica, si no 
abroquelado en los principios de la fuerza, qne ello no 
es presumible siqniera eu los directores ó conductores 
de nna de las naciones más civilizadas del mundo, 
apoyado á lo menos en hechos que Venezuela no puede 
dar por consumados, se niega á incluir en el jnicio 
arbitral toda la parte de nuestra región Guayanesa que 
detenta hace cortos años, y propone comprender en la 
decisión del juez de derecho, regiones que jamás han 
podido ni podrán ser blanco de su disputa y sobre las 
cuales ejerce Venezuela jurisdicción perfecta, sancio- 
nada por el tiempo, por la historia y por la justicia.» 

«Tal conducta, que parece significar la injustifica- 
ble resolución de poner á un lado nuestros mejores 
títulos, retrotrae las cosas al estado en que se hallaban 
antes del envío del Agente Venezolano á Londres, y 
obliga á este Gobierno á proveer, como lo hará desde 
luego por medio de eficaces medidas administrativas 
sobre los territorios que demoran aquende la parte rete- 
nida por Inglaterra, á la ingente necesidad de prevenir 
riesgos y de rechazar cualquier nuevo conato de avance 
ú ocupación.» 

«Mientras tanto Venezuela sostiene la legitimidad 
de sus derechos sobre los! territorios que Inglaterra 
pretende separar de la discusión ; y al protestar, como 
solemnemente protesta, contra los propósitos de la Gran 
Bretaña, por considerarlos abiertamente contrapuestos 
á la razón y á la j usticia, reitera ante sus hermanas de 
América, con el concurso de las cuales cuenta siempre 
p dar al litigio un fin pacífico y honroso, su empeño 



IvIMlTES DE GUAYANA 229 



por fiar á la acción del arbitramento el término de su 
diferencia con la Gran Bretaña, sin exclusiones de 
territorio que hagan imposible el logro de la salvadora 
idea, ni declaraciones ique recrudezcan la parte odiosa 
de esta controversia internacional.» 

Bsa protesta ha venido á agregarse á la hecha por 
el Ejecutivo Nacional en 20 de Febrero de 1887 contra 
los actos de despojo que en detrimento de Venezuela 
había consumado el Gobierno de la Gran Bretaña, y 
que, según dijo en ningún tiempo ni por ningún motivo 
reconocería como capaces de alterar en lo más mínimo 
los derechos que ha heredado de España, y sobre los 
cuales estaría siempre pronta á someterse al fallo de una 
tercera potencia. 

A la levantada por el Gobierno de la República en 
15 de Junio de 1888, con motivo de haber el Gobierno 
de Demerara creado un nuevo distrito colonial con el 
nombre de Distrito del Noroeste, en cuyos límites 
incluyó el territorio Venezolano de Barima, y nombrado 
al señor Bartolomé A. Day con el carácter de Comisa- 
rio interino, asignando la ¡Asamblea Legislativa de la 
Colonia la renta de diez mil pesos para atender á los 
gastos de una ocupación permanente de aquella zona, á 
fin de cobrar contribuciones y de sostenerla como parte 
de la jurisdicción Británica. 



LXXII 



A la otorgada por el Gobierno de Venezuela en 29 
de Setiembre de 1888 en razón de haber sabido que los 
Ingleses se habían establecido en Barina con una Ins- 



230 LIMITES DE GUAYAN A 

pectoría Fiscal, un Inspector y cuerpo de policía con 
un cuartel y un guarda-costas, que no permitía á los 
prácticos Venezolanos cortar leña, ni al pontón fondear 
á menos de media milla de tierra, y que también ocu- 
paban el Amacuro. 

A la presentada al Gobierno de Demerara en 2 de 
Mayo, mediante el órgano del Cónsul de Venezuela 
allí, por el Comisionado Especial señor Rafael F. Sei- 
jas, contra todos los actos oficiales autorizados por el 
Gobierno de la Colonia, con ó sin el consentimiento del 
de Su Majestad Británica, y de alguna manera encami- 
nados á usurpar el territorio de Venezuela ; contra las 
intrusiones de autoridades y colonos, los ensanches de 
límites, concesiones de tierras, bosques, minas, etc., 
que se hallasen fuera del Ksequibo, el establecimiento 
de puertos Ingleses en el Cuyuni, el Pomarón, el Bari- 
ma, el Amacuro ó cualquier otro río ó parte del terri- 
torio de Venezuela ; contra el establecimiento en él 
de la jurisdicción Británica, y el de autoridades civiles, 
de policía ó de otra naturaleza; contra la explotación de 
las producciones naturales del territorio Venezolano y 
su exportación por lugares no abiertos al comercio exte- 
rior de ella, explotadas ó extraídas sin permiso ni auto- 
rización de su Gobierno; contra las frecuentes invasio- 
nes de territorio de Venezuela con cualquier fin; contra 
el establecimiento en lugares suyos, de buques ó líneas 
de vapores ó naves de vela; contra, toda expedición 
Inglesa, oficial ó privada, procedente de Demerara, que 
con el permiso tácito ó expreso de su Gobierno entrase 
en tierras de Venezuela; contra el establecimiento en 
ellas de estaciones de policía, militares ó navales ó de 
otra clase, boyas, faros, pontones, aperturas de picas, 
caminos, carreteras ú otros; contraía destrucción de 
raudales que impidan la navegación de ríos en territorio 



I.IMITES DE GUAYAN A 23 1 

Venezolano; contra la catequización de indios habi- 
tantes en su jurisdicción y el establecimiento de cuales- 
quiera misiones ú.órdenes religiosas. Declaró además 
que el Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela 
había protestado contra todos los actos del Gobierno de 
Denierara llegados á su conocimiento y especificados en 
los doce números anteriores ; que desconocía la validez 
que pudiera atribuírseles; que los tenía y los tendría 
siempre por nulos, írritos y de ningún valor; y final- 
mente que, poniendo á salvo todos sus derechos, los 
haría valer en tiempo y lugar oportunos. Y concluyó 
ratificando y confirmando las protestas de la República. 

A la del Ministerio de Relaciones Exteriores de lo 
de setiembre de 1890, fundada en el conocimiento que 
tuvo de una ordenanza del Gobernador de Demerara, 
publicada en la «Gaceta Oficial» de la Guayana Bri- 
tánica, correspondiente al 19 de julio anterior, y en que, 
so pretexto de establecer un Distrito adicional bajo el 
nombre de «Pomarón,)) y de alterar la demarcación del 
Distrito denominado «Noroeste,» se fijan ó señalan lími- 
tes que revelan el propósito de añadir una nueva porción 
del territorio Venezolano á lo ya ocupado por el Gobier- 
no de Inglaterra. En vista de tal proceder, abiertamen- 
te contrario á los principios del derecho de gentes, y 
que venía á crear mayores obstáculos para la solución 
del conflicto entre las dos naciones, el Presidente, repre- 
sentante y guardián de los intereses nacionales, en 
pleno Consejo de Ministros y con el voto del Consejo 
Federal, resolvió protestar, como se hizo solemnemente 
ante las naciones civilizadas del mundo, contra el acto 
ejercido por la primera autoridad de la Guayana Britá- 
nica sobre un territorio que Venezuela considera de su 
exclusiva pertenencia, respecto del cual ha legislado, y 
cuya efectiva reintegración reclama y continuará recia- 



232 I^IMlTES DK GUAYANA 



mando con toda la energía que impone el deber y toda 
la constancia que presta la justicia. 

A la de 30 de Setiembre de 1890, en que el Agente 
de Venezuela en Londres, señor Doctor Lucio Pulido, 
de orden de este Gobierno, significó al de la Gran Bre- 
taña que Venezuela no reconocería en ningún tiempo la 
ocupación de los territorios de la Guayana declarados 
en disputa y neutros en 1850, ni las medidas que para 
ocuparlos permanentemente tomasen las autoridades 
Coloniales ó el Gobierno de Su Majestad Británica, 
reservándose para todo tiempo su derecho á reivin- 
dicarlos. 

A la de 30 de Diciembre de 1891, referente á un 
discurso leído por el Gobernador ante la Corte combina- 
da de aquella Colonia, donde entre otras cosas se le 
habla de la conveniencia de establecer una estación de 
Gobierno y policía en el Alto ;Cuyuni; y de la consi- 
guiente autorización de la misma Corte para invertir 
cierta cantidad en ese objeto. 



LXXIil 



A la presentada por el señor Micheleua á Lord Ro- 
sebery en 27 de Setiembre de 1893, Y ^^ ^^^ declaró 
que en ningún tiempo consentirá Venezuela que se 
hagan valer procedimientos como los adoptados en los 
últimos años por la Gran Bretaña en cuanto al territorio 
en disputa, como títulos para legitimar una ocupación 
atentatoria á su jurisdicción territorial. 

A la última protesta del mismo señor Micheleua á 
que se refiere el citado pasaje del Libro Amarillo, como 



I.IMITES DE GUAYANA 235 

elevada también á I/ord Rosebery contra los procederes- 
de la Colonia de la Guayana Británica, y la respuesta 
que él mismo dio de que los actos denunciados por Ve- 
nezuela no eran sino medidas de carácter administrativo^^, 
y en su sentir nada contrarias á los derechos de la Re- 
pública. 

Respecto de mapas áltimamente publicados en que 
se ha atribuido á la colonia de Déme rara más territoría 
del que le pertenece, el Ejecutivo ha tomado las provi- 
dencias del caso para objetarlos ó prohibir su introduc- 
ción, venta, circulación y uso en el país, por contener 
nociones falsas acerca de la frontera de Venezuela, y 
haberse compuesto sin la menor idea de los antecedentes . 
que los autores debieron haber estudiado. 

Tal se hizo en i6 de marzo de 1882 en orden ai 
Atlas de geografía moderna trazado bajo la dirección de 
E. Cortambert, y publicado en la librería de Hachette y - 
compañía de París. 

En 27 de marzo de 1890, con relación á un mapa de 
los Estados Unidos, Méjico, la América Central y Amé- 
rica del Sur publicado en La Revista Ilustrada de Nueva- 
York de 12 de diciembre de 1887, página 7, en que se 
figura ala Guayana Británica confinando con el Orinoco». 

El señor Bolet Peraza, Ministro entonces de Vene- 
zuela en Washington, y redactor de ese periódico, se 
descargó manifestando que, para ilustrar un artículo ■ 
relativo al trazo del ferrocarril internacional acabado de. 
recomendar por la Conferencia Panamericana, indicó al 
director de aquel papel que esto podría hacerse reprodu- 
ciendo cualquiera de los dibujos publicados á la sazón . 
en Nueva York, sin cuidarse de la exactitud ó inexac- 
titud de los pormenores geográficos allí delineados, ni 
pensar más que en dar idea correcta del itinerario. Por - 



234 LIMITES DE GUAYANA 



remediar el mal, hizo en la misma Gaceta una enérgica 
'protesta contra los límites arbitrarios, concernientes á 
la parte de la Guayana Venezolana, contenidos en ese 
mapa y todos los demás que circulaban en los Estados 
Unidos y otros países, dibujados y difundidos por Ingle- 
ses. En su calidad de Ministro de Venezuela los recha- 
zó como atentatorios contra la soberanía nacional de ella, 
y los denunció ante la nación en que estaba y ante los 
representantes de la América toda reunida en Augusta 
Conferencia, como peligros para el porvenir de todo el 
continente. 

En 19 de mayo de 1890, en que por resolución 
Ejecutiva se declaró apócrifo, caprichoso y destituido de 
toda fe pública el «Mapa Modelo de la América del 
-Sur,» que habían pretendido vender en la República los 
señores W. Tiry Stevens y Charles A. Couolli, que se 
-decían ciudadanos Norte-americanos. El Ministro de 
los Estados Unidos en Caracas, señor William L. 
Scruggs, los hizo comparecer en su legación para inte- 
rrogarlos y exigirles la prueba de su nacionalidad, que 
no pudieron dar, y por cuanto constaba de sus declara- 
ciones que eran Ingleses por oriundos de Canadá, les 
aconsejó, como lo mejor que podían hacer, entre otras 
cosas, desistir, de un comercio aventurado é infruc- 
tuoso, porque el mapa que ofrecían en venta era com- 
pletamente inexacto. Así lo comunicó espontánea- 
mente el señor Scruggs al'Ministro de Relaciones Exte- 
riores en visita que llevaba ese especial objeto. 

En la misma ocasión se ordenó por el Ejecutivo 
que todos los mapas relativos á Venezuela, de cualquiera 
naturaleza que fuesen, deberían someterse al estudio de 
los Ministros de Fomento é Instrucción Pública para 
obtener permiso de ofrecerlos en venta, teniéndose como 
-apócrifas las obras de esta clase que circularan sin ha- 



XIHITES ÜE QUAYANA 235 

5)erse llenado respecto á ellas el requisito antediclio bajo 
las penas que establece la ley para las falsificaciones 
literarias. 

En 27 de Setiembre de 1890, con motivo de haberse 
publicado en el libro « Report of the International Ame- 
rican Conference, relative to an International Railway 
Xrine,» un mapa que da á la Guayana Británica todo el te- 
rritorio usurpado á Venezuela, y que aquélla pretende 
como suyo ; error tanto más notable cuanto parecía que 
' la Delegación de esta República lo había autorizado con 
un informe. Se ordenó hacer la rectificación y acom- 
pañarla de enérgica protesta. 



LXXIV 



El señor Bolet Peraza explicó que los informes 
personales de las Delegaciones, cuya publicación se 
dispuso por el Presidente, no fueron dados para autori- 
zar la opinión de los demás informantes ; que cada De- 
legación presentó el suyo por separado, y el señor An- 
drade, al referirse al mapa de Venezuela, lo hizo reco- 
mendando como exacto el mapa anexo á la estadística 
■de ella ; que á su vez los Delegados de los Bstados 
Unidos presentaron uno de la América del sur, copiado 
probablemente del que está en todas las oficinas públicas 
de aquel país y tiene en su mesa el Secretario de Ks- 
tado. Por manera que los representantes de Venezuela 
110 lo conocían, ni pudieron oponerse á su publicación.' 
Bn fin solicitó del señor Blaine que se rectificara. El 
resultado fué enteramente favorable ; se destruyeron 
diez mil mapas ya grabados é impresos y listos para 



236 LIMITES de; guayana 

encuadernarse, quedando sustituidos por los nuevos, 
que el Ministro de Venezuela puso de acuerdo con el 
adjunto al Anuario Estadístico de la misma, sobre lo- 
cual se entendió con el señor W. B. Curtis, Director 
de la Oficina de la Conferencia Internacional Ameri- 
cana, quien le escribió haberse demorado por ello la 
impresión completa de los informes de la Conferencia 
Internacional Americana, con pérdida de 1.300 á 1.30a 
dollars. 

Este es otro hecho de importancia que debe agre- 
garse á las pruebas dadas por los Estados Unidos del 
reconocimiento de la justicia de- Venezuela en la cues- 
tión de límites Guayaneses, 

En 30 de Marzo de 1891 se aprobó al Cónsul de 
Venezuela en Nueva York el que hubiera observado 
á una persona por quien se le presentó un mapa favo- 
rable á la usurpación Británica, y donde se da el Ori- 
noco como límite de nuestra Guayana, que este Gobierna 
jamás consentiría la introducción de él en el territorio 
de la República. Por un lado tiene una carta del ferro- 
carril central de Illinois y sus enlaces, y por otro la de 
la América del norte y del sur; y el Ejecutivo prohibió 
su importación en efecto. 

También en 3 de abril de 1891 se aprobó al Agente 
Confidencial señor N. Domínici el que hubiese preve- 
nido á la Compañía del ferrocarril de Illinois que debía 
corregir unos mapas destinados para La Guaira, y en 
que se traía el territorio Inglés hasta algo más al este- 
de la boca del Orinoco. 

En 13 de Mayo de 1891 el Ejecutivo Nacional 
prohibió en absoluto la introducción por las aduanas, 
de la República y la venta y circulación del «Nueve» 
Atlas geográfico universal, hecho especialmente para. 



LIMITES DE GUAYANA 237 



msírucción de la juventud Americana, edición de Ch. 
Bouret, y grabado por E. Morien, que demaica entre 
Venezuela y la Guayana Inglesa un límite caprichoso y 
atentatorio contra la integridad del territorio nacional; 
y también su venta y circulación en toda la extensión 
de él, así como su uso en los establecimientos públicos 
y particulares, bajo las penas impuestas por las leyes 
ú las falsificaciones literarias. 

Hn 27 de Diciembre de 1893 el Gobierno demandó 
con urgencia la rectificación de ciertos datos acerca de 
la Guayana Británica publicados por la Oficina Inter- 
nacional de Washington, que una Asociación de Re- 
públicas del hemisferio occidental creó y sostiene, y se 
^destinó principalmente á la compilación, arreglo y cir- 
culación de datos estadísticos sobre la riqueza y el 
comercio de ellas. Se fundó para be7ieficio co7nún de 
las partes contratantes. Bl Gobierno de Venezuela ha 
satisfecho su cuota, y enriado los documentos del caso, y 
consideraba dicha Oficina como un medio de provechosa 
infiuencia en el comercio de los pueblos Americanos. 
Sin embargo en el boletín de Noviembre último, bajo el 
■encabezamiento de «Goal and petroleum in Colombia» 
se publicó una serie de noticias sobre las que allí se 
llaman Minas ide oro de la Guayana Británica. Mas, 
^omo se trata del éxito de explotaciones hechas en 
regiones detentadas por las autoridades de Demerara, 
que no pertenecen sino á Venezuela, este Gobierno 
«stimó semejantes datos no sólo como erróneos, sino 
como atentatorios á los derechos de la República. Así 
»que, encargó á la Legación de ella en Washington de 
pedir con premura al Director de dicha Oficina la inme- 
^ata rectificación de esos puntos, sin lo cual se vería 
■obligado á separarse de la Liga Americana que sostiene 
<el centro de esas publicaciones, porque ellas contradirían 



238 LIMITES DE GUAYANA 

los fines de su establecimienta. Se hizo tanto más ex- 
traño el proceder de tal Oficina, cnanto no podía ignorar 
lo impreso en una Memoria del Departamento de Agri- 
cultura de los Estados Unidos (Report ou the Agri- 
culture of Soutli America, Washington 1892) donde 
se llama la atención á los progresivos avances de la 
colonia Británica y se invocan nuestros derechos his- 
tóricos hasta la cuenca del Esequibo. Eo hemos tradu- 
cido, y va inserto en uno de nuestros primeros artículos. 
Ignoramos si tau justa solicitud ha sido atendida; que 
de otra suerte la conducta de la Oficina argüiría parcia- 
lidad á favor de la colonia Inglesa, y desdiría de la 
ejecutado respecto al mapa que Mr. Blaine hizo recti- 
ficar al Director de la Oficina de la Conferencia Inter- 
nacional Americana. 



LXXV 

Finalmente, por resolución "de 23 de Ma3^o anterior^, 
publicada en el número 6.120 déla Gaceta Oficial^ de 
resultas de haber dicho los señores Rand Me Nally y 
Compañía de Chicago, que no hallan modo de corregir,, 
á pesar de habérseles reclamado justamente, el mapa 
de Venezuela incluso en la obra editada por ellos con 
el título de «Enlarged Business Atlas and Shippers 
guide 1894,)) y teniendo en cuenta lo erróneo de los 
límites en él trazados, especialmente en la parte de 
Venezuela fronteriza con la colonia Inglesa de Deme- 
rara, el Presidente de la República ha resuelto declarar 
apócrifa la tal obra en cuanto se relacione con Vene- 
zuela, y prohibir su introducción en el territorio, y aún 
su venta, p3r si de antemano hubiere entrado en el 
país. 



LIMITES DE GUAYANA 239 

Como Lord Rosebery, á diferencia de lo que hiza- 
en 1893, no creyó desacertado en 1886 combinar, según 
el plan propuesto por su Gobierno, las cuestiones de 
límites, tratado de comercio y reclamos pecuniarios, y 
ofreció entonces considerar el asunto de la isla de Patos,, 
dado que se arreglasen los demás satisfactoriamente, no- 
ha de parecer superfluo añadir dos palabras acerca de- 
ese negociado. 

Más próximo á la costa de Venezuela que á la de 
Trinidad, existe un islote con. el susodicho nombre, que: 
siempre se ha juzgado perteneciente á la República, y 
entre las islas de Cumaná es incluido por Codazzi. 
Desde 1859 el señor Gobernador de la colonia Inglesa 
vecina ha venido pidiendo la devolución de botes allí 
apresados por buques de Venezuela, con el fundamento 
de ser el lugar territorio Británico. Para 1867 era 
sabido que el ayuntamiento de Puerto España lo había 
arrendado á los señores O'Conor hermanos. Contra 
este acto de dominio protestó el Cónsul de la Nación 
en tal colonia ; lo que obtuvo la aprobación del Gobierno. 
El último hizo suya la protesta, la renovó, y manifestó 
la esperanza de que, suspendiéndose los efectos del 
contrato, se ventilase y decidiese el capítulo de propie- 
dad. Así consta de la Memoria de Relaciones Exte- 
riores de 1867, donde se lee una comunicación sobre el 
caso dirigida al señor Encargado de Negocios de la 
Gran Bretaña. Allí se le demuestra como en 19 de 
Agosto de 1498 Colón descubrió la isla de Trinidad^ 
adquiriéndola para España en cuj^o nombre obraba, y 
que al título de descubrimiento añadió ella después el 
de ocapación efectiva, población y gobierno, poniéndola 
bajo la autoriaad de la Capitanía General de Venezuela^ 
A ésta permaneció incorporada hasta el año de 1797, 
en que el Gobernador Don José María Chacón, acome- 



.240 LIMITES DE GUAYAXA 



tido por las fuerzas navales de Sir Ralph Abercrombie 
y el señor Henr}- Hervey, se la rindió mediante capi- 
tulación en 18 de Febrero. El tratado de paz concluido 
en Aniiens, el 27 de I\Iarzo de 1802, entre Su Majestad 
Británica, por una parte, y por la otra, la República 
Francesa y sus aliados, la Bátava y Su Majestad Cató- 
lica, confirmando la conquista de la isla a Inglaterra, 
se la cedió y garantizó en los artículos 30 y 49 Apo3-a- 
do en que el traspaso no incluyó sino la isla de Trini- 
'dad; eu que todo lo demás constitutivo de la Capitanía 
■General de Venezuela, inclusive sus islas, fué renun- 
ciado por España á favor de la República en el tratado 
•'ñe su reconocimiento ; en el título de contigüidad, la 
cual es tanta que el islote se halla comprendido en las 
aguas consideradas generalmente como territorio marí- 
timo del Estado: el Gobierno sostuvo su derecho en el 
litigio, uo sin aducir leyes y doctrinas de otros países 
y de la Gran Bretaña misma, que extienden la juris- 
-dicción local á larga distancia de las costas. 

Por la otra parte se hizo mérito de una concesión 
del nombrado Gobernador Chacón á favorde la ciudad de 
Puerto España, y contentiva de las islas de Monos, 
Huevos y Patos atribuidas á ella como propios en 1783 ; 
|*ero que había de someterse á la real confirmación 
soberana. Ahora bien, está averiguado en Madrid que 
-ella nunca fué expedida. Con lo cual desaparece la 
lánica razón plausible que se había alegado, pues, si 
Ibien se habló igualmente de prescripción, Venezuela la 
tuvo por inaplicable. A lo más á que se ha prestado la 
Gran Bretaña es á ofrecer la cesión de la isla de Patos, 
«n el evento de ajustarse las otras cuestiones de un 
ánodo satisfactorio, aspirando así á dar el colorido de un 
l>eneficio á lo que no sería sino efecto del reconocimien- 
to de un derecho. 



I.IMITES DE GUAYANA 241 



No puede omitirse tampoco la mención de las vio- 
, lencias ejecutadas contra Venezuela por la Gran Bre- 
taña, porque forma juego con las otras, en fines de 1887 
en que envió al puerto de La Guaira buques de guerra 
con el fin de apoyar demandas perentorias de crecidas 
indemnizaciones para las goletas' Henriette y Josephine^ 
la gabarra Z' Envietise y el buzo Richard Gordon 
Cbambers. Las dos primeros habían sido procesados por 
contrabando, y una de ejlas pertenecía á un Venezolano; 
la tercera fué condenada en dos sentencias conformes 
por habérsela sorprendido en aguas territoriales de la 
República, con mercancías de contrabando á bordo, sin 
los papeles necesarios, y además en vista de no estar 
probado, como se alegó, que había sido aquél un caso 
de arribada forzosa. En cuanto al señor Chambers, se 
aplicó en virtud de informes adversos á sus procederes, 
el derecho atribuido al Ejecutivo por lej^es de 1845 
y 1884, como lo fue asimismo por la Constitución de 1893, 
y que se practica en Inglaterra, Francia, España, Italia, 
Bélgica, Grecia, etc., para no admitir ó expulsar á los 
extranjeros perjudiciales. 



Por más que el atropellamiento envolvía insulto 
á la soberanía de Venezuela, cuyos tribunales quedaban 
con él desautorizados, cuyas leyes se veían reducidas á 
cero, el Gobierno pagó, cediendo, como dijo, no á la 
fuerza de la razón, sino á la razón de la fuerza, y bajo 
la protesta de hacer oportuno uso de sus derechos con- 
tra las indemnizaciones que se ]e arrancaban. Tam- 
16 



242 LIMITES DE GüAYANA 

bien manifestó que obraba así, no fuera á tomarse de su 
negativa pretexto ó punto de partida para provocar una 
guerra que la República, por todos los medios posibles, 
se empeñaba en evitar, y que era de temer dañase la 
pendiente cuestión de límites entre los dos países. 

Después de haber bosquejado la historia analítica 
de los hechos por los cuales han venido las cosas á la 
presente situación, no parecerá ajeno del fin de este 
escrito examinarla á la luz deV derecho, para que se 
comprenda bien lo que es, y qué peligros entraña, 

Venezuela y la Gran Bretaña ventilan desde 1841 
una cuestión de límites, sin que hasta ahora ha3^an 
conseguido ponerse de acuerdo por el camino de las 
comunicaciones. La República, á quien Lord Aberdeen 
indicó el arbitramento por el órgano del señor Fortique 
en varias ocasiones, según informes del último, ha 
propuesto á su turno una y muchas veces someterla al 
fallo de una potencia amiga, ó de sabios jurisconsultos. 
Bn 1844 el dicho Ministro Venezolano abrió formal- 
mente la discusión de un tratado de deslinde, fijando 
para él el río Esequibo; y el Gobierno Inglés, impug- 
nando la pretensión, señaló otra línea que principiaba 
por la costa en el Moroco. Antes de responder al 
contraproyecto, falleció nuestro diplomático. La nego- 
ciación quedó, pues, suspendida, no habiéndosele nom- 
brado sucesor durante muchos años. En el de 1850 
ocurrió una incidencia. El señor Belford Hiuton Wil- 
son, Encargado de Negocios de Inglaterra en Caracas, 
sabedor de que circulaban noticias que atribuían á la 
Gran Bretaña el intento de apoderarse de la Guaj^ana, 
y que ellas habían motivado la introducción en la 
Cámara de representantes de un proyecto relativo á 
medidas de defensa, como la composición de fuertes 
pesmantelados y abandonados, se esforzó en desmentir 



LIMITES DK GUAYANA 243 



esos rumores afirmando que eran todo lo contrario de 
la verdad, y declarando que su Gobierno no tenía ánimo 
de ocupar ó usurpar el territorio disputado; que no or- 
denaría ni sancionaría semejantes usurpaciones ú ocu- 
pación por parte de las autoridades Británicas; y que, 
si en algún tiempo hubiese error sobre su determinación 
en ese respecto, renovaría de buena gana sus órdenes 
en el particular. Pidió y obtuvo de este Gobierno de- 
claraciones y órdenes análogas. Al participarlas al 
señor Wilson, el Ministro de Relaciones expresó, por 
mandato del Presidente de la República, a que el Go- 
bierno nunca ha podido persuadirse de que la Gran 
Bretaña, desejitendihidose de la negociación abierta en 
el particular y de los derechos alegados en la cuestión 
de Ihnites pendiente entre los dos países, quisiese em- 
plear la fuerza para ocupar el te} reno que cada parte 
pretende ; con mayor razón después de haberle asegurado 
tantas veces el señor Wilson y tan sinceramente , como 
lo cree el Poder Ejecutivo, que esas imputaciones no tie- 
nen fundamento alguno, antes biejí son precisamente todo 
lo contrario de la verdad. Descansando en tal confia^tza, 
fortificada con la protestación que la 'iiota á que se re- 
fiere incluye, el Gobierno no tiefie dificultad para decla- 
rar, como lo hace, que Venezuela no tiene inteizción al- 
guna de ocupar ni usurpar nifiguna parte del territorio 
cuyo dominio se controvierte , ni verá con indiferencia que 
proceda de otro ?Jzodo la Gran Bretaña. Además se 
ordenará á las autoridades de Guayana que se abstengan 
de dar providencias con las cuales se quebrajite la obli- 
gación que aquí ha cont^'aido el Gobierno y que pudieran 
dar 7nargen á funestos resultados ; como asegura el señor 
IVilson que se ka hecho y, si fuere necesario, se repetirá 
de buena voluntad, respecto de las autoridades de la Gua- 
yana Inglesa. yi 



244 LIMITES DE GUAYANA 



Kste documento prueba que el Gobierno Venezo- 
lano que, coiforme á las palabras del señor Wilson, 
« 710 puede ^ sin cometer una injusticia cotí la Gran Bre- 
taña^ desco7ifiar por un momento de la sinceridad de la 
declaración formal que ahora se hace en nombre y de orden 
expresa del Gobierno de Su Majestad de que la Gian 
Bretaña 7io tietie intención de ocupa? ni usurpar el terri- 
torio dispuiado^y^ no perdió de vista la negociación enta- 
blada por el Sr. Fortique, y penetró toda la fuerza 
involucrada en la palabra usurpar^ y además obró pres- 
tando entero crédito á promesa tan solemnemente hecha. 

En 1876 el Ejecutivo de Venezuela vuelve á recla- 
mar como frontera el curso del Esequibo, anudando así 
el hilo de la negociación interrumpida. Esta fué la raíz 
délos pasos dados en 1881 por el Ministro señor Doctor 
José María Rojas, que presentó nueva línea no admiti- 
da, y que principiaba á una milla al Norte del Moroco. 

Sucedióle, también en 1881, otra de Lord Granville, 
que arrancaba de un lugar de la costa marítima á 29 
millas de longitud precisamente al Este de la margen 
derecha del Río Barima. 

Siguió en 1886 la de Lord Rosebery, quien parte 
por la mitad las dos anteriores no convenidas, conside- 
rándolas como el territorio en disputa entre los dos 
países, y pide que se trace una línea divisoria dentro de 
los límites de este territorio ó por un arbitramento, ó 
por una Comisión Mixta, sobre la base de la división 
igual de este territorio, y tomando en consideración los 
límites naturales. Mas, como el Gobierno de Su Majes- 
tad da especial importancia á la posesión por la Guaya- 
na Británica del río Guaima, por tanto desea estipular 
que la línea arranque de la costa del mar hacia el 
Oeste de aquel punto, hallándose debida compensación, 
en alguna otra porción dej ¡torio disputado, por este 



LIMITES DE GUAYAN A 245' 

desvío de la base de una división igual. Bl río Orinoco, 
por este arreglo, debía ser enteramente libre al comer- 
cio 3^ la navegación. Tampoco lo aceptó Venezuela. 



LXX\ II. 



Desde 1884, en el mes de Octubre, Su Majestad 
Británica, con motivo de procedimientos de la compañía 
llamada de Manoa, á quien este Gobierno había conce- 
dido un contrato sobre terrenos inmediatos á los confi- 
nes, pero expresando que llegaban basta la «Guayana 
Británica,» envía á los lugares litigiosos fuerza de poli- 
cía, empleados que pongan en los árboles avisos de 
ser Británicos aquéllos y desempeñen funciones de Co- 
misarios y Jueces, y, en una palabra, ejerce en los 
mismos actual y completa jurisdicción, á pesar de las 
reclamaciones de Venezuela. 

Kn Julio de 1886 el Ministro de Venezuela en 
Londres reclama de semejantes actos, como babía veni- 
do practicándolo desde 1884 el Ministro de Relaciones 
Exteriores de la República, y exige varias satisfacciones^ 
entre otras, explicación adecuada por la falta de cum- 
plimiento del convenio de 1850 propuesto por la Gran 
Bretaña, 3' completo restablecimiento de las. cosas al 
estado qne tenían entonces, y órdenes estrictas al Go- 
bernador de la Gua3.'ana Británica para que lo observase 
escrupulosamente, mientras los dos Gobiernos arregla- 
ban la cuestión de sus límites. 

Hn la nota se observó que no se habían expuesto á 
este Gobierno, antes de obrar de aquel modo, los moti- 
vos de queja en que el de Su Majestad iba á apoyar el 



246 LIMITES DE GUAYANA 



recurso á la fuerza. Se recordó que en S de Enero de 
1885 el Ministro señor Mansfield había llamado la 
atención de Venezuela hacia los procedimientos de la 
Compañía Manoa, eji ciertos distritos cuya soberanía pre- 
tenden igualmente el Gobie7'no de Su Majestad y el de 
Venezuela ; que se le ordenaba solicitar providencias 
que impidiesen, á los agentes de la Compañía Manoa, 
ó del señor H, Gordon, también concesionario para 
colonizar, que reclamasen ó embarazasen alguna parte 
del territorio reclamado por la Gran Bretaña, avisando 
que, caso de no moverse Venezuela en este asunto, 
ella se vería en la necesidad de adoptar medidas para 
impedir la usurpación de la Compañía Manoa, y auto- 
rizaría al efecto el empleo de la adecuada fuerza de 
policía por el Gobernador de la Guayana Británica. 
Que añadió que éste no tomaría ninguna disposición 
mientras estuviese pendiente la referencia al Gobierno 
de Venezuela ; pero que, sin embargo, en 27 del mismo 
Bnero, y por consecuencia, estando todavía pendiente 
el negocio, en el cual el Gobierno de Venezuela había 
prometido efectuar lo necesario para esclarecer los he- 
chos imputados á la Compañía, y por lo mismo, con 
olvido de la promesa de 8 de Enero, el propio señor 
Mansfield informó del envío del magistrado señor Mac 
Turk al distrito de la margen oriental del río Amacuro, 
con una fuerza de policía á propósito para instruir ave- 
riguación sobre los procedimientos de la Compañía, y 
que el Comisionado obraría conforme á las leyes vigen- 
tes en otras partes de la Guayana Británica. 

Cuando el Gobierno de Venezuela mandó Comisio- 
nados que se cercioraran de tales acontecimientos, se 
les dijo de parte del Gobernador de la Colonia Inglesa, 
que éste había mandado visitar los ríos Amacuro, Bari- 
ma, Morajuana y Guaima, y colocar en los lugares 



LIMITES DE GUAYANA 247 



principales de esos ríos avisos de pertenecer aqnéllos á 
la Guayana Británica, y de ejercer en los mismos auto- 
ridad y jurisdicción el gobierno colonial, que haría 
cumplir allí las le3^es de la colonia. 

De ahí aparece la precipitación é inconsecuencia 
con que procedió el Gobierno Británico, adelantándose 
á tomar por su mano lo que creía su justicia, sin aguar- 
dar á que se. la hiciera Venezuela. Mas no se contentó 
con eso, sino que en Octubre de 1886, como para casti- 
gar la representación hecha en 28 de Julio anterior, 
que nunca satisfizo, decretó la invalidación de conce- 
siones hechas ó que hiciese el Gobierno de Venezuela 
de tierras pretendidas por el de Su Majestad como par- 
te de la Guayana Británica, cuyos límites demarcó en 
un mapa anexo al decreto, declarándolos comprendi- 
dos en los mismos, por cuapto estaban en disputa entre 
los dos Gobiernos. 

En los últimos meses de 1886 dispuso el de Vene- 
zuela la construcción de un faro en Barima, para lo 
cual y el esclarecimiento de las invasiones Inglesas, y 
otros fines diputó por Comisionados á los señores Doctor 
Jesús Muñoz Tébar, General Santiago Rodil y Juan 
Bautista Dalla Costa. Los dos primeros llevaron á 
buen camino su cometido, y sin tardanza dieron cuenta 
de las resultas de sus exploraciones, que confirmaban 
de todo en todo los informes poseídos ya por el Ejecu- 
tivo. Habíalos pedido el Presidente al señor Saint 
John, sucesor del Coronel Mansfield en las funciones 
.de Ministro Británico en Caracas, anunciándole el pro- 
pósito de erigir un faro en Barima, como desde 1836 lo 
había insinuado al Gobierno Sir Robert Ker Porter, 
Encargado de Negocios de Inglaterra, y agregando 
que, si el de Su Majestad ocupase un punto como Bari- 
ma, cuya posesión lo haría condueño del Orinoco y 



248 I^IMITES DE GUAYANA 

resolviese de este modo por sí solo y en su favor la 
cuestión más grave para Venezuela, quitándole á fuerza 
el dominio exclusivo del tal río y presentándole así un 
cas US belli^ se vería compelido por las necesidades del 
patriotismo y por los altos deberes que le incumbían 
como guardián de la integridad territorial de la Repú- 
blica, á cortar las relaciones entre los dos países. 

Kl señor Saint John se excusó de continuar la 
discusión, vista la negativa del Presidente á suspender 
la ocupación de una parte del territorio disputado, hasta 
que llegase el resultado de su comunicación con Londres, 
y se limitó á dos observaciones. 



LXXVIII 



Más tarde él coniunicó;las condiciones con que se 
permitía construir el faro en Barima, y dijo en 31 de 
Enero de 1S87 que pretender erigirlo sin el consenti- 
miento de la Gran Bretaña sería una infracción del 
citado convenio de 1850 sobre no ocupar ni usurpar el 
territorio en disputa, y que su Gobierno tendría derecho 
de oponer resistencia á tal proceder como á un acto agi^e- 
sivo por parte de Venezuela. Hsto se le decía cabalmente 
cuando ella estaba reclamando de la infracción del mis- 
mísimo convenio, sin conseguir nada, es decir, que 
había de cumplirlo ella cuando el otro contratante lo 
pisoteaba. 

Finalmente se formuló la demanda de la evacuación 
de todo el territorio ocupado y detenido por la Gran 
Bretaña, sin derecho ninguno y con quebrantamiento 



LIMITES DE GUAYANA 249 



de los de Venezuela, desde el Aiiiacuro hasta el Poraa- 
rón; 3^ de la aceptación del arbitraje como medio de 
decidir del pendiente litigio de límites, en la inteligencia 
de que, si esto no se hacía para el 20 de Febrero, dÍ8. 
de la reunión del Congreso, quedarían cortadas las 
relaciones diplomáticas, y se levantaría una protesta 
que pusiera á salvo para todo tiempo los derechos de- 
Venezuela, 

En II de Febrero súpose que el Gobierno de Lon- 
dres, aunque todavía dispuesto á entrar en negociacio- 
nes amigables para el- arreglo de la cuestión, no sus- 
cribía á las demandas de la República. 

Kn 20 de Febrero se escribió al señor Saint-John: 
un largo oficio que contiene la exposición de nuestros 
derechos, y que terminó declarando suspendidas las 
relaciones con la Gran Bretaña y haciendo la protesta 
anunciada. A poco se ausentó el señor Saint-John. 

Bn Agosto de 1887 partió para Europa el Ministro 
de Venezuela en Francia, con . el encargo de procurar 
el restablecimiento del trato diplomático con Inglaterra.. 

Habiendo desconocido el Gobierno Británico lo 
relativo á los tratos entre él y los señores Lowther y 
Clark, excusado parece detenerse en esto. 

En 1890 pasó á Londres el Doctor Modesto Urba- 
neja como nuevo Agente de este país; y pedidas á Lord 
Salisbury las bases de arreglo, él contestó con un Pro 
Memoria, cuyo número 10 dice: «Por lo que respecta á. 
los límites entre Venezuela y la Colonia de la Guayana 
Británica, el Gobierno de Su Majestad no podría acep- 
tar como satisfactorio ningún arreglo en que no se 
admita como propiedad Inglesa el territorio compren- • 
dido dentro de la línea demarcada por Sir R. Schom- 
burgk.» 



-2^0 LIMITES DE GUAYANA 



A las objeciones del Doctor Urbaneja contestó 
XíOrd Salisbury qne su Gobierno había estudiado todos 
Sos documentos, datos históricos y mapas comunicados 
"por ei Gobierno Venezolano, ó á que había hecho refe- 
^rencia en el curso de las discusiones; que tenía adqui- 
rido, muchos informes seguraínente no poseídos por él; 
y que, después del examen de todas esas pruebas, se 
podía decir sin vacilación que la pretensión del Gobierno 
•Venezolano hasta el Esequibo no la tuvo jamás España, 
5? que el Gobierno de Su Majestad debía considerarla 
.como insostenible; que quedaba sólidamente fundada la 
pretensión de la Gran Bretaña en toda la hoya del Cu- 
yuni y del Yuruán; que la mayor parte del distrito 
J&abía estado durante tres siglos consecutivos colonizada 
por los Holandeses y los Ingleses, sus sucesores; y que 
•eu tales circunstancias el Gobierno de Su Majestad se 
ídebía negar, como antes y repetidamente, á considerar 
•proposición alguna de someter á arbitraje las pretensio- 
nes de Venezuela que en su totalidad comprendían más 
•sle media Guayana Británica. 

Añadió que no se podía permitir existiese fundamen- 
to para decir que Gobierno alguno de Su Majestad hu- 
' hiera reconocido jamás la Punta Barima como territorio 
'Venezolano ; qne sii- Gobierno había soslenido conslante- 
jmenie que en derecho estricto le pertenecía toda la región 
'•comprendida dentro de la línea descrita en la nota de 
"I^ord Salisbury al señor Rojas de lo de Enero de 1880; 
'. es decir, bástalos montes de Upata, si no hasta el Orino- 
•:cto mismo ; y que todo establecimiento de Venezuela al 
-éste de esa línea se consideraba usurpación de los dere- 
'chos de la Gran Bretaña. Se recalcó Lord Salisbury en 
no admitir se disputase el derecho Inglés á la línea 
explorada por Schomburgk en 1841 y fijada en el mapa 
ríe Herbert que acompañaba; 3^ terminó diciendo que no 



XIMITES DK GTJAYANA 25 1 



quería insistir en el extremo límite de diclia pretensión, 
y, con el fin de facilitar un arreglo y como indicio de 
buena voluntad hacia Venezuela, estaba dispuesto á 
abandonar una porción de esa pretensión, y, respecto de 
la parte de territorio comprendida entre ella y la línea 
de Schomburgk, á someter su pretensión al arbitramento 
de tercero. 

Aquí se palpa el salto que na dado el Gobierno In- 
glés de una situación á otra. 

Lord Aberdeen, Lord Granville y Lord Rosebery 
liabían entrado en negociaciones sobre el territorio en 
disputa entre los dos países, y el último llegó basta pro- 
poner se considerase como tal, y se dividiese con igual- 
dad entre ellos, el espacio á que se refería la línea del 
Doctor Rojas y la de Lord Granville. 



LXXIX 



De repente el Gobierno Británico determina apro- 
piarse el terreno controvertido, sin dejar de reconocer 
que lo está, antes bien tomando esa misma circunstan- 
cia como fundamento de su decreto. Se desentiende, en 
-cuanto á Barima, del testimonio de su propio Encargado 
•de Negocios, Sir Robert Ker Porter, que encareció en 
1836 al Gobierno de Venezuela la ventaja de la cons- 
trucción de un faro, allí mismo ; habla de haber soste- 
nido constantemente su pretensión hasta los montes de 
Upata, si no hasta el Orinoco mismo, sin embargo de no 
haberla siquiera mencionado antes de 1880; nota de 
usurpador todo establecimiento de Venezuela al este de 
esa línea, aunque nunca reclamó de ello, ni nadie, im- 



252 LIMITES DE GUAYANA 



puesto en el conocimiento de esta República y la Gran 
Bretaña, cometerá la necedad de creer que la segunda 
se hubiese dejado usurpar territorio por la primera. Se 
aferra ahora á la línea de Schombugk, que no es la de 
Schomburgk, porque, según echó de ver el Ministro de 
Relaciones Kxteriores señor Saluzzo, «no es la que 
Schomburgk señala en su mapa con el título de recla- 
mación de Inglaterra, sino otra que se. interna mucho 
más en el territorio de Venezuela.)) Pero hay más : al 
pie del mapa del Herbert que traza la línea de Schom- 
burgk, citada por Lord Salisbury, se lee la siguiente 
nota, según informe de quienes lo han visto. 

«La línea rojiza es la que Sir R. Schomburgk reco- 
noció y propuso; pero el límite de la colonia reclamado 
por el Gobierno de Su Majestad se halla á considerable 
distancia al oeste de esa línea.» 

Pasamos á otro punto de la mayor gravedad. Cuan- 
do la opinión del mundo traducida en sociedades de 
paz y arbitramento, en obras de publicistas, en congre- 
sos internacionales, en declaraciones de cuerpos legis- 
lativos, en artículos de tratado, en reglas constitucio- 
nales, en acuerdos de la Conferencia Pan-americana, en 
todos los trabajos de los enemigos de la guerra; cuando 
en el Parlamento Británico se adopta en el mismo ca- 
mino una resolución que se comunica al Gobierno de 
los Estados Unidos, como satisfactoria respuesta á sus 
insinuaciones sobre el asunto, y de c[ue el Presidente 
de ellos hace honorífica mención en su mensaje de 
Diciembre último, como de uu triunfo de las ideas de 
armonía y concordia entre las naciones; cuando por 
todo eso y por lo favorables que al arbitramento se 
han mostrado tantas veces discursos de la Reina, la 
palabra de sus estadistas, los actos de su Gobierno, que 
ha aplicado semejante medio de dar solución á cuestio" 



LIMITES DE GUAYANA 253 



nes de no corta trascendencia, cou particularidad á las 
de frontera; no podía imaginarse que Inglaterra dese- 
chase para con Venezuela la propuesta de arbitraje. 

Pues nada menos sucede. Inglaterra excluye del ar- 
bitramento lo mismo que dice estar en disputa ; y, como 
para salvar las apariencias, y no ir contra las corrientes 
de la opinión universal, conviene en aceptarlo, no res- 
pecto de lo que se ha venido litigando hasta ahora, sino 
de nuevas pretensiones apenas asomadas en 1880, y 
que conciernen á lugares de que Venezuela ha estado 
en antigua, pública y pacífica posesión, nunca turbada 
ni contradicha. Y gracias, que nos hace por buena vo- 
luntad el favor de prescindir de otra pretensión de de- 
recho estricto, que la traería hasta los montes de Upata, 
si no hasta el Orinoco mismo ; y que podrá llegar an- 
dando el tiempo hasta el Caroní, como lo dicen á cada 
paso los habitantes de Demerara. 

Llegado que hubo á Londres el señor Doctor Lucio 
Pulido en reemplazo del señor Doctor Modesto Urba- 
neja, principió por manifestar al Subsecretario de Ne- 
gocios Extranjeros señor Sanderson, que tenía órdenes 
para declinar formalmente la consideración de las pro- 
posiciones perentorias hechas á su predecesor, que 
creaban á Venezuela dificultades en que no se había 
pensado antes, y que hacían imposible un justo y hon- 
roso arreglo. Presentó el nuevo plan que sabemos. 

Bien que se recibiera mal la noticia de haberse es- 
tablecido entonces por Venezuela dos administraciones 
entre Punta Barima y el Pomarón y en las cercanías 
de la desembocadura del Cuyuni en el Bsequibo, y se 
indicara que valía más suspender las negociaciones 
hasta que se derogasen los dos decretos y se explicaran 
satisfactoriamente; al Gobierno Inglés pasó al señor 
Pulido un memorándum en contestación al suvo. De- 



254 LIMITES DE GUAYANA 



cíale allí que era inadmisible transacción la de recono- 
cer el derecho de la Gran Bretaña á sólo la corriente 
del Esequibo y el terreno inmediato á sus márgenes,, 
en cambio del reconocimiento análogo del derecho de; 
Venezuela á la corriente principal del Orinoco y al 
terreno de sus márgenes y á las inmediaciones de su 
boca, inclusive Punta Barima y el Distrito adyacente; 
mientras que todo el terreno intermedio quedaría some- 
tido á discusión 3' en último caso á arbitramento. Pues 
así mantendría Venezuela toda su pretensión, y no ce- 
dería nada de aquello á que puede tener esperanza de 
presentar cualquier título, al paso que la Gran Bretaña 
no sólo admitiría la discusión de las pretensiones de- 
Venezuela, para las cuales ha sostenido que no existe 
fundamento serio, sino que abandonaría desde luegCe 
incondicionalmente una considerable porción de terri- 
torio que mantiene en la actualidad ocupado. 



Dijo también que ese territorio y la ma3'or parte de- 
una grande extensión de terreno que el Gobierno de 
Venezuela trata de poner en tela de juicio, vino á per- 
tenecerá Holanda segím el tratado de Munster de 164S 
por derecho de previa ocupación ; que constantemente 
lo sostuvieron 3' pretendieron los Estados Generales en 
los años subsiguientes ; que fué pública y efectivamente 
ocupado por la Gran Bretaña durante las guerras á fines 
del siglo pasado, y el traspaso formal del país ocupado 
se efectuó por el tratado de paz con los Países Bajos, el 



LIMITES DT GUAYANA 255 



13 de agosto de 1814, y no fué cuestionado de modo ■ 
alguno por España al firmar la paz con ella en el mis- 
mo año. 

Todas estas aserciones han sido refutadas en las; 
páginas precedentes. 

Expuso además Lord Salisbury haber indicado la~ 
extensión completa de la pretensión territorial á que su 
Gobierno cree tener derecho, y la línea dentro de la cual , 
considera incuestionables los títulos Británicos; hizcr- 
mérito de sn disposición á excluir del arbitramento los. 
valiosos distritos de la vecindad de Guasip?ti que^ si- 
bien entran en su pretensión, han sido ocupados hace 
algún tiempo por Venezuela, y sobre los cuales una de- 
cisión arbitral adversa pudiera causarle considerable 
embarazo y llevar consigo fuertes reclamaciones pecn- 
niarias Británicas, por motivo délas rentas- recibidas ers 
años pasados. 

Siente ver que no haya sido apreciada la oferta^ 4 
hallado acogida por parte de Venezuela, y afirma que el 
Gobierno Inglés no se opondrá á recibir y quizá á dis- 
cutir cualquier modificación de sus propuestas en puntos- 
en que considere la República envueltos sus intereses ; 
mas no puede apartarse del principio general en que ellas 
se basan, para aceptar una referencia eventual al arbi- 
traje de carácter tan extenso como envolvería el medio^ 
de proceder presentado por el señor Pulido. 

Termina por asegurar que, su Gobierno lo ha; 
explicado más de una vez, no puede consentir en some- 
ter á arbitraje lo que considera su indisputable dere- 
cho á los distritos que están en poder de la Colonia; y 
que cada nueva investigación tiende solamente á afirmar 
y agrandar ese derecho, 3^- hacer más necesario el soste- 
nerlo como acto de justicia para con aquélla. 



256 LIMITES DE GUAYANA 

Es sobremanera sensible que los repetidos esfuerzos 
■ del señor Urbaneja y del señor Pulido no hayan alcan- 
zado de los Ministros Británicos la comunicación de esos 
títulos en los cuales depositan tanta confianza, 3^ que les 
inspiran resoluciones tan inflexibles. 

Inquirida la significación de ciertas palabras del 
memorándum, el señor Sanderson manifestó que su Go- 
'bienio se hallaba pronto á oír 3^ tomar en seria conside- 
ración las propuestas de Venezuela para trazar una 
línea de conveniencia recíproca que se alejara poco 
de la de Schomburgk; y que, en cuanto alas bocas 
•del Orinoco y Punta Barima, las abandonaría á Vene- 
zuela, con la condición de que se diese por ésta en com- 
pensación cierta extensión de territorio entre el río Uruán 
(Yuruán en el mapa) y el Cu3aTni, al oeste de la línea 
de Schomburgk; más claro, indicó una línea que, salien- 
do de Punta Mocomoco, entre Punta Barima 3' el río 
Cuaima, tocase por el suroeste el río Amacuro, y que 
siguiese el curso del río Uruán (Yuruán) desde su 
unión con el río Cu3aini, y podría extenderse á la Sierra 
Usupamo y á la Sierra Rinocoto. 

A última hora informó el señor Pulido tener moti- 
vos para asegurar que el Gobierno Británico, deseoso 
de tratar directamente con el Gobierno de Venezuela 
para establecer entre las dos Gua3^anas una línea de 
conveniencia recíproca, prolongaría hacia el Sur la 
línea ofrecida por Sir T. H. Sanderson y que parte del 
Cabo Mocomoco, 3^ desistiría de toda pretensión á com- 
pensación por el abandono ó más propiamente por la 
restitución de las bocas del Orinoco, dando á esas 
mudanzas el carácter de concesiones, Ksos despachos 
fueron escritos en París á 7 de Octubre de 1890, estando 
ya para regresar á- Caracas el Doctor Pulido, el cual 
dijo por fin á su Gobierno que el abandono de las 



LIMITES DE GUAYANA 257 



pretensiones sobre los territorios al Oeste de la línea 
primitiva d? Schomburgk, y ciertas rectificaciones sobre 
el trazado r ^^ nite de ésta que reclamasen las fronteras 
naturales j el interés reconocido de los dos países ser- 
virían de base preliminar para entrar en negociación. 

Ya se ve que tal oferta del Gobierno Británico 
dista mucho de las narto fundadas pretensiones de la 
República ; pero, en el estado á que ban llegado las 
cosas, tiene no escasa importancia el prometido aban- 
donoide las bocas del Orinoco y Punta Barima, como 
base de futura negociación amigable. 



Lxxxr 



Así no es maravilla que esto excitara buenas 
impresiones en el Gobierno y que, dando él de mano á 
pasados recelos, volviese á esperar, y se animase á 
proseguir las tentativas de pacífico ajuste de la desave- 
nencia. Apenas lo hubo permitido la situación política 
del país, cuando se resolvió llevar adelante los trabajos 
suspendidos. Bn principios de 1893, estando Mr. 
Gladstone á la cabeza de una Administración liberal, y 
siendo Lord Rosebery Ministro de Negocios Extranje- 
ros, se despachó al señor Tomás Michelena á Londres 
con el encargo de promover el anhelado arreglo. 

Pero desgraciadamente el éxito de sus tratos no 
correspondió á los deseos del Ejecutivo. Aquel Minis- 
tro, tanto como en 1886 se había mostrado conciliador 
y ansioso de una solución razonable, en 1893 dejó muy 
.atrás en dureza de condiciones á todos sus predece- 
sores. 
17 



258 LIMITES DE GUAYANA 

Las bases del arreglo comunicadas por el nuevo 
Agente consistían, en cuanto á límites, en que, previo 
el restablecimiento de la correspondencia diplomática, 
se nombrasen por cada parte uno ó más Delegados para 
celebrar un tratado de límites, basado en el examen 
concienzudo y detenido de los documentos, títulos y 
antecedentes que legitimasen las respectivas preteusio- 
nes, en la inteligencia de que los puntos dudosos ó 
demarcaciones de una línea fronteriza en que no pudie- 
sen llegar á acordarse, se someterían á la decisión 
definitiva é inapelable de un arbitro jíirís, nombrado, si 
llegara el caso, por uno y otro Gobierno. 

Lord Rosebery, desatendiéndose de los puntos de 
tratado de comercio y reclamaciones pecuniarias, que 
Venezuela había unido con el de deslinde como defe- 
rencia á los deseos de la Gran Bretaña, empezó por 
descartar los dos últimos, y fijado sólo en el primero, 
modificó la propuesta del señor Michelena agregándole 
que «el dicho territorio en disputa se encuentra al Este 
de la línea puesta en el mapa enviado al Gobierno de 
Venezuela el 19 de Marzo de 1890, y al Este de una 
línea que se marcará en el mismo mapa, corriendo desde 
el nacimiento del río Cumano, siguiendo hacia abajo 
su corriente y hacia arriba el Aima, á lo largo de la 
Sierra Usupamo.» 

Tocante al convenio de 1850 sobre no ocupar ni 
usurpar el territorio en disputa, y cuya reposición 
formaba parte de la propuesta Venezolana, el Foreign 
Office declaró no poder aceptar esta condición, imputan- 
do á la República que ella lo había infringido hasta 
cuatro veces, en contraste con el procedimiento del 
Gobierno Británico, que había negado peticiones acer- 
ca de las mismas tierras litigiosas, y decidido, sólo á 
vista de la interrupción de la paz y el buen orden de 



I^IMITES DE GUAYANA 259 



la colonia, causada por las usurpaciones de la compañía 
Manoa, que íio podía retardarse por más tiempo la 
ocupación efectiva del territorio, y así tomó medidas 
para afirmar públicamente los que creía incontestables 
derechos de la Gran Bretaña, Que estos derechos no 
podían ser abandonados, ni el Gobierno Británico con- 
sentiría que otro statit quo que el existente entonces 
quedase en fuerza durante el progreso de las negocia- 
ciones. 

Bs visto que la modificación de Lord Rosebery 
según va demostrado, agrega nueva extensión á la j^a 
acrecida línea de Schomburgk, y que, exigiendo de 
Venezuela la declaración de quedar excluido del arbi- 
traje todo el territorio ceñido por ella, se aspira á 
legitimar con su consentimiento lo usurpado. Prueba 
indudable de que la Gran Bretaña busca á favor de su 
expropiación títulos que no halla en los hechos de 
fuerza consumados hasta ahora, sin embargo de haber 
repetido tantas y tantas veces que los derechos de 
Venezuela carecen de apoyo, y que los de la colonia 
son indiscutibles. Y, á pesar de cacarearlos hasta no 
más, ello es que nunca ha podido producir los infor- 
mes, datos, documentos ni mapas de que hace alarde, 
aunque más se le ha encarecido su presentación y 
debate. 

Trabajo perdido es recordar á Lord Rosebery su 
actitud y sus proposiciones en 1886, para cuando estaba 
ya efectuado el despojo de Venezuela, que no les sirvió 
de obstáculo, y las últimas ofertas hechas al señor Puli- 
do, de abandonar las bocas del Orinoco y Punta Barima,, 
y de trazar una línea que, partiendo del Cabo Mocomoco,. 
entre ella y el río Guaima, tocase por el suroeste el río^ 
Amacuro, siguiese por el curso del río Yuruán desde su 
unión con el rio Cuyuni, y que podría extenderse á la 



26o LIMITES DE GUAYA NA 



Sierra Usupamo y á la Sierra Rinocoto, con una com- 
pensación de que se desistió últimamente. 

A todo se muestra inflexible el Lord, que no da im- 
portancia á las anteriores promesas de él mismo, ni á las 
de su inmediato predecesor, que también lo babía sido 
en 1886, Lord Salisbury. Sus contestaciones no van 
más allá de un aviso de recibo, con el aditamento una 
vez de que las observaciones del Agente de Venezuela 
no abren la puerta á ningún acuerdo que él pueda acep- 
tar; y, cuando se le representan los nuevos decretos 
de las autoridades de Demerara, que se encaminan á 
consolidar la jurisdicción Británica en la parte deten- 
tada del territorio Venezolano, üechos más graves que 
coinciden con la apertura de las negociaciones del Agen- 
te recién ensilado á Europa, declara no ver en dichos 
actos sino medidas de carácter meramente administra- 
tivo, en su sentir nada contrarias á los derechos de Ve- 
nezuela. 



LXXXIl 



A despecho de las dificultades con que tropiezan 
las gestiones amistosas de la República en demar a 
del ajuste de límites con la Gran Bretaña, ésta c< u- 
tinúa renovando la expresión de sus deseos de arreglar 
la frontera entre las posesiones de los dos países, y 
dice hallarse dispuesta á prestar la mejor considerador- 
á cualesquiera proposiciones practicables presentadas 
para el objeto. 

Ignoramos que se hayan dado por Venezuela otros 
pasos, posteriormente á la vuelta del señor Michelena 
á Caracas. 



LIMITES DE GUAYANA 26 1 



Juzgamos tan importante el convenio heclio por 
canje de notas en 1850, entre el Ministerio de Relacio- 
nes Exteriores de Venezuela y la Legación de la Gran 
Bretaña en esta República, que vamos á examinarlo 
otaa vez, por esclarecer las que probablemente serían 
sus causas y los resultados á que se esperaba que con- 
dujese. A^lgunos veían en él el germen de grandes 
males, entre otros el venerable patriota señor Andrés 
Ensebio Level, el amigo y protector de la raza indí- 
gena, que dedicó su vida á estudiar las necesidades de 
ella y el modo de remediarlas, no perdonando viajes, 
fatigas, labores, gastos, ni nada de lo que favoreciera 
sus planes filantrópicos. 

En la convención propuesta por la Gran Bretaña, 
tras declaraciones amigables seguidas de amenazas, 
prometió acjuélla no ocupar ni usurpar el territorio en 
disputa, sin definir más que un punto de él; y o-btuvo 
de Venezuela una obligación recíproca, y la consi- 
guiente de ordenar á las autoridades de Guayana que 
se abstuviesen de dar providencias con las cuales se 
quebrantase la tal obligación contraída por el Gobier- 
no, y que pudieran dar margen á funestas resultas. 

Ya liemos dicbo que no se especificó allí todo el 
territorio de la disputa. 

Pero, á falta de esa completa determinación, fuerza 
es apelar á los antecedentes. En 31 de Enero de 1884, 
el señor Doctor Alejo Fortique abrió formalmente por 
medio de una nota á Lord Aberdeen, entonces Ministro 
de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, la nego- 
ciación del tratado de límites entre los dos países, por 
el cual babía venido instando de algunos años atrás. 
Allí se lee lo siguiente: «pero sea de esto lo que fuere, 
no puede negarse que el Eseqíiiho ha sido considerado 
como la linea divisoria de las dos posesiones ; bien por 



202 I^IMITES DE GUAYANA 



la dificultad de atravesarlo, siendc tan caudaloso que 
hizo á los naturales llamarlo hermano del Orinoco; 
bien porque los Reyes de España, en la imposibilidad 
de celar tan dilatada costa, se contrajeron particular- 
mente á la parte que media entre el Hsequibo y el 
Orinoco, sin renunciar por ello al resto que les corres- 
pondía.» 

Después de probar la aserción invocando el testi- 
monio de La Condamine, el geógrafo Inglés Norie y 
Bellin, ingeniero de la marina y del depósito de planos, 
Censor Real de la Academia de Marinos y de la Socie- 
dad Real de Londres ; expresa que con innumerables 
citas podría acreditarse que el terreno comprendido 
entre el Esequibo y el Orinoco ha sido considerado en 
el mundo como propiedad exclusiva de España, con- 
forme á la autoridad de los sabios que se han ocupado 
en el asunto; se anticipa luego á las objeciones que 
pudieran sacarse de la designación que algunos via- 
jeros modernos, como Depons y Humboldt, hacen del 
Cabo Nassau en la costa y el río Esequibo en lo inte- 
rior, cual el límite entre las Guayanas Española é 
Inglesa, y termina diciendo: 

<íNo hay duda que el Esequibo es el río fonnado 
€07110 al inte7iio por la naturaleza; y pues nada ó casi 
nada ocupan hoy los colonos Británicos entre él y el Ori- 
noco^ estando sus plantaciones del otro lado, un arreglo 
bajo esta base llenaría el objeto y aseguraría á la Gran 
Bretaña los más j^emotos derechos que pudieran corres- 
ponderle como sucesor a de Holanda. "a 

Lord Aberdeen, combatiendo tal pretensión por 
éstas ó aquellas razones, propuso una línea que princi- 
piaría en la desembocadura del Moroco ; mas, aunqu e e 
s eñor Fortique no falleció hasta 1845, no consta que 



LIMITES DE GUAYANA 263 . 

respondiera á la proposición Británica, ni que el Gobier- 
no de Venezuela lo hiciera directamente, ni por el 
órgano de ningún otro Ministro. Sólo en Diciembre 
de 1876 hallamos que ata el hilo de la negociación me- 
diante oficio del Ministerio de Relaciones Exteriores al 
Conde de Derby, en que renueva la propuesta del señor 
Fortique. 

De aquí resulta que para 1850, á los seis años de 
tal propuesta, no podía considerarse existente ninguna 
otra; y por lo mismo el señor Wilson hubo de referirse 
á ella, como observó acertadamente el señor Michelená 
á Lord Rosebery en comunicación de 29 de Setiembre 
de 1893. Venezuela pues, disputaba entonces el terri- 
torio comprendido entre el Esequibo y el Orinoco, y ése 
fué el que la Gran Bretaña se obligó á no ocupar ni 
usurpar. 



LXXXIII 



Si, como dijo Lord Rosebery en 3 de Julio último^ 
es enteramente imposible al Gobierno de Su Majestad 
retroceder al convenio de 1850, á causa de las violacio- 
nes de él cometidas por Venezuela, sin embargo de que 
en Enero de 1887, posteriormente á esotras, el Ministro 
Residente, señor Saint John, se apoyó en el propio con- 
venio para negar á la República la facultad de construir 
un faro en Punta Barima, y concederle el permiso de eri- 
girlo bajo ciertas condiciones, ha debido informar desde 
cuándo lo estima disuelto. 

Es doctrina corriente que los tratados contienen 
promesas perfectas y recíprocas ; y que, si una de las 
partes falta á ellas, la otra puede compelerla á llenarlas j 



204 I^IMITES DE GUAYANA 



pero que, cuando no tiene otro medio al efecto que el 
recurso alas armas, le parecerá á veces más á propósito 
invalidar por su parte las promesas 3^ disolver el tratado; 
que indudablemente tiene el derecho de hacerlo, pues 
sus promesas se otorgaron sólo con la condición de que 
el aliado ejecutaría cuanto se había obligado á cumplir; 
que por tanto la parte ofendida ó injuriada en los puntos 
que constituyen la base del tratado, tiene libertad para 
escoger la alternativa de compeler al aliado infiel á lle- 
nar sus compromisos, ó declarar por la violación de él 
disuelto el tratado. 

. No hemos visto que el Gobierno Inglés ha^^a hecho 
nunca semejante declaración; por manera que, á no 
habérsele propuesto volver ^X statii q?(o de 1S50, habría- 
mos permanecido reputando vigente, á lo menos en 
teoría, la convención de entonces. 

Cuando la Gran Bretaña rehusó cumplir no ha lar- 
go tiempo un convenio de extradición hecho con los 
Bstados Unidos, á no cumplirse un requisito no expre- 
sado en él, sino añadido ulteriormente por ley interna 
de aquélla, éstos le comunicaron la resolución de no 
acceder por su parte á las demandas de Inglaterra ni 
presentarle ninguno; ■ lo que,produjo el efecto de hacerla 
desistir de las nuevas condiciones. Esto fué en 1876. 

Cuando los Estados Unidos se declararon libres de 
las obligaciones que les había impuesto el tratado con 
Francia de 1778, á causa de sus repetidas violaciones por 
el Gobierno Francés y su negativa á satisfacer los re- 
clamos derivados de ellos, lo hicieron en virtud de una 
ley de 1798. 

A Venezuela en 1S84 pidió la Legación Británica 
en Caracas remedio contra los actos de la Compañía 
Manoa, diciéndole que nada se haría por las autoridades 



LI]\riTES DE GUAYAN A 265 



Inglesas, mientras estuviera pendiente la instancia;/ 
mas, antes que llegasen los informes requeridos por el, 
Gobierno para tomar sus disposiciones, la misma Lega- 
ción le m.anifestó haberse mandado al territorio eit 
disputa fuerza de policía. En adelante se informó aí 
señor Ministro Mansfield de la inexistencia del contrate; 
con esa Compañía. 

De las tres infracciones anteriores á 1884, qtte 
cita Lord Rosebery, no hizo cuenta el Gobierno Inglés-;: 
á lo menos no reclamó satisfacción de ellas. De lo» 
contrario es imposible que se le habría dado. 

Mas parece como que se deseaba que por parte ^- 
Venezuela fuera la convención desatendida. 

Comoquiera que sea, si «usurpar» significa « qnir 
tar á uno lo que es suyo, ó quedarse con ello, general- 
mente por la violencia,» según dice el Diccionario de 
la Academia Española ó «invadir gradualmente los 
derechos ajenos, ó tomar posesión de lo que pertenece 
á otro,» conforme definen los diccionarios Ingleses la 
voz «encroach,» usada en la ocasión; no se nos alcanza.. 
cómo la Gran Bretaña haya adquirido la facultad de- 
cogerse el territorio en disputa por la supuesta ó verda- 
dera inobservancia del arreglo de 1850. 

Pues un Estado tiene la obligación de no hacer- 
mal á otro, de abstenerse, con respecto á él,' de todo^ 
daño, ofensa ó injuria, los tratados en que eso se esti- 
pule ni son necesarios ni producen nuevo derecho. Sólo 
se estiman de alguna utilidad en cuanto á naciones bá.!-- 
baras que se creen con derecho para obrar á su antojo 
hacia los extranjeros. Luego fué excusado el convenio 
de 1850 en cuanto por él se ofreció no usurpar ninguna 
de las partes á la otra el territorio de la disputa, porque 
sin el pacto la propia obligación y de un modo perfectc 
les incumbía. 



266 LIMITES DE GUAYANA 

Tampoco se ve que la disolución de un tratado pro- 
"duzca efectos á que ese tratado-mismo no llegaría direc- 
■í amenté. 

Ks principio general que son nulos los tratados 
perniciosos al Estado, 3^ los hechos con un fin injusto 
'ó deshonesto, como una alianza ofensiva encaminada á 
despojar á nación de quien no se hubiese recibido in- 
juria, Vattel; el que se propusiera un objeto torpe ó 
inicuo. Bello; el que no tuviera por primera condición 
-«séncial una cosa lícita, es decir, un objeto física y mo- 
rahnente posible, al contrario al orden moral del mundo, 
y sobre todo, el encargo de contribuir al desenvolvimiento 
<de la libertad humana, v. g. el que estipulase la intro- 
■ducción ó el mantenimiento de la esclavitud, la cesación 
del comercio entre varias naciones, la falta á la obser- 
vancia de compromisos contraídos con terceros, Heífter; 
•el que imponga á una parte obligaciones tales que de su 
•cumplimiento resulte la destrucción de la independencia 
ipolítica, ó ?lgo contrario á la moral ó á la justicia, como 
que es condición indispensable de su validez que el ob- 
jeto del acuerdo sea moral, jurídica y físicamente po- 
sible, Heffter, etc. 



LXXXIV 



Ahora bien, si por tratado no puede una nación 
adquirir derechos en pugna con los deberes de la ley 
anoral ó internacional, ¿ cómo sería dable suponer que 
se le originasen de la infracción de un convenio? La 
■•■Gran Bretaña se obligó á no ocupar ni usurpar el terri- 
'íorio en disputa con Venezuela. Porque ésta no lo 
liaya cumplido, ¿ habrá quedado aquélla libre de la 



IvIMITES DE GUAYANA 267 



obligación de respetar el territorio litigioso, de no inva- 
dirlo, ni apropiárselo ? Pues nada menos significa la 
«conducta de Inglaterra en el asunto. 

Afortunadamente, cuando lo declaró suyo en Octu- 
bre de 1886, se le escapó decir ^f^por cuanto los límites 
€ntre la Guayana Británica^ Colonia de sn Majestad y 
-el Gobierno de Venezuela están en disputa entre el Go- 
bierno de Su Majestad y el Gobierno de Venezuela. Y 
por cuanto ha llegado á conocimiento del Gobierno de 
Su Majestad que concesiones de terreno deiitr'o del 
territorio reclamado por el Gobierno de Su Majestad 
€orno parte de dicha Colonia han sido hechas, ó se trata 
de hacerlas por ó en nombre del Gobierno de Venezuela, 
'Se hace saber que ningún título ó derechos sobre terre- 
nos, ó que afecten algún terreno dentro del territorio 
xecl amado por el Gobierno de Su Majestad como parte 
de la Guayana Británica, proveniente del Gobierno de 
Venezuela, por medio de éste, ó de algún empleado ó 
persona autorizada por ese Gobierno, será admitido, ni 
reconocido por Su Majestad ó por el Gobierno de la 
•Guayana Británica, y que cualquiera persona que tome 
posesión de dichos terrenos ó ejerza en ellos algún 
-derecho so pretexto de tales títulos, será tratada como 
infractor de las leyes de dicha Golonia.» 

«Un mapa que señala los límites entre la Guayana 
.Británica y Venezuela reclamados (claimed) por el 
'Gobierno de Su Majestad, puede verse eii la Biblioteca 
de la Oficina Colonial (Ministerio de las Colonias) 
Downing Street, Londres, ó en la oficina de la Secreta- 
ría de Gobierno, en Georgetown, Guayana Británica.» 

Bse tan singular decreto de apropiación de un 
territorio que se principia por reconocer c|ue está en 
disputa, y sobre el cual se ejerce mediante aquél un 



268 LIMITES DE GUAYANA 

acto gravísimo de jurisdicción, se refiere sin duda>- 
aunque omitiendo mencionarlo, al convenio de 1850, en 
que declaró el x\gente Británico eñ Caracas, á nombre 
y por orden expresa de su Gobierno, que éste no tenía 
intención de ocupar ni usurpar el territorio disputado ; 
pero que no vería con indiferencia las agresiones de 
Venezuela al propio territorio: Allí mismo se la ame- 
nazó, por disposición del Vizconde Palmerston, con el 
envío de fuerzas navales de Su Majestad en las Antillas^ 
para el caso de que se construyeran fortificaciones eñ 
el territorio disputado, y se agregó que, según cartas, 
dirigidas desde Bolívar por el sefior Vicecónsul Mathi- 
son, «se habían comunicado á las autoridades de Gua- 
yana órisries de ponerla en estado de defensa, y de 
reparar y armar los fuertes desmantelados y abandona- 
dos; y en, fin, que el Gobernador José Tomás Machado 
había hablado de levantar uu fuerte en el puerto de 
Barima cuyo derecha de posesión estct en disputa entre la 
Gran Bretaña y Venezuela.)') 

Parece que con esto se quiso indicar ser Punta 
Barima el extremo de la pretensión Inglesa, á le menos 
entonces ; pero ya hemos visto que, no sólo se la han 
cogido porque está en disputa, sino también que las 
demandas han avanzado hasta las cercanías del Carouí^ 
adonde aspiran á llegar los de Demerara. 

Tócanos repetir aquí la aserción de que, si se di- 
solvió ya el convenio de 1850, aunque no se ha dicho á 
Venezuela desde cuándo, ella también está suelta de la 
obligación de no ocupar el territorio de la contienda, y 
se halla en aptitud de tomar, sin ofensa de ninguno^ 
las disposiciones conducentes al recobro de lo que se le- 
ha quitado, y á la seguridad de lo que conserva. 

Llama la atención que un convenio de tanta grave- 
dad como el de 1850^ eu el cual se depositó, el germen. 



.I,1M1TES DE GUAYANA 269 



'de los hechos desarrollados de entonces -^cá y de los qne 
pasan ahora mismo, no se sometiera j. .a ap ■ob...ci6n 
del Congreso, sha. la cual los pactos hiternac -^«r \' 5 no 
tienen fuerza de obligar conforme á las Cous cUciones 
que ha tenido Venezuela ; y que por lo misr ¿o nunca 
se ratificase ni canjease. Tal vez sea ésta además la 
^causa de que no se haya incluido en la colección de 
tratados -de la República, ni en la de sus le3'es y 
decretos. 



LXXXV 



Otra rareza del convenio de 1850 es que no se le 
íjó duración, como tampoco se hizo respecto del tratado 
de amistad y comercio de 1825, ^^^^ P^^ ^^ tanto nos 
liga todavía. Bien se comprende que, por la naturaleza 
de las cosas, había de existir mientr;,is no se ajustara 
-el asunto del deslinde, y tal es la interpretación que 
al parecer se le ha dado; mas habría sido con mucho 
preferible que esto se especificara en el acto mismo. 

Acaso se creería que tal falta de Drecisión cuadraba 
al plan insólito sugerido por el formidable Palmerston, 
y ejecutado por Schomburgk en 1841, de que el Go- 
bierno de Su Majestad procediese á señalar los linderos 
de la Guayana Británica, según su saber y entender, á 
reserva de oír a postej^iori las observaciones que en 
cuanto á ellos presentaran Venezuela, El Brasil y Ho- 
landa, países contérminos. Así, principiando por in- 
vadir, se invertía el orden natural del procedimiento, 
en que se debió considerar y decidir ante todo la cuestión 
de derecho, y elegir después comisarios é ingenieros 
que, trasladados á la línea, la demarcasen como ex- 



270 LIMIfKS DE GüAYANA 

pertos, con arreglo á las bases definitivameute conve- 
nidas entre los colindantes, ó determinadas por ar- 
bitraje. 

Veamos si son represalias los actos que está ejer- 
ciendo la Gran Bretaña con Venezuela. Según la que 
se cree mejor definición de ellas, los constituye lo si- 
guiente: «Cuando una nación ha faltado á sus obliga- 
ciones, ofendiendo nuestros derechos primitivos, ó los 
que hemos adquirido, ya por ocupación, ya por conve- 
nios expresos ó tácitos, el derecho de gentes nos auto- 
riza para forzarla á darnos la satisfacción que se nos- 
debe, y á este fin nos permite faltar por nuestra parte 
á obligaciones por otro lado perfectas, usando de repre- 
salias, ya mediante la negativa de satisfacer á lo que 
se le debe por nuestra parte, ya empleando vías de-, 
hecho.» 

Sígnese de aquí que, caso de haber faltado Vene- 
zuela al convenio de 1850, lo que procedía era recla- 
mar de ella su cumplimiento como primer paso, antes de 
desatender la otra parte sus obligaciones. Ha}'- quienes 
lo dicen más clara y positivamente, estableciendo quCj, 
antes de efectuar represalias, es indispensable dar queja, 
por la vía diplomática, al Gobierno del Estado contra 
el cual tenemos que entablar reclamaciones : aguardar 
la expiración del plazo, (si se ha estipulado alguno para 
el arreglo de la desavenencia;) intentar la acción judi- 
cial (cuando, según el carácter de la queja, toca á la:. 
justicia del país el examen) y aguardar que esta acción 
baya pasado por todos los grados de jurisdicción. Sólo 
después de haberse negado al Estado ofendido la repa- 
ración por la autoridad judicial y por el poder soberana 
del Estado adverso, pueden emplearse las represalias. 

Hemos dicho cómo aquí al amago sucedió al golpe^ 
no obstante haber dicho el Gobierno Británico, por boca. 



LIMITES DE GUAYANA 271 

del señor Mansfield, que nada haría mientras estuviese- 
pendiente ]a queja contra los actos de la Compañía. 
Manoa. Nadie duda que se habrían reprimido, si hubie- 
ran seguido las cosas el curso ordinario y natural. No 
se sabe cuáles fueran esos actos ni que pasaran adelante,,, 
y se aseguró haber caducado la concesión ; con lo cual 
desaparecía el reclamo por sustracción de materia. Lo 
cierto es que el Gabinete Británico no ha vuelto á hablar- 
más de ella. 

«Sería harto contrario á la paz, al reposo y á la salud!: 
de las naciones, á su comercio mutuo, á todos los debe- 
res que ligan á unas con otras, que cada una pudiese de 
repente apelar á las vías de hecho, sin saber si la otra 
se halla dispuesta á hacerle ó negarle justicia.» — Vattel. 
Así es que las represalias no deben ejercerse ex-abrupio: 
se requiere que se haya puesto al Estado que ha come- 
tido la denegación de justicia, en situación de repararla. 

Pradier-Fodéré piensa que no hay verdadero dere- 
cho de represalias en el sentido que se da á esta palabra 
en el internacional. Porque durante la paz la menor - 
violencia se torna en acto ilegal, cuando no hay otrsf 
ley que la justicia, que prohibe cometer violencias, aún 
para obtener reparación de una ofensa recibida. 



LXXXVI 



También opina que en el' día de hoy, después de 
haberse pasado de las represalias particulares bárbaras 
de la edad media hasta las públicas de las épocas con- 
temporáneas, se debe hacer constar el progreso realizado 
por las ideas de justicia 37 humanidad ; pero que, aún 



372 LIMITES DE GUAYANA 



" reducidas á las proporciones del tiempo actual, las repre- 
salias deben ser improbadas por la verdadera civiliza- 
•cíón, como, de otro lado, lo están ya por los intereses 
hieii entendidos de los pueblos. Porque reconocer eii 
proveclio de un Estado la facultad de herir, en plena 
paz, á otro en sus bienes, en sus posesiones territoria- 
les, en sus acreencias, en su comercio exterior, etc. es 
eti la nia3^or parte de los casos envenenar los sentiraieu- 
t.QS de hostilidad entre esos Estados, hacer más tenaces 
l©s <5dios, complicar las hostilidades existentes, aumen- 
tar los desórdenes que se pretende remediar, provocar 
-á. snenudo la guerra so pretexto de evitarla. En fin, dice 
que sirven á los Estados fuertes para hacer prevalecer, 
-con respecto á los Estados y naciones débiles, su volun- 
tad, sin los gastos y riesgos inseparables de la guerra, y 
■^exponiéndose en menor grado al juicio de la opinión en 
I© interior y en lo exterior. 

Funck-Brentano y Albert Sorel escriben que las 
xepresalias son un hecho y no el ejercicio de un derecho; 
í^Tie no tienen ninguno de los caracteres del derecho ; que 
mw conocen límite; que cada Estado las emplea según sn 
poder y su interés ; que es á un tiempo juez y parte, y 
.que iin estado débil no las ejerce. 

Se espera qi e con los progresos de la civilización 
.se desenvolverá 'a noción del derecho entre los pueblos, 
se renunciará más y más á la práctica délas represalias, 
^^■&l ñn desaparecerá esta forma arcaica de procedimien- 
to internacional. 

Fuerza es repetir que ¡as violaciones del convenio 

úe 1850, concediendo que las ha3^a habido, no afectan 

ñs, cuestión principal de límites, de la cnal dicho arreglo 

-solo constituyó una incidencia. La cosa que se litiga,' 

^ists la propiedad del territorio en que confinan la Gnaya- 



LIMITKS DE GUAYANA 273 



lia de Venezuela y la Inglesa ; y en el éxito de la 
disputa no lia de tener influjo lo que haya pasado 
respecto del acuerdo de no ocupar ni usurpar el territo- 
rio controvertido. 

Para que se justifique el empleo de las represalias, 
se exige por otra parte que se trate de una injusticia 
evidente, de un derecho no susceptible de duda, j-es mi- 
ninif diibia^ como dicen los juristas, y que el ofensor se 
haya negado á la satisfacción -reclamada por vía de 
negociaciones. 

Ahora bien, en este caso la Gran Bretaña no ha 
discutido nunca á fondo la cuestión, aunque hubo un 
principio de debate entre el señor Fortique y Lord 
Aberdeen. Venezuela se ha esforzado en demostrar las 
razones que favorecen su causa, mas sin conseguir que 
la siguiese en este terreno su adversaria. Sobre todo 
ha inculcado una y mil veces la necesidad de que se 
comunicaran las pruebas indicadas por los Ministros 
Británicos, como suficientes para invalidar las de Vene- 
zuela ; y esta fundamental exigencia no ha sido satis- 
fecha. Kn las bases de arreglo á ella presentadas 
se ha querido hacerla suscribir el abandono de sus 
derechos, sin convencerla de la inferioridad de ellos, 
ni emplear más medios que el de simples afirmaciones 
al punto contradichas. No cabe, pues, decir que Vene- 
zuela ha hecho á la Gran Bretaña injuria en no reco- 
nocer títulos que no ha visto, pruebas que se le han 
ocultado, mapas que no se le muestran, opiniones que 
no se han podido escudriñar, Al contrario, no se le ha 
ofrecido tampoco oportunidad de someter á la otra parte 
el caudal que ella posee, de expedientes sacados de 
ios archivos de Bspaña, mapas y libros adquiridos en 
Holanda, varios de aquéllos Ingleses , geografías y 

documentos conseguidos en Londres, París, etc., tra- 

iS 



274 LIMITKS DE GUAYAPíA 



tados, opiniones de pnblieistas, y demás datos exis- 
tentes en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y en. 
las Legaciones de la Repüblica en Francia y en Ingla- 
terra. Cuando se haya hecho todo esto,, y sólo entonces, 
habrá motivo para asegurar que se ha discutido la 
cuestión, y que Venezuela ha obrado bien ó mal en no 
considerar válidos los títulos de la Gran Bretaña. Ella 
se ha anticipado, y tomando por argumento el de estar 
en disputa el territorio, y haber hecho Venezuela con- 
cesiones de lugares en el mismo incluidos, lo ha decla- 
rado suyo cabalmente porque se le contradice que sea. 
suyo. 

Antes de dejar la materia de represalias, no dañará: 
decir que, hasta dónde llegan nuestros informes, no se 
han incluido nunca ellas entre los modos de adquirir 
dominio las naciones. 

Por si se ocurriere á alguien que es reivindicación 
el actual estado de cosas entre Venezuela y la Gran 
Bretaña, expondremos, de paso,, lo siguiente. 

Se reivindica aquello que incuestionablemente nos 
pertenece, y que sin motivo justificado se halla en po- 
der de otro, sea quien fuere, 

lín 14 de Abril de 1864, el Comandante general 
de la escuadra de Su Majestad Católica en el Pacífico 
y su Comisario especial extraordinario en el Perú se 
apoderaron de todas las islas á esa República pertene- 
cientes, fundándose, entre otras causas, en que la pro- 
piedad de ellas podía reiviudicarse por el Gobierno de 
Su Majestad con un derecho semejante al que la Gran 
Bretaña sancionó devolviendo las islas de Fernando. 
Po, Annobon y Coriseo, después de una ocupación for- 
mal y no interrumpida durante un número considerable 
de años. Absurda era la pretensión,, contra la cual 



LIMITES DE GUAYANA 275- 

protestó el cuerpo diplomático de Lima, y que más tarde 
el Gobierno de Madrid improbó insistiendo en no con- 
siderar ocupadas las islas en concepto de reivindicación _^ 
sino como medio coercitivo para obtener del Pferú re- 
parapiones justas de agravios repetidos y patentes. Mas 
algo de especioso tenía la alegación, porque en fin 
todas las islas Cbinchas, como las demás partes de las 
colonias de América, habían correspondido á Bspafía 
por el título de descubridora, y primera ocupante, y 
ella las había poblado, civilizado y gobernado durante 
siglos ; y, si bien su independencia se hallaba consoli- 
dada por el triunfo de las armas Peruanas y Colom- 
bianas unidas, no estaba reconocida por tratado. Pero- 
la Gran Bretaña ni descubrió ni ocupó las comarcas de 
que se habla, que siempre fueron de España, y no se 
desmembraron sino mediante las cesiones consentidas 
ó legitimadas por ella. Inglaterra no se introduj©» allí 
efectivamente^ según confesó Lord Rosebery,, ni tomó 
medidas para afirmar públicamente los que creía incojz- 
testadles derechos de la Gran Bretaña sino en i88¿^j. 
cuando las usurpaciones de la Compañía Manoa princi- 
piaron á interrumpir la paz y el buen orden de la 
Colonia, Luego éste no es caso de reivindicación. 



LXXXVIl 



No se hable tampoco de conquistas. Como dice un 
escritor, «ya pasaron los tiempos en que la guerra for- 
maba modo de adquirir territorios, como sucedía entre 
los Romanos, que tenían una especie de ocupación 
llamada bélica, y la aplicaban tanto á las cosas inmue- 



276 IvIMlTES DE GUAYANA 



bles como á las muebles ; y como sucedió después en 
los pueblos desprendidos del Norte de Europa sobre las 
regiones meridionales.)) 

«Pensaban que por el estado de guerra se rompía el 
efecto del dominio, de suerte que ninguno estaba obli- 
gado á respetar las cosas de los enemigos, sino que 
podía apropiárselas y quedarse con ellas, como respecto 
de las que carecían de dueño.)) 

«Pero en las ideas de los pueblos civilizados, todas 
las naciones son iguales ; la soberanía de una sobre su 
territorio no puede ser reconocida por las otras, sino 
bajo la condición de que aquélla reconozca la soberanía 
de éstas ; ninguna va fundada en considerarse como 
destinada á invadir sucesivamente y reducir á su domi- 
nación los pueblos que componen otro Estado.)) 

«La guerra no debe considerarse como medio de 
extender su poder ó ensanchar sus dominios, sino como 
una necesidad fatal, resultado inevitable del derecho de 
independencia )) 

La guerra -es un procedimiento entre naciones que 
no reconocen superior legítimo. Así que, no debe 
emprenderla una nación si no la constriñe á ello una 
violación ó la disputa seria de algún derecho esencial, 
y cuan 'o se han agotado en vano los medios pacíficos 
para prevenirla.)) 

'«Una vez admitida esta necesidad de la guerra 
como procedimiento y del éxito de las batallas como 
sentencia para terminar las contiendas entre los Esta- 
dos, la lógica es inflexible ; ella saca sus consecuencias; 
acaso lastimen el sentimiento abstracto de lo justo, 
■pero la conclusión sigue el principio: quejémonos del 
principio, y no de las deducciones que de él deriva el 
razonamiento. Nos vemos precisados á remitir la deci- 



WMITES DE GUAYAN A 277 

sión del derecho á la fuerza, á la habilidad y á la fortu- 
na de las armas : á no aumentar más esta calamidad 
con la falta de toda regla y de todo freno, es menester 
considerarla como un verdadero procedimiento, y atri- 
buir á la solución que ella acarrea, la autoridad de 
arreglar el derecho. Las naciones beligerantes se ven 
obligadas á someterse á esta solución ; las potencias 
neutrales mismas deben aceptar sus resultados.)) 

«Una consecuencia de estas observaciones es que,, 
mientras no haya terminado la guerra, la imparcialidad 
manda á los Estados neutrales considerar á los belige- 
rantes como en ejercicio cada uno de su derecho; ¡hasta 
entonces queda indecisa la legitimidad ó ilegitimidad 
de sus pretensiones respectivas, á los ojos de esos 
Estados)) 

«Este éxito no existe todavía en los reveses que la 
suerte de las armas imponga á uno de los beligerantes. 
Mientras hay resistencia, mientras el pueblo abatido 
por los acontecimientos, pero que se cree seguro de su 
buena causa, persiste en sus pretensiones y continua 
sosteniendo el combate, ningún Estado neutral puede 
considerarlas como juzgadas; ninguno puede decir que 
el resultado actual sea el resultada definitivo.)) 

«Y aun la cesación de toda resistencia, la imposi- 
bilidad decisiva de defenderse no son todavía el tér- 
mino de la guerra. Podrán ser el término de hecho; 
mas, en tanto que no ha habido pacificación, el estado- 
de guerra subsiste. Ahora bien, no se efectúa la pa- 
cificación sino por medio del tratado de paz que viene 
después de la guerra y la extingue. Sólo, pues, el 
tratado de paz determina, fíjalos derechos de las partes; 
y, si en el número de las condiciones de la paz, la na- 
ción vencida consiente ce&ionea de territorio, la ena- 



•278 LIMITES DE GUAYANA 

rgenación y la trasmisión de la propiedad internacional 
se efectúan por medio del tratado; hasta entonces la ocu- 
pación militar, las tomas de posesión no han sido sino 
liechos de guerra y medios de apremio inhábiles para 
fundar derechos de propiedad. Así es como la razón 
internacional mitiga con algunas ideas de derecho los 
TÍgores de un modo de solución que tiene su principio 
*g;m la fuerza.» 

Lo mismo se observa respecto de las cosas muebles, 
aunque, según las convenciones y usos, no se aplica á lo 
considerado como botín, ni á las presas marítimas que, 
cuando ha lugar á ello, se confieren por resultado de su 
juicio. 



LXXXVIII 



Téngase presente que, si la Gran Bretaña procede 
como enemiga de Venezuela, la República no' ha aban- 
donado el terrena de la paz, á pesar de que se la provoca 
á ello sin duda para el fin de cohonestar por medio de la 
guerra las ocupaciones que viene haciendo. No ha- 
l}iendo habido pues, guerra entre la Gran Bretaña y 
Venezuela, no ha podido haber conquistas ni tratado 
de paz que las confirme. 

Mas no se pierda de vista que Lord Granville en una 
instrucción al Ministro Inglés en Washington, fecha 
á 30 de Diciembre de 1882, le decía que (í Honduras era 
una posesión o colonia Británica por haber sido conqiiis- 
da á España mediante la feliz resistencia de los colonos á 
un- ataque de España.)) A esto observaron los Estados Uni- 
dos que, como los colonos Británicos habían recibido de 



LIMITES DE GUAYANA 279 



España sus concesiones, apenas parecía necesario consi- 
derar si la feliz resistencia de un tenedor á la tentativa 
de echarle por fuerza cambia la tenencia por una pose- 
vSión completa. 

Probablemente Lord Aberdeen tuvo en su ánimo la 
misma especie, cuando recordó al señor Doctor Fortique 
en su nota de 30 de Marzo de 1844, como argumento 
entre la pretensión del Esequibo, que los Holandeses 
unidos á Ingleses habían rechazado en 1797 á los Espa- 
ñoles que intentaron desalojarlos del fuerte de Nueva 
Zelandia, construido por aquéllos en la ribera del Po- 
anarón. 

De modo que, si Venezuela ataca á los invasores de 
su territorio, y ellos resisten victoriosamente, lo adquie- 
ren por esto sólo en virtud de conquista ; convirtiendo 
así el derecho y el deber de la defensa en delito punible 
con la pérdida del territorio invadido. Funesta doctrina 
destinada á sancionar por todas las vías el uso de la 
fuerza, y á cuyo favor no habrá despojos que los más 
poderosos y atrevidos no puedan llevar á colmo. 

¿Se pretenderá que en nueve ó diez años se ha 
consumado una prescripción lesiva de los derechos 
de Venezuela, y esto á pesar de sus quejas, de sus 
reclamaciones, de sus protestas, del envío de Comi- 
sionados para contrastar las operaciones de los in- 
trusos, de la remoción de las marcas por ellos puestas, 
de los esfuerzos hechos en Londres para promover el 
ajuste de la controversia, de las repetidas pi opuestas 
de arbitramento, de las publicaciones y comunicaciones 
en que se ha significado á la Gran Bretaña, á las repú- 
hlicas Americanas y al mundo en general, que Vene- 
zuela no se somete al violento despojo de su propiedad, 
sino que la reivindicará en todo tiempo y en cualesquie- 
ra circunstancias ? 



28o LIMITES DE GUAYANA 



Y con harta razón, porque nadie comprenderá nun- 
ca que, durante el curso de tratos á que dos Estados se 
lian convidado mutuamente, y despué.i de presentarse 
varias propuestas uno á otro para terminar la cuestión 
pendiente, uno de ellos prescinda de las negociaciones 
entabladas, y diga que éstas no deben extenderse á 
puntos incluidos en ellas antes sin el más mínimo re- 
paro, se los apropie dando por razón que están en dis- 
puta, y los declare indiscutiblemente suyos, y luego- 
asome á fuer de amenaza, pretensiones á otros territorios 
poseídos plena y pacíficamente por la contraparte. Ni 
menos se concebirá que este propio Estado, sacu- 
diendo el peso de los más obvios deberes, y atro- 
pellando las manifestaciones de las sociedades de paz. 
y arbit^raje, y resoluciones de su Parlamento, los inte- 
reses de su comercio y de los subditos Británicos que 
tienen empleado no poco dinero en ferrocarriles y otras 
obras públicas en Venezuela, se convierta en enemigo 
de ella sólo por deferir á los inmoderados deseos de 
la colonia de Demerara, ansiosa del incremento de su 
territorio á todo trance. 

Ni fija la consideración en los perjuicios que en- 
vuelve para las relaciones mercantiles de los dos paí- 
ses, el resentimiento producido por la desavenencia en 
materia de límites y que forzosamente irá á más con 
el trascurso del tiempo y la acrimonia nacida del en- 
sanche de pretensiones. Ya registramos la observa- 
ción hecha con insistencia por los Estados Unidos de 
que ellas no tienen límite, y que en el corto espacio de 
un año, de 1885 á 18S6, crecieron nada menos que en 
33.000 millas cuadradas, sin que se pudiera explicar el 
aumento por ningún convenio ni conquista reconocida^ 
antes á despeóho de las reclamaciones de la parte per- 
judicada, que asegura pertenecerle el territorio consa- 



LIMITES DK GUAYANA 2St 



bido en fuerza del tratado de Munster de 1648, del. 
Hispano-holandés de 1791, y del Holandés-británico 
de 1814. 

No tiene cuenta con la siempre amistosa conduc- 
ta de Venezuela que, no sólo ha mostrado antes de 
ahora sus simpatías y condescendencia al país del cual 
salieron hasta catorce expediciones que nos ayudasen en 
la guerra de la Independencia, y recuerda y admira y glo- 
rifica el intrépido valor de muchos de los campeones Bri- 
tánicos; sino que ahora mismo responde á tan injustos 
ataques y despojos con el cumplimiento de los tra- 
tados, con la observancia de sus arreglos diplomáti- 
cos pecuniarios, con el pago de la deuda exterior^ sm 
que hayan sido parte para impedírselo las calamidades^ 
de la última revolución ni el natural acrecentamieiita 
de las cargas del tesoro público. Aun ha empezado este 
Gobierno á cubrir los atrasos del tiempo de la suspensiorE 
de las remesas á Londres por motivo de la perturbación 
ocurrida. Los acreedores lo reconocen con j usticia \y 
agradecimiento. 



LXXXIX 



Lo que ha hecho y continúa haciendo la Gran Bre- 
taña es tanto más insólito, cuanto ha tomado posesión 
de una cosa en litigio; pero, , cuando cuando fuese de. 
otra suerte, habría de haber probado antes su derech© 
á ella, y también el empleo sin buen éxito de todos 
los medios amigables para el arreglo de la disputa j, 
porque las otras naciones no están obligadas á respetar 
un título sino en cuanto íS.€.:compruebe su validez. Al 
contrario, ella se guardadlos -qíue.alegei tener y que en a 



'282 LIMITES DE GüAYANA 

SU sentir justifican sus resoluciones, en vez de mostrar- 
los á Venezuela para convencerla, ante la opinión ilus- 
trada del mundo, de temeridad en su resistencia. 

Isío es esto lo que practica con naciones poderosas. 
Dígalo el acuerdo á que llegó con la República France- 
sa en las disputas territoriales concernientes á las 
posesiones de una y otra en Siam. Dígalo hoy mismo 
su actitud conciliadora respecto de esa propia nación y 
Áe Alemania, de las cuales la primera declaró en Junio 
ñltinio en la Cámara de Diputados, con unánime aplau- 
so de ella, por boca del entonces Ministro de Negocios 
Extranjeros, que es nulo el tratado concluido entre la 
Oran Bretaña y Bélgica á nombre del Estado libre del 
Congo, y por el cual los contratantes disponen de terri- 
torios pertenecientes á Egipto y al Sultán de Turquía, 
y que Francia, suceda lo que sucediere, defenderá sus 
iderechos en África. 

Asentamos aquí, como al principio de este escrito, 

<que, si los Estados Unidos toman á pechos este asunto 

fde Venezuela y le aplican la doctrina de Monroe, que 

tan bien le cuadra ; si profieren con énfasis una palabra 

■expresiva de su indudable deseo de verlo arreglar por 

: arbitramento, aunque no suban al punto de autorizar á 

- su Ministro en Londres en términos como los que en 

-T840 mandaron comunicar á su representante en Ma- 

tlrid, á saber : «se faculta á usted para asegurar al 

Gobierno Español que, caso de cualquier tentativa, 

^enga de donde viniere, por arrebatarle esta porción de 

su. territorio (Cuba), puede contar confiadamente con 

los recursos militares y navales de los Estados Unidos 

para ayudarla á su conservación ó recobro ;» á pesar de 

^ que no repitan la intimación hecha en 1867 á Luis 

Napoleón deque resultarían graves inconvenientes de 

^persistir él •ocupa;ndo con sus tropas parte del Con- 



T^TMITES DE GUAYANA 283 



tinente Americano, al mismo tiempo que hacían mover 
tropas en dirección de la frontera de México ; aun 
entonces su respetable voz no dejará de ser escuchada. 

Y á eso contribuirá, no hay cómo dudarlo, la eficaz 
instancia de todas Jas demás Repúblicas de América, 
<jue han prometido á Venezuela su acción moral con el 
fin de inclinar á la Gran Bretaña, no á concederle 
ningún favor, sino únicamente á convenir en un arbi- 
traje por el cual se logre resolver, yaque de otra suerte 
no ha sido posible, y de modo definitivo, la cuestión de 
lo que toca á cada cual de las partes como sucesoras, 
una de Bspaña y otra de los Paises Bajos, según la 
última . fórmula presentada al Gabinete de Londres en 
1893. 

Conocido ya oficialmente el. medio evasivo á que él 
lia apelado, de separar del arbitraje las comarcas de la 
disputa y admitirlo en cuanto á nuevas é inauditas 
pretensiones á lugares situados mucho más acá de la 
línea que Schomburgk trazó en 1841, y poseídos siem- 
pre por Ve;nezuela, enlazando la oferta con la cláusula, 
en el mismo convenio, del previo reconocimiento del 
derecho Inglés á las tierras controvertidas, no puede 
estimarlo como satisfactorio ninguna de las Repúblicas 
que han interpuesto sus buenos oficios con sinceridad 
tan inequívoca. 

Si á fines del siglo décimo noveno son realidad los 
ponderados progresos de la civilización, y norma de 
conducta de los Estados el derecho de gentes que 
'declaran parte de sus leyes ; si verdaderamente existe 
entre ellos una sociedad creada por la naturaleza y 
■cimentada en principios seguros é innegables ; si la 
observancia de la justicia internacional forma la base 
indispensable de sus vínculos; si no hemos de renegar 



284 LIMITES DE GUAYANA 

de todo eso y reconocer que sólo la fuerza es el derecho :. 
no podemos dudar que la tenacidad de Venezuela en, 
el sostenimiento de los suyos contra las más injustifi- 
cables invasiones producirá, á pe.'^ar de todo, hoy ó- 
mañana, las resultas apetecidas, y que la Gran Bretaña 
se avendrá á pactar el arbitramento en homenaje á las 
eternas é inmutables leyes de la moral, con honra suya 
y satisfacción de todos. 

Queda hecha la relación analítico-jurídica del últi- 
mo expediente de Límites Guayaneses. Se ha llevado 
en ella por principal objeto poner en toda su luz la con- 
ducta desacertada y hostil de la Gran Bretaña hacia 
Venezuela, y, esforzar los derechos de la última, bien 
sustentados por otros, añadiendo con tal cual observa- 
ción algo de lo recogido en impresos oficiales y particu- 
lares. Hallando agrupados aquí los puntos de más 
importancia relativos á esta gravísima emergencia, quien 
desee ó deba conocerlos á fondo, excusará el trabajo de 
consultar las memorias, libros, folletos y periódicos en 
que andan diseminados. Se ha insistido mucho en la. 
exposición de los peligros que amenazan aquella parte 
del territorio de Venezuela en la cual su poi-venir está 
cifrado. Ríos como el Orinoco tienen que ser el ele- 
mento más eficaz de comunicación, comercio, prosperi- 
dad y grandeza. Bien lo sabe la poderosa Inglaterra, 
y esto explica el ansia con que los busca por todo el 
mundo para ocuparlos buenamente, y hacerlos servir á 
las necesidades de la conservación y aumento de su, 
predominio industrial, mercantil y marítimo. 



iPEIDICE 



í^si^-'nsmwf^^-'imm 



TR^DTJCCIOlSr 

Senado. — Congreso 5/ -Sesión la — Documento Nú- 
mero 31. 

DEL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS, RELATIVO A 
LA CONTROVERSIA SOBRE FRONTERAS VENEZOLA- 
NAS; Y CORRESPONDENCIA CON EL GOBIERNO BRITÁ- 
NICO SOBRE EL PARTICULAR. 

DICIEMBRE 17 DE 1896. — LEÍDO, 

REMITIDO i LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES 

Y MANDADO IMPRIMIR. 

Al Congreso : * 

Kn mi mensaje anual dirigido al Congreso el fres' 
del corriente, le llamé la atención hacia la controversia 
de fronteras pendiente entre la Gran Bretaña y 1í^ 

República de Venezuela y relaté la sustancia de unai 
19 



290» LIMITES DE GüAYANA 



representación hecha por este Gobierno al de Sn Majes- 
tad Británica, en qne se le indicaban razones por las 
cnales debía someterse á arbitraje tal disputa para su 
arreglo y se le preguntaba si la sometería. 

La respuesta del Gobierno Británico, que entonces 
se estaba esperando, se ha recibido después y, junto con 
el oficio á que sirve de respuesta va como apéndice del 
presente. 

Tal respuesta está contenida en dos comunicacio- 
nes dirigidas por el Primer Ministro Británico á Sir 
3utian Pauncefote, Embajador Británico en esta capital. 
Según se verá, una de estas comunicaciones está dedi- 
cada exclusivamente á observaciones sobre la doctrina 
de Monroe, y pretende que en el caso actual insisten 
los Estados Unidos en una nueva y extraña extensión 
y desenvolvimiento de esta doctrina ; que las razones 
aducidas para justificar un recurso á la doctrina enun- 
ciada por el Presidente Monroe son generalmente ina- 
plicables «al estado de cosas en que actualmente vivi- 
mos,» y especialmente inaplicables á una controversia 
que envuelve la línea fronteriza entre la Guayana Bri- 
tánica y Venezuela. 

Sin entrar en extenso argumento para responder á 
estas declaraciones, tal vez no sea inoportuno indicar 
que la doctrina que sostenemos es fuerte y sólida, por- 
que su aplicación es importante para nuestra paz y 
seguridad como nación, y esencial para la integridad 
de nmestras libres instituciones y para el mantenimiento 
pacífico de nuestra característica forma de gobierno. 



LIMITES DE GUAYANA 29 E 



Ella fué destinada para aplicarse en todos los períodos 
de nuestra vida nacional, y no puede anticuarse mientras 
exista nuestra República. Si el equilibrio del poder es 
con justicia causa de recelosa ansiedad entre los gobier- 
nos del Viejo Mundo, y asunto en que absolutamente 
no debemos intervenir, la observancia de la doctrina de 
Monroe no es de menos vital interés para nuestra 
pueblo y su Gobierno. 

Asumiendo por tanto que podemos insistir con 
propiedad en esta doctrina, sin atender «al estado de 
cosas en que vivimos,» ni al cambio de condición que 
haya habido aquí ó en otra parte, no se ve por qué 
razón no pueda invocarse su aplicación en la presente 
controversia. 

Si una potencia Europea, mediante la extensión 
de sus fronteras, toma posesión del territorio de una 
de las Repúblicas vecinas nuestras, contra su volun- 
tad y con mengua de sus derechos, difícilmente piiede 
dejar de verse que hasta ese punto intenta por ese medio 
tal potencia Europea extender su sistema de gobierno 
á la porción de este Continente de que así se apodera. 

Tal es precisamente el proceder que el Presidente 
Monroe declaró «peligroso para nuestra paz y segun- 
dad,» y no puede inducir diferencia el que elsistema Eu- 
ropeo se extienda por avance de frontera ó de otro modo. 

Sugiérese tailíbién en la respuesta Británica que 
nosotros no debemos tratar de aplicar la doctrina de 
Monroe á la disputa pendiente, porque ella no encierra 
ningún principio de derecho internacional que «esté 



'292 "LIMITES DE GüAYANA 



fundado en el consentimiento general de las naciones,» 
•y que ((ningún estadista, por eminente que sea, ni 
oación alguna, sea cual fuere su poder, son competentes 
para insertar en el código de derecho internacional un 
principio nuevo que nunca se reconoció antes, ni ha 
:sido aceptado después por el Gobierno de ningún otro 
país.» 

Prácticamente tiene el principio que sostenemos 
relación peculiar, si no exclusiva, con los Estados Uni- 
dos. Puede no haber sido admitido con otras tantas 
palabras en el Código de derecho internacional; pero, 
puesto que en los consejos internacionales toda nación es 
■acreedora al respeto de los derechos que le pertenecen, si 
la aplicación de la doctrina de Monroe es algo que pode- 
mos reclamar con justicia, tiene su lugar en el Código 
de derecho internacional, tan cierta y seguramente 
como si estuviese específicamente mencionada; y cuan- 
do los Estados Unidos demandan ante el alto tribunal 
ts[ue administra el derecho internacional, la cuestión 
que ha de determinarse es si nosotros presentamos ó no 
reclamaciones que la justicia de ese Código puede ha- 
llar justas y válidas. 

Ea doctrina de JMonroe halla su reconocimiento en 
los principios de derecho internacional que se fundan 
en la teoría de que toda nación debe proteger sus dere- 
chos y apoyar con la fuerza sus justas reclamaciones. 

Este Gobierno tiene, por supuesto, plena confianza 
en que, si se sanciona esta doctrina, tenemos claros 
derechos 3^ reclamaciones indudables. Y en la respuesta 



UMITES DE GUAYANA !.??...._ 

Británica no se desconoce esto. El Primer Ministro, si 
bien no admite que la doctrina de Monroe sea aplicable 
á las condiciones actuales, dice : «Al declarar que los Es- 
tados Unidos resistirían á cualquier empresa semejante, 
si se intentara, adoptó el Presidente Monroe una polí- 
tica que recibió toda la simpatía del Gobierno Inglés de 
aquella fecba.)) Declara además : «Aunque el lenguaje 
del Presidente Monroe está encaminado á alcanzar fines 
que la mayor parte de los Ingleses convendrían en 
considerar como saludables, es imposible admitir que 
hayan sido inscritos por ninguna autoridad competente 
en el Código de derecho internacional.» Luego dice : 
«El (el Gobierno de Su Majestad) participa plenamente 
de las miras que al parecer tenía el Presidente Monroe, 
acerca de que cualquier perturbación de la distribución 
territorial existente en el hemisferio, en virtud de nue- 
vas adquisiciones de algdn Estado Europeo, sería un 
cambio altamente impropio.» 

En la creencia de que la doctrina que sostenemos 
era clara y definida; que estaba fundada en consideracio- 
nes sólidas y envolvía nuestra seguridad y bienestar; 
que era plenamente aplicable á nuestras condiciones 
presentes y al estado de progreso del mundo, y que 
tenía relación directa con la controversia pendiente, y 
sin ninguna convicción en cuanto al mérito definitivo de 
la disputa, pero ansioso de saber de una manera satis- 
factoria y concluyente si la Gran Bretaña trataba, so 
pretexto de una pretensión de frontera, de extender sin 
derecho sus posesiones en este Continente, ó si mera- 
ramente buscaba la posesión de un territorio justamente 



294 I.IMITES DE GUAYANA 



comprendido dentro de los límites de su propiedad, 
propuso este Gobierno al de la Gran Bretaña recurrir 
al arbitraje como el medio conveniente de arreglar la 
cuestión, á fin de que terminase una desabrida disputa 
de límites entre los dos contendores y quedase clara 
nuestra precisa actitud y relación con respecto á la 
controversia. 

Por la correspondencia presentada con el Mensa» 
je se verá que esta proposición ha sido rechazada por el 
Gobierno Británico, con argumentos que, dadas las cir- 
cunstancias, están, me parece, muy lejos de ser satisfac- 
torios. Es profundamente inesperado que un llamamien- 
to inspirado por los sentimientos más amistosos hacia las 
dos naciones directamente interesadas, dirigido al espí- 
ritu de justicia y á la magnanimidad de una de las 
grandes potencias del mundo, y tocante á sus relaciones 
con una comparativamente débil y pequeña, no haya 
producido mejores resultados. 

Bl camino que ha de seguir este Gobierno en vista 
del actual estado de cosas no parece admitir ninguna 
duda seria. Habiendo trabajado fielmente por muchos 
años para inducir á la Gran Bretaña á someter esta 
disputa á un arbitaje imparcial, y enterado ahora 
finalmente de su negativa, no queda más que aceptar 
la situación, reconocer lo que ella exige evideutemente 
y proceder en consecuencia. La actual proposición de 
la Gran Bretaña no ha sido nunca hasta ahora conside- 
rada como admisible por Venezuela, aunque los Estados 
Unidos no pueden naturalmente oponerse á ningún ajus- 



LIMITES DE GUAYANA 295- 
« 



te de la frontera, que ese país juzgue ventajoso para éí 
y celebre de su propia libre voluntad. 

Con todo, asumiendo que la actitud de Venezuela 
permanecerá sin alteración, la disputa lia llegado á tal 
período, que impone á los Estados Unidos el deber de 
tomar medidas encaminadas á determinar, con suficiente 
certeza para su justificación, cuál es la verdadera línea- 
divisoria entre la República de Venezuela y la Guayana 
Británica. 

La indagación debe por supuesto llevarse á cabo 
cuidadosa y judicialmente, dando el debido peso á todas 
las pruebas, documentos y hechos utilizables en apoyo 
de las pretensiones de ambas partes. 

A fin de que tal exaiiien se efectué de manera 
completa y satisfactoria, sugiero que el Congreso apropie 
una suma adecuada para los gastos de una Comisión 
que será nombrada por el Ejecutivo, y que hará la 
investigación necesaria, é informará sobre el particular 
dentro del plazo más breve posible. Hecho y acep- 
tado tal informe, los Estados Unidos tendrán, se- 
gún mi opinión, el deber de resistir por todos los 
medios que estén á su alcance, como una agresión volun- 
tariosa contra sus derechos é intereses, la apropiación 
por la Gran Bretaña de cualesquiera tierras ó el ejerci- 
cio de jurisdicción gubernativa sobre cualquier territo- 
rio que, practicada la investigación, hayamos determi- 
nado que pertenecen de derecho á Venezuela. 

Al hacer estas recomendaciones, tengo plena con- 
ciencia de la responsabilidad contraída y me|hago cargo- 



296 LIMITES DE GUAYANA 



previsoraiiieute de todas las consecuencias que pueden 
sobrevenir. 

Tengo, sin embargo, la firme convicción de que, 
si bien es penoso contemplar á los dos grandes pueblos 
del mundo que hablan inglés ocupados en otra faena 
que en la amigable competencia de hacer progresar la 
civilización, y de rivalizar esforzada y dignamente en 
todas las artes de la paz, no puede atraerle una gran 
nación calamidad igual ala que resulta de una indolente 
sumisión al mal y á la injusticia, y la consiguiente 
pérdida del propio respeto y honor nacionales, que escu- 
dan y defienden la seguridad y la grandeza de un 
pueblo. 

Groyer Cleveland. 

Palacio del Ejecutivo : 17 de diciembre de 1895. 




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1.802 


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desstrozamente 


desastrosamente 


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1891 


1.890 


225: 


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-. contestación 


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4eciaracióu 


.declaración 


233 


■15 


.1882 


1889 


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